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Alicia Martin, asesora de nueve ministros en cuatro
gobiernos
Nuestra señora
en la negociación
Iván Olivares
En el equipo de Nicaragua que negocia
el Tratado de Libre Comercio de Centroamérica
con Estados Unidos, hay una señora que de largo
se destaca por su elegancia natural y de cerca deslumbra
por su talento.
Siempre vestida de forma impecable,
políglota que habla cinco idiomas —español,
inglés, francés, italiano y alemán
y entiende otros dos, portugués y catalán—
la doctora Alicia Martin, es una de las piezas claves
del equipo negociador.
Ella coordina la Mesa de Acceso
en las negociaciones para firmar un TLC con Estados
Unidos, y acompaña al jefe negociador Carlos
Sequeira, como asesora en asuntos técnicos.
Con diez años de experiencia
como funcionaria del GATT en Ginebra, y otros veinte
asesorando a nueve Ministros de Economía y Comercio
de los últimos cuatro gobiernos de Nicaragua,
la Dra. Martin, “Madame”, para sus amigos,
quizás por el francés que habla sin ninguna
clase de acento, es una garantía de experiencia.
Su currículo incluye, además,
haber vencido en dos ocasiones a Estados Unidos en foros
de negociación comercial. En fin, por donde se
le analice, es una dama que inspira respeto.
Nacida de padres españoles
radicados en Suiza en los años 40, adonde llegó
siendo una niña, Martin hizo su primaria “y
una larga secundaria” en Ginebra, donde también
hizo sus estudios universitarios, obteniendo un título
de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales
de la Universidad de esa ciudad.
En la escuela ginebrina de intérpretes,
aprendió a traducir del inglés y francés
al español. En ese momento ya hablaba italiano,
que es uno de los idiomas oficiales de Suiza.
“Los idiomas me han ayudado
muchísimo en mi carrera”, dice al recordar
que el dominio de esas dos lenguas le ha sido de mucha
utilidad por cuanto, si el inglés es el idioma
predominante, el francés es muy apreciado en
el mundo diplomático, pues éste precedió
a aquel como idioma internacional.
Su conocimiento de las lenguas
se extendió hasta el alemán, que aprendió
mientras estudiaba un doctorado en sociología
la Universidad Libre de Berlín. Entiende portugués
debido a su experiencia profesional, y catalán,
por el tiempo que vivió en Barcelona. En la nación
helvética conoció a Constantino Pereira,
con quien estuvo casada y engendró cuatro hijos:
uno en Suiza y los otros tres en Nicaragua, adonde vinieron
en 1964, partiendo al exilio en 1968, como consecuencia
de las actividades políticas de Pereira.
“Mi vida ha transcurrido
entre exilios, porque mi padre salió exiliado
de España durante la Guerra Civil española”,
rememoró.
Al regresar a Suiza a finales de
los 60, se vio ante la disyuntiva de comenzar su carrera
profesional o continuar sus estudios, decantándose
por el trabajo. “Gané por oposición
un puesto en el GATT, donde laboré entre 1970
y 1981, fecha en que regresamos a Nicaragua”,
recordó.
Una victoria y media
Con tanta experiencia internacional,
se colocó en el Ministerio de Comercio Exterior,
representando a Nicaragua ante el GATT con el grado
de embajadora, a la vez que atendía los asuntos
relacionados a la Organización Internacional
del Café, la del Azúcar, y el Fondo Común
de Granos Básicos.
Su prueba de fuego llegaría
cuando tuvo que enfrentar dos veces a Estados Unidos
en el plano diplomático obteniendo sendas victorias,
aunque en la práctica podría computarse
como “una y media”.
La primera llegó cuando el GATT formó
un panel a raíz de la queja de Nicaragua porque
Estados Unidos nos había reducido y eliminado
la cuota azucarera.
Aunque Nicaragua ganó el
caso, Estados Unidos no reasignó la cuota hasta
1990, cuando la Sra. Violeta Barrios de Chamorro asumió
la Presidencia, momento en que el Presidente Bush levantó
el embargo comercial contra nuestro país.
