SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLÍTICO • AÑO 7 • EDICION No. 344• DEL 22 AL 28 DE JUNIO DE 2003
OPINION

La "terraza" de Jerez

Oliver Bodán

 

 

Tres años atrás, la propiedad se erigía apenas como un punto de referencia en el polvoso y caluroso Pochomil Viejo. Ahora, desde tierra, mar y aire, la “terraza de Byron Jerez”, como se le conoce popularmente” a su palacete de verano, es un símbolo de la corrupción del gobierno liberal.

Una obra que fue hecha con fondos destinados a la emergencia del huracán Mitch. Esta semana fue intervenida por la justicia a solicitud de la Procuraduría y pudimos apreciarla en todo su esplendor. Según me dicen algunos amigos, al menos Jerez tenía buen gusto. El problema es que acostumbraba costearlo con recursos estatales.

El caso periodístico surgió con una denuncia. Una mañana de abril del 2000 me encontré visitando una casa en construcción que, entonces, ya tenía todas las vistas de una mansión. Recuerdo que el día que llegamos, la esposa de Jerez llegó a supervisar la construcción, pero al vernos con cámaras y micrófonos, siguió su camino y prefirió no ingresar en su propia propiedad. ¿Extraño no, que uno no entre a su propia casa?

Igual actitud tomó entonces el yerno del ex presidente Alemán, Jerónimo Gadea, uno de los socios de Spacio Arquitectos, firma que construyó la mansión, no la terraza. Esta última fue construida por la empresa MODULTECSA, que, a propósito, desapareció del mapa desde que abandonaron el poder sus antiguos protectores.

En honor a la verdad, nunca se comprobó que la mansión de Jerez --y su lujo piramidal-- fuera construida y costeada con fondos destinados a la emergencia del huracán Mitch. Lo que sí quedó fehacientemente demostrado es que dinero estatal se usó para las primeras obras realizadas en la propiedad, destinadas a dejar listo el terreno para una futura obra vertical. El terreno era irregular y necesitaba adecuarse.

Recuerdo que la obra fue reportada ante el MTI como “reparación y acceso a los caminos de Pochomil”, una mentira proporcional al lujo de la casa veraniega. Comprobar lo anterior no fue nada fácil, sobre todo porque, como suele suceder, quienes usufructúan al Estado tratan de borrar las huellas. Pero siempre quedan algunas, y un buen reparto de actores:

Ebner Baldelomar: Antiguo Inspector de Obras del Ministerio de Transporte, fue el primero que denunció las irregularidades, pero inmediatamente fue desacreditado por el ex ministro David Robleto por estar involucrado en un acto de corrupción. El pecado de Baldelomar fue reclamarle a Alfredo Carbonell, Presidente Ejecutivo de MODULTECSA, el pago de 190 mil córdobas por avalar actividades ilícitas.

José León Prado: El testigo clave en el caso. Confirmó y amplió la denuncia de Baldelomar en Confidencial y Esta Semana de forma valiente y sostenida, pese a las presiones del poder. Compareció ante la Comisión Anticorrupción de la Asamblea, declaró ante la Contraloría y todavía espera que la justicia siga su curso y lo llame como testigo en el juicio penal.

Alfredo Carbonell: Al frente de su empresa MODULTECSA construyó la terraza. Prepotente y altanero, intentó darme clases de ética periodística. Nunca me presentó los avalúos con los cuales cobró irregularmente al MTI por las obras en la mansión de Jerez.

Arnoldo Alemán: Bajo su presidencia se construyó la terraza de su “carnal”.

David Robleto: nunca aceptó, incluso hasta la última vez que lo vi, que las obras fueron pagadas por fondos destinados a la emergencia del Mitch. Recuerdo la primera entrevista que me concedió en su despacho que tenía cuando fungió como ministro de Transporte: “Ustedes tienen que moderarse y ser más claros en las cosas”, me dijo.

Contraloría: La institución “se lavó la cara” y emitió su primera presunción de responsabilidad penal como Contraloría colegiada. Los cinco contralores fueron firmes y determinaron que el Estado fue desfalcado con 400 mil dólares.

Jaime Bonilla: Bajo su administración en el Ministerio de Transporte se construyó la terraza. Como era de esperar, dijo desconocer el alcance de las obras en Pochomil Viejo.

Desde el punto de vista periodístico, el caso de la terraza nos deja tres enseñanzas: la tenacidad de una institución periodística en busca de la verdad; la valentía de un testigo, en este caso el ingeniero José León Prado; y el poder de decisión que en ultima instancia siempre reside en las instituciones judiciales.

Irónicamente, la propiedad de Jerez fue intervenida no por el acto irregular cometido en su construcción, sino por otro de los tantos juicios que se le llevan al ex director de la DGI. Su propio lujo terminó por sepultarla. Si hubiera sido más modesta, no se hubiera convertido en un símbolo, tan visible y tan contrastante con la pobreza de la zona. Al final fue la propia voracidad de Jerez, la que le arrebató uno de sus bienes más preciados.

Ahora veo por la televisión y periódicos la propiedad de Jerez intervenida y no dejo de sentir un aliento de satisfacción por lo que personalmente considero un acto de justicia. Son esos momentos en los que uno se siente orgulloso de ser periodista y olvida la arrogancia con la que los poderosos avientan libretas e intentan silenciar grabadoras.