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Lo que dice la prensa internacional
del caso de corrupción de Arnoldo Alemán
Debacle en Nicaragua
Cuando Arnoldo Alemán tomó
posesión como Presidente de Nicaragua en 1997,
parecía estar listo para hacer historia. Había
derrotado a Daniel Ortega, líder histórico
del Frente Sandinista, y prometió llevar a su
sufrido país hacia la democracia y la prosperidad.
Ahora es probable que se le recuerde por algo muy distinto,
dado que podría convertirse en el primer expresidente
latinoamericano sentenciado a prisión por corrupción
durante el ejercicio de su cargo.
La historia del ascenso de Alemán
al poder sigue un patrón muy frecuente en América
Latina, que consiste en maniobrar el ingreso a la política
mediante habilidosos manejos encubiertos. Su vivaz estilo
de campaña le ayudó a alcanzar la Presidencia
y tan pronto se instaló en el poder empezó
a saquear la hacienda pública. Sin embargo, lo
que le ha pasado desde que dejó el cargo no sólo
es poco común, sino inaudito. Su sucesor, el
presidente Enrique Bolaños, lo denunció
como ladrón. Los periódicos han publicado
evidencia condenatoria en su contra, un juez lo puso
bajo arresto domiciliario y los fiscales están
pidiendo que se le condene a veinticinco años
de cárcel.
Hay una variedad de razones por
las cuales la pobreza reina en América Latina,
pero la corrupción es una de las más constantes
e insidiosas. Está tan profundamente arraigada
en la cultura política que muchas personas la
consideran como una fuerza de la naturaleza, igual que
el mal tiempo. En varios países, los ministros
del gabinete y otras figuras de segundo nivel han sido
enjuiciados y hasta encarcelados una vez que han dejado
sus cargos públicos, pero nunca había
sucedido con un expresidente. La inmunidad de los expresidentes
es una ley profundamente arraigada en la política
latinoamericana. En los últimos años se
han hecho serias acusaciones de corrupción en
contra de presidentes en México, Guatemala, Venezuela,
Colombia, Paraguay, Brasil, y Argentina, pero ninguno
de esos países se ha atrevido a ponerlos en la
cárcel. Si Nicaragua lo hace, enviaría
un mensaje a todo el continente que podría transformar
la política latinoamericana y preservar para
los pobres incontables millones de dólares que
de otra manera hubieran sido robados.
Las razones de Bolaños
Bolaños sostiene que durante
sus años como vicepresidente bajo la administración
de Alemán nunca se dio cuenta de cuánto
dinero público robaba el mandatario. A los nicaragüenses
les resulta difícil creerlo. Bolaños puede
haber cerrado los ojos para preservar su propia posibilidad
de llegar a la Presidencia. No obstante, merece un reconocimiento
por la firmeza con que persigue a quien antes fue su
amigo.
¿Por qué lo hace?
Pocos dudan de que Bolaños comparte la indignación
popular ante los crímenes de Alemán, pero
también tiene otras razones. Unos pocos días
después de que Bolaños asumiera la Presidencia,
Alemán se las arregló para que lo eligieran
presidente de la Asamblea Nacional, y desde esa posición,
intentó manejar el país, quitándole
a Bolaños el poder por el que había esperado
con tanta paciencia. Esto fue demasiado para el nuevo
presidente. Todas las personas que entrevisté
en Nicaragua me afirmaron que si Alemán hubiese
dejado el poder con discreción y se hubiera apartado
de la luz pública con sus millones, Bolaños
no habría actuado en su contra.
Yo quería preguntarle al
propio presidente Bolaños qué tan cierto
era eso.
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| Enrique Bolaños
y Arnoldo Alemán |
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Sus décadas de trabajo
en la agricultura dieron al mandatario el hábito
de levantarse con el sol, y su secretaria de prensa
me previno que si quería entrevistarme con él,
estuviera preparado para que me citaran a su casa a
una hora tan temprana como las 5:30 de la mañana.
Sucedió que Bolaños tenía otra
reunión a esa hora y me dijeron que llegara a
las 7:30. Bolaños, de setenta y cuatro años
de edad, vive en una casa cómoda pero no ostentosa
al sur de Managua. Me pareció tan enérgico
y mordaz como en los años ochenta cuando fue
un crítico abierto del régimen sandinista.
