SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS | AÑO 7| No.326| DEL 9 AL 15 DE FEBRERO-2003

En Pantalla

Cómo vencer a la muerte
en menos de dos horas

Juan Carlos Ampié

 
Jake Gyllenhaal y Ellen Pompeo se reconfortan mutuamente en La Vida Continúa  

En 1989, una joven actriz llamada Rebecca Shaeffer fue asesinada por un fanático perturbado, justo frente a su casa de habitación en Hollywood. 14 años después, el novio que ella dejó atrás, Brad Silberling, es un director de cine que trata de destilar la traumática experiencia en “La Vida Continúa”.

La acción de la película inicia el día del entierro de Diana Floss, hija de Ben (Dustin Hoffman) y Jojo (Susan Sarandon), prometida de Joe (Jake Gyllenhaal). Diana y Joe han regresado al hogar paterno para su boda, pero ella resulta la víctima en una confrontación entre una mesera y su esposo. Joe decide quedarse a vivir con los que serían sus suegros, mientras avanza el proceso legal contra el homicida. Irónicamente, será un secreto que Joe guarda lo que provocará una verdadera crisis familiar, poniendo en evidencia la magnitud del dolor de los Floss.

Silberling se distancia de la circunstancias de la muerte de Schaeffer en el tiempo y el espacio - nada mas lejos de la vorágine de Hollyood a fines del siglo XX que un pequeño pueblo del noreste de los Estados Unidos en los 70s– , pero obviamente esa tragedia ha inspirado su última película. Sin embargo, la catarsis personal que el director ha experimentado al filmarla no se traduce en una experiencia de igual intensidad para el espectador.

El guión recurre constantemente a todas las convenciones dramáticas imaginables, sin darle convicción a una sola. Es como si repasara el catálogo de clichés para no lidiar con la realidad. Cada escena se siente incompleta, e inconexa con el resto: el incómodo velorio; la recaida de un familiar alcohólico; el maníaco intento por volver al trabajo; la climática escena del juzgado….Y todo ocurre en un lapso de tiempo compacto y breve, desafiando toda credibilidad.

Sarandon y Hoffman no tienen personajes que interpretar, sino momentos actorales, es decir, pequeños despliegues de histrionismo escritos como clips para la ceremonia del Oscar.

Sorpresivamente, la mejor actuación viene del personaje mas artificial. Bertie Knox (Ellen Pompeo), la mesera del dilapidado bar del pueblo, oportunamente también ha perdido a su pareja e inicia un incómodo romance con Joe. Pompeo tiene la aparicencia de Renée Zelwegger después de una larga huelga de hambre. Frágil y con una mirada de pájaro herido, encarna el dolor de la pérdida con una emoción auténtica que está ausente en el resto de personajes y en la película misma.

La película tiene sus momentos, y la banda sonora es excelente, pero La Vida Continúa se siente como una muerte lenta.

 
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