SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLÍTICO • AÑO 7 • EDICION No. 335• DEL 13 AL 26 DE ABRIL DE 2003
INVITADA DE LA SEMANA

Alicia Martin, asesora de nueve ministros en cuatro gobiernos

Nuestra señora
en la negociación

Iván Olivares

Alicia Martin  

En el equipo de Nicaragua que negocia el Tratado de Libre Comercio de Centroamérica con Estados Unidos, hay una señora que de largo se destaca por su elegancia natural y de cerca deslumbra por su talento.

Siempre vestida de forma impecable, políglota que habla cinco idiomas —español, inglés, francés, italiano y alemán y entiende otros dos, portugués y catalán— la doctora Alicia Martin, es una de las piezas claves del equipo negociador.

Ella coordina la Mesa de Acceso en las negociaciones para firmar un TLC con Estados Unidos, y acompaña al jefe negociador Carlos Sequeira, como asesora en asuntos técnicos.

Con diez años de experiencia como funcionaria del GATT en Ginebra, y otros veinte asesorando a nueve Ministros de Economía y Comercio de los últimos cuatro gobiernos de Nicaragua, la Dra. Martin, “Madame”, para sus amigos, quizás por el francés que habla sin ninguna clase de acento, es una garantía de experiencia.

Su currículo incluye, además, haber vencido en dos ocasiones a Estados Unidos en foros de negociación comercial. En fin, por donde se le analice, es una dama que inspira respeto.

Nacida de padres españoles radicados en Suiza en los años 40, adonde llegó siendo una niña, Martin hizo su primaria “y una larga secundaria” en Ginebra, donde también hizo sus estudios universitarios, obteniendo un título de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad de esa ciudad.

En la escuela ginebrina de intérpretes, aprendió a traducir del inglés y francés al español. En ese momento ya hablaba italiano, que es uno de los idiomas oficiales de Suiza.

“Los idiomas me han ayudado muchísimo en mi carrera”, dice al recordar que el dominio de esas dos lenguas le ha sido de mucha utilidad por cuanto, si el inglés es el idioma predominante, el francés es muy apreciado en el mundo diplomático, pues éste precedió a aquel como idioma internacional.

Su conocimiento de las lenguas se extendió hasta el alemán, que aprendió mientras estudiaba un doctorado en sociología la Universidad Libre de Berlín. Entiende portugués debido a su experiencia profesional, y catalán, por el tiempo que vivió en Barcelona. En la nación helvética conoció a Constantino Pereira, con quien estuvo casada y engendró cuatro hijos: uno en Suiza y los otros tres en Nicaragua, adonde vinieron en 1964, partiendo al exilio en 1968, como consecuencia de las actividades políticas de Pereira.

“Mi vida ha transcurrido entre exilios, porque mi padre salió exiliado de España durante la Guerra Civil española”, rememoró.

Al regresar a Suiza a finales de los 60, se vio ante la disyuntiva de comenzar su carrera profesional o continuar sus estudios, decantándose por el trabajo. “Gané por oposición un puesto en el GATT, donde laboré entre 1970 y 1981, fecha en que regresamos a Nicaragua”, recordó.

Una victoria y media

Con tanta experiencia internacional, se colocó en el Ministerio de Comercio Exterior, representando a Nicaragua ante el GATT con el grado de embajadora, a la vez que atendía los asuntos relacionados a la Organización Internacional del Café, la del Azúcar, y el Fondo Común de Granos Básicos.

Su prueba de fuego llegaría cuando tuvo que enfrentar dos veces a Estados Unidos en el plano diplomático obteniendo sendas victorias, aunque en la práctica podría computarse como “una y media”.
La primera llegó cuando el GATT formó un panel a raíz de la queja de Nicaragua porque Estados Unidos nos había reducido y eliminado la cuota azucarera.

Aunque Nicaragua ganó el caso, Estados Unidos no reasignó la cuota hasta 1990, cuando la Sra. Violeta Barrios de Chamorro asumió la Presidencia, momento en que el Presidente Bush levantó el embargo comercial contra nuestro país.