Se refirió con frialdad a Alemán: “Pienso
que es absolutamente culpable y si los tribunales así
lo creen, él debería pagar por sus pecados
para que sirva de ejemplo. Mientras se siga tolerando
el robo del erario público, este país
nunca va a poder salir de la pobreza. Tenemos que dejar
bien claro que cualquier persona que cometa este tipo
de delitos será severamente castigada.”
Le dije que ese era un sentimiento
muy noble, pero ¿qué me podía decir
de la hipótesis de que, al menos en parte, Bolaños
había actuado impulsado por la ira cuando su
predecesor se rehusó a retirarse en silencio?
Me sorprendió que no lo negara. “Dicen
que cuando una mariposa bate sus alas en la China, puede
causar una gran reacción en otro lugar muy lejano,”
me respondió. “Especialmente en la política,
hay que estar consciente de que toda acción tiene
sus consecuencias.”
Una alianza insólita
Durante dos décadas Bolaños
ha despreciado al líder sandinista, Daniel Ortega,
y hace un par de años dijo en una entrevista
que la sola idea de hablar con Ortega le provocaba deseos
de vomitar. Sin embargo, el escándalo de la corrupción
los ha unido en la más insólita de las
alianzas.
Antes de que Bolaños pudiera
proceder en contra de Alemán, necesitaba persuadir
a la Asamblea Nacional de que se le revocara la inmunidad
parlamentaria a Alemán. La mayoría de
los diputados liberales siguen siendo leales a Alemán,
de manera que los votos de los diputados sandinistas
eran cruciales. Ortega los concedió y Alemán
fue prontamente despojado de su inmunidad, se le expulsó
de la Asamblea Nacional, se le encausó y sentenció
a arresto domiciliario a la espera de un veredicto.
Ortega tiene dos muy buenas razones
para apoyar la campaña en contra de Alemán.
La primera es que alentar una feroz batalla entre Bolaños
y Alemán es una manera segura de dividir al Partido
Liberal, el único que se interpone en su camino
para lograr su pertinaz deseo de volver a la presidencia.
La segunda es que al atacar a Alemán, Ortega
puede mostrarse como enemigo de la corrupción
y defensor de la moral pública. Él espera
que esto ayude a que los votantes olviden el robo que
él mismo cometió, cuyo más vivo
ejemplo es la mansión en la que vive, confiscada
a un prominente banquero en los años ochenta,
cuando Ortega gobernaba el país.
El apoyo de Ortega es vital para
un exitoso enjuiciamiento de Alemán, porque producto
de pactos políticos, el Frente Sandinista controla
de hecho el poder judicial. La juez que preside el caso
de Alemán, Juana Méndez, estuvo casada
con un comandante sandinista, y le debe su puesto a
Ortega. El año pasado demostró su lealtad
al rechazar las acusaciones de abuso sexual que la hija
adoptiva de Ortega había presentado contra él.
Cuando la visité en su estrecha oficina, ella
parecía dispuesta a llevar adelante con mucho
vigor el caso de Alemán, pero sus motivos no
son del todo claros. Si por alguna razón Ortega
cambiara de parecer y decidiera que se abandonara el
caso, es probable que no tenga ningún problema
para persuadir a la juez Méndez de que lo haga.
El caso en contra de Arnoldo Alemán es pues,
tanto político como jurídico.
El tercer socio en esta extraña
alianza entre el presidente Bolaños y Daniel
Ortega es el Gobierno de los Estados Unidos. En los
años transcurridos desde la caída del
gobierno sandinista en 1990, los Estados Unidos han
dado a Nicaragua $1.2 mil millones en ayuda. Los funcionarios
estadounidenses, al igual que sus contrapartes en otros
países donantes, ya no están tan dispuestos
a que su ayuda se despilfarre o a que se la roben, como
sucedía cuando intentaban comprar aliados durante
la guerra fría. La Ley Patriótica aprobada
tras los ataques terroristas del 11 de septiembre, también
otorga a los funcionarios la autoridad para perseguir
a extranjeros que laven dinero a través de bancos
norteamericanos. Investigadores de varias agencias del
gobierno estadounidense han utilizado esa autoridad
para trabajar en el caso de Alemán y compartir
sus investigaciones con los fiscales nicaragüenses.
