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Los pro y contra de acercarnos a los US$1,000 percápita
El "nuevo PIB" y la negociación con
el FMI-BM
Iván Olivares
Luego que el nuevo Sistema de Cuentas
Nacionales mostrara que el ingreso per cápita
asciende a 779 dólares, el gobierno negociará
con el FMI para que el 1% de la reforma tributaria sea
calculado en base al cálculo antiguo del PIB,
cuyo ingreso per cápita equivalía a 478
dólares anuales por persona.
“Si lo aplicáramos
a estos nuevos datos, resultaría que no estamos
cumpliendo, pero vamos a pedirles que se haga con los
viejos cálculos”, dijo el Dr. Mario Alonso,
Presidente del Banco Central de Nicaragua.
Esos “nuevos datos”
surgidos a partir de la aplicación de una nueva
metodología para llevar la contabilidad del país,
podrían tener otros efectos como que nos acercáramos
al momento en que dejáramos de ser inelegibles
para varias iniciativas que ahora nos favorecen por
nuestro estatus de país extremadamente pobre.
“El cambio puede producir
problemas porque el país busca acceso a la iniciativa
HIPC para lograr la reducción de nuestra deuda
externa, para lo que hace falta tener un nivel de ingreso
per cápita menor a 1000 dólares, pero
el PIB per cápita pasó de 478 a 779, y
nos estamos acercando al límite en el que ya
no somos tan pobres como éramos cuando estábamos
por 400 dólares”, dijo el Dr. Alejandro
Martínez Cuenca.
El economista opinó que
“aunque este cambio es principalmente desde el
punto de vista contable, nos permite ver dónde
debemos priorizar acciones de política con el
nuevo panorama resultante, porque las exportaciones
siguen siendo muy necesarias, y talvez no es tan necesario
seguir sacrificando la reactivación productiva
para cumplir las metas del déficit fiscal que
supuestamente era excesivo, y ahora te das cuenta que
no lo era tanto”.
Señalando él mismo
algunos de los pro y los contra de los nuevos datos,
el Dr. Alonso dijo que ahora “cuando tenemos un
diálogo de política con los organismos
internacionales, el diálogo es totalmente diferente.
Incluso el diálogo interno es distinto, porque
nos ayuda a condicionarnos a nosotros mismos para verlo
desde otra perspectiva, porque hay una serie de cuestiones
que antes no considerábamos”.
Daños colaterales
Martínez Cuenca, Presidente
de la Fundación Internacional para el Desafío
Económico Global (FIDEG), detalló que
uno de los “efectos colaterales” de las
estadísticas presentadas por el gobierno, es
que pueden ser usadas como argumentos para reclamar
al gobierno (o éste al FMI) por haberle recetado
ajustes tan duros al país.
Detalló que gran parte del
programa de ajuste estructural se hizo sobre la argumentación
que nos daban las cifras del pasado: que la relación
déficit fiscal/PIB era muy alta, lo que se constituyó
en un permanente reclamo de la comunidad internacional
pues teníamos uno de los déficits más
grandes de América Latina.
“Sobre esos argumentos fue
que impusieron una serie de medidas [económicas]
algunas acertadas -una gran mayoría desacertadas-
alrededor del tema del ajuste estrutural en Nicaragua.
Ahora resulta que pasamos de una situación de
crisis, donde teníamos un 9% del PIB como déficit
de la economía, a tener 4%, lo que está
dentro de los márgenes en que se encuentran la
mayoría de las economías de América
Latina”, aseveró.
“Esto estaría diciendo
que ya no habría que seguirle aplicando a Nicaragua
un programa de ajuste tan rígido que impone tanto
costo social, tanto empobrecimiento, porque nuestras
estadísticas están mejores”, insistió.
A su criterio, “estas cifras
dicen ahora: ¿para qué hiciste semejante
sacrificio? ¿Para qué impusiste semejantes
costos?, y esto es un bumerang para los organismos internacionales”
porque ahora podríamos decirles que talvez no
era necesario hacer todo lo que indicaron, como privatizar
los monopolios estatales o cerrar el BANADES”,
recordó.
Otra posibilidad es “cuando
se habló de privatizar, amparado en la lógica
que el país necesitaba una estructura estable
que permitiera sobrevivir con nuestra propia fuerza
sin depender de la ayuda externa o de la cooperación
internacional, montado sobre la base que las cifras
mostraban que estábamos alarmantemente mal”.
“Y ahora resulta que no eran
tan alarmantemente malas. Ese es el efecto colateral,
si esas cifras son correctas”, sentenció.
“Con este cambio debemos lograr adecuar la presión
con la cual el FMI viene a empujar ciertos cambios,
y hacer un análisis donde llamemos a la ponderación,
en lugar de seguir diciendo ciegamente: hay que aceptar
esto, porque si no estamos fritos”, invitó.
El Dr. Alonso, del BCN, prefirió
centrarse en otra arista del problema, al señalar
que, más que notar la dureza de los ajustes,
él veía que éstos seguían
siendo necesarios pues siempre se quedaban a medio camino,
por lo que al retomarlos o comenzar uno nuevo, había
que sufrir más por no haberlo concluido como
era debido.
“Me parece que el problema
han sido los desajustes, más que los ajustes”,
aclaró.
¿Adiós a zonas francas?
Para Martínez Cuenca,
estos números acercan a Nicaragua a otro riesgo
en vista de las disposiciones tomadas en el seno de
la Organización Mundial de Comercio, que da un
tratamiento especial a los países más
pobres, en el tema de las zonas francas.
“Cuando el PIB sube
tanto como subió el nuestro, cambian las condiciones
con las que pueden operar las empresas de zona franca,
por lo que podrían obligarnos a cerrar las nuestras
—como podría sucederle pronto a Costa Rica
y Honduras— para darle igual oportunidad a todos
los agentes económicos”, explicó.
Añadió que
eso no significa que tendrían que clausurarlas,
sino simplemente dejar de operar como una zona franca,
que es lo que atrae a los inversionistas.
El presidente del BCN no
teme que eso vaya a ocurrir en el futuro cercano, al
recordar que “toda Centro América y México
tienen zonas francas, pese a que todos tienen ingresos
superiores a los mil dólares, porque la OMC acordó
hace un par de años otorgar un plazo de 10 ó
12 años para que pudieran ajustarse a lo estipulado,
por lo que cuando lleguemos a tener ese ingreso, tendremos
un plazo similar para acomodarnos”, detalló.
En lo que ambos están
de acuerdo, es en lo conveniente que sería para
Nicaragua sobrepasar la meta de que cada ciudadano tuviera
un ingreso promedio de mil dólares al año...
aunque eso significara que dejaríamos de tener
el trato preferencial que ahora tenemos.
“Nominalmente seguimos
siendo tan pobres y tan ricos como éramos antes,
porque los cambios son sólo desde el punto de
vista estadístico. Los 779 dólares siguen
siendo el nivel más bajo de Centro América;
seguimos estando dentro de los requerimientos de la
mayoría de los fondos a los que ahora tenemos
acceso en nombre de nuestra pobreza”, aclaró
Alonso.
Con todo, Alonso dijo que
“celebraré el día que Nicaragua
salga de ese tipo de requerimientos, porque eso significaría
que ha mejorado nuestro ingreso per cápita...
pero ese día aún está muy lejos”.
Martínez por su parte,
señaló que “tampoco es bueno sentirnos
siempre que somos pobres, porque eso fomenta la cultura
de la pobreza”, recordando a renglón seguido
que a pesar de los nuevos números “seguimos
siendo tan pobres como éramos. Si antes no había
recursos, ahora tampoco los hay”.
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