SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLÍTICO • AÑO 7 • EDICION No. 333• DEL 30 DE MARZO AL 5 DE ABRIL DE 2003

Postalita a una alumna

Hace unos días me escribió una alumna nicaragüense para comentar la guerra contra Irak. “¿No le parece”, me preguntaba, “que es contradictorio que los latinos condenemos a los Estados Unidos cuando nos imponen a un tirano, pero también cuando ellos luchan por remover del poder a alguien como Hussein?” A mi alumna le respondo con una ilustración.

Si las ratas —por razones justas o injustas—son un símbolo universal de lo nocivo, Saddam Hussein es, políticamente hablando, una verdadera rata. Y si la ley representa la posibilidad del orden basado en la justicia y la libertad, el derecho internacional es el frágil edificio dentro del que coexisten los países y las sociedades del mundo.

La neutralización del poder de una rata política dentro del edificio del derecho internacional requiere del mismo cuidado que usted y yo tendríamos si tratáramos de deshacernos de una rata casera. Ni usted ni yo usaríamos granadas de fragmentación o candelas de dinamita para deshacernos de este animal, porque no estaríamos dispuestos a poner en peligro ni la estructura de nuestras casas, ni la vida y la propiedad de nuestras familias.

Esta sencilla lógica la utilizan los estadounidenses cuando tratan de eliminar las ratas que operan dentro del edificio de sus leyes e instituciones domésticas. Recordemos, por ejemplo, el caso de esa rata mafiosa que fue Al Capone. La justicia de los Estados Unidos sabía que Capone era un delincuente. Más aún, el aparato represivo de ese país contaba con la capacidad para pulverizarlo a él y a toda su pandilla.¿Por qué entonces invirtieron años de esfuerzos investigativos y legales para neutralizarlo? La respuesta: Porque tenían que eliminar la amenaza de esta rata al mismo tiempo que preservaban el marco de sus derechos y la solidez de sus instituciones.

Desgraciadamente, el respeto a la ley es lo primero que desaparece en el código moral de los gobiernos estadounidenses cuando se relacionan con países débiles como Irak, Grenada, Panamá, o Nicaragua. Los Estados Unidos boicotearon los esfuerzos de las Naciones Unidas para desarmar al régimen de Bagdad dentro del marco del derecho internacional. Y hoy, para deshacerse de Saddam, los Estados Unidos masacran, matan de hambre y aterrorizan a cientos de miles de inocentes iraquíes.
Usted me pregunta si yo creo que los Estados Unidos va a ganar esta guerra. Yo no sé de balas, pero supongo que sí. Y cuando eso suceda, usted y yo vamos a encontrarnos viviendo en medio de las ruinas del edificio del derecho internacional, expuestos al poder omnímodo de los Estados Unidos, convertido ahora en la Madre de Todas las Ratas.

Andrés Pérez Baltodano

 

Andrés Pérez Baltodano

 

Carlos F. Chamorro

 

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Edgard Martínez Ph.D

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