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Internet, ¿jaque
al
periódico y al libro?
• Tres destacados periodistas
ponderan el futuro de la palabra escrita
Santiago Real de Azúa*
La irrupción de la
última ola globalizadora -a menudo se olvida
que han habido otras- prácticamente lo ha transformado
todo, pero pocas áreas tanto como las del periodismo
y la literatura. Para reflexionar sobre esos cambios,
el BID y el comité italiano que promovió
la asamblea anual de gobernadores del Banco celebrada
en Milán en marzo del 2003 reunieron a dos destacados
periodistas europeos (Ferrucio de Bortoli del milanés
Corriere della Sera y Lluis Bassets de El País
de Madrid) con una periodista mexicana (Rossana Fuentes
Berain de Foreign Affairs en Español), quien
animó un debate por momentos apasionante sobre
el futuro de la palabra escrita.
Empecemos por el periodismo.
Internet, nos guste o no, lo ha cambiado casi todo:
las empresas, los periodistas, el público, la
publicidad, la comercialización y hasta la propia
materia bruta de esta industria, que es la noticia.
El periodismo tradicional se ha visto desafiado por
nuevas realidades: el acceso a las fuentes se ha generalizado
y también el acceso al público lector.
Se ha erosionando el papel del periodista como mediador,
a la vez que se ha acortado la distancia entre el periodista
y su público.
¿Significa eso que
la profesión de periodista esté muerta
o en vías de extinción? No lo creyeron
así los ilustres panelistas en Milán,
y no lo creemos nosotros. Nuestras sociedades necesitarán
siempre de agentes que seleccionen, expliquen y contextualicen
el acontecer de realidades cada vez más complejas.
Pero eso significa que para sobrevivir el periodismo
deberá adaptarse a nuevas formas de lucha por
la atención del público donde lo importante
no será tanto “la noticia” ahora
al alcance de todos, sino el valor añadido que
sólo un buen periodista puede imprimirle gracias
a su formación, información, inteligencia,
habilidad y cultura. Lejos de desvanecerse, el periodista
está llamado a transformarse en guía y
compañero de abrumados y desorientados lectores.
Otro tanto podría
decirse de los periódicos. Tanto de Bortoli como
Bassets se declararon convencidos de que no desaparecerá
la demanda por las marcas de calidad, para los periódicos
de referencia como los que ellos representan o como
Le Monde o The New York Times. Pero nadie niega las
amenazas que pesan sobre los medios menos consolidados
ni los peligros que representa un nuevo periodismo electrónico
sin claros criterios profesionales o éticos,
que irrumpe en el mercado con información bruta,
a menudo no verificada ni contextualizada.
¿Y que decir de la
literatura? Contrariamente a lo que se pronosticó
hace pocos años, el libro electrónico
no ha despegado. ¿Es concebible un lector de
Guerra y paz o En busca del tiempo perdido pegado a
una computadora? Por supuesto que no. Pero aunque la
lectura basada en papel no esté por desaparecer,
eso no significa que Internet no esté afectando
los modos de la creación literaria. En Internet
se puede escribir más largo (aunque las frases
y los párrafos “en línea”
parecen cada vez más cortos), pero por culpa
de la computadora estamos perdiendo las huellas de la
creación literaria. Bassets recordó la
importancia y el placer de seguir el proceso de creación
de un texto por medio de agregados, tachaduras, correcciones,
marchas y contra marchas. Lo que descubrimos antes en
los cuadernos de Proust o Paul Valery, ¿donde
lo guardan ahora García Márquez o Vargas
Llosa?
Es posible que en estos días
la gente esté leyendo más que nunca en
la historia y que los libros jamás hayan sido
tan accesibles (gracias a Amazon.com y vendedores virtuales
de libros usados.) Pero nos atreveríamos a aventurar
una hipótesis: en Internet se lee más
y más rápido, pero más corto, y
sobre todo se relee menos. Esto último no deja
de ser preocupante y hasta entristecedor, porque la
relectura no sólo es pedagógicamente formativa,
sino también una fuente de placer infinito a
ganancia pura y costo nulo.
Escuchando el animado intercambio
de Bassets, de Bortoli y Fuentes Berain no pude dejar
de evocar ese dicho francés, plus ça change,
plus c’est la même chose (cuanto más
cambia todo, más es la misma cosa). Es cierto
que todo ha cambiado en el mundo del periodismo y de
la creación literaria. Pero la necesidad que
tenemos los seres humanos de saber, de comprender y
de imaginar, de contar y de que nos cuenten, estaba
ahí antes y después de la imprenta, el
teléfono, la radio, la televisión y ciertamente
de Internet. Teóricamente es concebible un mundo
sin periódicos ni libros, pero por suerte no
estamos todavía en la antesala de semejante infierno.
A quienes creen que el periodismo,
la literatura y la vida en sociedad hoy son radicalmente
diferentes de las de ayer, un consejo: lean dos autores
del siglo XIX, uno francés (Honoré de
Balzac) y otro español (Mariano José de
Larra) y comprobarán que las tecnologías
cambiaron, pero las ambiciones y frustraciones de periodistas,
escritores y lectores siguen siendo las mismas.
* Director de prensa del BID
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