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Del bosque al ser humano
El mundo cambia de paradigmas ecológicos,
¿y nosotros?
René Mendoza V.*
El
bosque está comenzando a ser visto como una constelación
múltiple, vinculado a una variedad de valorizaciones
en el mercado y entonces como un gran recurso potencial
para reducir la pobreza
Johan Bastiaensen**
Se dice que cuando en el norte
estornudan en el sur pescan pulmonía, refiriéndose
a las políticas particularmente del gobierno
de los Estados Unidos. Con las ideas, sin embargo, sucede
lo contrario. El neoliberalismo reimpulsado por Reagan
y Thatcher a inicios de los 80s sigue siendo defendido
en el sur, mientras en el norte (Europa) de los 90s
(y antes) la tónica ha sido crecimiento con equidad
y un fuerte rol del Estado en la economía, ideas
que en el sur no encuentran pista de aterrizaje.
Este artículo trata sobre
los cambios que se van experimentando en el ámbito
internacional sobre la ecología*** Para no pescar
pulmonía y más bien beneficiarnos de esos
cambios y añadirle sabor sureño, va esta
contribución.
Cambio de paradigma
El cambio más importante
está en la visión del bosque de dos perspectivas
fuertemente arraigadas (en teorías, políticas,
proyectos, y discursos de la vida cotidiana) pero separadas
por un gran muro: el enfoque de la biodiversidad –y
el de las estrategias de vida humana (livelihood); el
muro es simple, el uno ignora al otro; el primero busca
conservar el bosque mientras el segundo ve en el bosque
un obstáculo para explotar los recursos naturales
para el desarrollo.
Antes de los 90s, en la visión
conservacionista el bosque era visto como un fin en
sí mismo, separado de su valorización
en el mercado y enemistado con el uso ejercido por el
ser humano. El énfasis estuvo en la conservación
y punto. Luego, ante la presión de las poblaciones
indígenas que un día amanecieron dentro
de áreas de Reserva, la comunidad fue vista como
un medio para proteger los recursos naturales, entonces
se habló de forestería comunitaria y de
“zonas de amortiguamiento”. Esto es lo que
va cambiando.
El bosque está comenzando
a ser visto como una constelación múltiple,
vinculado a una variedad de valorizaciones en el mercado
y entonces como un gran recurso potencial para reducir
la pobreza —creación de nuevas fuentes
de ingresos y tipos de empleo. Este cambio tiene mucho
que ver con el hecho de que del bosque dependen más
de 240 millones de habitantes en el mundo para su sobrevivencia
directa, y más de 2 billones de personas los
usan como fuente de medicina natural. Paralelamente
cobra importancia la reserva genética de la biodiversidad
para la industria internacional de la medicina; igualmente
crece la preocupación mundial sobre el valor
de la biodiversidad y la conciencia del fracaso de las
políticas conservacionistas, dando lugar a la
búsqueda de nuevas formas de gestión-explotación
y una creciente voluntad de pago para reorientar los
usos del bosques (de la deforestación hacia la
preservación, explotación sostenible,
ecoturismo…).
Este inicio de cambio es coherente
con el millennium goal de las Naciones Unidas sobre
la pobreza, y con las Estrategias de Reducción
de la Pobreza impulsado por el Banco Mundial. Junto
a este objetivo están otros dos, gobernabilidad
y desarrollo sostenible— completando así
la gran agenda internacional.
Como parte de este cambio, el tema
de la Participación está recibiendo un
reimpulso, ahora dentro de iniciativas de Forestería
Comunitaria y vinculado a procesos de Descentralización.
¿Hacia dónde vamos?
¿Hacia donde apunta entonces
este nuevo paradigma? Mayor impulso hacia la “cogestión
local, nacional, internacional” con reajuste en
los incentivos económicos para la población
local (nacional) convirtiendo los bosques (sostenibles)
en fuente de desarrollo más atractivo que las
actividades agropecuarios tradicionales.
Esto vinculado con la creación/organización
de mercados alternativos como el ecoturismo, certificación
forestal, pago por servicios ambientales en el marco
de Kyoto, ayuda de agencias internacionales para la
conservación. Es decir, el bosque es visto como
la gran oportunidad, aunque políticamente la
lucha por la conservación de los bosques sigue
en pie: ¿quién va a cargar con los costos?
¿Las familias pobres o se logrará alguna
negociación internacional mutuamente aceptables
con estructuras de gobernación adecuadas?
