SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLÍTICO • AÑO 7 • EDICION No. 344• DEL 22 AL 28 DE JUNIO DE 2003
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Edipo verde

Juan Carlos Ampié

Bana y Nolte en "The Hulk": Guarda
el drama para tu mamá"

 

Muchas cejas se levantaron cuando Ang Lee, veterano de refinadas películas de cine-arte, decidió aceptar la mercenaria oferta de dirigir Hulk. El sofisticado director taiwanés era, en realidad, el hombre perfecto para el trabajo. Después de todo, acababa de alcanzar su mayor éxito de taquilla con Crouching Tiger, Hidden Dragon (El Tigre y el Dragón), una melancólica pieza épica que hacia las películas de artes marciales seguras para todos los snobs del mundo. Quién mejor que él para darle un barniz de respetabilidad a la monstruosa película de acción veraniega de la industria hollywoodense?

Pero como en los mejores comics, los super-poderes de los héroes también les sirven de condena. El agridulce triunfo final tiene elementos de derrota. La taquilla clama victoria, pero Lee recibe las peores críticas de su carrera.
Bruce Banner (Eric Bana) es un introspectivo científico molecular que investiga la regeneración espontánea de tejidos – o algo así – a la par de su su ex novia, Betty Ross (Jennifer Connelly). En un accidente de laboratorio, Bruce se expone a una sobre-dosis de radios gama. Aunque sale del accidente sin problemas aparentes, Bruce no sabe que padece de una condición molecular congénita heredada de su padre biológico, el científico David Banner (Nick Nolte), notable por su manía de experimentar en sí mismo a falta de permiso para hacer pruebas en humanos.

La acción de los rayos, sumada a esa nefasta herencia paterna, hace que Bruce, pues… no sea él cuando se disgusta. Para contener al furibundo coloso verde, el ejercito envía al general Ross (Sam Elliot), padre de Betty, y en una de esas casualidades que sólo pasan desapercibidas en las películas, también es el némesis del padre de Bruce.

La jerga pseudo-científica es puro pasquín, pero el drama tiene pretensiones adultas. Lee y su co-guionista de siempre, James Schamus, nos dan un Hulk como psicodrama prototípico de finales de siglo XX: abuso infantil, memorias reprimidas, hombres emocionalmente remotos, mujeres de carrera hambrientas de amor, en una virtual tragedia griega para nuestros tiempos.

En un gran acierto conceptual, Lee y Schamus, deciden convertir su película literalmente en un comic. Así, los diálogos son expositivos y funcionales, en ideas tan breves que puede imaginarlas apareciendo como texto en estrechos globos blancos sobre los personajes.

Visualmente, la pantalla se divide en múltiples celdas. Wipes, disolvencias y todos los filtros electrónicos habidos y por haber cambian las imágenes. Es como ver una página de comic book cobrar vida. La idea suena como un sueño, pero se ejecuta como una pesadilla. El director utiliza los efectos sin ton ni son, creando una avalancha de información audio-visual innecesaria y repetitiva, que ahoga virtualmente a los demas elementos de su historia.
Entre los afectados está el actor australiano Eric Bana (Black Hawk Down, 2001), de quien apenas se registra su presencia. Este es un error crucial en la película. Cuando el monstruo aparece en la segunda mitad de la película, no es difícil aceptarlo como real, porque al menos proyecta mas emociones humanamente reconocibles que su alter-ego de carne y hueso. Así, la carga trágica que debería tener la transformación queda anulada. El resto del reparto exhibe un verdadero catálogo de estilos actorales: la eficiente artesanía del actor de carácter profesional (Sam Elliot); el lloroso histrionismo de la bella oscarizada (Connelly); y la sobreactuación post-irónica del protagonista envejecido (Nolte). Sin embargo, no puede descartarse fácilmente cualquier película que se atreve a mezclar elementos de tragedia griega con un French Poodle mutante y un homenaje a Vertigo (Alfred Hitchcock, 1958) — vea el uso de locaciones en San Francisco, y escuche los ecos de la partitura clásica de Bernard Herrmann en la música de Danny Elfman .

Como la criatura que le da título, Hulk es un experimento que ha salido terriblemente mal, un verdadero accidente cósmico en el laboratorio. El resultado es una cosa masiva, absurda e imposible de ignorar. Por lo menos, Lee y Schamus han creado una película de acción con ambiciones.

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