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El populismo toca las
puertas de Centroamérica
Washington D.C.
América Latina parece estar pasando por una preocupante
y difícil segunda transición política
después de sus procesos de democratización.
Después de casi diez años de gobiernos
de centro-derecha o conservadores, varios países
han cambiado de rumbo hacia el espacio de una izquierda
con lenguaje y práctica populista. Los acontecimientos
políticos actuales en la región centroamericana
no escapan a este proceso. Los presentes y futuros candidatos
presidenciales, y sus partidos, en tres países
de la región tienen en común la tradición
populista, la selección verticalista y una dirección
autocrática e intolerante.
La transición política
en América Latina estuvo seguida por un número
de gobiernos democráticos de derecha. En Centroamérica,
desde 1990 los gobiernos de derecha se fortalecieron
en la región después de las guerras civiles.
Sin embargo, en la medida que estos gobiernos con inclinación
al neoliberalismo y un grado limitado de consulta y
participación de la sociedad civil, se ven agobiados
por las demandas sociales y globales, la crítica
hacia ellos ha aumentado.
El resultado se ha observado en
la conformación de gobiernos de orientación
populista en muchas partes de las Américas. Por
ejemplo, Haití, Venezuela, Ecuador, Jamaica,
Brasil, y Argentina ilustran casos recientes en donde
el pueblo ha elegido (o reelecto como en Jamaica) a
gobiernos que alegan y abogan por los derechos sociales
y critican el daño que el neoliberalismo ha causado
a sus economías y sociedades. Sin embargo, todos
estos gobiernos han carecido de una agenda política
de acción social, y a lo sumo, el discurso se
ha enfocado hacia la reforma social, mientras la práctica
muestra una continuidad de políticas poco distributivas.
Centroamérica no está
escapando a esta realidad. En Guatemala, El Salvador
y Nicaragua el apoyo a líderes de orientación
populista ha aumentado mientras las condiciones políticas
se complican. En Honduras, las manifestaciones sociales
están incrementándose con un tono hacia
el cambio de la gobernabilidad neoliberal. Obviamente
el modelo político-económico actual no
muestra señales de mejoramiento, sin embargo,
el oportunismo político ha prevalecido sobre
la conformación de movimientos alternativos con
agendas realistas con contenido social.
Ríos Montt en Guatemala.
La situación Guatemalteca
talvez es la más preocupante de la región.
Un país que hace menos de cinco años inició
su proceso de pacificación, se enfrenta ante
serios desafíos. La administración del
presidente Alfonso Portillo pasa por una crisis seria
con pocas miras de solución. Su gobierno es impopular
a pesar del discurso populista del gobernante y lucha
contra todos los sectores sociales, con el sector privado,
sociedad civil, sindicatos, partidos, incluido el suyo
propio. La corrupción en su gobierno se ha extendido
a todos los niveles y a su partido, el Frente Republicano
Guatemalteco. Mientras tanto el FRG volcó el
apoyo para las próximas elecciones de Noviembre
hacia el General Efraín Ríos-Montt como
candidato presidencial. Antiguo dictador de Guatemala
y actual presidente del Congreso, Ríos Montt
cuenta con el apoyo de importantes sectores del ejército,
el cual continúa empleando influencia en el gobierno,
tratando de restringir el poder civil por medio de intimidaciones
a autoridades y también amenazando con desobedecer
órdenes gubernamentales.
El vínculo entre delincuencia,
corrupción y política se ha observado
de manera más latente en el caso del reavivamiento
de las patrullas de autodefensa civil (instituciones
paramilitares involucradas en violaciones de derechos
humanos durante los años ochenta), que demandaban
compensación por su trabajo durante el período
del conflicto. A cambio de ello las patrullas han ofrecido
apoyo electoral Ríos Montt. Mientras tanto su
persona es presentada como un líder carismático.
Al ser nominado por el partido, Ríos Montt fue
caracterizado como un “líder natural, identificado
con los intereses del pueblo.” El mismo Ríos
Montt ha manejado su discurso evangélico-político
identificándose como anti-oligárquico
y popular, acusando al sector económico influyente
como “la piedra en el zapato de quienes aún
sueñan en su finca y no en el país que
anhelamos”.
Shafick Handal en El Salvador
Mientras, tanto en El Salvador
la lucha política por el poder se ha intensificado
después de las elecciones municipales y legislativas
del pasado marzo en las que el partido gobernante, ARENA,
perdió asientos en el Congreso y la municipalidad
de San Salvador. ARENA ha perdido fuerza política
a nivel interno y ante la ciudadanía; su popularidad
ha decaído durante un período crítico
de una economía que no registra crecimiento.
