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El último libro Gioconda
Belli
La soledad más poblada
“Cuando se comenta un libro
así no queda más al fin que compartir
las emociones que despierta. A mí al disfrutarlo,
me dieron ganas de llorar...” La
suma de diversas nostalgias en un dolor extraño,
como si resumiera el triste gozo de la vida, nos ofrece
el hermoso libro “Mi íntima multitud”,
de Gioconda Belli, que mereciera el V Premio Internacional
de Poesía “Generación del 27”,
uno de los reconocimientos más prestigiosos otorgados
en España.
La nostalgia que produce
la lejanía y el desarraigo, la de quienes no
están porque creyeron en aquello por lo que murieron,
la de los hijos que crecen y se transforman, la del
amor fresco que el tiempo acecha....
Se trata de una poesía construída como
por azar del conjunto de palabras que un corazón
dolido, pero pleno, e incluso feliz derrama. De ellas
surgen tanto las descripciones de una hojarasca otoñal,
como la insólita ternura que le despiertan las
máquinas, o las fugaces visiones del Apocalipsis
que la escritora tiene en Gottingem, Alemania, al preguntar
en el silencio de su hotel qué dirían,
si estuvieran, las voces de los exterminados.
Pero sobre todo, presente
en todo, está el punzante anhelo de la patria
que se extraña. Esta necesidad, este vacío
omnipresente, aflora en cada página del pequeño
gran libro de Gioconda, confirmándonos que el
mundo poético de la escritora está siempre
constituido por la fusión entre ella y su tierra,
su sensualidad y la energía desorbitada de esta
parte del planeta que la constituye y la reclama.
Ciertamente, se trata de
una poesía singular e inclasificable como dice
la presentación. ¿Pero que necesidad habría
de clasificarla? Me parece que el mayor mérito
de este libro es el de ofrecernos la voz interior, el
desorden tumultuoso de las emociones, en una buena sinfonía
de palabras. Es el de convertir en poesía el
silencioso diálogo que nos abarca.
Y por ello mismo, Gioconda
logra mostrarse tan entera y profundamente a través
de sus poemas. Pareciera ser la testigo más eficaz
de sí misma, capaz de desentrañar sus
contradicciones con una ternura y una honestidad notables.
Dan ganas de citar uno que otro verso de su libro, pero
lo mejor es remitir a la lectura que una poesía
de tanta calidad reclama.
Ella se nos muestra como
una sonámbula en luna extraña, caminando
como niña extraviada por mundos que le son ajenos
no tanto por sus apariencias cuanto por sus contenidos,
porque en ellos quizás la poesía se esconde
demasiado para un ancho corazón necesitado.
Cuando se comenta un libro
así no queda más al fin que compartir
las emociones que despierta. A mí al disfrutarlo,
me dieron ganas de llorar. Porque
la belleza conmueve y conmueve la sinceridad, pero más
aún la capacidad humana de convertir ambas cosas
en palabra. Creo que este libro notablemente bien logrado
en su aparente diversidad temática, tiene como
hilo conductor la coherencia impecable entre sensaciones
y palabras, la fuerza creativa del adjetivo, y lo fluido
de una lectura sobre algo que se sabe muy trabajado,
pero nunca por ello forzado o tenso.
Sin embargo, la palabra en
la poesía exige mucho más. Exige algo
que no se puede explicar, algo que simplemente se siente,
y al sentirlo se percibe verdadero o falso, algo que
nos dice que esa persona conectó con lo nuestro
profundo o no pudo hacerlo, algo que nos muestra que
el verso fue o no un puente efectivo entre ambos. Algo
que nos mostró una dimensión distinta
del mundo que creíamos conocer, y nos produjo
por ello algarabía, deslumbramiento, entusiasmo.
Creo que la íntima
multitud de emociones de Gioconda Belli logra eso, ayudarnos
a ver con otros ojos los volcanes y cielos que vemos
cada día, amar con otro amor a nuestras gentes
y mirarnos al final del camino en un espejo distinto,
menos cansado, más amable. Este es, en mi entender,
uno de los mejores logros posibles que puede obtener
un libro y una de las mejores razones para recomendarlo.
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