SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLÍTICO • AÑO 7 • EDICION No. 335• DEL 13 AL 26 DE ABRIL DE 2003
MEMO DESDE WASHINGTON

Los perdedores de la guerra en Irak

Manuel Orozco

 

WASHINGTON DC. Las verdaderas víctimas de esta guerra son aquellos que han sido empujados a una esquina a escoger entre uno y otro bando. O se está a favor de Estados Unidos o de Irak. La realidad es más compleja que este cuadro en blanco y negro, sin embargo, el desastre político predominante se produce al imponerse la atracción de fuerzas en los extremos y no en torno a un centro de consenso.

En este sentido, hay dos preguntas importantes: ¿Qué implicaciones políticas tiene el apoyo esta guerra o la oposición a la misma? ¿Cómo se puede manifestar la oposición a las dictaduras y a los imperios, sin tener que sacrificar uno de ellos?

Las implicaciones para Washington

Bien han descrito los críticos cómo el gobierno actual de Washington percibe el conflicto actual. Tal situación está teniendo implicaciones a varios niveles, desde la oposición interna a la guerra, hasta la crítica internacional. La percepción en Washington de que la victoria militar en Irak representará un triunfo diplomático, es infundada. Además, la economía americana no se reactivará gracias al emergente complejo de seguridad industrial, ni por los contratos militares, tampoco la proyección del poder militar tendrá un efecto sobre el orden internacional. Más bien, esta administración estará complicando el escenario global al generar mayores amenazas terroristas, y debilitar su imagen internacional en el largo plazo.

Sin embargo, otra implicación importante se refiere al estado del movimiento pacifista y a las opciones de una oposición firme con alternativas diplomáticas a nivel internacional. La inhabilidad de lograr una movilización más efectiva con una agenda con demandas claras y definidas contra la guerra significó una derrota muy fuerte. La autocrítica es necesaria: la oposición a la guerra ha trabajado con un escenario limitado, sin una agenda organizada. El problema es que el debilitamiento de una oposición ante la administración conservadora significará la continuidad del radicalismo del gobierno de Bus y la disminución de los valores democráticos de este país. Estados Unidos ha coartado las libertades civiles de miles de ciudadanos árabes-americanos, y ha sido responsable de coartar la libertad de información al presionar la autocensura de los medios.

Otra implicación seria se refiere a la relación de Estados Unidos con sus aliados y amigos. Aquellos que decidieron apoyar la guerra fueron criticados por oportunistas, flojos e intimidados, y para Estados Unidos, su apoyo no significaba más de lo que era de esperarse de un aliado. La consecuencia de todo este será que aún sus propios aliados sentirán una relación condicionada a la presión diplomática, al chantaje y la intimidación, situación que se pondrá a prueba una vez que el antiamericanismo se manifieste de forma violenta en el futuro.

Desde América Latina y Nicaragua

Las implicaciones para América Latina son claras. Primero, los costos de esta guerra se reflejan en el aumento de los precios del petróleo justo en el momento en que toda la región estaba enfrentando serios problemas presupuestarios.

Segundo, en términos diplomáticos, América Latina reflejó su incapacidad de articular un mensaje serio y definido sobre la guerra. Pocos países se manifestaron maduramente ante la situación y talvez México tuvo un posicionamiento más definido que cualquier otro país de los cinco que se opusieron. Cuba y Venezuela se opusieron por principios ideológicos, Brasil lo hizo con el intento de continuar perfilando su independencia regional con Estados Unidos. Sin embargo, aun la oposición de Venezuela y Brasil no fueron tan frontal, sino un tanto silenciosa. Los que ofrecieron el apoyo, en el otro bando, fueron los aliados tradicionales como Colombia y países periféricos débiles (ver cuadro).

La sorpresa mayor fue Costa Rica, no Nicaragua. ¿Por qué un país con una tradición pacifista apoyó la guerra? La declaración costarricense fue más una expresión de apoyo ideológico a Estados Unidos, que de rechazo genuino a la dictadura de Hussein.

