SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLÍTICO • AÑO 7 • EDICION No. 332 • DEL 23 AL 29 DE MARZO DE 2003

La trampa logística de la guerra

Tim Coone

 

Ahora que ha comenzado la guerra en Irak, y los tanques estadounidenses se encaminan hacia Bagdad, muchos piensan que la guerra será rápida. Un bombardeo aéreo aplastante y acciones relámpagos de columnas armadas, con el apoyo de ataques aéreo transportados en lugares claves de la línea de asalto, pareciera ser la estrategia adoptada por las fuerzas de la coalición para asegurar una victoria rápida. Quizás cuando se publique este artículo, habrá terminado la guerra.

Pero, en su discurso el miércoles por la noche al empezar la guerra, el Presidente Bush señaló que posiblemente no sea tan rápida como muchos esperan. Esta duda también ha sido expresada por comandantes en el campo y por Jack Straw, el canciller británico, en declaraciones brindadas ante el parlamento el jueves.

Todo esto parece indicar que a pesar de la superioridad tecnológica que los Estados Unidos y sus aliados apuntan hacia el régimen debilitado de Saddam Hussein —comparado con las fuerzas que tenía a la disposición en la Guerra del Golfo en 1991— existe nerviosismo y dudas serias sobre la capacidad del ejército estadounidense de lograr una victoria rápida y decisiva.

Mucho depende de la logística, y si la estrategia defensiva de Irak puede empantanar a las tropas de EU y Gran Bretaña en los llanos de Babilonia y las calles de Bagdad y Basra.
Un antiguo dicho militar dice que los ejércitos se mueven por sus estómagos. También los ejércitos modernos motorizados requieren de enormes cantidades de municiones y combustible. Flotas de camiones cisternas entrarán a Irak detrás de las columnas armadas. Cada división que se despliega a la batalla requiere aproximadamente 1,000 toneladas de provisiones por día. Considerando que hay alrededor de siete divisiones estadounidenses-británicos listos para entrar en la batalla, se tendrán que mover al frente de batalla 7 mil toneladas de municiones, comida y combustible, cada día.

Para llegar a Bagdad, las fuerzas de la coalición enfrentarán dos grandes obstáculos naturales: los ríos Eufrates y Tigris. Los tanques y la artillería norteamericana no son anfibios, y es muy probable que los ingenieros militares de Saddam Hussein destruyan cualquier puente que cruce estos dos ríos cuando se retiren hacia Bagdad.

Por lo tanto, las fuerzas de la coalición tendrán que construir puentes pontón sobre estos dos amplios ríos, que está empezando a ensancharse con las lluvias y la nieve que se derrite en las montañas al norte y oeste de Irak y que por un milenio han inundado el llano de Babilonia. De hecho, a esta región se le nombró “la cuna de la civilización” debido a sus fértiles tierras que resultaron de las inundaciones anuales y dieron lugar al desarrollo de las primeras sociedades agrícolas de la raza humana.

El esfuerzo por cruzar estos ríos puede que sea el aspecto más vulnerables de toda la invasión de la coalición. El ejercito norteamericano utiliza lo que llama “puentes de tira flotante” que consisten en secciones cortas de puente, de siete metros de largo, conectados a pontones de aluminio. Estos son transportados en camiones y se descargan en el río que se quiere cruzar, y luego se maniobran con barcos pequeños para ubicarlos.

En condiciones ideales, un puente de 300 metros de largo – distancia necesaria para cruzar el Eufrates – se puede armar en un par de horas. Luego los 2 mil vehículos de toda una división armada podrían cruzar en 3 a 5 horas. Estas mismas secciones de puente pueden ser usadas como balsas, para cruzar equipo al otro lado en viajes pequeños. Una división podría tomar entre 10 y 20 horas para cruzar el río de esta manera.

Sin embargo, si los iraquíes decidieran concentrar su contra-ataque en estos puntos vulnerables críticos, toda la invasión se volvería un caos. Estos flotadores de aluminio se podrían dañar o destruir fácilmente con minas flotantes, artillería y misiles. Se podrían romper o abrir las represas río arriba para inundar los ríos. Todo el inventario militar norteamericano sólo cuenta con unas 400 unidades de estos puentes flotantes, y quizás la mitad de éstos se han enviado al Golfo para la invasión. Se requerirán alrededor de 50 unidades para cruzar los ríos Eufrates y Tigris. Una pérdida importante de estas unidades podría paralizar toda la invasión, y posiblemente dejar aislados a las columnas armadas de sus columnas de abastecimiento. Esta situación sería una pesadilla para las fuerzas de la coalición.

También hay que tomar en cuenta que los preparativos norteamericanos se han visto limitados por la negativa de Arabia Saudita y Turquía a prestarse como bases de lanzamiento para la invasión. Esto significa que todas las tropas y el equipo para la invasión, quizás un total de un millón de toneladas, tendrán que entrar por el embudo de los congestionados puertos de Kuwait.

Kuwait tiene sólo dos puertos que manejan carga no petrolera: Shuwaikh en la ciudad de Kuwait, que tiene una profundidad limitada, y Shuaiba, 45 kilómetros al sur. Ambos están dentro del alcance de los mísiles iraquíes el Al Samoud 2 – Irak todavía dispone de unos 60 misiles de este tipo, aunque los inspectores de armas de la ONU hayan destruido la otra mitad – así como los Scuds, que son de mayor alcance, que pueden tener escondidos todavía después de la primera Guerra en el Golfo.

Armado con bombas convencionales altamente explosivas, estos misiles podrían destruir o dañar seriamente a los principales muelles y grúas de estos dos puertos kuwaitíes, y así interrumpir la llegada de tropas de refuerzo y el abastecimiento necesario para sostener la guerra, si es que se prolonga varias semanas o meses.

Por lo tanto, una victoria rápida es crítica para las fuerzas de la coalición. Si hay otro resultado Saddam Hussein podría consideralo un triunfo.

Andrés Pérez Baltodano

 

Andrés Pérez Baltodano

 

Carlos F. Chamorro

 

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Edgard Martínez Ph.D

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