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Edipo verde
Juan Carlos Ampié
Muchas cejas se levantaron cuando
Ang Lee, veterano de refinadas películas de cine-arte,
decidió aceptar la mercenaria oferta de dirigir
Hulk. El sofisticado director taiwanés era, en
realidad, el hombre perfecto para el trabajo. Después
de todo, acababa de alcanzar su mayor éxito de
taquilla con Crouching Tiger, Hidden Dragon (El Tigre
y el Dragón), una melancólica pieza épica
que hacia las películas de artes marciales seguras
para todos los snobs del mundo. Quién mejor que
él para darle un barniz de respetabilidad a la
monstruosa película de acción veraniega
de la industria hollywoodense?
Pero como en los mejores comics,
los super-poderes de los héroes también
les sirven de condena. El agridulce triunfo final tiene
elementos de derrota. La taquilla clama victoria, pero
Lee recibe las peores críticas de su carrera.
Bruce Banner (Eric Bana) es un introspectivo científico
molecular que investiga la regeneración espontánea
de tejidos – o algo así – a la par
de su su ex novia, Betty Ross (Jennifer Connelly). En
un accidente de laboratorio, Bruce se expone a una sobre-dosis
de radios gama. Aunque sale del accidente sin problemas
aparentes, Bruce no sabe que padece de una condición
molecular congénita heredada de su padre biológico,
el científico David Banner (Nick Nolte), notable
por su manía de experimentar en sí mismo
a falta de permiso para hacer pruebas en humanos.
La acción de los rayos,
sumada a esa nefasta herencia paterna, hace que Bruce,
pues… no sea él cuando se disgusta. Para
contener al furibundo coloso verde, el ejercito envía
al general Ross (Sam Elliot), padre de Betty, y en una
de esas casualidades que sólo pasan desapercibidas
en las películas, también es el némesis
del padre de Bruce.
La jerga pseudo-científica
es puro pasquín, pero el drama tiene pretensiones
adultas. Lee y su co-guionista de siempre, James Schamus,
nos dan un Hulk como psicodrama prototípico de
finales de siglo XX: abuso infantil, memorias reprimidas,
hombres emocionalmente remotos, mujeres de carrera hambrientas
de amor, en una virtual tragedia griega para nuestros
tiempos.
En un gran acierto conceptual,
Lee y Schamus, deciden convertir su película
literalmente en un comic. Así, los diálogos
son expositivos y funcionales, en ideas tan breves que
puede imaginarlas apareciendo como texto en estrechos
globos blancos sobre los personajes.
Visualmente, la pantalla se divide
en múltiples celdas. Wipes, disolvencias y todos
los filtros electrónicos habidos y por haber
cambian las imágenes. Es como ver una página
de comic book cobrar vida. La idea suena como un sueño,
pero se ejecuta como una pesadilla. El director utiliza
los efectos sin ton ni son, creando una avalancha de
información audio-visual innecesaria y repetitiva,
que ahoga virtualmente a los demas elementos de su historia.
Entre los afectados está el actor australiano
Eric Bana (Black Hawk Down, 2001), de quien apenas se
registra su presencia. Este es un error crucial en la
película. Cuando el monstruo aparece en la segunda
mitad de la película, no es difícil aceptarlo
como real, porque al menos proyecta mas emociones humanamente
reconocibles que su alter-ego de carne y hueso. Así,
la carga trágica que debería tener la
transformación queda anulada. El resto del reparto
exhibe un verdadero catálogo de estilos actorales:
la eficiente artesanía del actor de carácter
profesional (Sam Elliot); el lloroso histrionismo de
la bella oscarizada (Connelly); y la sobreactuación
post-irónica del protagonista envejecido (Nolte).
Sin embargo, no puede descartarse fácilmente
cualquier película que se atreve a mezclar elementos
de tragedia griega con un French Poodle mutante y un
homenaje a Vertigo (Alfred Hitchcock, 1958) —
vea el uso de locaciones en San Francisco, y escuche
los ecos de la partitura clásica de Bernard Herrmann
en la música de Danny Elfman .
Como la criatura que le da título,
Hulk es un experimento que ha salido terriblemente mal,
un verdadero accidente cósmico en el laboratorio.
El resultado es una cosa masiva, absurda e imposible
de ignorar. Por lo menos, Lee y Schamus han creado una
película de acción con ambiciones.
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