|
Los perdedores de la guerra
en Irak
WASHINGTON DC. Las verdaderas víctimas
de esta guerra son aquellos que han sido empujados a
una esquina a escoger entre uno y otro bando. O se está
a favor de Estados Unidos o de Irak. La realidad es
más compleja que este cuadro en blanco y negro,
sin embargo, el desastre político predominante
se produce al imponerse la atracción de fuerzas
en los extremos y no en torno a un centro de consenso.
En este sentido, hay dos preguntas
importantes: ¿Qué implicaciones políticas
tiene el apoyo esta guerra o la oposición a la
misma? ¿Cómo se puede manifestar la oposición
a las dictaduras y a los imperios, sin tener que sacrificar
uno de ellos?
Las implicaciones para Washington
Bien han descrito los críticos
cómo el gobierno actual de Washington percibe
el conflicto actual. Tal situación está
teniendo implicaciones a varios niveles, desde la oposición
interna a la guerra, hasta la crítica internacional.
La percepción en Washington de que la victoria
militar en Irak representará un triunfo diplomático,
es infundada. Además, la economía americana
no se reactivará gracias al emergente complejo
de seguridad industrial, ni por los contratos militares,
tampoco la proyección del poder militar tendrá
un efecto sobre el orden internacional. Más bien,
esta administración estará complicando
el escenario global al generar mayores amenazas terroristas,
y debilitar su imagen internacional en el largo plazo.
Sin embargo, otra implicación
importante se refiere al estado del movimiento pacifista
y a las opciones de una oposición firme con alternativas
diplomáticas a nivel internacional. La inhabilidad
de lograr una movilización más efectiva
con una agenda con demandas claras y definidas contra
la guerra significó una derrota muy fuerte. La
autocrítica es necesaria: la oposición
a la guerra ha trabajado con un escenario limitado,
sin una agenda organizada. El problema es que el debilitamiento
de una oposición ante la administración
conservadora significará la continuidad del radicalismo
del gobierno de Bus y la disminución de los valores
democráticos de este país. Estados Unidos
ha coartado las libertades civiles de miles de ciudadanos
árabes-americanos, y ha sido responsable de coartar
la libertad de información al presionar la autocensura
de los medios.
Otra implicación seria se
refiere a la relación de Estados Unidos con sus
aliados y amigos. Aquellos que decidieron apoyar la
guerra fueron criticados por oportunistas, flojos e
intimidados, y para Estados Unidos, su apoyo no significaba
más de lo que era de esperarse de un aliado.
La consecuencia de todo este será que aún
sus propios aliados sentirán una relación
condicionada a la presión diplomática,
al chantaje y la intimidación, situación
que se pondrá a prueba una vez que el antiamericanismo
se manifieste de forma violenta en el futuro.
Desde América Latina y Nicaragua
Las implicaciones para América
Latina son claras. Primero, los costos de esta guerra
se reflejan en el aumento de los precios del petróleo
justo en el momento en que toda la región estaba
enfrentando serios problemas presupuestarios.
Segundo, en términos diplomáticos,
América Latina reflejó su incapacidad
de articular un mensaje serio y definido sobre la guerra.
Pocos países se manifestaron maduramente ante
la situación y talvez México tuvo un posicionamiento
más definido que cualquier otro país de
los cinco que se opusieron. Cuba y Venezuela se opusieron
por principios ideológicos, Brasil lo hizo con
el intento de continuar perfilando su independencia
regional con Estados Unidos. Sin embargo, aun la oposición
de Venezuela y Brasil no fueron tan frontal, sino un
tanto silenciosa. Los que ofrecieron el apoyo, en el
otro bando, fueron los aliados tradicionales como Colombia
y países periféricos débiles (ver
cuadro).
La sorpresa mayor fue Costa Rica,
no Nicaragua. ¿Por qué un país
con una tradición pacifista apoyó la guerra?
La declaración costarricense fue más una
expresión de apoyo ideológico a Estados
Unidos, que de rechazo genuino a la dictadura de Hussein.
Nicaragua, por otro lado sorprendió,
no por su apoyo, sino por la pobre, ignorante, y vergonzante
respuesta de su cancillería que pudo haber sido
mejor articulada y redactada por un estudiante de primer
año de Relaciones Internacionales de la UAM.
