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Retro-Melodrama
Lejos del paraíso
Juan Carlos Ampié
En la reciente ceremonia del Oscar,
la luminosa Julianne Moore se convirtió en miembro
del exclusivo club de personas con doble nominación
en un mismo año. El músculo corporativo
de Miramax aseguró que su nominación a
Mejor Actriz de Reparto por The Hours se luciera hasta
en los mercados mas pequeños, para beneficio
de los cinéfilos nicaragüense. Far from
Heaven, la película que le garantizara una merecida
nominación en la categoría de Mejor Actriz
Protagonista, fue adquirida por una compañía
de menores recursos y permaneció vedada de las
pantallas de los cines. Ahora puede vencer los caprichos
del mercadeo internacional y descubrir la versión
superior del papel de ama de casa bajo presión
que Moore virtualmente patentó el año
pasado. Reunida con Todd Haynes, el director que le
diera el primer papel sustancial de su carrera con Safe
(1992), Moore vuelve a brindar una actuación
sublime en una película de alto calibre.
Cathy Whitaker y su esposo Frank
(Moore y Dennis Quaid) son la pareja ideal en un pintoresco
suburbio de clase media alta en el inmaculado Connecticut
de los años cincuentas. Juntos viven en un estado
de perfección irreal. La verdad es que Frank
es un alcoholico incipiente. Con el licor trata de domar
sus verdaderos instintos sexuales, que se inclinan lejos
de su esposa, hacia los hombres furtivos que buscan
encuentros anónimos en bares y teatros desiertos.
Cuando Cathy lo descubre, se llena de valor para ayudarle
a su hombre a “buscar tratamiento”. En el
proceso, Frank se aleja mas. Ella encuentra algo de
consuelo en la compañía del jardinero,
Raymon Deagan (Dennis Haysbert). No hay nada abiertamente
carnal en la relación, pero la trasgresión
de Cathy resulta más escandalosa que la de su
esposo, porque Deagan es negro.
Haynes ha forjando su carrera a
costa de películas provocativas, que explotaban
gráficamente los detalles mas escabrosos de la
homosexualidad – véase Poison (1991) y
Velvet Goldmine (1998)-. Como suele sucederle a los
enfants terribles una vez que han roto sus tabúes
preferidos, lo mas irreverente que les queda por hacer
es sumergirse en lo convencional. Así, Haynes
se impone el reto de recrear en cuerpo y espíritu
un sub-género favorecido por los grandes estudios
de antaño. Se trata del melodrama femenino, la
prototípica woman’s picture. Lejos de las
tontorronas comedias románticas de Meg Ryan y
Sandra Bullock, —los chick flicks de hoy—
el melodrama se tomaba en serio, relatando historias
extremas de pasiones desatadas, mas cerca de la tradicional
telenovela mexicana que de las grandes producciones
con pretensiones de responsabilidad social.
Su máximo exponente, cuyo
estilo es emulado por Haynes, fue Douglas Sirk, un emigrante
alemán que huyó del fascismo en Europa
para caer atrapado en un glamoroso ghetto creativo de
California. Los melodramas eran vistos como productos
de segunda categoría, pero Sirk aprovechó
ese bajo perfil para raptar el género y hacerlo
suyo, dotándolo de un irreverente subtexto que
exploraba lúcidamente conflictos de clase social
(All That Heaven Allows, 1955); amor obsesivo y sexualidad
(Written in the Wind, 1956); raza y guerras generacionales
(Imitation of Life, 1959); con un sofisticado punto
de vista y a veces un perverso sentido del humor.
Far From Heaven parece dirigida
por Sirk, con tomas largas y elaboradas, a través
de una cámara fluida y una edición mesurada.
Los valores de producción evocan a la perfección
los tiempos de gloria de los grandes estudios: elaborados
escenarios bajo las luces y sombras de la cinematografía
de Edward Lachman, mezclando el estilo del film noir
con la explosión de colores del technicolor –
hasta las escenas exteriores parecen filmadas en un
set, y lo digo como un cumplido. La expresiva partitura
musical compuesta por Elmer Bernstein, un hombre que
trabajó durante los años dorados, pone
en vergüenza a los John Williams de hoy día.
Si algo puede reclamarse es que
Haynes emula tan soberbiamente el estilo de Sirk que
virtualmente desaparece. De él queda cierta franqueza
en el lenguaje verbal y en el tratamiento del predicamento
de Frank —lo que Sirk apenas podía sugerir
entre Rock Hudson y Robert Stack en Written in the Wind,
Haynes puede mostrar. Es testamento a su compromiso
con el material que los momentos son tratados con mesura
y sin estridencia. El mayor triunfo está en el
trabajo de los actores, quienes habitan la piel de sus
personajes con convicción, sin un atisbo de ironía
y condescendencia. Barbara Stanwyck, Cary Grant y Sidney
Poitier, en el mejor momento de sus carreras, no lo
habrían hecho mejor. Este no es un inerte drama
social. Es una conmovedora historia de amores malogrados,
represión y deseos irreconciliables. Far from
Heaven es la mejor película de 1957 estrenada
en el 2002. No se la pierda.
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