Su otro “cara a cara” con Estados Unidos fue a mediados de los años 80, en el panel en el que se rebatió la tesis con la que Estados Unidos defendía el embargo, apoyándose en el artículo 21 del GATT, que permitía violentar o dejar de aplicar las normas de ese tratado mundial, cuando la “seguridad nacional” estaba en riesgo.

Nicaragua alegó que no estaban dadas las condiciones para que la potencia se acogiera a ese artículo, y aunque el panel falló a favor nuestro, Nicaragua no aceptó el informe porque carecía de recomendaciones.
“No valía la pena. Alegamos que emitir un informe así podía establecer un mal precedente. Manejamos la discusión a un nivel muy técnico, apegándonos muy estrechamente a las normativas, diciendo que los temas políticos debían verse en otro foro y que debíamos limitarnos a las cuestiones comerciales”, recordó Martin.

Aunque al final no pasó nada y nadie pudo obligar a Estados Unidos a levantar el embargo, el caso se volvió material de estudio en diversas universidades estadounidenses, por cuanto era la primera vez que una gran potencia usaba el artículo 21 en un caso contra una nación en desarrollo.
Aunque era más político que técnico, la experiencia le fue de mucha utilidad a la Dra. Martin. “Me fogueó mucho”, dijo mientras recordaba que hubo un amplio reconocimiento al profesionalismo con el que trabajó el equipo que representaba a Nicaragua.

Frente a frente

Casi 20 años después, Nicaragua está sentada en otra mesa negociando y tiene a Estados Unidos enfrente.
Una vez más, la Dra. Martin forma parte del equipo negociador pinolero. La diferencia es que ya no es una disputa entre contrincantes, sino una conversación multilateral para lograr un acuerdo que interesa a todos, incluyendo a los asesores estadounidenses que Nicaragua contrató para ayudarnos en las negociaciones.

Uno de ellos es Michael Samuels, que representaba a Estados Unidos en aquellas disputas en los años ’80, en calidad de embajador de su país ante el GATT.

“Cuando [Samuels] supo que yo estaba ligada a la negociación del CAFTA dijo: “Me alegra mucho, porque significa que están en manos muy profesionales”, con lo que lo que podría haber sido algo en contra [de Nicaragua] terminó siendo algo a favor”, dijo Martin.
La experta negociadora valora que “no responder a ningún interés económico ni partidario es mi principal fortaleza y a la vez mi mayor debilidad, porque al no pertenecer a ningún partido, me falta el respaldo político, pero una vez más, eso me ubica en el lugar que yo prefiero: el campo técnico”, confesó.

Consciente de eso, es muy cuidadosa de mantenerse en su campo, (lo técnico) “y no ir más allá de lo que corresponde”.

Considera que esa independencia suya es buena para el país porque Nicaragua necesita tener gente que tenga una visión de nación, “y yo la tengo. Si he estado en todos esos gobiernos, (FSLN, UNO y los dos del PLC) es porque siempre he antepuesto los intereses de Nicaragua a cualquier otro interés y quiero mantener esa independencia”.

Con todo, en 1991 escogió dejar el Ministerio de Comercio Exterior y se fue a trabajar en un programa de Naciones Unidas creado para apoyar la capacidad de negociación comercial de los países del istmo.
Este puesto le permitió conocer mejor a Centroamérica y trabajar en la formación de muchos noveles profesionales que ahora son embajadores y representantes de sus países ante diversas instancias, foros y naciones, lo que otorga otra ventaja a Nicaragua, por cuanto conoce a sus interlocutores desde que eran estudiantes.

Al explicar por qué aceptó el cargo, recordó que “la época era muy polarizada, además, era mejor para nuestro país que una nicaragüense manejara ese proyecto regional”.

Iván Olivares


Asesora de nueve ministros, en cuatro gobierno


El arte de negociar: Consejos de una experta