SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLÍTICO • AÑO 7 • EDICION No. 338• DEL 11 AL 17 DE MAYO DE 2003
COLUMNISTA INVITADO

En la Estrategia Nacional de Desarrollo
El vacío de la empresa privada

Cornelio Hopmann

 

Leyendo el borrador de la Estrategia Nacional de Desarrollo, encuentro muchos elementos buenos, donde uno se inclina a decir ¡Al fin!, en lo particular, porque subraya la urgencia de insertar la plétora de proyectos financiados por cooperación externa dentro de un contexto de planificación, administración y control nacional. Otros elementos van a provocar polémicas, como la asignación esquemática regional de tipos de proyectos sólo en base de criterios socio-económicos bastante superficiales. Por ejemplo, según éstos la región del Río San Juan no es apta para el desarrollo económico mas allá de proyectos de necesidades básicas y de asistencia social, lo que de hecho es una invitación directa y abierta a Costa Rica a posesionarse aún más de las riquezas naturales de esta región para su explotación en interés propio. Hay dos elementos más de la estrategia que son debatibles: el tipo de inversionista extranjero, a lo cual apunta la END y el papel –mejor dicho la falta de una definición del mismo- para la empresa mediana y grande nicaragüense.

¡Cuando la patria es pequeña, uno grande la sueña!

En cuanto al primer elemento, la END parece inspirada en las palabras de Rubén Darío. Se apunta a traer a Nicaragua inversiones de los conglomerados transnacionales más grandes de su rama en el mundo. Mientras en lo cultural o social el sueño de Darío es una meta válida, en lo económico podrá convertirse muy rápidamente en pesadilla, puesto que hace olvidar que Nicaragua –comparado con otros países de América Latina- es un país pequeño de un potencial económico real muy limitado por su tamaño en territorio y población.

En consecuencia, Nicaragua competiría dentro de estos conglomerados con la producción en otros países sustancialmente más grandes y en forma desfavorable, más aún cuando la estrategia de mercadeo de estos super-transnacionales consiste en un “branding” uniforme, es decir ofrecer en todo el mundo la misma gama de productos con las mismas características, buscando solamente lugares de producción del más bajo costo global. Por ejemplo: si hubiese una inversión masiva de Nestle en el sector lácteo, no habría espacio para los quesos de Chontales y toda la leche producible en Nicaragua nunca alcanzaría los volúmenes de lecha captados por Nestle en Colombia o por Parmalat en Uruguay. En cualquier reestructuración global de la transnacional, el pequeño lugar de producción “Nicaragua” estaría siempre a la disposición. Conocí bastante de cerca estos procesos de concentración hacia lugares más grandes en la reestructuración de Nabisco internacional. Otro ejemplo es la suerte de la TANIC.

Una inversión en Nicaragua siempre resultaría chiquita comparada con otras inversiones del conglomerado en otros lugares. Se tendrá que hacer un mercadeo de Nicaragua cuesta arriba hasta dentro del mismo management de la transnacional para ser recibido en los altos niveles de gerencia. El aporte de gestión por el lado del gobierno palidecerá en comparación con lo que lo que la transnacional suele gastar en preinversión cuando se trata de inversiones sustanciales. Es más conveniente interesar a empresas extranjeras medianas en una inversión local, empresas para las cuales “Nicaragua” sería una inversión importante y que sacarían hasta provecho del “Hecho en Nicaragua”. Se trabajaría directamente con el nivel de toma de decisión y la ayuda oficial de gestión podrá inclinar el balance al favor de Nicaragua.

En este contexto hay que acordarse una y otra vez que el mayor potencial nicaragüense de compra se encuentra fuera del territorio nacional, en particular en los EE.UU., de tal forma que abasteciendo este mercado étnico con productos “Hecho en Centroamérica” significa una demanda potencial, la que me atrevo a decir sobrepasa la capacidad productiva actual del país, siempre y cuando se ofrezca productos competitivos en calidad y precios. Lo mismo ocurre con el potencial de turismo étnico en sus diversas formas, desde de la visita a la tierra de los padres hasta como el lugar más acogedor para la jubilación.

