¿Tres opciones para un canal verdadero?
Barcazas, buques,
o ferrocarriles
• Propuestas de megaproyectos
compiten en optimismo, pero avanzan a paso de tortuga
Iván Olivares
Río San
Juan
Aunque
cuatro grupos económicos siguen buscando la ansiada
presea de ser el primero en construir un canal interoceánico
por Nicaragua —una aspiración nacional
desde hace tres siglos— los planes más
ambiciosos sitúan esa posibilidad a varios años
en el futuro.
Barcazas,
puentes, ferrocarriles y buques trasatlánticos
son algunos de los medios de transporte que cruzarían
el país, según las diversas modalidades
de proyectos canaleros que prometen generar miles de
empleos, millones en ganancias y hasta construir nuevos
puertos en el Caribe y en el Pacífico, así
como ciudades alrededor de ellos.
A los
obstáculos de tipo legal, burocrático,
ambiental y de “clima” político se
le suma uno que hasta ahora ha sido el que más
hace contener el aliento a los que creen en cada proyecto,
a la vez que la razón por la que muchos dudan
que sea posible: los costos.
Estos
van desde los 50 millones de dólares que calculan
los auspiciadores del proyecto Ecocanal, hasta los 25,000
millones de dólares que suponen los integrantes
de la Comisión Gubernamental creada para estudiar
la viabilidad de un canal acuático.
En medio
de ambas propuestas está el proyecto de canal
seco: el Canal Interoceánico de Nicaragua, (CINN)
cuya primera etapa está calculada en 2,600 millones
de dólares y esta semana recibió de parte
del gobierno los términos de referencia para
la realización de un Estudio de Impacto Ambiental
(EIA), que costará 15 millones de dólares
y debe estar listo en un plazo de 24 a 30 meses, aunque
la ley les concede 36 para terminarlo.
Aunque
existe un segundo proyecto de canal seco, los representantes
de la empresa SIT GLOBAL no respondieron solicitudes
de entrevista para brindar información sobre
el avance de sus planes.
Los representantes
de los tres proyectos compiten en apreciaciones optimistas,
al extremo que aseguran que el país podría
darse el lujo de construir todos los canales proyectados
y aún así ser rentables todos, en vista
que el mercado es muy grande, por lo que hay una gran
demanda insatisfecha.
¡Cuidado con el ambiente!
Jaime Incer
Desde
el punto de vista ambiental, la tesis es que cualquiera
de los proyectos causaría más beneficios
que daños al medio ambiente, no sólo porque
eso estaría regulado por ley, sino también
porque habría dinero para ejecutar los planes
ecológicos que se manden, y porque todos dependen
del agua o de la estabilidad ambiental para operar como
está previsto.
“Me
preguntaron si yo creía que el canal puede causar
daño al medio ambiente y yo les dije que me preocupa
más cuál es el daño que el medio
ambiente puede hacerle al canal”, explicó
el doctor Jaime Incer Barquero, cuya opinión
ha sido solicitada por dos de los grupos interesados
en la construcción de los canales
Pero
hará falta mucho tiempo para verificar si tales
pronósticos triunfalistas son ciertos.
En el
caso del Ecocanal se prevé hacer navegable el
Río San Juan y habilitar un puerto sobre el cauce
del Río Tipitapa, que tendría que ser
dragado lo más cerca posible a la ciudad del
mismo nombre, cuidando de no conectar ambos lagos para
evitar las esperadas críticas de quienes expresarían
su temor por una posible contaminación del Cocibolca.
Ese sitio,
situado a unos 10 kilómetros de la ciudad de
Tipitapa, sería “nuestro puerto en el Caribe”.
El Canal
Interoceánico de Nicaragua, (CINN) pretende construir
un puerto en el Caribe y otro en el Pacífico
(Rivas) que estarían unidos por una línea
férrea transitada por un ferrocarril de 25 kilómetros
de largo, capaz de transportar 1000 contenedores a la
vez.
La ruta
incluye atravesar las llanuras de la RAAS, llegando
hasta el Gran Lago —cuya costa seguiría—
pasando por Chontales, Masaya, Tisma, las cercanías
de la Laguna de Apoyo y el Valle de Nandaime hasta el
nuevo puerto en el Pacífico rivense.
El canal
húmedo, por su parte, estudia la variante de
construir un canal —elevado o excavado—
que corra a unas cinco millas al sur del Río
Escondido, y no sobre éste mismo, porque presenta
“muchas curvas” que sirven para frenar el
ímpetu de la corriente e impedir que su caudal
corra sin control hacia el mar, pero eso mismo limita
las dimensiones de los barcos que pueden recorrerlo.
A pesar
que todos tienen más o menos claro qué
es lo que quieren y cómo lograrlo, hay algo que
todos comprenden muy bien: ninguno tiene los fondos
asegurados.