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La trampa logística de la guerra
Tim Coone
Ahora que
ha comenzado la guerra en Irak, y los tanques estadounidenses
se encaminan hacia
Bagdad, muchos piensan
que la guerra será rápida. Un bombardeo aéreo
aplastante y acciones relámpagos de columnas armadas,
con el apoyo de ataques aéreo transportados en lugares
claves de la línea de asalto, pareciera ser la estrategia
adoptada por las fuerzas de la coalición para asegurar
una victoria rápida. Quizás cuando se publique
este artículo, habrá terminado la guerra.
Pero, en su discurso el miércoles por la noche
al empezar la guerra, el Presidente Bush señaló que
posiblemente no sea tan rápida como muchos esperan.
Esta duda también ha sido expresada por comandantes
en el campo y por Jack Straw, el canciller británico,
en declaraciones brindadas ante el parlamento el jueves.
Todo esto parece indicar que
a pesar de la superioridad tecnológica que los Estados Unidos y sus aliados
apuntan hacia el régimen debilitado de Saddam Hussein —comparado
con las fuerzas que tenía a la disposición
en la Guerra del Golfo en 1991— existe nerviosismo
y dudas serias sobre la capacidad del ejército estadounidense
de lograr una victoria rápida y decisiva.
Mucho depende de la logística, y si la estrategia
defensiva de Irak puede empantanar a las tropas de EU y
Gran Bretaña en los llanos de Babilonia y las calles
de Bagdad y Basra.
Un antiguo dicho militar dice que los ejércitos
se mueven por sus estómagos. También los
ejércitos modernos motorizados requieren de enormes
cantidades de municiones y combustible. Flotas de camiones
cisternas entrarán a Irak detrás de las columnas
armadas. Cada división que se despliega a la batalla
requiere aproximadamente 1,000 toneladas de provisiones
por día. Considerando que hay alrededor de siete
divisiones estadounidenses-británicos listos para
entrar en la batalla, se tendrán que mover al frente
de batalla 7 mil toneladas de municiones, comida y combustible,
cada día.
Para llegar a Bagdad, las fuerzas
de la coalición
enfrentarán dos grandes obstáculos naturales:
los ríos Eufrates y Tigris. Los tanques y la artillería
norteamericana no son anfibios, y es muy probable que los
ingenieros militares de Saddam Hussein destruyan cualquier
puente que cruce estos dos ríos cuando se retiren
hacia Bagdad.
Por lo tanto, las fuerzas de
la coalición tendrán
que construir puentes pontón sobre estos dos amplios
ríos, que está empezando a ensancharse con
las lluvias y la nieve que se derrite en las montañas
al norte y oeste de Irak y que por un milenio han inundado
el llano de Babilonia. De hecho, a esta región se
le nombró “la cuna de la civilización” debido
a sus fértiles tierras que resultaron de las inundaciones
anuales y dieron lugar al desarrollo de las primeras sociedades
agrícolas de la raza humana.
El esfuerzo por cruzar estos
ríos puede que sea
el aspecto más vulnerables de toda la invasión
de la coalición. El ejercito norteamericano utiliza
lo que llama “puentes de tira flotante” que
consisten en secciones cortas de puente, de siete metros
de largo, conectados a pontones de aluminio. Estos son
transportados en camiones y se descargan en el río
que se quiere cruzar, y luego se maniobran con barcos pequeños
para ubicarlos.
En condiciones ideales, un puente
de 300 metros de largo – distancia
necesaria para cruzar el Eufrates – se puede armar
en un par de horas. Luego los 2 mil vehículos de
toda una división armada podrían cruzar en
3 a 5 horas. Estas mismas secciones de puente pueden ser
usadas como balsas, para cruzar equipo al otro lado en
viajes pequeños. Una división podría
tomar entre 10 y 20 horas para cruzar el río de
esta manera.
Sin embargo, si los iraquíes decidieran concentrar
su contra-ataque en estos puntos vulnerables críticos,
toda la invasión se volvería un caos. Estos
flotadores de aluminio se podrían dañar o
destruir fácilmente con minas flotantes, artillería
y misiles. Se podrían romper o abrir las represas
río arriba para inundar los ríos. Todo el
inventario militar norteamericano sólo cuenta con
unas 400 unidades de estos puentes flotantes, y quizás
la mitad de éstos se han enviado al Golfo para la
invasión. Se requerirán alrededor de 50 unidades
para cruzar los ríos Eufrates y Tigris. Una pérdida
importante de estas unidades podría paralizar toda
la invasión, y posiblemente dejar aislados a las
columnas armadas de sus columnas de abastecimiento. Esta
situación sería una pesadilla para las fuerzas
de la coalición.
También hay que tomar en cuenta que los preparativos
norteamericanos se han visto limitados por la negativa
de Arabia Saudita y Turquía a prestarse como bases
de lanzamiento para la invasión. Esto significa
que todas las tropas y el equipo para la invasión,
quizás un total de un millón de toneladas,
tendrán que entrar por el embudo de los congestionados
puertos de Kuwait.
Kuwait tiene sólo dos puertos que manejan carga
no petrolera: Shuwaikh en la ciudad de Kuwait, que tiene
una profundidad limitada, y Shuaiba, 45 kilómetros
al sur. Ambos están dentro del alcance de los mísiles
iraquíes el Al Samoud 2 – Irak todavía
dispone de unos 60 misiles de este tipo, aunque los inspectores
de armas de la ONU hayan destruido la otra mitad – así como
los Scuds, que son de mayor alcance, que pueden tener escondidos
todavía después de la primera Guerra en el
Golfo.
Armado con bombas convencionales
altamente explosivas, estos misiles podrían destruir o dañar seriamente
a los principales muelles y grúas de estos dos puertos
kuwaitíes, y así interrumpir la llegada de
tropas de refuerzo y el abastecimiento necesario para sostener
la guerra, si es que se prolonga varias semanas o meses.
Por lo tanto, una victoria rápida es crítica
para las fuerzas de la coalición. Si hay otro resultado
Saddam Hussein podría consideralo un triunfo.
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