¿Acta de defunción?

Si en materia de inversión extranjera la estrategia parece inspirada por sueños de grandeza, en la parte concerniente a la empresa nacional parece dominada por la frustración de los sabios del INCAE: Todas las políticas macroeconómicas no han tenido el éxito esperado. Según el borrador habrá en Nicaragua solamente MIPYME, por un lado, y dependencias de transnacionales por el otro. El sector privado tradicionalmente representado por el COSEP, sus cámaras y organizaciones así como por las cámaras binacionales como AMCHAM no aparece pero en nada dentro de la END. Pareciera que lo que comenzó con la destrucción del sector privado en la década Sandinista, se extendió por repartición del remanente a aprovechadores en tiempos de Doña Violeta, terminará con la acta de defunción en forma de la END.

Hasta hoy día la END insiste en que aún en la situación particular de Nicaragua la receta de la apertura indiscriminada haya sido la más adecuada. La empresa privada nacional simplemente no pasó esta prueba. Entonces para el futuro se llega tácitamente a la conclusión, que la empresa nacional, con unas tantas excepciones, no es ni será competitiva. Otros desde afuera tienen que llenar el vacío. Entiendo la reacción de frustración, pero me parece deshonesta la falta de autocrítica. La receta de apertura como estímulo funciona sólo cuando se quiere dejar entrar aire fresco a una economía sobreprotegida, que por ésta protección perdió la capacidad de competir. Esto no es ni era la situación de Nicaragua.

Aquí, entre expropiaciones, saqueo, despilfarro e incompetencia se había destruido la empresa privada nacional, y no solamente su capital fijo, sino también su capital humano, desde de los miles de profesionales forzados a la emigración hasta las familias empresariales, donde en muchos casos la generación de herederos naturales prefirió quedarse en el exilio cuando los padres regresaron después del 90. En estas circunstancias lo correcto hubiera sido una política nacional de reconstrucción empresarial en el más amplio sentido de la palabra. En su lugar desde las modificaciones a la Constitución hasta las peleas internas en las organizaciones empresariales entre los que se habían quedado y los que regresaron o querían regresar, se hizo todo para perjudicar tal reconstrucción. Cabe señalar que también en las indemnizaciones prevalecía una actitud contraproducente: si se adquiría la ciudadanía estadounidense, al menos se podía recuperar algo en bonos de indemnización. Pero si se quiso regresar para comenzar de nuevo a producir en el país, no había nada, salvo obstáculos. ¡Debería ser al revés!

Nadie con conocimiento de cerca puede negar que hoy día la empresa privada nicaragüense mediana y grande deja mucho que desear, sus organizaciones incluidas. Tienen que renovarse de fondo y tienen que ampliar su horizonte, es decir despedirse de su fijación en unos pocos productos de exportación sin mucho valor agregado y del concepto en lo demás de producir solamente para el mercado interno. Pero sin empresas nacionales o empresas firmemente radicadas en el país como engranaje exportador, éste se quedará a 100% al vaivén de las decisiones estratégicas de los transnacionales en su escala mundial, donde hoy puede convenir a producir en Nicaragua y mañana ya no, sin que Nicaragua pueda incidir sobre estas decisiones, puesto que ni el Gobierno ni todos los MIPYMES en su conjunto tendrían peso alguno. La historia de las bananeras, de la explotación forestal de Atlántico Norte, de la minería preciosa y reciente de la pesca en Pacífico y Atlántico ya deberían haber dado evidencias suficientes.

En el interés de la nación urge entonces un esfuerzo conjunto entre empresa privada y Gobierno para redefinir las perspectivas de la empresa privada mediana y grande, sea ésta nacional, fruto de inversión extranjera o mejor aún en alianzas, tomando en cuenta para la END, que ya grande en Nicaragua es todavía muy pequeño afuera. La iniciativa le corresponde a los empresarios privados. Ojalá que logren convencer a su próxima generación ausente, que Nicaragua quizás no es el país de los grandes ingresos fáciles pero si el país de los desafíos empresariales verdaderos, o sea aquí podrán hacer la diferencia como en ningún otro lugar.