El partido de la izquierda mientras tanto ha asumido
un rol antagónico y ha aprovechado la oportunidad
para incrementar su apoyo popular. Haciendo uso del
discurso populista, el FMLN ha acusado al gobierno de
Flores de afectar al pueblo y promover la privatización
indiscriminada. Sin embargo, y de igual forma que en
Guatemala, el FMLN nominó sin una verdadera consulta
democrática a Shafick Handal como candidato presidencial
para las elecciones de marzo del 2004. Tal nominación
ha causado una crítica interna y externa al partido,
especialmente cuando existen candidatos más populares
que él, como el periodista Mauricio Funes. Handal,
uno de los dirigentes más conservadores y autocráticos
de la izquierda Salvadoreña, ha hecho uso de
un discurso populista para atacar tanto a la oposición
interna como a ARENA. Este marco político se
produce en medio de una crisis política en El
Salvador frente a la tensión entre el gobierno
y los médicos salvadoreños opuestos a
la privatización del sistema de salud.
Daniel Ortega en Nicaragua
La situación salvadoreña
y guatemalteca no es ajena al proceso nicaragüense.
Nicaragua se ha caracterizado como “el país
de Sísifo”, una sociedad en donde cada
vez que la ‘piedra’ del progreso trata de
llegar a su cima, cae de vuelta al suelo por fuerza
de los dioses de la fragmentación y la división.
El gobierno actual, cuya eficiencia e ineficiencia han
sido características como un péndulo de
la gobernabilidad, ha enfrentado ataques de varios sectores
políticos y sociales, y enfrenta la amenaza de
un nuevo pacto político más y de un sandinismo
crecientemente más populista en su desesperación
por obtener votos para lograr la presidencia en el 2006.
En la víspera de sus elecciones
municipales, la lucha electoral para las próximas
elecciones está utilizando la contienda actual
como el entrenamiento preliminar. El reciente populismo
sandinista se observó en su apoyo al paquete
fiscal mientras simultáneamente atacaba al gobierno
del presidente Bolaños de estar afectando al
país con ese paquete. Igualmente como en El Salvador
y Guatemala es posible que la ‘selección’
de Daniel Ortega ocurra por cuarta vez mediante la presión
sobre los militantes.
La respuesta en Estados Unidos
La preocupación de
una victoria del FSLN o el FMLN no radica en que la
izquierda asuma el poder político. Es importante
que se fortalezca la agenda social y la influencia de
la izquierda. Sin embargo, el problema está en
el discurso populista que predomina y el impacto en
los anticuerpos que este discurso ha creado.
Para el gobierno de Estados
Unidos la selección de Ríos Montt no fue
bienvenida. Richard Boucher, portavoz del departamento
de estado, expresó que sería muy difícil
tener una buena relación con un gobierno de Ríos
Montt. Por otro lado, Estados Unidos ha mostrado claramente
su oposición al FMLN y FSLN especialmente después
que éstos manifestaron su apoyo a favor de Saddam
Hussein, en tanto el FMLN celebró el ataque de
Septiembre 11.
La diáspora Centroamericana
también está alerta y atenta de los acontecimientos
políticos. Los centroamericanos en Estados Unidos
están manifestando su posición política
desde Miami, Los Ángeles, Washington y Nueva
York, no solamente desde su lado ideológico,
pero preocupados por cualquier intento de socavar los
cambios democráticos, y regresar a un pasado
que ellos enfrentaron con el exilio, el refugio o la
migración. Igualmente están reclamando
tener voz con derecho al voto. Los nicaragüenses
en Miami están claros que su apoyo económico
es clave para la sobrevivencia del país. De igual
forma se han manifestado los salvadoreños. La
política transnacional estará jugando
un rol más serio en esta campaña y los
líderes no quedarán al margen del escrutinio
de la diáspora.
Si bien es cierto que Centroamérica
no es Colombia, Venezuela, o Haití, el turno
hacia el populismo puede generar serios retrocesos de
mayor dimensión. Por el momento la opinión
pública no ha apostado por estos líderes.
En Guatemala, por ejemplo, Ríos Montt no ha recibido
más de un 10% de apoyo popular, y en El Salvador
Shafick Handal solamente ha recibido un 9% frente a
un 40% de apoyo a Funes. El futuro político de
Centroamérica dependerá de cómo
la sociedad asume el compromiso de demandar candidatos
más responsables y democráticos que los
que ahora intentan asumir el poder político.
El populismo, la costumbre autocrática de gobernar
y la tradición verticalista de los partidos a
los que estos líderes pertenecen no son alicientes
al proceso político regional y es importante
buscar alternativas dentro de los movimientos progresistas.
*Director para Centroamérica
del Diálogo Interamericano
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