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Fallo
Amoroso
Juan Carlos Ampie
Después del melancólico
neo-noir de The Man Who Wasn’t There
(2002), los hermanos Joel y Ethan Coen tratan de dejar
atrás su fama de cerebrales revisionistas de
géneros fílmicos, sirviendo quizás
la película más comercial —y por
ende, más “accesible”— de sus
carreras. Sin embargo, no pueden evitar dejar su sello
personal en El Amor Cuesta Caro, una agridulce comedia
romántica.
Miles Massey (George Clooney)
es un vanidoso y despiadado abogado de divorcios, famoso
por crear el estándar en los contratos prenupciales
— “Hay un curso en Harvard dedicado a mí,
Massey Prenup”, dice Miles a un millonario al
borde del matrimonio. El esposo o esposa que lo tiene
a su lado en la disolución del vínculo
matrimonial puede contar con que su “ex”
quedará con las manos vacías.
Eso es lo que le pasa a Marylin
Rexroth (Catherine Zeta Jones), una bella mujer engañada
por su marido, un magnate de los bienes raíces
con cierta afinidad por encontrarse con rubias baratas
en moteles de carretera. Pero Marylin no es una simple
víctima. En realidad, es una calculadora caza
recompensas que responde a su revés judicial
con un plan de venganza. Que en el fondo Miles y Marylin
estén enamorados y sean el uno para el otro,
no tiene por que detenerla.
Los Coen ya han visitado
el territorio del screwball comedy, la comedia romántica
de enredos popularizada por directores como Preston
Sturges en la época dorada de Hollywood. El resultado,
The Hudsucker Proxy (1994), fue recibida con
poco entusiasmo. Como reaccionando a las lecciones aprendidas
con esa problemática producción, los hermanos
escenifican la acción en el presente, y bajan
la intensidad —y creatividad— de su pirotecnia
audiovisual.
El resultado es una película
efectiva, pero curiosamente impersonal. Lo que si han
conservado es su propensión a crear grotescas
caricaturas elevadas a la enésima potencia. El
anciano jefe del buffete de abogados donde Miles trabaja,
y el matón Wheezy Joe, son personajes que no
desentonarían en el mundo absurdo de la inspirada
The Big Lebowski (1998), pero aquí rompen
la atmósfera de virtuosismo cómico que
Clooney y Zeta Jones hilvanan delicadamente.
Sí. Me alegra reportar
que la pareja de estrellas constituye suficiente razón
de ser para la película, con todas sus deficiencias.
Entre ambos hay una química perfecta, digna de
las grandes parejas del género. Dominan con gracia
el sparring verbal de sus diálogos, y revelan
capas de vulnerabilidad bajo la coraza de ambición
que los cubre.
Juntos toman el timón
cuando los Coen parecen haberse dormido manejando. Atrás
quedan las caricaturas y la vulgaridad. Añada
una hilarante aparición de Billy Bob Thornton
(el pasivo barbero homicida en The Man Who Wasn’t
There), y El Amor Cuesta Caro se convierte
en una comedia desigual, con aciertos tan efectivos
que le harán perdonar los pasos en falso.
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