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Las dos caras de Jack
Juan Carlos Ampié
La naturaleza esquizofrénica
de los grandes actores de carácter vuelve a ponerse
en evidencia con las dos nuevas películas de
Jack Nicholson.“Anger Management” y“About
Schmidt”. En una tenemos al artista, en la otra
tenemos a la celebridad. ¿Adivinen cuál
se estrena con bombo y platillo en los cines y cuál
pasa directamente a los anaqueles del videoclub?
Desde su inicio, “Anger…”
funciona como un concepto prematuro: juntar a Adam Sandler,
el comediante taquillero de moda, con Jack Nicholson,
vieja gloria revitalizada. La ejecución es lo
de menos. Basta con que cada uno repita lo que en el
pasado le ha ganado más taquilla: Sandler es
el bobalicón pasivo-agresivo; Nicholson es el
diabólico ego masculino de cejas arqueadas que
todo el mundo parece amar.
Que en el universo de la película
estén supuestos a ser un ejecutivo con problemas
de ira implosiva y su terapeuta no parece estar en sus
mentes. Los personajes son incidentales, los actores
sólo proyectan sus personalidades públicas
en una trama diseñada para proveerlos de circunstancias
que potencien sus peores manerismos.
En el camino se desperdician a
un reparto de secundarios de lujo como Marisa Tomei,
John Turturro, Woody Harrelson, Heather Grahamn, John
C. Reilly, Luis Guzman y el inapreciable Harry Dean
Stanton.
Desde el incidente inicial, en
el que Sandler es acusado de violentar a una azafata
en un vuelo comercial, hasta el chirriante acto final
– escenificado en un juego de los yankis, con
predecibles apariciones de jugadores estrellas y Rudolph
Giuliani, el popular ex-alcalde -, se pone en evidencia
el alma mercenaria de este producto irredimible. Probablemente
lo realizadores pretendían darle una sensación
de “actualidad” a la producción,
pero sólo consiguen dejar un amargo sabor en
una película mala.
En cambio,“About Schimdt”,
del talentoso director Alexander Payne (Election, 1999),
si se manifiesta como testimonio de este tiempo. Aunque
ha sido vendida como una comedia, tiene una vena melancólica
que ciertamente no lo dejará riendo a mandíbula
batiente. Vale la pena entrar en su órbita. La
película tiene la mejor actuación que
Jack Nicholson ha brindado en los últimos años
– si, eso incluye a la sobrevalorada “As
Good as It Gets” (1997)
Warren Schmidt (Nicholson) se retira
de su trabajo en una empresa de seguros y se acomoda
en su nueva rutina: apenas tolera la constante presencia
de su esposa Helen (June Squibb), trata de poner una
buena cara ante el inminente matrimonio de su única
hija Jeannie (Hope Davis), y se enfrenta a la vaga sensación
de haber desperdiciado su vida. La súbita muerte
de su esposa, y el descubrimiento de un secreto del
pasado, lo lanzan a emprender un viaje a través
del medio oeste norteamericano, revisitando su pasado,
pero con destino a Denver. La meta es persuadir a Jeannie
de no casarse con el tipo que él percibe como
un perdedor, y encontrarse a sí mismo. No precisamente
en ese orden.
Nicholson es una revelación,
apartándose de la costumbre que encasilla a las
estrellas maduras en proyecciones de adolescentes atrapados
en cuerpos de la tercera edad. Es un shock verlo casado
con una mujer que le corresponde en edad. Aquí
no hay cejas arqueadas, ni sonrisas malévolas
de oreja a oreja. Lejos del patán que desafía
toda credibilidad enamorando a mujeres que podrían
ser su nieta – vean su poco convincente flirteo
con Marisa Tomei en Anger--, Nicholson actúa
cómo un hombre de su propia edad, y eso tiene
un efecto liberador en el actor, que habita la piel
de su personaje con convicción. En su tensa relación
con Jeannie, y su astuta contención ante la parentela
política, Nicholson presenta pequeñas
obras maestras de actuación que delatan una vida
de experiencias.
Además de ser una aguda
pieza de caracteres, la película funciona casi
como un estudio antropológico de las costumbres
de la clase media norteamericana. La rica percepción
de los personajes y sus ambientes recuerda a “Fargo”
(Joel & Ethan Coen, 1996).
Kathy Bates, como la madre del
novio, sobrevive con la dignidad intacta a su papel
de hippie otoñal, a pesar de una gratuita escena
desnuda. Aún con algunos ligeros traspiés,
la película tiene una conexión segura
con los ritmos de la vida y el corazón en el
lugar correcto. No se la pierda.
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