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Horror indigesto
Juan Carlos Ampié
Muchos directores de talento
han tomado la prosa proletaria de Stephen King, convirtiendo
sus best-sellers en blockbusters y a veces, creando
películas estimables. Sin embargo, por cada “The
Shawshank Redemption” (Frank Darabont, 1994) aparece
un “Dreamcatcher”, como monstruo pestilente
surgiendo por la última estación del tracto
digestivo. Pero nos estamos adelantando demasiado.
Cuatro amigos – interpretados
por los casi famosos Thomas Jane, Timothy Oliphant,
Jason Lee y Damian Lewis - planean pasar juntos un tradicional
fin de semana en una cabaña de los bosques nevados
de Maine. No sólo comparten amistad desde la
infancia, sino también dones extrasensoriales,
aparentemente concedidos por Dudditts, un pequeño
discapacitado mental que protegieron en su niñez.
Antes de su plácida escapada, uno de ellos sufre
un extraño accidente, aparentemente provocado
por el espectro infantil de Dudditts. Las cosas empeoran
cuando finalmente llegan a la cabaña, e inadvertidamente
ayudan a un cazador perdido que guarda en su vientre
un parásito extraterrestre, con la mala costumbre
de generar gases pestilentes y abandonar aparatosamente
a su anfritión a través del ano.
Suena como cruda comedia
gore, pero no lo es. La película trata con mortal
seriedad su asquerosa premisa. No contenta con exponernos
a varios exabruptos de horror escatológico, repasa
de forma casi aleatoria el universo de la obra de Stephen
King: tenemos la pandilla de niños de Stand by
Me con los poderes telepáticos de Danny en The
Shining; convertidos en adultos que luchan contra un
monstruo como en It, mientras la población vive
una apocalíptica epidemia como en The Stand.
La canibalización de un guión nulo en
inspiración de William Goldman – quien
tuvo mejor suerte con Misery (Rob Reiner, 1990) –
puede ser que proceda de la novela original, pero no
me siento invitado a averiguarlo.
Para cuando Morgan Freeman
aparece como el Coronel Kurtz, un militar despiadado
dispuesto a contener la amenza extraterrestre a cualquier
precio, sabemos que no habrá salvación.
Freeman es uno de esos extraños actores que siempre
dan el toque de gracia a las empresas más bajas.
Hasta ahora. Su villano de una sola nota se hunde con
el barco. Es tal el poder maligno de este horror dirigido
por Lawrence Kasdan. Y pensar que en otra vida fue el
director de una pequeña joya como The Accidental
Tourist (1988). Que la misma persona sea capaz de hacer
esto…eso si es una sorpresa que hela la sangre.
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