SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLÍTICO • AÑO 8• EDICION No. 356• DEL 14 AL 20 DE SEPTIEMBRE DE 2003
ANALISIS

Del bosque al ser humano
El mundo cambia de paradigmas ecológicos, ¿y nosotros?

René Mendoza V.*

El bosque está comenzando a ser visto como una constelación múltiple, vinculado a una variedad de valorizaciones en el mercado y entonces como un gran recurso potencial para reducir la pobreza

Johan Bastiaensen**

Se dice que cuando en el norte estornudan en el sur pescan pulmonía, refiriéndose a las políticas particularmente del gobierno de los Estados Unidos. Con las ideas, sin embargo, sucede lo contrario. El neoliberalismo reimpulsado por Reagan y Thatcher a inicios de los 80s sigue siendo defendido en el sur, mientras en el norte (Europa) de los 90s (y antes) la tónica ha sido crecimiento con equidad y un fuerte rol del Estado en la economía, ideas que en el sur no encuentran pista de aterrizaje.

Este artículo trata sobre los cambios que se van experimentando en el ámbito internacional sobre la ecología*** Para no pescar pulmonía y más bien beneficiarnos de esos cambios y añadirle sabor sureño, va esta contribución.

Cambio de paradigma

El cambio más importante está en la visión del bosque de dos perspectivas fuertemente arraigadas (en teorías, políticas, proyectos, y discursos de la vida cotidiana) pero separadas por un gran muro: el enfoque de la biodiversidad –y el de las estrategias de vida humana (livelihood); el muro es simple, el uno ignora al otro; el primero busca conservar el bosque mientras el segundo ve en el bosque un obstáculo para explotar los recursos naturales para el desarrollo.

Antes de los 90s, en la visión conservacionista el bosque era visto como un fin en sí mismo, separado de su valorización en el mercado y enemistado con el uso ejercido por el ser humano. El énfasis estuvo en la conservación y punto. Luego, ante la presión de las poblaciones indígenas que un día amanecieron dentro de áreas de Reserva, la comunidad fue vista como un medio para proteger los recursos naturales, entonces se habló de forestería comunitaria y de “zonas de amortiguamiento”. Esto es lo que va cambiando.

El bosque está comenzando a ser visto como una constelación múltiple, vinculado a una variedad de valorizaciones en el mercado y entonces como un gran recurso potencial para reducir la pobreza —creación de nuevas fuentes de ingresos y tipos de empleo. Este cambio tiene mucho que ver con el hecho de que del bosque dependen más de 240 millones de habitantes en el mundo para su sobrevivencia directa, y más de 2 billones de personas los usan como fuente de medicina natural. Paralelamente cobra importancia la reserva genética de la biodiversidad para la industria internacional de la medicina; igualmente crece la preocupación mundial sobre el valor de la biodiversidad y la conciencia del fracaso de las políticas conservacionistas, dando lugar a la búsqueda de nuevas formas de gestión-explotación y una creciente voluntad de pago para reorientar los usos del bosques (de la deforestación hacia la preservación, explotación sostenible, ecoturismo…).

Este inicio de cambio es coherente con el millennium goal de las Naciones Unidas sobre la pobreza, y con las Estrategias de Reducción de la Pobreza impulsado por el Banco Mundial. Junto a este objetivo están otros dos, gobernabilidad y desarrollo sostenible— completando así la gran agenda internacional.

Como parte de este cambio, el tema de la Participación está recibiendo un reimpulso, ahora dentro de iniciativas de Forestería Comunitaria y vinculado a procesos de Descentralización.

¿Hacia dónde vamos?

¿Hacia donde apunta entonces este nuevo paradigma? Mayor impulso hacia la “cogestión local, nacional, internacional” con reajuste en los incentivos económicos para la población local (nacional) convirtiendo los bosques (sostenibles) en fuente de desarrollo más atractivo que las actividades agropecuarios tradicionales.

Esto vinculado con la creación/organización de mercados alternativos como el ecoturismo, certificación forestal, pago por servicios ambientales en el marco de Kyoto, ayuda de agencias internacionales para la conservación. Es decir, el bosque es visto como la gran oportunidad, aunque políticamente la lucha por la conservación de los bosques sigue en pie: ¿quién va a cargar con los costos? ¿Las familias pobres o se logrará alguna negociación internacional mutuamente aceptables con estructuras de gobernación adecuadas?