Nicaragua ante los cambios
Seguir en el pasado y captar las
nuevas ideas como simple slogan, puede ser un peligro
que nos limite aprovechar los cambios a partir de la
experiencia del país.
Primero, encuestas realizadas en
el país para el 2001 revelan que el 45.8% de
la población vive debajo de la línea de
la pobreza, de estos el 32.8% se encuentra en extrema
pobreza, y de ellos el 76% viven en el área rural.
Las zonas rurales con bosque como las regiones de la
RAAN y RAAS aparecen como las regiones con mayor pobreza;
sin embargo, en la Estrategia Reforzada de Reducción
de la Pobreza no se menciona al bosque y a los árboles
como la gran oportunidad para reducir pobreza. Tampoco
en las políticas de salud se aprecia la gran
realidad no cuantificada de miles de habitantes que
basan su salud en las plantas.
Sigue siendo difícil entender
que los árboles en el bosque y fuera del bosque
(fincas) son fuente de alimento, de ingresos, de fertilidad
del suelo, de energía, colchón para evitar
que los pobres caigan en miseria, refugio para tiempos
de guerra, proveedora de servicios ambientales, fuente
de un desarrollo modernizador para el siglo XXI.
Segundo, la moda de la participación
se ha traducido como un cliché: “take and
add”. Cientos de proyectos hoy en día tienen
un nombre: “forestería comunitaria”
– aunque ni siquiera respeten la organización
de esas comunidades o lo respetan tanto que terminan
siendo absorbidas por estructuras despóticas
enraizadas local e internacionalmente.
O sea, la “participación”
manipulada más bien es otra manera de “tiranía”,
así como el rol de las comunidades reducido a
un simple mecanismo instrumental en función de
la conservación per sé.
Sin embargo, debemos subrayar,
la descentralización y las recientes leyes (forestal,
autonomía y sobre territorios indígenas)
auguran un proceso esperanzador.
Riesgos y preguntas
Uno, dado que en los últimos
50 años las organizaciones internacionales han
experimentado con áreas protegidas, actualmente
también se vislumbra una reemergencia de las
fuerzas neoconservadoras – particularmente norteamericanas
de enterrar los modelos de cogestión y/o forestería
comunitaria como “experiencias fracasadas”
y volver a la conservación natural sin poblaciones
humanas. Si esto toma mayor fuerza por los tremendos
recursos que cuentan, bien podemos encontrarnos con
un lenguaje coherente con nuestros tiempos donde quienes
se opongan a las Áreas Protegidas (comunidades
indígenas e instituciones que las respaldan),
sean señaladas y perseguidos como “terroristas
ecológicos”.
Dos, aunque reconocemos la
importancia de los recursos forestales para la reducción
de la pobreza, también debemos reflexionar en
la realidad de frontera agrícola que tenemos
donde se combina bosque, violencia, pobreza y acumulación
de riqueza. Si los bosques contribuyen a reducir pobreza,
¿por qué millones de pobres que dependen
del bosque siguen siendo pobres?
Debemos admitir que la relación
entre biodiversidad y reducción de pobreza sigue
siendo una pregunta no contestada. Las personas que
trabajan en el lado de la reducción de la pobreza
tienden a no apreciar las preocupaciones sobre los límites
de la biodiversidad global, mientras los especialistas
en biodiversidad no entienden las estrategias de vida
humana
El rápido cambio en las áreas forestales
está afectando la cultura, salud y el sentido
de seguridad de las personas. El mundo va cambiando
más rápidamente que nuestras ideas y proyectos.
Por lo tanto urge revisar nuestros viejos “demonios”
(paradigmas, agendas, intereses), “sacudir el
árbol” dejando caer las frutas y ramas
viejas para hacer que el cambio iniciado no se quede
a medio palo, llegue tarde al sur o peor aún
se convierta en simple slogan de consultores y administradores
de proyectos.
El cambio significa construir
puentes entre los dos polos. De esta manera, podríamos
evitar la “pulmonía” y más
bien permitir que nazcan nuevas ramas para reducir la
pobreza, mejorar la gobernabilidad y dar pasos en el
tan proclamado desarrollo sostenible.
* Investigador Nitlapan-UCA; ** Profesor
de la Univ. De Amberes-Bélgica.
***(Ver conferencias internacionales
sobre “Forests in Poverty Reduction Strategies:
capturing the potential” en Tuusula-Finlandia,
October 2002, “Rural Livelihoods, Forests and
Biodiversity” en Bonn-Alemania y en “Forum
on Forests” por las Naciones Unidas en Ginebra,
ambos en Mayo 2003).
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