|
La "terraza" de
Jerez
Oliver Bodán
Tres años atrás,
la propiedad se erigía apenas como un punto de
referencia en el polvoso y caluroso Pochomil Viejo.
Ahora, desde tierra, mar y aire, la “terraza de
Byron Jerez”, como se le conoce popularmente”
a su palacete de verano, es un símbolo de la
corrupción del gobierno liberal.
Una obra que fue hecha con fondos
destinados a la emergencia del huracán Mitch.
Esta semana fue intervenida por la justicia a solicitud
de la Procuraduría y pudimos apreciarla en todo
su esplendor. Según me dicen algunos amigos,
al menos Jerez tenía buen gusto. El problema
es que acostumbraba costearlo con recursos estatales.
El caso periodístico surgió
con una denuncia. Una mañana de abril del 2000
me encontré visitando una casa en construcción
que, entonces, ya tenía todas las vistas de una
mansión. Recuerdo que el día que llegamos,
la esposa de Jerez llegó a supervisar la construcción,
pero al vernos con cámaras y micrófonos,
siguió su camino y prefirió no ingresar
en su propia propiedad. ¿Extraño no, que
uno no entre a su propia casa?
Igual actitud tomó entonces
el yerno del ex presidente Alemán, Jerónimo
Gadea, uno de los socios de Spacio Arquitectos, firma
que construyó la mansión, no la terraza.
Esta última fue construida por la empresa MODULTECSA,
que, a propósito, desapareció del mapa
desde que abandonaron el poder sus antiguos protectores.
En honor a la verdad, nunca se
comprobó que la mansión de Jerez --y su
lujo piramidal-- fuera construida y costeada con fondos
destinados a la emergencia del huracán Mitch.
Lo que sí quedó fehacientemente demostrado
es que dinero estatal se usó para las primeras
obras realizadas en la propiedad, destinadas a dejar
listo el terreno para una futura obra vertical. El terreno
era irregular y necesitaba adecuarse.
Recuerdo que la obra fue reportada
ante el MTI como “reparación y acceso a
los caminos de Pochomil”, una mentira proporcional
al lujo de la casa veraniega. Comprobar lo anterior
no fue nada fácil, sobre todo porque, como suele
suceder, quienes usufructúan al Estado tratan
de borrar las huellas. Pero siempre quedan algunas,
y un buen reparto de actores:
Ebner Baldelomar:
Antiguo Inspector de Obras del Ministerio de Transporte,
fue el primero que denunció las irregularidades,
pero inmediatamente fue desacreditado por el ex ministro
David Robleto por estar involucrado en un acto de corrupción.
El pecado de Baldelomar fue reclamarle a Alfredo Carbonell,
Presidente Ejecutivo de MODULTECSA, el pago de 190 mil
córdobas por avalar actividades ilícitas.
José León
Prado: El testigo clave en el caso. Confirmó
y amplió la denuncia de Baldelomar en Confidencial
y Esta Semana de forma valiente y sostenida, pese a
las presiones del poder. Compareció ante la Comisión
Anticorrupción de la Asamblea, declaró
ante la Contraloría y todavía espera que
la justicia siga su curso y lo llame como testigo en
el juicio penal.
Alfredo Carbonell:
Al frente de su empresa MODULTECSA construyó
la terraza. Prepotente y altanero, intentó darme
clases de ética periodística. Nunca me
presentó los avalúos con los cuales cobró
irregularmente al MTI por las obras en la mansión
de Jerez.
Arnoldo Alemán:
Bajo su presidencia se construyó la terraza de
su “carnal”.
David Robleto: nunca
aceptó, incluso hasta la última vez que
lo vi, que las obras fueron pagadas por fondos destinados
a la emergencia del Mitch. Recuerdo la primera entrevista
que me concedió en su despacho que tenía
cuando fungió como ministro de Transporte: “Ustedes
tienen que moderarse y ser más claros en las
cosas”, me dijo.
Contraloría:
La institución “se lavó la cara”
y emitió su primera presunción de responsabilidad
penal como Contraloría colegiada. Los cinco contralores
fueron firmes y determinaron que el Estado fue desfalcado
con 400 mil dólares.
Jaime Bonilla:
Bajo su administración en el Ministerio de Transporte
se construyó la terraza. Como era de esperar,
dijo desconocer el alcance de las obras en Pochomil
Viejo.
Desde el punto de vista periodístico,
el caso de la terraza nos deja tres enseñanzas:
la tenacidad de una institución periodística
en busca de la verdad; la valentía de un testigo,
en este caso el ingeniero José León Prado;
y el poder de decisión que en ultima instancia
siempre reside en las instituciones judiciales.
Irónicamente, la propiedad
de Jerez fue intervenida no por el acto irregular cometido
en su construcción, sino por otro de los tantos
juicios que se le llevan al ex director de la DGI. Su
propio lujo terminó por sepultarla. Si hubiera
sido más modesta, no se hubiera convertido en
un símbolo, tan visible y tan contrastante con
la pobreza de la zona. Al final fue la propia voracidad
de Jerez, la que le arrebató uno de sus bienes
más preciados.
Ahora veo por la televisión
y periódicos la propiedad de Jerez intervenida
y no dejo de sentir un aliento de satisfacción
por lo que personalmente considero un acto de justicia.
Son esos momentos en los que uno se siente orgulloso
de ser periodista y olvida la arrogancia con la que
los poderosos avientan libretas e intentan silenciar
grabadoras.
|