Nicaragua, por otro lado sorprendió, no por su apoyo, sino por la pobre, ignorante, y vergonzante respuesta de su cancillería que pudo haber sido mejor articulada y redactada por un estudiante de primer año de Relaciones Internacionales de la UAM. Su reacción causó risa en Washington y vergüenza para muchos Nicaragüenses en el exterior.

Sin embargo, la reacción de la oposición sandinista causó respuestas similares. Para el sector conservador en Washington era de esperar que el sandinismo apoyara a Hussein, y confirmó la amenaza política que este partido representa y aun más al asociarse con un dictador como Hussein. Pero la comunidad nicaragüense tampoco recibió con buenos ojos tal reacción sandinista. Al final el perdedor político no sólo es Bolaños, sino que también el Frente Sandinista.

Sin embargo, las implicaciones para Nicaragua no son dramáticas. Por un lado, a pesar que algunos sostienen que existirá un mecanismo de castigo y premios en Washington, en términos prácticos los beneficios serán muy pocos. Por otro lado, la imagen del país no quedó bien vista entre los miembros de la Unión Europea. Pero eso no cambiará la composición de la cooperación económica. En lo que respecta a Nicaragua, la decisión de apoyo fue para quedar bien con el gran poder, no para recibir premios ni concesiones. Al final de cuentas las reacciones en América Latina reflejan el entorno mundial de los gobiernos del mundo: falta de consenso e indecisión dentro del foro de Naciones Unidas.

También reflejan el desacuerdo que existe entre Estados Unidos y América Latina sobre cuáles son las amenazas de seguridad internacional. Los que apoyaron la guerra, independientemente de su razonamiento, son países que han entendido las prioridades de Estados Unidos sobre seguridad hemisférica y que mantienen una estrecha colaboración con este país (lavado de dinero, tráfico de armas y seguridad fronteriza). No es coincidencia que Guatemala se abstuviera de expresar su apoyo u oposición a la invasión después de haber sido “descertificada” por no combatir el narcotráfico y la corrupción.

Respuesta de algunos países latinoamericanos sobre la invasión a Irak
Países Aprueba Ambiguo Lamenta Rechaza
Argentina       x
Bolivia   x    
Brasil       x
Chile     x  
Colombia x      
Costa Rica x      
Cuba       x
Ecuador   x    
El Salvador x      
Guatemala   x    
Honduras x      
México       x
Nicaragua x      
Panamá x      
Perú     x  
Rep. Dominicana x      
Uruguay   x    
Venezuela       x

El dilema de la comunidad internacional

Desafortunadamente, el problema de las guerras reside en que éstas profundizan la polarización a nivel global entre fuerzas extremistas e impiden a la sociedad encontrar un centro de acomodamiento. ¿Qué términos de referencia se pueden establecer para prevenir esa situación?
La guerra en Irak es inaceptable, y la dictadura y el armamentismo Iraquí también lo son. Quien apoye uno de estos dos traiciona el principio de la autodeterminación. El compromiso con la democracia y la seguridad mundial dependen de la inflexibilidad del uso de la fuerza y la autoridad en contra de la voluntad popular, porque constituyen atentados mismos contra la soberanía de una persona y una nación.

Es por ello que el sistema internacional necesita asumir una iniciativa global que siga estándares enérgicos en la política exterior de sus países, que demande el rechazo a los doble estándares en la política exterior, que rinda cuentas frente a la comunidad internacional y sus ciudadanos; que sea intolerante frente a cualquier forma de violencia, sea ésta insurgente o apoyada por estados; y esté comprometida con las normas democráticas y de derechos humanos codificadas en reconocidos acuerdos internacionales. Pero esta iniciativa requiere que las naciones asuman el reto y riesgo de convertirse en partes del cambio político.