Su otro “cara a cara”
con Estados Unidos fue a mediados de los años
80, en el panel en el que se rebatió la tesis
con la que Estados Unidos defendía el embargo,
apoyándose en el artículo 21 del GATT,
que permitía violentar o dejar de aplicar las
normas de ese tratado mundial, cuando la “seguridad
nacional” estaba en riesgo.
Nicaragua alegó que no estaban
dadas las condiciones para que la potencia se acogiera
a ese artículo, y aunque el panel falló
a favor nuestro, Nicaragua no aceptó el informe
porque carecía de recomendaciones.
“No valía la pena. Alegamos que emitir
un informe así podía establecer un mal
precedente. Manejamos la discusión a un nivel
muy técnico, apegándonos muy estrechamente
a las normativas, diciendo que los temas políticos
debían verse en otro foro y que debíamos
limitarnos a las cuestiones comerciales”, recordó
Martin.
Aunque al final no pasó
nada y nadie pudo obligar a Estados Unidos a levantar
el embargo, el caso se volvió material de estudio
en diversas universidades estadounidenses, por cuanto
era la primera vez que una gran potencia usaba el artículo
21 en un caso contra una nación en desarrollo.
Aunque era más político que técnico,
la experiencia le fue de mucha utilidad a la Dra. Martin.
“Me fogueó mucho”, dijo mientras
recordaba que hubo un amplio reconocimiento al profesionalismo
con el que trabajó el equipo que representaba
a Nicaragua.
Frente a frente
Casi 20 años después,
Nicaragua está sentada en otra mesa negociando
y tiene a Estados Unidos enfrente.
Una vez más, la Dra. Martin forma parte del equipo
negociador pinolero. La diferencia es que ya no es una
disputa entre contrincantes, sino una conversación
multilateral para lograr un acuerdo que interesa a todos,
incluyendo a los asesores estadounidenses que Nicaragua
contrató para ayudarnos en las negociaciones.
Uno de ellos es Michael Samuels,
que representaba a Estados Unidos en aquellas disputas
en los años ’80, en calidad de embajador
de su país ante el GATT.
“Cuando [Samuels] supo
que yo estaba ligada a la negociación del CAFTA
dijo: “Me alegra mucho, porque significa que están
en manos muy profesionales”, con lo que lo que
podría haber sido algo en contra [de Nicaragua]
terminó siendo algo a favor”, dijo Martin.
La experta negociadora valora que “no responder
a ningún interés económico ni partidario
es mi principal fortaleza y a la vez mi mayor debilidad,
porque al no pertenecer a ningún partido, me
falta el respaldo político, pero una vez más,
eso me ubica en el lugar que yo prefiero: el campo técnico”,
confesó.
Consciente de eso, es muy
cuidadosa de mantenerse en su campo, (lo técnico)
“y no ir más allá de lo que corresponde”.
Considera que esa independencia
suya es buena para el país porque Nicaragua necesita
tener gente que tenga una visión de nación,
“y yo la tengo. Si he estado en todos esos gobiernos,
(FSLN, UNO y los dos del PLC) es porque siempre he antepuesto
los intereses de Nicaragua a cualquier otro interés
y quiero mantener esa independencia”.
Con todo, en 1991 escogió
dejar el Ministerio de Comercio Exterior y se fue a
trabajar en un programa de Naciones Unidas creado para
apoyar la capacidad de negociación comercial
de los países del istmo.
Este puesto le permitió conocer mejor a Centroamérica
y trabajar en la formación de muchos noveles
profesionales que ahora son embajadores y representantes
de sus países ante diversas instancias, foros
y naciones, lo que otorga otra ventaja a Nicaragua,
por cuanto conoce a sus interlocutores desde que eran
estudiantes.
Al explicar por qué
aceptó el cargo, recordó que “la
época era muy polarizada, además, era
mejor para nuestro país que una nicaragüense
manejara ese proyecto regional”.
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