SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLÍTICO • AÑO 7 • EDICION No. 344• DEL 22 AL 28 DE JUNIO DE 2003
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Las dos caras de Jack

Juan Carlos Ampié

     

La naturaleza esquizofrénica de los grandes actores de carácter vuelve a ponerse en evidencia con las dos nuevas películas de Jack Nicholson.“Anger Management” y“About Schmidt”. En una tenemos al artista, en la otra tenemos a la celebridad. ¿Adivinen cuál se estrena con bombo y platillo en los cines y cuál pasa directamente a los anaqueles del videoclub?

Desde su inicio, “Anger…” funciona como un concepto prematuro: juntar a Adam Sandler, el comediante taquillero de moda, con Jack Nicholson, vieja gloria revitalizada. La ejecución es lo de menos. Basta con que cada uno repita lo que en el pasado le ha ganado más taquilla: Sandler es el bobalicón pasivo-agresivo; Nicholson es el diabólico ego masculino de cejas arqueadas que todo el mundo parece amar.

Que en el universo de la película estén supuestos a ser un ejecutivo con problemas de ira implosiva y su terapeuta no parece estar en sus mentes. Los personajes son incidentales, los actores sólo proyectan sus personalidades públicas en una trama diseñada para proveerlos de circunstancias que potencien sus peores manerismos.

En el camino se desperdician a un reparto de secundarios de lujo como Marisa Tomei, John Turturro, Woody Harrelson, Heather Grahamn, John C. Reilly, Luis Guzman y el inapreciable Harry Dean Stanton.

Desde el incidente inicial, en el que Sandler es acusado de violentar a una azafata en un vuelo comercial, hasta el chirriante acto final – escenificado en un juego de los yankis, con predecibles apariciones de jugadores estrellas y Rudolph Giuliani, el popular ex-alcalde -, se pone en evidencia el alma mercenaria de este producto irredimible. Probablemente lo realizadores pretendían darle una sensación de “actualidad” a la producción, pero sólo consiguen dejar un amargo sabor en una película mala.

En cambio,“About Schimdt”, del talentoso director Alexander Payne (Election, 1999), si se manifiesta como testimonio de este tiempo. Aunque ha sido vendida como una comedia, tiene una vena melancólica que ciertamente no lo dejará riendo a mandíbula batiente. Vale la pena entrar en su órbita. La película tiene la mejor actuación que Jack Nicholson ha brindado en los últimos años – si, eso incluye a la sobrevalorada “As Good as It Gets” (1997)

Warren Schmidt (Nicholson) se retira de su trabajo en una empresa de seguros y se acomoda en su nueva rutina: apenas tolera la constante presencia de su esposa Helen (June Squibb), trata de poner una buena cara ante el inminente matrimonio de su única hija Jeannie (Hope Davis), y se enfrenta a la vaga sensación de haber desperdiciado su vida. La súbita muerte de su esposa, y el descubrimiento de un secreto del pasado, lo lanzan a emprender un viaje a través del medio oeste norteamericano, revisitando su pasado, pero con destino a Denver. La meta es persuadir a Jeannie de no casarse con el tipo que él percibe como un perdedor, y encontrarse a sí mismo. No precisamente en ese orden.

Nicholson es una revelación, apartándose de la costumbre que encasilla a las estrellas maduras en proyecciones de adolescentes atrapados en cuerpos de la tercera edad. Es un shock verlo casado con una mujer que le corresponde en edad. Aquí no hay cejas arqueadas, ni sonrisas malévolas de oreja a oreja. Lejos del patán que desafía toda credibilidad enamorando a mujeres que podrían ser su nieta – vean su poco convincente flirteo con Marisa Tomei en Anger--, Nicholson actúa cómo un hombre de su propia edad, y eso tiene un efecto liberador en el actor, que habita la piel de su personaje con convicción. En su tensa relación con Jeannie, y su astuta contención ante la parentela política, Nicholson presenta pequeñas obras maestras de actuación que delatan una vida de experiencias.

Además de ser una aguda pieza de caracteres, la película funciona casi como un estudio antropológico de las costumbres de la clase media norteamericana. La rica percepción de los personajes y sus ambientes recuerda a “Fargo” (Joel & Ethan Coen, 1996).

Kathy Bates, como la madre del novio, sobrevive con la dignidad intacta a su papel de hippie otoñal, a pesar de una gratuita escena desnuda. Aún con algunos ligeros traspiés, la película tiene una conexión segura con los ritmos de la vida y el corazón en el lugar correcto. No se la pierda.

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