SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLÍTICO • AÑO 7 • EDICION No. 335• DEL 13 AL 26 DE ABRIL DE 2003
AMERICA LATINA

La coalición de los esperanzados

Andrés Oppenheimer

 

Un pequeño grupo de países latinoamericanos, que podríamos llamar ‘’la coalición de los esperanzados’’, confía en obtener importantes ventajas por su decisión de apoyar la guerra encabezada por Estados Unidos en Irak.

Colombia, Costa Rica, República Dominicana, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Panamá tienen la esperanza de convertirse en los nuevos ‘’mejores amigos’’ del presidente Bush después de la guerra. Aseguran que nadie les prometió nada a cambio de su apoyo, pero que esperan crear un clima de buena voluntad con Estados Unidos que podría traducirse en ventajas concretas.

En la mayor parte de América Latina, donde la abrumadora mayoría de la opinión pública está contra de la guerra, los líderes que apoyaron a Bush son vistos como ‘’arrastrados’’, o serviles.

Según los países de la región que apoyan la guerra, sin embargo, ellos saldrán mejor parados. Según muchos de ellos, los países grandes que se opusieron a la guerra --México, Brasil, Argentina, Chile y Venezuela, entre otros-- se están equivocando, como algunos de ellos se equivocaron cuando se declararon neutrales durante la II Guerra mundial, o criticaron la política de derechos humanos de Jimmy Carter.

Muchos de los esperanzados dicen que, como víctimas actuales o pasadas del terrorismo, no pueden sino apoyar la guerra contra Saddam Hussein. En privado, algunos de sus funcionarios dicen que los países que se oponen a la guerra en nombre del principio del multilateralismo están traicionando el principio de la defensa propia, y que están saboteando sus intereses nacionales.

Según ellos, la coalición encabezada por Estados Unidos encontrará evidencias creíbles de armas químicas en Irak, y la opinión pública mundial dará un giro hacia Estados Unidos, encabezada por Francia, Alemania y Canadá. Este último país ya está matizando su oposición a la guerra, y ha declarado su esperanza de que Estados Unidos gane el conflicto, señalan.

Un funcionario de los esperanzados me señaló que los países latinoamericanos que se opusieron más abiertamente a la guerra están perjudicando los intereses de millones de sus ciudadanos, cuyo futuro depende del comercio y de las inversiones de Estados Unidos, España, Italia, Japón y otros países que apoyaron la guerra.

¿Están tratando de justificar una decisión puramente utilitaria? ¿Quieren desquitarse de las críticas que se les está haciendo en toda la región?
Probablemente. Como alguien que ha escrito en contra de la decisión de Bush de atacar a Irak sin el aval de una mayoría del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, no estoy entre los críticos de las posturas multilateralistas de México, Chile, Brasil o Argentina.

Sigo creyendo que, si Bush hubiera apoyado los proyectos de resolución de Canadá y Gran Bretaña para darle un ultimátum de tres semanas a Irak para que se desarme, hoy día la opinión pública mundial no estaría hablando de la ‘’agresión’’ de Bush, sino de la falta de cumplimiento de Saddam a las resoluciones de la ONU.

Pero, por lo menos a corto plazo, los países de la coalición de los esperanzados no se equivocan en que reemplazarán a México y a Chile como los nuevos “mejores amigos’’ de Estados Unidos en la región. Según ellos, Bush ya habría dicho en privado que “de ahora en adelante, estarán nuestros amigos y el resto”.

Bush ya se está moviendo en esa dirección. Hace una semana, se tardó cuatro días en responder un llamado del presidente mexicano Vicente Fox, que hasta hace poco tiempo tenía acceso inmediato a la Casa Blanca. Asimismo, Bush separó los acuerdos de libre comercio con Singapur y Chile, lo que significa que ahora irán separadamente al Congreso para su aprobación, y está en la cuerda floja el tratado con Chile.

Simultáneamente, Bush recibirá con una alfombra roja a los presidentes de América Central el 10 de abril en Washington, y todo indica que concluirá un acuerdo de libre comercio con ellos antes de fin de año. Bush también anunció que ha invitado a la Casa Blanca al presidente colombiano Alvaro Uribe para el 2 de mayo, y que le ha concedido a Colombia otros $105 millones de ayuda militar.

En suma, un análisis desapasionado de la situación lleva a la conclusión de que si Bush logra convencer al mundo de que tenía razón sobre las armas químicas de Saddam, mantiene su popularidad en Estados Unidos y gana las elecciones de noviembre del 2004, la coalición de los esperanzados tendrá seis años de acceso privilegiado a la Casa Blanca.

Por el contrario, si Bush es echado de la Presidencia en las próximas elecciones, los esperanzados gozarán de una breve —aunque apasionada— luna de miel, hasta que el próximo presidente de Estados Unidos decida reconstruir los puentes con los países más grandes de la región.