SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS POLÍTICO • AÑO 7 • EDICION No. 332 • DEL 23 AL 29 DE MARZO DE 2003
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La Frida posible

 

Esta no es la primera vez que se hace una película sobre Frida Khalo — “Frida: Naturaleza Viva” del mexicano Paul Leduc se estrenó en 1984, con Ofelia Medina en el papel estelar; pero es comprensible que Salma Hayek soñara con filmar una. La vida de la pintora tiene suficiente drama para varias telenovelas, desde el accidente que sufre en su juventud hasta su tormentosa relación con el muralista Diego Rivera. Y hay algo de sentido común en la idea de darle el papel de la pintora más conocida de México a la actriz mexicana mas cotizada de Hollywood, pero no fue fácil llegar a este punto.

Existían planes de hacer una película sobre Frida Khalo desde la década de los ochenta, cuando los árbitros del buen gusto re-descubrieron su pintura. Las norteamericanas Anabella Sciora, Madonna y Laura San Giacomo flirtearon en su momento con el papel.

Desde que Hayek emigró a Estados Unidos a mediados de los 90, cabildeó a su favor y logró vencer a su principal competencia, un proyecto paralelo con Jennifer Lopez. Su perseverancia rindió frutos. Hayek es la única Frida de Hollywood, con una nominación al Oscar como reconocimiento a sus esfuerzos, pero su triunfo está condicionado por las circunstancias que dieron luz a la película.

El guión es acreditado a cuatro escritores diferentes, sin contar una remozada final ejecutada por el actor Edward Norton — John D. Rockefeller en la película y novio de Hayek en la vida real—. La práctica es común, pero en este caso genera un producto sin voz propia. Se repasan grandes momentos en la vida de Khalo con la fastidiosa morosidad de un bio-film convencional. No se logra darle cohesión dramática a años de acontecimientos y experiencias.

Siendo una producción de capital norteamericano que debe recuperar su inversión en los Estados Unidos, la película necesariamente ha sido filmada en inglés. La mayor concesión que se hace es dejar que los personajes hablen con un acento hispanizado. El efecto es un poco desorientador al principio.

Un proyecto de esta naturaleza necesita todo el poder de la celebridad para ser viable. Además de Hayek, el actor inglés Alfred Molina es sorpresivamente efectivo como Diego Rivera. El reparto incluye además a Antonio Banderas, Ashley Judd, Valeria Golino y Geoffrey Rush. Todos acometen sus papeles con gusto, pero cuando el ritmo del guión decae, los actores pasan a ser estrellas jugando en una velada.

A pesar de todo, hay mucho que disfrutar en “Frida”. Hayek y Molina tienen sus buenos momentos, y la directora Juliet Taymor (Titus) es una estilista privilegiada que adora la imaginería latina – su primer éxito en el teatro no fue “El Rey León, sino “Juan Darién”, una obra con actores y marionetas basada en leyendas sudamericanas.

Puede sentirse el placer de Taymor al sumergir a Hayek en los retratos de la pintora. En la fiesta de boda, un retrato de los novios se rodea de parejas bailando mientras las imágenes pintadas se vuelven de carne y hueso. Cuando Frida y Diego toman por asalto Nueva York, una juguetona secuencia los imagina como figuras animadas. Impresionada por el cine mudo, Frida imagina a Diego como King Kong, en la cima del Empire States.

La película es hermosa. Puro caramelo visual. A pesar de las reproducciones exactas de sus pinturas más perturbadoras, la esencia del trabajo de Khalo, su morbosidad visceral, no encuentra eco en la visión de Taymor, que a veces es demasiado artificiosa y bonita para su beneficio. Sin embargo, todas las quejas parecen mezquinas. Sintetizar a Frida Khalo en una película es una tarea ingrata, que Taymor y Hayek han ejecutado con dignidad y gracia.

Sitio oficial:
www.miramax.com/frida