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La coalición de los
esperanzados
Un pequeño grupo de países
latinoamericanos, que podríamos llamar ‘’la
coalición de los esperanzados’’,
confía en obtener importantes ventajas por su
decisión de apoyar la guerra encabezada por Estados
Unidos en Irak.
Colombia, Costa Rica, República
Dominicana, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Panamá
tienen la esperanza de convertirse en los nuevos ‘’mejores
amigos’’ del presidente Bush después
de la guerra. Aseguran que nadie les prometió
nada a cambio de su apoyo, pero que esperan crear un
clima de buena voluntad con Estados Unidos que podría
traducirse en ventajas concretas.
En la mayor parte de América
Latina, donde la abrumadora mayoría de la opinión
pública está contra de la guerra, los
líderes que apoyaron a Bush son vistos como ‘’arrastrados’’,
o serviles.
Según los países
de la región que apoyan la guerra, sin embargo,
ellos saldrán mejor parados. Según muchos
de ellos, los países grandes que se opusieron
a la guerra --México, Brasil, Argentina, Chile
y Venezuela, entre otros-- se están equivocando,
como algunos de ellos se equivocaron cuando se declararon
neutrales durante la II Guerra mundial, o criticaron
la política de derechos humanos de Jimmy Carter.
Muchos de los esperanzados dicen
que, como víctimas actuales o pasadas del terrorismo,
no pueden sino apoyar la guerra contra Saddam Hussein.
En privado, algunos de sus funcionarios dicen que los
países que se oponen a la guerra en nombre del
principio del multilateralismo están traicionando
el principio de la defensa propia, y que están
saboteando sus intereses nacionales.
Según ellos, la coalición
encabezada por Estados Unidos encontrará evidencias
creíbles de armas químicas en Irak, y
la opinión pública mundial dará
un giro hacia Estados Unidos, encabezada por Francia,
Alemania y Canadá. Este último país
ya está matizando su oposición a la guerra,
y ha declarado su esperanza de que Estados Unidos gane
el conflicto, señalan.
Un funcionario de los esperanzados
me señaló que los países latinoamericanos
que se opusieron más abiertamente a la guerra
están perjudicando los intereses de millones
de sus ciudadanos, cuyo futuro depende del comercio
y de las inversiones de Estados Unidos, España,
Italia, Japón y otros países que apoyaron
la guerra.
¿Están tratando de
justificar una decisión puramente utilitaria?
¿Quieren desquitarse de las críticas que
se les está haciendo en toda la región?
Probablemente. Como alguien que ha escrito en contra
de la decisión de Bush de atacar a Irak sin el
aval de una mayoría del Consejo de Seguridad
de las Naciones Unidas, no estoy entre los críticos
de las posturas multilateralistas de México,
Chile, Brasil o Argentina.
Sigo creyendo que, si Bush hubiera
apoyado los proyectos de resolución de Canadá
y Gran Bretaña para darle un ultimátum
de tres semanas a Irak para que se desarme, hoy día
la opinión pública mundial no estaría
hablando de la ‘’agresión’’
de Bush, sino de la falta de cumplimiento de Saddam
a las resoluciones de la ONU.
Pero, por lo menos a corto plazo,
los países de la coalición de los esperanzados
no se equivocan en que reemplazarán a México
y a Chile como los nuevos “mejores amigos’’
de Estados Unidos en la región. Según
ellos, Bush ya habría dicho en privado que “de
ahora en adelante, estarán nuestros amigos y
el resto”.
Bush ya se está moviendo
en esa dirección. Hace una semana, se tardó
cuatro días en responder un llamado del presidente
mexicano Vicente Fox, que hasta hace poco tiempo tenía
acceso inmediato a la Casa Blanca. Asimismo, Bush separó
los acuerdos de libre comercio con Singapur y Chile,
lo que significa que ahora irán separadamente
al Congreso para su aprobación, y está
en la cuerda floja el tratado con Chile.
Simultáneamente, Bush recibirá
con una alfombra roja a los presidentes de América
Central el 10 de abril en Washington, y todo indica
que concluirá un acuerdo de libre comercio con
ellos antes de fin de año. Bush también
anunció que ha invitado a la Casa Blanca al presidente
colombiano Alvaro Uribe para el 2 de mayo, y que le
ha concedido a Colombia otros $105 millones de ayuda
militar.
En suma, un análisis desapasionado
de la situación lleva a la conclusión
de que si Bush logra convencer al mundo de que tenía
razón sobre las armas químicas de Saddam,
mantiene su popularidad en Estados Unidos y gana las
elecciones de noviembre del 2004, la coalición
de los esperanzados tendrá seis años de
acceso privilegiado a la Casa Blanca.
Por el contrario, si Bush es echado
de la Presidencia en las próximas elecciones,
los esperanzados gozarán de una breve —aunque
apasionada— luna de miel, hasta que el próximo
presidente de Estados Unidos decida reconstruir los
puentes con los países más grandes de
la región.
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