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En la Estrategia Nacional de Desarrollo
El vacío de la empresa privada
Leyendo el borrador de la Estrategia
Nacional de Desarrollo, encuentro muchos elementos buenos,
donde uno se inclina a decir ¡Al fin!, en lo particular,
porque subraya la urgencia de insertar la plétora
de proyectos financiados por cooperación externa
dentro de un contexto de planificación, administración
y control nacional. Otros elementos van a provocar polémicas,
como la asignación esquemática regional
de tipos de proyectos sólo en base de criterios
socio-económicos bastante superficiales. Por
ejemplo, según éstos la región
del Río San Juan no es apta para el desarrollo
económico mas allá de proyectos de necesidades
básicas y de asistencia social, lo que de hecho
es una invitación directa y abierta a Costa Rica
a posesionarse aún más de las riquezas
naturales de esta región para su explotación
en interés propio. Hay dos elementos más
de la estrategia que son debatibles: el tipo de inversionista
extranjero, a lo cual apunta la END y el papel –mejor
dicho la falta de una definición del mismo- para
la empresa mediana y grande nicaragüense.
¡Cuando la patria es pequeña,
uno grande la sueña!
En cuanto al primer elemento, la
END parece inspirada en las palabras de Rubén
Darío. Se apunta a traer a Nicaragua inversiones
de los conglomerados transnacionales más grandes
de su rama en el mundo. Mientras en lo cultural o social
el sueño de Darío es una meta válida,
en lo económico podrá convertirse muy
rápidamente en pesadilla, puesto que hace olvidar
que Nicaragua –comparado con otros países
de América Latina- es un país pequeño
de un potencial económico real muy limitado por
su tamaño en territorio y población.
En consecuencia, Nicaragua competiría
dentro de estos conglomerados con la producción
en otros países sustancialmente más grandes
y en forma desfavorable, más aún cuando
la estrategia de mercadeo de estos super-transnacionales
consiste en un “branding” uniforme, es decir
ofrecer en todo el mundo la misma gama de productos
con las mismas características, buscando solamente
lugares de producción del más bajo costo
global. Por ejemplo: si hubiese una inversión
masiva de Nestle en el sector lácteo, no habría
espacio para los quesos de Chontales y toda la leche
producible en Nicaragua nunca alcanzaría los
volúmenes de lecha captados por Nestle en Colombia
o por Parmalat en Uruguay. En cualquier reestructuración
global de la transnacional, el pequeño lugar
de producción “Nicaragua” estaría
siempre a la disposición. Conocí bastante
de cerca estos procesos de concentración hacia
lugares más grandes en la reestructuración
de Nabisco internacional. Otro ejemplo es la suerte
de la TANIC.
Una inversión en Nicaragua
siempre resultaría chiquita comparada con otras
inversiones del conglomerado en otros lugares. Se tendrá
que hacer un mercadeo de Nicaragua cuesta arriba hasta
dentro del mismo management de la transnacional para
ser recibido en los altos niveles de gerencia. El aporte
de gestión por el lado del gobierno palidecerá
en comparación con lo que lo que la transnacional
suele gastar en preinversión cuando se trata
de inversiones sustanciales. Es más conveniente
interesar a empresas extranjeras medianas en una inversión
local, empresas para las cuales “Nicaragua”
sería una inversión importante y que sacarían
hasta provecho del “Hecho en Nicaragua”.
Se trabajaría directamente con el nivel de toma
de decisión y la ayuda oficial de gestión
podrá inclinar el balance al favor de Nicaragua.
En este contexto hay que acordarse
una y otra vez que el mayor potencial nicaragüense
de compra se encuentra fuera del territorio nacional,
en particular en los EE.UU., de tal forma que abasteciendo
este mercado étnico con productos “Hecho
en Centroamérica” significa una demanda
potencial, la que me atrevo a decir sobrepasa la capacidad
productiva actual del país, siempre y cuando
se ofrezca productos competitivos en calidad y precios.
Lo mismo ocurre con el potencial de turismo étnico
en sus diversas formas, desde de la visita a la tierra
de los padres hasta como el lugar más acogedor
para la jubilación.
¿Acta de defunción?
