SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLÍTICO • AÑO 7 • EDICION No. 336• DEL 27 DE ABRIL AL 03 DE MAYO DE 2003
AMERICA LATINA

Elecciones en Argentina
¿El fin del peronismo?

Ernesto Weinschelbaum

Juan y Eva Perón

 

Jorge Luis Borges, el más grande escritor argentino, dijo alguna vez: “Los peronistas no son buenos ni malos, simplememte son incorregibles”. A medida que la Argentina se prepara para las elecciones presidenciales del 27 de abril, el comportamiento de las facciones peronistas de hoy en día es prueba irrefutable de esa descripción.

El partido peronista no se ha unificado para apoyar a un candidato único. Puesto que la política peronista no está definida por principios sino por el pragmatismo y el oportunismo, los líderes peronistas se han sentido con la libertad de promover sus propias ambiciones ya que su enemigo tradicional, el Partido Radical, aparentemente obtendrá apenas el 2-3% de la votación.

Tres candidatos peronistas (dos ex presidentes, Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Saá, y Néstor Kirchner, gobernador de la lejana provincia sureña de Santa Cruz) están compitiendo por el puesto. A ninguno le está permitido utilizar el nombre o los símbolos del partido. Sin embargo, todos aseguran ser el sucesor legítimo de Juan Perón.

Desde su aparición en 1943, el peronismo fue una insulsa mezcla de ingredientes copiados de los dictadores europeos. Depuesto en 1955 y exilado sucesivamente en varios países latinoamericanos sometidos a regímenes dictatoriales, Perón finalmente se estableció en España en 1962.

En Panamá, un astrólogo de nombre José López Rega le presentó a Isabelita, una cantante-bailarina 30 años menor que él. La influencia del astrólogo sobre la pareja se hizo muy fuerte, mientras Perón atraía un grupo heterogéneo de seguidores, incluyendo desde jóvenes izquierdistas bienintencionados, hasta delincuentes y asesinos de la extrema derecha.

Cuando Perón regresó al poder en 1973, tenía ya 78 años y su lucidez se apagaba rápidamente. Isabelita, que en ese entonces era ya su tercera esposa, fue su vicepresidenta y a la muerte de Perón asumió la presidencia, abyectamente sometida a la influencia del astrólogo. El movimiento peronista pronto se desintegró en varias facciones rivales que se dirimían violentamente sus diferencias en las calles de Buenos Aires.

La corrupta administración de Isabelita fue fácilmente derrocada en marzo de 1976, por un golpe militar que inauguró la sórdida dictadura del General Jorge Videla. Más de 30,000 hombres y mujeres desaparecieron, asesinados por las fuerzas armadas sin siquiera una parodia de legalidad. Durante el régimen de Videla la inflación anual se disparó a más del 350% y el PIB se contrajo un 11% en 1982.

Para distraer la atención del pueblo de la mala situación económica, otro general, Leopoldo Galtieri, ordenó la invasión de las Islas Malvinas, gobernadas por los británicos. Lo que siguió fue un desastre. Derrotados y humillados, los militares regresaron a sus cuarteles, y Raúl Alfonsín del Partido Radical fue electo presidente en diciembre de 1983.

Alfonsín mandó enjuiciar a los líderes militares por sus crímenes, pero no logró reanimar la economía y tuvo que enfrentar la oposición de los corruptos líderes de los sindicatos peronistas y los oficiales militares nostálgicos por el poder que habían perdido. Así, Carlos Saúl Menem, en ese entonces un oscuro gobernador de una de las provincias más pobres de la Argentina, sucedió a Alfonsín en 1989. Los cabecillas peronistas recuperaron el poder y desde entonces han hecho mal uso de él.

Los orígenes de las rivalidades peronistas actuales se remontan a los años de la presidencia de Menem. Pero las diferencias entre los candidatos no son sobre ideas y programas, sino sobre quién tiene el poder para repartir dinero, empleos y patrocinio a los jerarcas del partido.

Los tres candidatos recurrirán a cualquier treta para ganar. Menem cree que, con la aprobación oficial del partido, puede superar el hecho de que la mayoría de los argentinos lo culpen por su actual desgracia. En efecto, el 60% de los electores afirma que nunca votaría por Menem.

El segundo candidato es Adolfo Rodríguez Saá, quien durante la farsa que fueron los siete días que ocupó la presidencia interina después de la renuncia de la Rúa anunció pomposamente que Argentina suspendería los pagos a sus acreedores internacionales. El gobierno de Duhalde apoya abiertamente al tercer candidato, Néstor Kirchner.

A pesar de las luchas en el interior del partido, es casi seguro que uno de los candidatos peronistas será el ganador. Sólo hay otros dos candidatos serios, Ricardo López Murphy y Elisa Carrió, pero sus posibilidades son minúsculas. Ambos fueron miembros del Partido Radical, y han formado ya sus propios partidos. Los dos son ampliamente reconocidos como políticos honorables y con buena formación académica. Pero el apoyo del que gozaban los radicales, prácticamente ha desaparecido, debido al desastroso gobierno de de la Rúa.

La contienda electoral se ve tan reñida que una segunda vuelta aparece como segura. Si la lucha decisiva es entre Menem y Kirchner, las facciones peronistas volverán después a unirse, como lo hicieran ya en el pasado, puesto que su motivación ha sido siempre la lujuria del poder y el reparto del botín de la victoria. Pero si López Murphy llega a la segunda vuelta, tiene posibilidades de ganar la presidencia, dada la negativa imagen que tiene Menem. Esto podría no significar el fin del peronismo pero podría resultar en que la Argentina lograra comenzar a enfrentar seriamente las raíces de su profunda enfermedad.

Copyright: Project Syndicate, abril de 2003