Nicaragua ante los cambios

Seguir en el pasado y captar las nuevas ideas como simple slogan, puede ser un peligro que nos limite aprovechar los cambios a partir de la experiencia del país.

Primero, encuestas realizadas en el país para el 2001 revelan que el 45.8% de la población vive debajo de la línea de la pobreza, de estos el 32.8% se encuentra en extrema pobreza, y de ellos el 76% viven en el área rural. Las zonas rurales con bosque como las regiones de la RAAN y RAAS aparecen como las regiones con mayor pobreza; sin embargo, en la Estrategia Reforzada de Reducción de la Pobreza no se menciona al bosque y a los árboles como la gran oportunidad para reducir pobreza. Tampoco en las políticas de salud se aprecia la gran realidad no cuantificada de miles de habitantes que basan su salud en las plantas.

Sigue siendo difícil entender que los árboles en el bosque y fuera del bosque (fincas) son fuente de alimento, de ingresos, de fertilidad del suelo, de energía, colchón para evitar que los pobres caigan en miseria, refugio para tiempos de guerra, proveedora de servicios ambientales, fuente de un desarrollo modernizador para el siglo XXI.

Segundo, la moda de la participación se ha traducido como un cliché: “take and add”. Cientos de proyectos hoy en día tienen un nombre: “forestería comunitaria” – aunque ni siquiera respeten la organización de esas comunidades o lo respetan tanto que terminan siendo absorbidas por estructuras despóticas enraizadas local e internacionalmente.

O sea, la “participación” manipulada más bien es otra manera de “tiranía”, así como el rol de las comunidades reducido a un simple mecanismo instrumental en función de la conservación per sé.

Sin embargo, debemos subrayar, la descentralización y las recientes leyes (forestal, autonomía y sobre territorios indígenas) auguran un proceso esperanzador.

Riesgos y preguntas

Uno, dado que en los últimos 50 años las organizaciones internacionales han experimentado con áreas protegidas, actualmente también se vislumbra una reemergencia de las fuerzas neoconservadoras – particularmente norteamericanas de enterrar los modelos de cogestión y/o forestería comunitaria como “experiencias fracasadas” y volver a la conservación natural sin poblaciones humanas. Si esto toma mayor fuerza por los tremendos recursos que cuentan, bien podemos encontrarnos con un lenguaje coherente con nuestros tiempos donde quienes se opongan a las Áreas Protegidas (comunidades indígenas e instituciones que las respaldan), sean señaladas y perseguidos como “terroristas ecológicos”.

Dos, aunque reconocemos la importancia de los recursos forestales para la reducción de la pobreza, también debemos reflexionar en la realidad de frontera agrícola que tenemos donde se combina bosque, violencia, pobreza y acumulación de riqueza. Si los bosques contribuyen a reducir pobreza, ¿por qué millones de pobres que dependen del bosque siguen siendo pobres?

Debemos admitir que la relación entre biodiversidad y reducción de pobreza sigue siendo una pregunta no contestada. Las personas que trabajan en el lado de la reducción de la pobreza tienden a no apreciar las preocupaciones sobre los límites de la biodiversidad global, mientras los especialistas en biodiversidad no entienden las estrategias de vida humana
El rápido cambio en las áreas forestales está afectando la cultura, salud y el sentido de seguridad de las personas. El mundo va cambiando más rápidamente que nuestras ideas y proyectos. Por lo tanto urge revisar nuestros viejos “demonios” (paradigmas, agendas, intereses), “sacudir el árbol” dejando caer las frutas y ramas viejas para hacer que el cambio iniciado no se quede a medio palo, llegue tarde al sur o peor aún se convierta en simple slogan de consultores y administradores de proyectos.

El cambio significa construir puentes entre los dos polos. De esta manera, podríamos evitar la “pulmonía” y más bien permitir que nazcan nuevas ramas para reducir la pobreza, mejorar la gobernabilidad y dar pasos en el tan proclamado desarrollo sostenible.

* Investigador Nitlapan-UCA; ** Profesor de la Univ. De Amberes-Bélgica.

***(Ver conferencias internacionales sobre “Forests in Poverty Reduction Strategies: capturing the potential” en Tuusula-Finlandia, October 2002, “Rural Livelihoods, Forests and Biodiversity” en Bonn-Alemania y en “Forum on Forests” por las Naciones Unidas en Ginebra, ambos en Mayo 2003).