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La terapia nostra
Juan Carlos Ampié
Uno de los nuevos axiomas que rigen
el negocio del cine es que cualquier película
medianamente éxitosa recibirá seria consideración
para generar una serie. Así, nos llega esta innecesaria
y tardía secuela de Analize This (Harold Ramis,
1999), titulada apropiadamente Analize That.
Cuando la comedia original se estrenó,
su concepto ya se sentía como un chiste viejo.
Marlon Brando había satirizado a su Don Corleone,
el prototípico mafioso, en The Freshman (Andrew
Bergman, 1990). Los Sopranos llevaba una temporada al
aire, deconstruyendo y reconstruyendo al mítico
mafioso americano, al sentarlo en el diván del
analista. Cuatro años mas tarde llega la segunda
parte, y es tan parecida a su antecesora que parece
que hemos retrocedido en el tiempo.
Paul Vitti (De Niro) lleva un buen
tiempo a la sombra, en la prisión de Sing Sing.
Su tranquilidad se acaba cuando alguien trata de matarlo.
Convencido de que debe salir para descubrir al verdadero
culpable, finge un ataque de nervios y es liberado bajo
la guarda de su atribulado psiquiatra, el Dr. Ben Sobel
(Billy Crystal). Sobel acaba de enterrar a su padre,
y trata de lidiar infructuosamente con la pérdida.
Lo último que necesita es inmiscuirse en una
guerra territorial de mafiosos, y es eso lo que consigue.
En el corazón de la película
está una idea genial: el Mafioso tiene la sensibilidad
que le falta al psiquiatra, y el psiquiatra la venalidad
que necesita el Mafioso. Al igual que su antecesora,
Analize That coquetea con la idea, pero no se compromete
a explotarla, desviándose por el camino mas transitado.
Por ejemplo, el rudo Vitti demuestra su locura cantanto
todos los números de West Side Story. ¿Por
qué molestarse en un buen guión, si la
gente igual se reirá al ver a De Niro cantando
I Feel Pretty con el primor de una virgen nuyorican?
Esa es la tónica dominante:
tomar un personaje o situación rica en posibilidades
y perderlo al tomar el camino mas fácil. Así,
se desperdicia a Lisa Kudrow y Joe Vitterelli, talvez
en represalia por haberse robado la primera parte. Se
reune a De Niro con Cathy Moriarty, su co-estrella de
Raging Bull (Martin Scorsese, 1980), ahora haciendo
el papel de una matrona de la mafia. El encuentro, preñado
de posibilidades, pasa sin pena ni gloria. Lo más
listo que hace la película es reconocer el Factor
Soprano e integrarlo en su trama.
Al salir de prisión,
Vitti trabaja como asesor de autenticidad en una serie
similar. Es una idea prometedora, que el guión
procede a desperdiciar con estereotipos, como el director
neurótico y la estrella megalómana. No
hay nada particularmente ofensivo en la película,
excepto esa insistencia en seguir el camino hacia la
risa fácil y la mediocridad.
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