La evidencia descubierta por estos
investigadores condujo a que Estados Unidos suspendiera
las visas de ingreso concedidas a Alemán, a Byron
Jerez —director de la oficina de recaudación
de impuestos bajo su gobierno, y quien está ahora
en la cárcel a la espera de los veredictos sobre
varias acusaciones de corrupción—, a su
exministro de finanzas, Esteban Duque Estrada, que está
prófugo, y a Jorge Solís, otro ministro
de la Empresa de Telecomunicaciones, también
prófugo. Los funcionarios norteamericanos congelaron
los bienes de Alemán en Estados Unidos, que consistían
en cuentas bancarias y propiedades en la Florida por
un valor total de $4.6 millones. También han
brindado información a las autoridades panameñas
para que congelen los bienes de Alemán en ese
país, con un valor de $10.5 millones.
El impacto en América Latina
El 7 de agosto del 2002 la fiscalía
nicaragüense presentó su caso contra Alemán,
acusándolo de fraude, conspiración y robo
de fondos públicos, entre otros crímenes.
Ese mismo día el Presidente dirigió al
país un discurso que se transmitió por
la televisión nacional y que fue notable no sólo
por lo que dijo, sino por su tono altamente emotivo.
El Presidente se dirigió
expresamente a Alemán: “Arnoldo, estoy
triste, dolido y desilusionado de ver la irrefutable
y abrumadora evidencia de que un expresidente de la
República haya planeado y cometido semejantes
delitos. Les robaste las pensiones a los jubilados.
Les robaste el medicamento a las enfermeras. Les robaste
los salarios a los maestros. Traicionaste la confianza
de nuestro pueblo. La nación exige ahora que
yo declare con franqueza, claridad y honestidad que
nuestro país no puede progresar si seguimos siendo
rehenes de la corrupción y el fraude.”
Ningún gobernante de un
país latinoamericano había pronunciado
palabras semejantes sobre su predecesor en el cargo.
Al proferirlas, Bolaños violó una tradición
política tan firmemente arraigada como perniciosa.
Desde el Río Grande hasta la Patagonia los políticos
están ahora a la espera para ver si Bolaños
lleva su campaña hasta su final lógico
y encarcela a Alemán.
Ese sería un suceso asombroso.
A lo largo de los años, muchos gobernantes latinoamericanos
han sido depuestos o asesinados, pero ninguno ha sido
encarcelado por robo.
Los primeros efectos de este enjuiciamiento
podrían sentirse en Guatemala, donde el presidente
Alfonso Portillo, viejo amigo de Alemán, comparte
con él su inclinación por el hurto, según
dicen. Altos funcionarios mexicanos que se han enriquecido
con fondos públicos podrían también
verse afectados por el ejemplo de Nicaragua. Igual podría
ocurrir con el Gobierno de Paraguay, donde el presidente
saliente, Luis González Macchi, a duras penas
sobrevivió a la acusación formulada en
su contra el año pasado, cuando se descubrió
que conducía un vehículo BMW robado y
fue acusado de desviar 16 millones de dólares
del tesoro del Estado. Aun si ningún otro exmandatario
termina en prisión, a partir de ahora aquellos
que resulten electos sabrán que ya no están
protegidos por la inmunidad que permitió a sus
predecesores retirarse enriquecidos y seguros.
Sin embargo, esto solamente puede
ocurrir si Alemán termina en la cárcel.
El presidente Bolaños espera que así será,
y mientras hablábamos hasta especuló sobre
cuál prisión estaría mejor equipada
para recluirlo en la celda justa. Al igual que la juez
Méndez, los fiscales parecen decididos a propugnar
por que se le condene a prisión. Sin embargo,
nadie se atreve a predecir cuándo podría
dictarse el veredicto final y la sentencia. “He
estado haciendo esa pregunta desde el año pasado”,
me dijo un diplomático extranjero.
“Siempre recibo la
misma respuesta: En un par de meses tiene que haber
un veredicto.”
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