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Postalita a una alumna
Hace unos días me escribió
una alumna nicaragüense para comentar la guerra
contra Irak. “¿No le parece”, me
preguntaba, “que es contradictorio que los latinos
condenemos a los Estados Unidos cuando nos imponen a
un tirano, pero también cuando ellos luchan por
remover del poder a alguien como Hussein?” A mi
alumna le respondo con una ilustración.
Si las ratas —por razones justas o injustas—son
un símbolo universal de lo nocivo, Saddam Hussein
es, políticamente hablando, una verdadera rata.
Y si la ley representa la posibilidad del orden basado
en la justicia y la libertad, el derecho internacional
es el frágil edificio dentro del que coexisten
los países y las sociedades del mundo.
La neutralización del poder
de una rata política dentro del edificio del
derecho internacional requiere del mismo cuidado que
usted y yo tendríamos si tratáramos de
deshacernos de una rata casera. Ni usted ni yo usaríamos
granadas de fragmentación o candelas de dinamita
para deshacernos de este animal, porque no estaríamos
dispuestos a poner en peligro ni la estructura de nuestras
casas, ni la vida y la propiedad de nuestras familias.
Esta sencilla lógica la
utilizan los estadounidenses cuando tratan de eliminar
las ratas que operan dentro del edificio de sus leyes
e instituciones domésticas. Recordemos, por ejemplo,
el caso de esa rata mafiosa que fue Al Capone. La justicia
de los Estados Unidos sabía que Capone era un
delincuente. Más aún, el aparato represivo
de ese país contaba con la capacidad para pulverizarlo
a él y a toda su pandilla.¿Por qué
entonces invirtieron años de esfuerzos investigativos
y legales para neutralizarlo? La respuesta: Porque tenían
que eliminar la amenaza de esta rata al mismo tiempo
que preservaban el marco de sus derechos y la solidez
de sus instituciones.
Desgraciadamente, el respeto a
la ley es lo primero que desaparece en el código
moral de los gobiernos estadounidenses cuando se relacionan
con países débiles como Irak, Grenada,
Panamá, o Nicaragua. Los Estados Unidos boicotearon
los esfuerzos de las Naciones Unidas para desarmar al
régimen de Bagdad dentro del marco del derecho
internacional. Y hoy, para deshacerse de Saddam, los
Estados Unidos masacran, matan de hambre y aterrorizan
a cientos de miles de inocentes iraquíes.
Usted me pregunta si yo creo que los Estados Unidos
va a ganar esta guerra. Yo no sé de balas, pero
supongo que sí. Y cuando eso suceda, usted y
yo vamos a encontrarnos viviendo en medio de las ruinas
del edificio del derecho internacional, expuestos al
poder omnímodo de los Estados Unidos, convertido
ahora en la Madre de Todas las Ratas.
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