SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLÍTICO • AÑO 7 • EDICION No. 341• DEL 01 AL 07 DE JUNIO DE 2003
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Una metapelícula para todos
El ladrón de orquídeas

Juan Carlos Ampié

 

Cualquier persona que hace algunos años se haya aventurado a ver “Being John Malkovich” habría descubierto en esa tragicomedia metafísica el talento perverso del guionista Charlie Kaufman y el director Spike Jonze. La película - una lacerante meditación sobre el fenómeno de la celebridad, el amor, la existencia y la identidad - era tan innovadora que cuando uno recobraba el aliento después de verla solo le quedaba preguntarse que podrían hacer el duo Jonze-Kaufman para superarse. La respuesta esta ahora aquí en “El Ladrón de Orquídeas”.

El guionista Charlie Kaufman (Nicolas Cage) visita el set de “Being John Malkovich” como un extra en su propia vida. Más que disfrutar de la situación, está huyendo de su próximo guión, una adaptación del libro de no-ficción “El Ladrón de Orquídeas”, de Susan Orlean (Meryl Streep), sobre el excéntrico horticulturista John Larroche (Chris Cooper), quien vive obsesionado con reproducir la casi extinta orquídea fantasma.

Charlie no sólo sufre de bloqueo de escritor. También lo paraliza la inseguridad, y a su vez, esta obsesionado con el ejercicio de su arte. Si tan solo fuera como su gemelo idéntico Donald (Cage), un tonto feliz que toma el oficio de guionista casi como capricho, y termina con un éxito taquillero en lo que parece un suspiro.

Sí. Charlie Kaufman, el guionista, es el atribulado protagonista de esta película. En un supremo acto de auto-flagelación, Kaufman ha escrito una película sobre sí mismo en el terrible proceso de escribir una película. Derribando todas las paredes que separan al espectador del artista y su arte, crea otra comedia de horrores que funciona casi como una tábula rasa sobre la que cada quien puede construir las interpretaciones que le lleguen mas cerca a su propia experiencia. La película opera en múltiples niveles de significado: parte sátira sobre el negocio del cine, venenosa carta de amor al oficio de escribir, conmovedora meditación sobre el amor y la pasión.
En ese sentido, la película sigue el norte de “Being John Malkovich”, pero eleva las apuestas al eliminar la red de seguridad que la ficción le presta al escritor que proyecta en sus personajes algo de sí mismo.

La dirección de Spike Jonze es quizás más disciplinada que en su trabajo anterior, pero no necesariamente mas satisfactoria. “El Ladrón…”, en su faceta mas gratificante, critica los clichés del cine comercial a la vez que cumple cada uno de ellos. Así, la película que se construye a sí misma ante nuestros ojos en los dos actos iniciales se deconstruye – o destruye, que no es lo mismo - en el acto final, saliéndose fuera de control. Es un poco anticlimático, pero necesario dentro de su universo narrativo.

Conocer algo del mundo del cine ayuda a disfrutar de la película. Y cualquier persona que en su trabajo se enfrenta a una página —o una pantalla de computadora— en blanco también conectará con el material. Pero el gran logro de Kaufman y Jonze está en permitir que la historia, a pesar de estar enraizada en un nicho tan específico, proyecte luz sobre la experiencia humana más general.

Frustrante, obtusa y enrarecida como puede ser, “El Ladrón…” es un verdadero evento que no debe perderse.

El Ladrón de Orquídeas está disponible para alquiler en VIDEOCENTER

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