Su reacción causó risa en Washington y
vergüenza para muchos Nicaragüenses en el
exterior.
Sin embargo, la reacción
de la oposición sandinista causó respuestas
similares. Para el sector conservador en Washington
era de esperar que el sandinismo apoyara a Hussein,
y confirmó la amenaza política que este
partido representa y aun más al asociarse con
un dictador como Hussein. Pero la comunidad nicaragüense
tampoco recibió con buenos ojos tal reacción
sandinista. Al final el perdedor político no
sólo es Bolaños, sino que también
el Frente Sandinista.
Sin embargo, las implicaciones
para Nicaragua no son dramáticas. Por un lado,
a pesar que algunos sostienen que existirá un
mecanismo de castigo y premios en Washington, en términos
prácticos los beneficios serán muy pocos.
Por otro lado, la imagen del país no quedó
bien vista entre los miembros de la Unión Europea.
Pero eso no cambiará la composición de
la cooperación económica. En lo que respecta
a Nicaragua, la decisión de apoyo fue para quedar
bien con el gran poder, no para recibir premios ni concesiones.
Al final de cuentas las reacciones en América
Latina reflejan el entorno mundial de los gobiernos
del mundo: falta de consenso e indecisión dentro
del foro de Naciones Unidas.
También reflejan el desacuerdo
que existe entre Estados Unidos y América Latina
sobre cuáles son las amenazas de seguridad internacional.
Los que apoyaron la guerra, independientemente de su
razonamiento, son países que han entendido las
prioridades de Estados Unidos sobre seguridad hemisférica
y que mantienen una estrecha colaboración con
este país (lavado de dinero, tráfico de
armas y seguridad fronteriza). No es coincidencia que
Guatemala se abstuviera de expresar su apoyo u oposición
a la invasión después de haber sido “descertificada”
por no combatir el narcotráfico y la corrupción.
|
Respuesta
de algunos países latinoamericanos sobre
la invasión a Irak |
| Países |
Aprueba |
Ambiguo |
Lamenta |
Rechaza |
| Argentina |
|
|
|
x |
| Bolivia |
|
x |
|
|
| Brasil |
|
|
|
x |
| Chile |
|
|
x |
|
| Colombia |
x |
|
|
|
| Costa Rica |
x |
|
|
|
| Cuba |
|
|
|
x |
| Ecuador |
|
x |
|
|
| El Salvador |
x |
|
|
|
| Guatemala |
|
x |
|
|
| Honduras |
x |
|
|
|
| México |
|
|
|
x |
| Nicaragua |
x |
|
|
|
| Panamá |
x |
|
|
|
| Perú |
|
|
x |
|
| Rep. Dominicana |
x |
|
|
|
| Uruguay |
|
x |
|
|
| Venezuela |
|
|
|
x |
El dilema de la comunidad internacional
Desafortunadamente, el problema
de las guerras reside en que éstas profundizan
la polarización a nivel global entre fuerzas
extremistas e impiden a la sociedad encontrar un centro
de acomodamiento. ¿Qué términos
de referencia se pueden establecer para prevenir esa
situación?
La guerra en Irak es inaceptable, y la dictadura y el
armamentismo Iraquí también lo son. Quien
apoye uno de estos dos traiciona el principio de la
autodeterminación. El compromiso con la democracia
y la seguridad mundial dependen de la inflexibilidad
del uso de la fuerza y la autoridad en contra de la
voluntad popular, porque constituyen atentados mismos
contra la soberanía de una persona y una nación.
Es por ello que el sistema
internacional necesita asumir una iniciativa global
que siga estándares enérgicos en la política
exterior de sus países, que demande el rechazo
a los doble estándares en la política
exterior, que rinda cuentas frente a la comunidad internacional
y sus ciudadanos; que sea intolerante frente a cualquier
forma de violencia, sea ésta insurgente o apoyada
por estados; y esté comprometida con las normas
democráticas y de derechos humanos codificadas
en reconocidos acuerdos internacionales. Pero esta iniciativa
requiere que las naciones asuman el reto y riesgo de
convertirse en partes del cambio político.
|