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Unión Aduanera C.A
en cuenta regresiva
• Proceso arranca 31 de diciembre
y culmina en el 2005
Iván Olivares
Después de cuatro décadas
de espera, el 31 de diciembre de este año comenzará
a cumplirse el viejo sueño de la unión
aduanera centroamericana, como primer paso para llegar
—a más tardar en el 2005— al libre
tránsito de personas, mercaderías, y vehículos
por toda Centro América.
Para alcanzar esa meta, los países
del istmo deberán aprovechar los vientos que
soplan en la región, que busca firmar un acuerdo
de libre comercio con Estados Unidos, a la vez que se
trabaja arduamente para lograr que Costa Rica —que
acaba de integrarse a ese esfuerzo, obligada precisamente
por la realidad del TLC— termine de “alcanzar”
al resto de países, que le llevan ventaja en
las pláticas integracionistas.
“La unión aduanera
es un paso intermedio hacia la integración total
para que las mercancías circulen libremente en
Centro América, al eliminar los obstáculos
arancelarios y no arancelarios, y como los productos
se considerarán centroamericanos, ya no podrá
cobrarse impuestos en las aduanas de Centro América”,
dijo Fausto Carcabelos, titular de la Dirección
General de Servicios Aduaneros, (DGA).
Pero no sólo las mercancías
gozarán de esa libertad. Junto a ellas, también
los medios de transporte y los recursos laborales (personas,
agentes aduaneros, comerciantes, etc.), podrán
ir libremente de un país a otro.
Ello significará que los medios de carga podrán
circular libremente por Centro América, sin importar
dónde estén matriculados (en la actualidad,
sólo se les permite permanecer 90 días
en un país que no sea el suyo); que los productos
circulen libremente, sin controles (ni siquiera fitosanitarios,
porque éstos se harán en el país
de origen) y que los agentes aduaneros puedan trabajar
en otras aduanas del istmo.
Proceso a plazos
Luego de años de negociaciones
que comienzan en las cumbres de presidentes y continúan
en las reuniones de directores de aduanas, y del atraso
que significa la alta rotación en ese cargo (Carcabelos
dijo que el promedio de permanencia en ese puesto es
de 12 meses), los funcionarios aduaneros tienen un plan
que está dividido en tres fases.
La primera de ellas los llevará
a integrar las aduanas de modo que, aunque los edificios
seguirán en el mismo lugar ocupados por las mismas
instituciones (Policía, Aduana, Migración),
los viajeros ya no tendrán que hacer sus trámites
dos veces (al salir de un país y al entrar al
otro), porque se suspenderán todos los trámites
que se hacían al salir.
“Cuando las aduanas de las
naciones que conforman el CA-4 sean integradas [el último
día de este año], las personas sólo
tendrán que chequear sus documentos y equipaje
o carga, en la aduana del país al que está
entrando”, explicó Carcabelos.
La razón por la que se hará
de esa forma, es porque “nadie quiere dejar de
cobrar los impuestos por introducir mercadería,
pero además, porque los países necesitan
seguir controlando el posible ingreso de drogas, armas
y distintos tipos de mercancías”, añadió
el director.
En la segunda fase, desaparecerán
todos los puestos aduaneros que están al interior
de Centro América, y sólo seguirán
operando los periféricos, en una operación
que dejará a Nicaragua con dos tipos de “ganancias”:
por una parte, dejará de operar —y mantener—
sus aduanas de Las Manos, El Espino, El Guasaule, San
Carlos y Peñas Blancas.
Por la otra, nuestro país obtendrá unos
100 millones de dólares más en ingresos
que lo que ahora colecta.
La idea de desaparecer las aduanas
situadas en las fronteras de nuestros países,
obedece a la tesis de que Centro América pasará
a ser considerada un solo territorio, con lo que sólo
hará falta tener puestos en la periferia del
istmo, lo que deja a Nicaragua sin sus cinco aduanas
fronterizas.
Los puestos del aeropuerto, Corinto,
El Bluff y Ciudad Rama seguirán operando porque
por ahí sólo entra mercadería que
viene a Nicaragua: nadie en el resto del istmo usa esas
vías para importar nada hacia su país.
El “premio” de los
100 millones de dólares llega gracias a la aplicación
de una fórmula ideada por los cancilleres y los
ministros de Economía y Finanzas de C.A., para
repartir los ingresos que se generen en las aduanas
periféricas, en las que habrá personal
aduanero de todas las naciones.
Carcabelos explicó que la
Unión Europea y Estados Unidos ofrecieron financiar
la diferencia entre lo que ahora se recauda y los ingresos
extras que el método genera para cada país
(el otro “beneficiado” es Honduras) durante
siete años. Luego de ese tiempo, el sistema deberá
estar refinado, y cada nación se verá
obligada a operar con los ingresos que éste genere
de forma natural.
Integración total
El tercer paso parece sacado
de una novela de ciencia ficción.
En éste desaparecen las aduanas operadas por
personal de cada país, para dar paso a puestos
aduaneros que dependen de un instituto aduanero centroamericano,
pero habrá que negociar mucho para llegar hasta
ahí, lo que podría estar listo en el 2008
ó el 2010.
En primer lugar, porque habría
que definir cómo cobrar —y cómo
repartirse— el Derecho Arancelario a la Importación
(DAI), que es el único tributo que permanecería.
El ISC y el IVA se cobrarán en la factura, cuando
el cliente adquiera el bien importado, explicó
Carcabelos.
Al ser el DAI el único
impuesto a cobrar, las cinco naciones tendrían
que homologar los aranceles que ahora cobran a los distintos
productos, proceso que ya está bastante avanzado,
porque el 93% de los ítems que ahora se importan
tienen aranceles comunes, pero alcanzar el 100% será
un camino cuesta arriba.
La razón es que el
7% restante comprende rubros muy sensibles, entre los
que se cuentan productos agroindustriales como la leche
y el queso, además de los textiles y el calzado.
Carcabelos explicó
que en su mayoría, los productos incluidos en
ese 7% tienen aranceles que van desde el 0 hasta el
37% (con excepciones como el arroz de primera calidad,
cuyo impuesto máximo está cifrado en el
80%).
Homologar los impuestos es un arma de dos filos porque
habrá casos en los que el resto de Centro América
cobra aranceles más bajos a determinada mercadería
a la que Nicaragua le aplica un tributo alto, lo que
nos obligará a bajarlo hasta dejarlo al nivel
de los demás, así éste sea cero.
Esa misma situación
podría presentarse a la inversa, de modo que
podría ocurrir que tuviéramos que subirle
a algún impuesto para igualarnos con el resto
del istmo.
Pero hay otro riesgo. Al
cobrarse diferentes montos en concepto de IVA e ISC,
los cinco tendrán que ponerse de acuerdo para
estandarizar esos cobros, con el objetivo de cerrar
la posibilidad de que los traficantes se surtan de un
producto en aquella nación que cobre los impuestos
más bajos, y vayan a venderlos a su propio país,
en franca competencia desleal con aquellos que pagan
los impuestos en ese país.
Una tercera dificultad está
dada por el hecho que las aduanas son una especie de
“feudos” en los que se han establecido numerosos
“señores feudales”, que temen perder
su razón de ser. Para ilustrarlo, Carcabelos
narró que muchos se preguntan: “Si desaparecen
las aduanas, ¿de qué voy a vivir?”.
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