SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLÍTICO • AÑO 7 • EDICION No. 338• DEL 11 AL 17 DE MAYO DE 2003
OJO DE MUJER

El último libro Gioconda Belli
La soledad más poblada

Mónica Zalaquette

 

“Cuando se comenta un libro así no queda más al fin que compartir las emociones que despierta. A mí al disfrutarlo, me dieron ganas de llorar...” La suma de diversas nostalgias en un dolor extraño, como si resumiera el triste gozo de la vida, nos ofrece el hermoso libro “Mi íntima multitud”, de Gioconda Belli, que mereciera el V Premio Internacional de Poesía “Generación del 27”, uno de los reconocimientos más prestigiosos otorgados en España.

La nostalgia que produce la lejanía y el desarraigo, la de quienes no están porque creyeron en aquello por lo que murieron, la de los hijos que crecen y se transforman, la del amor fresco que el tiempo acecha....
Se trata de una poesía construída como por azar del conjunto de palabras que un corazón dolido, pero pleno, e incluso feliz derrama. De ellas surgen tanto las descripciones de una hojarasca otoñal, como la insólita ternura que le despiertan las máquinas, o las fugaces visiones del Apocalipsis que la escritora tiene en Gottingem, Alemania, al preguntar en el silencio de su hotel qué dirían, si estuvieran, las voces de los exterminados.

Pero sobre todo, presente en todo, está el punzante anhelo de la patria que se extraña. Esta necesidad, este vacío omnipresente, aflora en cada página del pequeño gran libro de Gioconda, confirmándonos que el mundo poético de la escritora está siempre constituido por la fusión entre ella y su tierra, su sensualidad y la energía desorbitada de esta parte del planeta que la constituye y la reclama.

Ciertamente, se trata de una poesía singular e inclasificable como dice la presentación. ¿Pero que necesidad habría de clasificarla? Me parece que el mayor mérito de este libro es el de ofrecernos la voz interior, el desorden tumultuoso de las emociones, en una buena sinfonía de palabras. Es el de convertir en poesía el silencioso diálogo que nos abarca.

Y por ello mismo, Gioconda logra mostrarse tan entera y profundamente a través de sus poemas. Pareciera ser la testigo más eficaz de sí misma, capaz de desentrañar sus contradicciones con una ternura y una honestidad notables. Dan ganas de citar uno que otro verso de su libro, pero lo mejor es remitir a la lectura que una poesía de tanta calidad reclama.

Ella se nos muestra como una sonámbula en luna extraña, caminando como niña extraviada por mundos que le son ajenos no tanto por sus apariencias cuanto por sus contenidos, porque en ellos quizás la poesía se esconde demasiado para un ancho corazón necesitado.

Cuando se comenta un libro así no queda más al fin que compartir las emociones que despierta. A mí al disfrutarlo, me dieron ganas de llorar. Porque la belleza conmueve y conmueve la sinceridad, pero más aún la capacidad humana de convertir ambas cosas en palabra. Creo que este libro notablemente bien logrado en su aparente diversidad temática, tiene como hilo conductor la coherencia impecable entre sensaciones y palabras, la fuerza creativa del adjetivo, y lo fluido de una lectura sobre algo que se sabe muy trabajado, pero nunca por ello forzado o tenso.

Sin embargo, la palabra en la poesía exige mucho más. Exige algo que no se puede explicar, algo que simplemente se siente, y al sentirlo se percibe verdadero o falso, algo que nos dice que esa persona conectó con lo nuestro profundo o no pudo hacerlo, algo que nos muestra que el verso fue o no un puente efectivo entre ambos. Algo que nos mostró una dimensión distinta del mundo que creíamos conocer, y nos produjo por ello algarabía, deslumbramiento, entusiasmo.

Creo que la íntima multitud de emociones de Gioconda Belli logra eso, ayudarnos a ver con otros ojos los volcanes y cielos que vemos cada día, amar con otro amor a nuestras gentes y mirarnos al final del camino en un espejo distinto, menos cansado, más amable. Este es, en mi entender, uno de los mejores logros posibles que puede obtener un libro y una de las mejores razones para recomendarlo.