SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLÍTICO • AÑO 7 • EDICION No. 333• DEL 30 DE MARZO AL 5 DE ABRIL DE 2003

El proyecto del "nuevo siglo americano"

Crónica de una
guerra anunciada

Andrés Pérez Baltodano
 

TORONTO. En sus declaraciones a Confidencial la semana pasada, el canciller Norman Caldera repitió uno de los argumentos que el gobierno de Nicaragua ha venido utilizando para justificar su apoyo a la guerra contra Irak. De acuerdo al canciller, esta guerra forma parte de la lucha contra el terrorismo internacional, liderada por los Estados Unidos a partir del trágico 11 de Septiembre.

Contrario a lo que piensa o dice el canciller nicaragüense, la guerra contra Irak no tiene su origen en el ataque terrorista en New York y Washington. La agresión que sufre hoy el pueblo de Irak forma parte de una estrategia política articulada desde antes del 11 de Septiembre para promover un orden mundial dominado por Washington. ¿Paranoia tercermundista? Veamos.

En 1997, un grupo asociado con la extrema derecha republicana fundó la organización Proyecto por un nuevo siglo americano (en adelante “el proyecto”). En su declaración de principios, los fundadores de “el proyecto” argumentan que después de terminada la Guerra Fría, los Estados Unidos deben reclamar el derecho a moldear el desarrollo histórico del siglo XXI en concordancia con sus “principios e intereses” (las declaraciones y publicaciones de “el proyecto” se encuentran en www.newamericancentury.org).

Entre las personas que suscriben esta declaración se encuentran: Jeb Bush, gobernador del Estado de Florida y hermano del presidente; Donald Rumsfeld, actual secretario de defensa; Paul Wolfowitz, sub-secretario de defensa; y el tristemente célebre Elliott Abrams, que funciona hoy como el principal asesor de Condoleezza Rice para asuntos del Medio Oriente.
Desde su fundación, “el proyecto” ha argumentado que Irak ofrece a los Estados Unidos el escenario ideal para mostrar su determinación y su capacidad para convertirse en el eje rector del orden internacional del nuevo siglo. William Cristol –actual director de “el proyecto”, y Lawrence Kaplan —editor de la revista conservadora The New Republic—, señalan en un libro reciente que, “la decisión de cómo actuar con relación a Irak es... significativa porque [sus implicaciones] trascienden a Irak... el Medio Oriente y la guerra contra el terrorismo”. Y puntualizan: “[Esta decisión] tiene que ver con el papel que los Estados Unidos quiere jugar en el siglo XXI”.

Irak, en otras palabras, no representa para los Estados Unidos una pieza clave en la lucha contra el terrorismo, sino más bien, un espacio de acción de enorme valor simbólico y estratégico para hacer realidad la visión de “un nuevo siglo americano”.

Irak y la Doctrina Wolfowitz

Durante la presidencia de George H. W. Bush (1989-1993), Paul Wolfowitz —el líder intelectual de “el proyecto”—, funcionó como asesor del entonces secretario de defensa y actual vice-presidente, Dick Cheney. Wolfowitz supervisó la redacción de una propuesta para la articulación de la política de defensa de los Estados Unidos, que resumió los principales elementos de lo que se llegó a conocer como “la doctrina Wolfowitz”: un ideario guerrerista y anti-multilateralista para impulsar la creación de “un nuevo siglo para los Estados Unidos”. La revelación de esta propuesta desató una tormenta de críticas que obligó a Washington a reformular la presentación de su política de defensa.

La doctrina Wolfowitz volvió a aparecer en el documento Reconstruyendo las defensas de América, publicado por “el proyecto” en Septiembre del año 2000. Este documento argumenta que “la preservación de la Pax Americana” debía ser considerada como el principal objetivo de la política de defensa estadounidense. “El conflicto no resuelto con Irak”, argumentan los autores, “ofrece [a los Estados Unidos] la justificación inmediata” para lograr el control del Golfo Pérsico”, una región clave en la visión estratégica de “el proyecto”.

Con la llegada del segundo Bush a la Casa Blanca, varios de los fundadores de “el proyecto” pasaron a ocupar posiciones de primera importancia en el nuevo gobierno. A partir de ese momento, la doctrina Wolfowitz, y su visión de Irak como el escenario ideal para el estreno de su propuesta neo-imperialista, sólo necesitaba de un detonante para convertirse en política de Estado. El ataque del 11 de Septiembre fue “el nuevo Pearl Harbor”, tan ansiosamente esperado por los redactores de Reconstruyendo las defensas de América.

En una carta al presidente Bush, nueve días después del fatídico 11 de Septiembre, los directores de “el proyecto” propusieron atacar a Irak, independientemente de que este país estuviese o no involucrado en la acción terrorista: “Puede ser que el gobierno de Irak haya participado en el ataque... pero aún si no existen evidencias de esa participación, cualquier estrategia para la erradicación del terrorismo... debe incluir un claro esfuerzo por remover a Saddam Hussein”.

Esta posición es la misma que orientó la conducta de los Estados Unidos en las recientes discusiones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre el caso de Irak. Por eso, el régimen de inspecciones establecidos por el Consejo fue visto por Washington como un estorbo.

En Noviembre de 2002, William Kristol y Robert Kagan –dos de los fundadores de “el proyecto”--, deploraban los límites que el derecho internacional imponía a los planes de Washington: “Esperamos que el Presidente...en el momento adecuado... le dé las gracias a las Naciones Unidas y a nuestros ‘aliados’ y ordene a nuestras fuerzas armadas que eliminen el régimen de Saddam Hussein”.

Los “bollitos” del Presidente

El resto de esta historia la vivimos ahora cuando presenciamos el sufrimiento de los iraquíes, y la tragedia de los jóvenes soldados americanos, británicos, y australianos, que operan como peones descartables en el tablero de intereses de Washington. Intereses como los que obligaron a Richard N. Perle --otro de los miembros del gobierno Bush asociados a “el proyecto”--, a renunciar el viernes de la semana pasada a su posición de director del Consejo para la Política de Defensa, un organismo consultivo del Pentágono.

Perle operaba como asesor de Rumsfeld, al mismo tiempo que asesoraba a la empresa Global Crossing, que tenía negocios con el Departamento de Defensa. El ganador del premio Pulitzer, Seymour M. Hersh, por su parte, había revelado en la edición de The New Yorker del 15 de Marzo de este año, que Perle mantenía relaciones con el famoso traficante de armas Adnan Khashoggi, mejor conocido como “el príncipe de las tinieblas”, y una de las figuras centrales en el escándalo Irán-Contra.
En estas ligas juega el desinformado gobierno de Nicaragua. Y es dentro de esta maraña de intereses, que los nicaragüenses hemos sido invitados por nuestro Presidente a ganarnos “unos bollitos” en I
rak.

Andrés Pérez Baltodano

 

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