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Una "x" más
Super-héroe es solo
una palabra bonita para hablar de mutantes con buenas
intenciones. Hay algunos así en X-Men 2, la primera
carnada taquillera del año. Que sean encarnados
por actores como Ian McKellen y Halle Berry tienta a
cualquiera, pero permanecer interesado en sus aventuras
puede requerir algunos super-poderes.
Basada en una exitosa serie
de comics de la emblemática editorial Marvel,
la película reune a las estrellas de la primera
parte. Los reincidentes incluyen al director Bryan Singer,
quien sigue la regla de oro de las secuelas, dándonos
más de lo mismo: los discípulos del Dr.
Charles Xavier (Patrick Setwart) se enfrentan a los
prejuicios de humanos, después de que un mutante
desconocido trata de matar al presidente de los Estados
Unidos. Mientras Xavier enlista la ayuda del villanesco
Magneto (McKellen) para descubir quien está detrás
del atentado, Jean Grey (Famke Janssen) y Storm (Berry)
rastrean al renegado Nightcrawler (Alan Cummings); Wolverine
(Hugh Jackman) sigue investigando su pasado y se cruza
con su némesis femenina, Deathstrike (Kelly Hu);
Rogue (Anna Paquin) flirtea con Iceman, y Mystique (Rebecca
Rojmin-Stamos) se infiltra en las líneas enemigas…
Esa letanía de nombres
revela la kriptonita de esta producción. Esta
demasiado poblada de personajes que demandan atención
e interés. La trama los divide en múltiples
hilos, que se pierden al final en la misma madeja. Olvide
Memento, este si que es un reto para la memoria de corta
duración. Entre episodio y episodio, puede olvidar
totalmente que algunos personajes y sub-tramas existen.
Y si se pierde en el laberinto de secuencias de acción
y escenas de diálogo expositorio, hay una buena
probabilidad de que se encontrará a si mismo
ligeramente aburrido. La película es eficiente.
Hace su trabajo, llenando la pantalla de movimiento
y acción. Después de dos horas desaparece
sin dejar rastro, como un mutante dotado de invisibilidad
e inconsecuencia.
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