Si en materia de inversión
extranjera la estrategia parece inspirada por sueños
de grandeza, en la parte concerniente a la empresa nacional
parece dominada por la frustración de los sabios
del INCAE: Todas las políticas macroeconómicas
no han tenido el éxito esperado. Según
el borrador habrá en Nicaragua solamente MIPYME,
por un lado, y dependencias de transnacionales por el
otro. El sector privado tradicionalmente representado
por el COSEP, sus cámaras y organizaciones así
como por las cámaras binacionales como AMCHAM
no aparece pero en nada dentro de la END. Pareciera
que lo que comenzó con la destrucción
del sector privado en la década Sandinista, se
extendió por repartición del remanente
a aprovechadores en tiempos de Doña Violeta,
terminará con la acta de defunción en
forma de la END.
Hasta hoy día la END
insiste en que aún en la situación particular
de Nicaragua la receta de la apertura indiscriminada
haya sido la más adecuada. La empresa privada
nacional simplemente no pasó esta prueba. Entonces
para el futuro se llega tácitamente a la conclusión,
que la empresa nacional, con unas tantas excepciones,
no es ni será competitiva. Otros desde afuera
tienen que llenar el vacío. Entiendo la reacción
de frustración, pero me parece deshonesta la
falta de autocrítica. La receta de apertura como
estímulo funciona sólo cuando se quiere
dejar entrar aire fresco a una economía sobreprotegida,
que por ésta protección perdió
la capacidad de competir. Esto no es ni era la situación
de Nicaragua.
Aquí, entre expropiaciones,
saqueo, despilfarro e incompetencia se había
destruido la empresa privada nacional, y no solamente
su capital fijo, sino también su capital humano,
desde de los miles de profesionales forzados a la emigración
hasta las familias empresariales, donde en muchos casos
la generación de herederos naturales prefirió
quedarse en el exilio cuando los padres regresaron después
del 90. En estas circunstancias lo correcto hubiera
sido una política nacional de reconstrucción
empresarial en el más amplio sentido de la palabra.
En su lugar desde las modificaciones a la Constitución
hasta las peleas internas en las organizaciones empresariales
entre los que se habían quedado y los que regresaron
o querían regresar, se hizo todo para perjudicar
tal reconstrucción. Cabe señalar que también
en las indemnizaciones prevalecía una actitud
contraproducente: si se adquiría la ciudadanía
estadounidense, al menos se podía recuperar algo
en bonos de indemnización. Pero si se quiso regresar
para comenzar de nuevo a producir en el país,
no había nada, salvo obstáculos. ¡Debería
ser al revés!
Nadie con conocimiento de
cerca puede negar que hoy día la empresa privada
nicaragüense mediana y grande deja mucho que desear,
sus organizaciones incluidas. Tienen que renovarse de
fondo y tienen que ampliar su horizonte, es decir despedirse
de su fijación en unos pocos productos de exportación
sin mucho valor agregado y del concepto en lo demás
de producir solamente para el mercado interno. Pero
sin empresas nacionales o empresas firmemente radicadas
en el país como engranaje exportador, éste
se quedará a 100% al vaivén de las decisiones
estratégicas de los transnacionales en su escala
mundial, donde hoy puede convenir a producir en Nicaragua
y mañana ya no, sin que Nicaragua pueda incidir
sobre estas decisiones, puesto que ni el Gobierno ni
todos los MIPYMES en su conjunto tendrían peso
alguno. La historia de las bananeras, de la explotación
forestal de Atlántico Norte, de la minería
preciosa y reciente de la pesca en Pacífico y
Atlántico ya deberían haber dado evidencias
suficientes.
En el interés de la
nación urge entonces un esfuerzo conjunto entre
empresa privada y Gobierno para redefinir las perspectivas
de la empresa privada mediana y grande, sea ésta
nacional, fruto de inversión extranjera o mejor
aún en alianzas, tomando en cuenta para la END,
que ya grande en Nicaragua es todavía muy pequeño
afuera. La iniciativa le corresponde a los empresarios
privados. Ojalá que logren convencer a su próxima
generación ausente, que Nicaragua quizás
no es el país de los grandes ingresos fáciles
pero si el país de los desafíos empresariales
verdaderos, o sea aquí podrán hacer la
diferencia como en ningún otro lugar.
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