SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLÍTICO • AÑO 7 • EDICION No. 332 • DEL 23 AL 29 DE MARZO DE 2003

¿Porqué falló la diplomacia?

Manuel Orozco

 

Washington DC. La invasión militar contra Irak es un caso más de la emblemática tensión en la que se encuentran los países en desarrollo y las potencias regionales en su relación con el poderío de Estados Unidos. Sin embargo, esta tensión no puede articularse con el discurso tradicional de los años ochenta sobre el rol del imperialismo norteamericano. Más bien debe ubicarse dentro del contexto global de la comunidad internacional, reconociendo el realismo del poder y los principios internacionales para prevenir, tanto los abusos del poder autoritario como los del poder imperial.

La discusión sobre la condena del incumplimiento de Irak en desarmarse de alguna manera ocupó un segundo plano ante la crítica internacional sobre el sentido guerrerista de Estados Unidos. Antes de la invasión a Irak la crítica internacional se concentró en el oportunismo de Estados Unidos en atacar a este país tan pronto como se pudiera. Mientras esa crítica aumentaba y ahora es aún mayor frente a la actual intervención, el problema Irak permaneció como un tema de referencia y no de prioridad.

La falta de responsabilidad de la comunidad internacional en no condenar a Irak es inaceptable, tanto como lo es la invasión misma de Estados Unidos e Inglaterra a Irak. El debate en el Consejo de Seguridad no era sobre el incumplimiento de Irak, sino sobre detener a Estados Unidos. La alternativa francesa fe aumentar el número de inspectores era incompleta porque no iba acompañada de mayor presión diplomática. Una opción más agresiva con un calendario de verificación como el propuesto por Canadá así como con la presión constante frente al régimen de Hussein pudo haber surtido efecto. Sin embargo, muchos países se opusieron a ejercer presión contra Irak bajo el escudo de la no intervención, mientras desatendían la amenaza a la seguridad internacional y la democracia en la región.

EE UU: conservadurismo y realismo

Obviamente, Estados Unidos desde un principio puso las cosas fáciles para que la comunidad internacional se opusiera y atendiera más la prepotencia de este país que la amenaza e incumplimiento de Irak. Primero, la administración está representada por un equipo altamente anti-democrático y pro-militarista. Desde mucho antes de los ataques terroristas, la política exterior del país se iba formulando con un concepto de seguridad nacional tradicional y de orientación hacia la diplomacia militar, haciendo resaltar la preponderancia de Estados Unidos como superpotencia como punto neurálgico. Un grupo de conservadores entre ellos Irving Bristol, Cheney, Rumsfeld, y Wolfowitz formaban parte de una propuesta conocida como el “Nuevo Siglo Americano” que formulaba la proyección del poder global de Estados Unidos. Muchos de ellos están en la administración actual ocupando puestos claves.

Segundo, el discurso político internacional de Estados Unidos se perfiló en un enfoque maniqueo, en donde quienes no están con Estados Unidos están en su contra. La reacción inmediata fue de reserva y crítica en la comunidad internacional.

Tercero, desde que Estados Unidos propuso la resolución 1441 en el Consejo de Seguridad la intención de invadir Irak era clara, asumiendo que el capital de apoyo logrado después de los ataques del 11 de Septiembre y la relativa victoria en Afganistán le proporcionarían suficiente respaldo contra Irak. Sin embargo, la resolución no iba atada de un proceso de verificación, ni de calendarización. Es importante recordar que fue contra Irak que Bush introdujo su famoso término de “regime change” (cambio de régimen), pero que no logró introducir en la resolución.

Cuarto, el temor de que lo que pasa en Irak puede pasarle a otro país desalentó a muchos a apoyar la opción militar. Muchos países se sintieron aludidos por tal situación, tanto enemigos como amigos.

Finalmente la economía política de la guerra no está ausente. Esta incluye los intereses en controlar el mercado petrolero del medio oriente hasta en penetrar la región con inversión. El Wall Street Journal reveló un plan Bush de reconstrucción de Irak que contenía la oferta de contratos por 1,500 millones de dólares con compañías americanas, dejaba de lado a organismos multilaterales como Naciones Unidas y solamente dejaba 50 millones en ayuda a organismos no-gubernamentales como Care. Entre las compañías interesadas en participar en la licitación están conglomerados asociados con actuales funcionarios como Dick Cheney.

El mundo de la post-guerra fría es muy diferente, y cambió aún más después del 11 de Septiembre porque afectó a la gran potencia. Las herramientas de política exterior tradicionalmente empleadas no tienen tanta utilidad, mucho menos el discurso de la fuerza o el ‘anti-imperialismo’. El mundo está más globalizado y las responsabilidades lo están también. La invasión a Irak no es responsabilidad exclusiva de Estados Unidos. Es una derrota diplomática de la comunidad internacional, Latinoamérica incluida.

El mundo se enfrenta ante un nuevo régimen de inseguridad, del que el terrorismo es sólo una fuente. La amenaza del terrorismo en América Latina radica en su inhabilidad de tener control sobre las fronteras o de prevenir el tráfico de armamentos. Y tanto la aprobación, como la censura acrítica de Estados Unidos, son insuficientes para la región.

Andrés Pérez Baltodano

 

Andrés Pérez Baltodano

 

Carlos F. Chamorro

 

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Edgard Martínez Ph.D

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