SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLÍTICO • AÑO 7 • EDICION No. 342• DEL 08 AL 14 DE JUNIO DE 2003
MEMO DESDE WASHINGTON

El populismo toca las
puertas de Centroamérica

Manuel Orozco*

 

Washington D.C. América Latina parece estar pasando por una preocupante y difícil segunda transición política después de sus procesos de democratización. Después de casi diez años de gobiernos de centro-derecha o conservadores, varios países han cambiado de rumbo hacia el espacio de una izquierda con lenguaje y práctica populista. Los acontecimientos políticos actuales en la región centroamericana no escapan a este proceso. Los presentes y futuros candidatos presidenciales, y sus partidos, en tres países de la región tienen en común la tradición populista, la selección verticalista y una dirección autocrática e intolerante.

La transición política en América Latina estuvo seguida por un número de gobiernos democráticos de derecha. En Centroamérica, desde 1990 los gobiernos de derecha se fortalecieron en la región después de las guerras civiles. Sin embargo, en la medida que estos gobiernos con inclinación al neoliberalismo y un grado limitado de consulta y participación de la sociedad civil, se ven agobiados por las demandas sociales y globales, la crítica hacia ellos ha aumentado.

El resultado se ha observado en la conformación de gobiernos de orientación populista en muchas partes de las Américas. Por ejemplo, Haití, Venezuela, Ecuador, Jamaica, Brasil, y Argentina ilustran casos recientes en donde el pueblo ha elegido (o reelecto como en Jamaica) a gobiernos que alegan y abogan por los derechos sociales y critican el daño que el neoliberalismo ha causado a sus economías y sociedades. Sin embargo, todos estos gobiernos han carecido de una agenda política de acción social, y a lo sumo, el discurso se ha enfocado hacia la reforma social, mientras la práctica muestra una continuidad de políticas poco distributivas.

Centroamérica no está escapando a esta realidad. En Guatemala, El Salvador y Nicaragua el apoyo a líderes de orientación populista ha aumentado mientras las condiciones políticas se complican. En Honduras, las manifestaciones sociales están incrementándose con un tono hacia el cambio de la gobernabilidad neoliberal. Obviamente el modelo político-económico actual no muestra señales de mejoramiento, sin embargo, el oportunismo político ha prevalecido sobre la conformación de movimientos alternativos con agendas realistas con contenido social.
Ríos Montt en Guatemala.

La situación Guatemalteca talvez es la más preocupante de la región. Un país que hace menos de cinco años inició su proceso de pacificación, se enfrenta ante serios desafíos. La administración del presidente Alfonso Portillo pasa por una crisis seria con pocas miras de solución. Su gobierno es impopular a pesar del discurso populista del gobernante y lucha contra todos los sectores sociales, con el sector privado, sociedad civil, sindicatos, partidos, incluido el suyo propio. La corrupción en su gobierno se ha extendido a todos los niveles y a su partido, el Frente Republicano Guatemalteco. Mientras tanto el FRG volcó el apoyo para las próximas elecciones de Noviembre hacia el General Efraín Ríos-Montt como candidato presidencial. Antiguo dictador de Guatemala y actual presidente del Congreso, Ríos Montt cuenta con el apoyo de importantes sectores del ejército, el cual continúa empleando influencia en el gobierno, tratando de restringir el poder civil por medio de intimidaciones a autoridades y también amenazando con desobedecer órdenes gubernamentales.

El vínculo entre delincuencia, corrupción y política se ha observado de manera más latente en el caso del reavivamiento de las patrullas de autodefensa civil (instituciones paramilitares involucradas en violaciones de derechos humanos durante los años ochenta), que demandaban compensación por su trabajo durante el período del conflicto. A cambio de ello las patrullas han ofrecido apoyo electoral Ríos Montt. Mientras tanto su persona es presentada como un líder carismático. Al ser nominado por el partido, Ríos Montt fue caracterizado como un “líder natural, identificado con los intereses del pueblo.” El mismo Ríos Montt ha manejado su discurso evangélico-político identificándose como anti-oligárquico y popular, acusando al sector económico influyente como “la piedra en el zapato de quienes aún sueñan en su finca y no en el país que anhelamos”.

