SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLÍTICO • AÑO 7 • EDICION No. 338• DEL 11 AL 17 DE MAYO DE 2003
ROSTROS DE NICARAGUA

La película

• ”Comisiones de paz, una historia para contar” es un documental de 28 minutos que retrata la vida cotidiana de una comunidad campesina. Esta una parte de las muchas historias que hay detrás de la película.

Sergio Caramagna

 

Por primera vez en su vida se veían a sí mismos en una pantalla. Eran más de trescientos campesinos. Hombres, mujeres y niños. Algunos sentados. Otros, los más, de pie. Todos atentos. Como seducidos absolutamente. Se miraban en una sucesión de imágenes. Reconocían en cada una los lugares, los objetos, los pequeños animales domésticos, las diferentes situaciones.

Nosotros, por el contrario, estábamos detrás de la pantalla. Mirábamos los rostros, apenas perfilados en la noche. Observábamos con mucha atención los gestos, las expresiones, el brillo de los ojos en la penumbra.

Los más jóvenes se ubicaron delante de todos. Casi pegados a la improvisada pantalla. Alborotaban y reían cuando se reconocían a sí mismos en las imágenes. Bromeaban con las pequeñas cosas. Los mayores observaban en silencio. Con sorpresa. Pero cuando aparecía el testimonio de la gente más respetada de la comarca, todos escuchaban atentos. Oían cada palabra. Con mucho respeto. Algunas mujeres cargaban a los más pequeños en sus brazos dormidos por la hora de la noche.

Cada escena fue trabajada en ese mismo lugar. En esas montañas. Con ellos mismos como actores. Representando, en lo posible, su propia vida cotidiana. Cada tramo de la filmación fue construida cuidadosamente para formar el todo. Desde el punto de vista de los campesinos se vivió cada una de esas tomas y actuaciones como parte desordenada y sin conexión. Pero esta vez, presentada como un todo coherente, con el relato de fondo, con su música y los sonidos naturales, era otra cosa. Era la vida. Su vida. La de esos cientos de mujeres y hombres que nunca actuaron ni simularon nada. Que simplemente viven tal cual son.

Juana Montenegro, con su hijita dormida en brazos y otro de sus pequeños tironeando de su falda por el sueño, miraba en silencio y con suma atención. Y sin apartar la vista de la proyección en un solo instante, dijo: … “está muy buena la película… es así como somos. Esos son nuestros problemas. Así vivimos nosotros”.

Cuando concluía la proyección, pedían que fuera repetida. Y con el mismo interés vivían una y otra vez su asombro. Por primera vez en sus vidas.

Cargamos el equipo, la planta eléctrica, la pantalla fabricada para esa oportunidad y todo lo necesario para compartir con aquellos pobladores la experiencia de una película hecha por ellos mismos. Cargamos todos esos equipos por más de dos horas en mula desde Bocas de Golondrina sobre el río Bocay, hasta la comunidad de Las Torres. El sendero estaba muy malo. Había llovido la noche anterior. Dos de nuestros animales tuvieron pequeños accidentes dificultando aún más el viaje.

Una lección para todos

Hubo una fiesta esa noche. Hubo canciones y baile. Hubo carne asada. Hubo mucha alegría. Como hacía mucho tiempo no ocurría. La proyección juntó a la gente. Lo demás completó el marco de una noche inolvidable.
Tal vez nos resulte difícil creerlo, pero la gran mayoría de esos campesinos nunca estuvieron frente a una pantalla de cine. Y la televisión, sólo en San José de Bocay, se mira algunas veces cuando se visita el pueblo.

No sabemos, a ciencia cierta, si con la realización de esta película hemos logrado aportar a una suerte de síntesis de los aspectos relevantes de la vida de estos pobladores. Pero sí creemos haber hecho un esfuerzo por aproximarnos a ello. Y en este caso un corto metraje testimonial de sus propias vidas cotidianas puede haber sido un buen intento en esa dirección. Sólo observar y escuchar sus expresiones y sus silencios durante la proyección, fue una experiencia única. Impensada. Fantástica. Una experiencia pedagógica para ellos y también para nosotros.

Al fin de cuentas, el esfuerzo que hagamos por representar la vida en las montañas de Nicaragua, será un esfuerzo incompleto. Porque incompleto es nuestro concepto sobre ese mundo. Siempre lo nuestro es una apreciación desde afuera. Y la técnica de la filmación y construcción del testimonio fílmico, puede ayudarnos. Por tratar de mostrar desde las imágenes, el discurso, los gestos, la música, el baile y el alimento, quiénes son estas personas. Cuál es su lucha. Cuáles sus preocupaciones. Su historia.

Un número muy grande de nicaragüenses viven así. Sufren esas penurias. Y luchan por sostener su dignidad muchas veces lastimada. Acercarse a ellos es un desafío muy grande. Es intentar dejar en Managua, donde comenzamos nuestro viaje, muchos prejuicios sobre esa realidad. Cosa que no es fácil. Y luego disponerse a entrar en un mundo donde los códigos son diferentes.

Aunque apenas nos separen de ellos 300 kilómetros desde nuestra cómoda capital, la distancia parece mucho mayor.

La proyección de la película en la comunidad de Las Torres de Golondrina fue una experiencia total. Para ellos y para nosotros. Todos aprendimos algo muy importante esa noche. Ellos, que las diferentes escenas de la filmación constituían un todo más grande: la vida de esas comunidades. O, al menos una aproximación a ella. Nosotros descubrimos una herramienta pedagógica: la filmación y su impacto en esos 300 campesinos.

El campesino, protagonista

Ellos se vieron por primera vez como protagonistas. Y su testimonio fue tomado en cuenta. Su testimonio tuvo un lugar de gran importancia en la película. Así se contribuyó a revalorizar la palabra de esos sectores sociales y su sabiduría profunda.

Nosotros aprendimos, una vez más, que si hacemos el esfuerzo por observar y escuchar, estaremos en mejores condiciones de ayudar a reconstruir una forma de vida y un pensamiento que representa a la inmensa mayoría de nuestros hermanos del campo.

Y, cosa muy importante, desde la práctica misma de la filmación, surgieron actores no previstos, discursos no esperados. Y esto enriqueció especialmente la forma y el contenido de nuestro trabajo.
Pusimos a prueba el filme. Lo hicimos entre estudiantes universitarios.
Entre intelectuales y docentes. Entre directores de programas sociales. Lo proyectamos en Montevideo en un seminario. En el noroeste de Argentina. Se está viendo en nuestra sede en Washington. Y en todos los casos despertó reflexiones y preocupaciones. Y esto es una buena lección.

Pero, muy especialmente, lo pusimos a prueba entre los actores reales de la vida campesina. Una vida que todavía no nos animamos a comprender. Y en sus miradas sorprendidas, en sus comentarios y en sus silencios, en todo eso, percibimos que ellos fueron alcanzados por un sentimiento de plenitud. De reencuentro y valorización de sí mismos. De dignidad.
Nos habíamos acercado mucho más a esos hombres y mujeres. A su mundo. A sus sentimientos. No olvidaremos esa jornada.