SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLÍTICO • AÑO 7 • EDICION No. 341• DEL 01 AL 07 DE JUNIO DE 2003
ECONOMIA

Unión Aduanera C.A
en cuenta regresiva

• Proceso arranca 31 de diciembre y culmina en el 2005

Iván Olivares

Fausto Carcabelos

 

Después de cuatro décadas de espera, el 31 de diciembre de este año comenzará a cumplirse el viejo sueño de la unión aduanera centroamericana, como primer paso para llegar —a más tardar en el 2005— al libre tránsito de personas, mercaderías, y vehículos por toda Centro América.

Para alcanzar esa meta, los países del istmo deberán aprovechar los vientos que soplan en la región, que busca firmar un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, a la vez que se trabaja arduamente para lograr que Costa Rica —que acaba de integrarse a ese esfuerzo, obligada precisamente por la realidad del TLC— termine de “alcanzar” al resto de países, que le llevan ventaja en las pláticas integracionistas.

“La unión aduanera es un paso intermedio hacia la integración total para que las mercancías circulen libremente en Centro América, al eliminar los obstáculos arancelarios y no arancelarios, y como los productos se considerarán centroamericanos, ya no podrá cobrarse impuestos en las aduanas de Centro América”, dijo Fausto Carcabelos, titular de la Dirección General de Servicios Aduaneros, (DGA).

Pero no sólo las mercancías gozarán de esa libertad. Junto a ellas, también los medios de transporte y los recursos laborales (personas, agentes aduaneros, comerciantes, etc.), podrán ir libremente de un país a otro.
Ello significará que los medios de carga podrán circular libremente por Centro América, sin importar dónde estén matriculados (en la actualidad, sólo se les permite permanecer 90 días en un país que no sea el suyo); que los productos circulen libremente, sin controles (ni siquiera fitosanitarios, porque éstos se harán en el país de origen) y que los agentes aduaneros puedan trabajar en otras aduanas del istmo.

Proceso a plazos

Luego de años de negociaciones que comienzan en las cumbres de presidentes y continúan en las reuniones de directores de aduanas, y del atraso que significa la alta rotación en ese cargo (Carcabelos dijo que el promedio de permanencia en ese puesto es de 12 meses), los funcionarios aduaneros tienen un plan que está dividido en tres fases.

La primera de ellas los llevará a integrar las aduanas de modo que, aunque los edificios seguirán en el mismo lugar ocupados por las mismas instituciones (Policía, Aduana, Migración), los viajeros ya no tendrán que hacer sus trámites dos veces (al salir de un país y al entrar al otro), porque se suspenderán todos los trámites que se hacían al salir.

“Cuando las aduanas de las naciones que conforman el CA-4 sean integradas [el último día de este año], las personas sólo tendrán que chequear sus documentos y equipaje o carga, en la aduana del país al que está entrando”, explicó Carcabelos.

La razón por la que se hará de esa forma, es porque “nadie quiere dejar de cobrar los impuestos por introducir mercadería, pero además, porque los países necesitan seguir controlando el posible ingreso de drogas, armas y distintos tipos de mercancías”, añadió el director.

En la segunda fase, desaparecerán todos los puestos aduaneros que están al interior de Centro América, y sólo seguirán operando los periféricos, en una operación que dejará a Nicaragua con dos tipos de “ganancias”: por una parte, dejará de operar —y mantener— sus aduanas de Las Manos, El Espino, El Guasaule, San Carlos y Peñas Blancas.
Por la otra, nuestro país obtendrá unos 100 millones de dólares más en ingresos que lo que ahora colecta.

La idea de desaparecer las aduanas situadas en las fronteras de nuestros países, obedece a la tesis de que Centro América pasará a ser considerada un solo territorio, con lo que sólo hará falta tener puestos en la periferia del istmo, lo que deja a Nicaragua sin sus cinco aduanas fronterizas.

Los puestos del aeropuerto, Corinto, El Bluff y Ciudad Rama seguirán operando porque por ahí sólo entra mercadería que viene a Nicaragua: nadie en el resto del istmo usa esas vías para importar nada hacia su país.

El “premio” de los 100 millones de dólares llega gracias a la aplicación de una fórmula ideada por los cancilleres y los ministros de Economía y Finanzas de C.A., para repartir los ingresos que se generen en las aduanas periféricas, en las que habrá personal aduanero de todas las naciones.

Carcabelos explicó que la Unión Europea y Estados Unidos ofrecieron financiar la diferencia entre lo que ahora se recauda y los ingresos extras que el método genera para cada país (el otro “beneficiado” es Honduras) durante siete años. Luego de ese tiempo, el sistema deberá estar refinado, y cada nación se verá obligada a operar con los ingresos que éste genere de forma natural.

Integración total

El tercer paso parece sacado de una novela de ciencia ficción.
En éste desaparecen las aduanas operadas por personal de cada país, para dar paso a puestos aduaneros que dependen de un instituto aduanero centroamericano, pero habrá que negociar mucho para llegar hasta ahí, lo que podría estar listo en el 2008 ó el 2010.

En primer lugar, porque habría que definir cómo cobrar —y cómo repartirse— el Derecho Arancelario a la Importación (DAI), que es el único tributo que permanecería. El ISC y el IVA se cobrarán en la factura, cuando el cliente adquiera el bien importado, explicó Carcabelos.

Al ser el DAI el único impuesto a cobrar, las cinco naciones tendrían que homologar los aranceles que ahora cobran a los distintos productos, proceso que ya está bastante avanzado, porque el 93% de los ítems que ahora se importan tienen aranceles comunes, pero alcanzar el 100% será un camino cuesta arriba.

La razón es que el 7% restante comprende rubros muy sensibles, entre los que se cuentan productos agroindustriales como la leche y el queso, además de los textiles y el calzado.

Carcabelos explicó que en su mayoría, los productos incluidos en ese 7% tienen aranceles que van desde el 0 hasta el 37% (con excepciones como el arroz de primera calidad, cuyo impuesto máximo está cifrado en el 80%).
Homologar los impuestos es un arma de dos filos porque habrá casos en los que el resto de Centro América cobra aranceles más bajos a determinada mercadería a la que Nicaragua le aplica un tributo alto, lo que nos obligará a bajarlo hasta dejarlo al nivel de los demás, así éste sea cero.

Esa misma situación podría presentarse a la inversa, de modo que podría ocurrir que tuviéramos que subirle a algún impuesto para igualarnos con el resto del istmo.

Pero hay otro riesgo. Al cobrarse diferentes montos en concepto de IVA e ISC, los cinco tendrán que ponerse de acuerdo para estandarizar esos cobros, con el objetivo de cerrar la posibilidad de que los traficantes se surtan de un producto en aquella nación que cobre los impuestos más bajos, y vayan a venderlos a su propio país, en franca competencia desleal con aquellos que pagan los impuestos en ese país.

Una tercera dificultad está dada por el hecho que las aduanas son una especie de “feudos” en los que se han establecido numerosos “señores feudales”, que temen perder su razón de ser. Para ilustrarlo, Carcabelos narró que muchos se preguntan: “Si desaparecen las aduanas, ¿de qué voy a vivir?”.

Iván Olivares

Iván Olivares