Shafick Handal en El Salvador

Mientras, tanto en El Salvador la lucha política por el poder se ha intensificado después de las elecciones municipales y legislativas del pasado marzo en las que el partido gobernante, ARENA, perdió asientos en el Congreso y la municipalidad de San Salvador. ARENA ha perdido fuerza política a nivel interno y ante la ciudadanía; su popularidad ha decaído durante un período crítico de una economía que no registra crecimiento. El partido de la izquierda mientras tanto ha asumido un rol antagónico y ha aprovechado la oportunidad para incrementar su apoyo popular. Haciendo uso del discurso populista, el FMLN ha acusado al gobierno de Flores de afectar al pueblo y promover la privatización indiscriminada. Sin embargo, y de igual forma que en Guatemala, el FMLN nominó sin una verdadera consulta democrática a Shafick Handal como candidato presidencial para las elecciones de marzo del 2004. Tal nominación ha causado una crítica interna y externa al partido, especialmente cuando existen candidatos más populares que él, como el periodista Mauricio Funes. Handal, uno de los dirigentes más conservadores y autocráticos de la izquierda Salvadoreña, ha hecho uso de un discurso populista para atacar tanto a la oposición interna como a ARENA. Este marco político se produce en medio de una crisis política en El Salvador frente a la tensión entre el gobierno y los médicos salvadoreños opuestos a la privatización del sistema de salud.

Daniel Ortega en Nicaragua

La situación salvadoreña y guatemalteca no es ajena al proceso nicaragüense. Nicaragua se ha caracterizado como “el país de Sísifo”, una sociedad en donde cada vez que la ‘piedra’ del progreso trata de llegar a su cima, cae de vuelta al suelo por fuerza de los dioses de la fragmentación y la división. El gobierno actual, cuya eficiencia e ineficiencia han sido características como un péndulo de la gobernabilidad, ha enfrentado ataques de varios sectores políticos y sociales, y enfrenta la amenaza de un nuevo pacto político más y de un sandinismo crecientemente más populista en su desesperación por obtener votos para lograr la presidencia en el 2006.

En la víspera de sus elecciones municipales, la lucha electoral para las próximas elecciones está utilizando la contienda actual como el entrenamiento preliminar. El reciente populismo sandinista se observó en su apoyo al paquete fiscal mientras simultáneamente atacaba al gobierno del presidente Bolaños de estar afectando al país con ese paquete. Igualmente como en El Salvador y Guatemala es posible que la ‘selección’ de Daniel Ortega ocurra por cuarta vez mediante la presión sobre los militantes.

La respuesta en Estados Unidos

La preocupación de una victoria del FSLN o el FMLN no radica en que la izquierda asuma el poder político. Es importante que se fortalezca la agenda social y la influencia de la izquierda. Sin embargo, el problema está en el discurso populista que predomina y el impacto en los anticuerpos que este discurso ha creado.

Para el gobierno de Estados Unidos la selección de Ríos Montt no fue bienvenida. Richard Boucher, portavoz del departamento de estado, expresó que sería muy difícil tener una buena relación con un gobierno de Ríos Montt. Por otro lado, Estados Unidos ha mostrado claramente su oposición al FMLN y FSLN especialmente después que éstos manifestaron su apoyo a favor de Saddam Hussein, en tanto el FMLN celebró el ataque de Septiembre 11.

La diáspora Centroamericana también está alerta y atenta de los acontecimientos políticos. Los centroamericanos en Estados Unidos están manifestando su posición política desde Miami, Los Ángeles, Washington y Nueva York, no solamente desde su lado ideológico, pero preocupados por cualquier intento de socavar los cambios democráticos, y regresar a un pasado que ellos enfrentaron con el exilio, el refugio o la migración. Igualmente están reclamando tener voz con derecho al voto. Los nicaragüenses en Miami están claros que su apoyo económico es clave para la sobrevivencia del país. De igual forma se han manifestado los salvadoreños. La política transnacional estará jugando un rol más serio en esta campaña y los líderes no quedarán al margen del escrutinio de la diáspora.

Si bien es cierto que Centroamérica no es Colombia, Venezuela, o Haití, el turno hacia el populismo puede generar serios retrocesos de mayor dimensión. Por el momento la opinión pública no ha apostado por estos líderes. En Guatemala, por ejemplo, Ríos Montt no ha recibido más de un 10% de apoyo popular, y en El Salvador Shafick Handal solamente ha recibido un 9% frente a un 40% de apoyo a Funes. El futuro político de Centroamérica dependerá de cómo la sociedad asume el compromiso de demandar candidatos más responsables y democráticos que los que ahora intentan asumir el poder político. El populismo, la costumbre autocrática de gobernar y la tradición verticalista de los partidos a los que estos líderes pertenecen no son alicientes al proceso político regional y es importante buscar alternativas dentro de los movimientos progresistas.

*Director para Centroamérica del Diálogo Interamericano