| El
rostro humano de la globalización
Remesas
y migración:
una oportunidad
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| Manuel
Orozco* |
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Washington,
DC. La migración y las remesas han venido
a simbolizar el rostro humano de la globalización.
Cientos de millones de personas emigran de su
país por varias razones y al mismo tiempo
continúan sus obligaciones familiares y
sociales con el país de origen. Es posible
que cada año se estén enviando dos
mil millones de dólares en remesas mundialmente.
América Latina, y Centroamérica
en particular, se ubica entre las regiones del
mundo que recibe importantes sumas. Esta tendencia
está mostrando y llamando la atención
de lograr mejores mecanismos de intercambio y
comunicación mediante la provisión
de políticas que faciliten el contacto
y la promoción del sector privado en conectarse
con las comunidades residentes en el exterior.
Un
mundo en movimiento
Una
de las manifestaciones de la globalización
se refiere a la forma en cómo las personas
se han vuelto más portátiles, nómadas
y transitorias, tanto física como tecnológicamente.
Cientos de millones de turistas viajan cada año;
más personas trabajan hoy en día
en corporaciones transnacionales y multinacionales
moviéndose a diferentes partes del mundo.
Los conflictos y desastres naturales producen
refugiados económicos y políticos
en todo el mundo; y los trabajadores continúan
reubicándose en diferentes partes fuera
de su país en busca de mejores condiciones
o de re-encontrarse con sus familiares, produciendo
redes de relación transnacional entre familias
viviendo en un lugar y otro.
Estimaciones
conservadoras sostienen que cada año hay
alrededor de 200 millones de inmigrantes en todo
el mundo. Este número es significativo
del creciente proceso de globalización,
en donde la migración no es unidireccional
del Sur al Norte, pero que ocurre en varias direcciones
y en diferentes formas, con trabajadores manuales
así como altamente calificados. De hecho,
en países como Jamaica o Guyana, el 70%
o más de la población de esos países
con educación universitaria están
residiendo en Estados Unidos.
El
impacto de las remesas en el mundo
Hasta
hace poco, sin embargo, la migración se
percibía como algo negativo. Hoy en día
se reconoce que su impacto es más complejo.
La migración ha beneficiado a los países
que exportan y los que importan mano de obra.
Algunos de los beneficios resultan del turismo,
la telecomunicación, la inversión,
el transporte y las remesas. Los flujos de remesas
han venido creciendo significativamente en los
últimos diez años y se estima que
representan alrededor de US$200 mil millones anuales,
con un promedio entre US$700 y US$1,000 dólares
por inmigrante. Por ejemplo, el Banco Mundial
usando información limitada a menos de
cincuenta países estimaba que las remesas
habían crecido de 34 mil millones en 1990
a 70 mil millones en 2000. Este dato apenas ilustra
la magnitud de las remesas, que al considerar
el sector informal, los restantes países
del mundo, los diferentes métodos de envío
y el interés de los gobiernos por cuantificar
los montos, las cifras ascienden entre los 140
y 200 mil millones.
Latinoamérica
recibe un cuarto de los flujos. Estudios realizados
por el autor en el Banco Interamericano (BID)
demuestran que las cifras son más altas,
para 18 países las remesas se estimaban
en 23,000 millones. En todas las regiones del
mundo estas cifras generalmente se distribuyen
entre un gran país receptor que recibe
al menos 50% y pequeños países.
Sin embargo, independientemente de si el país
es un gran receptor o no, el impacto en las economías
es significativo. Como muestra el cuadro de abajo,
las remesas superan el volumen de la ayuda y la
inversión. Aún en países
como México, las remesas en el año
2002 llegarán a representar un 90% de la
inversión extranjera.
Centro
América y Nicaragua en el contexto remesador
¿Qué significado tienen estos volúmenes
de dinero? Estos volúmenes tienen muchas
explicaciones. Por un lado, no se puede negar
que la migración y las remesas reflejan
el fracaso de los gobiernos de promover el desarrollo
interno del país, invitando o a veces expulsando
a sus ciudadanos a otros países. Centro
América no escapa esa realidad, la ola
de represión en toda la región;
la secuela de expropiaciones, el racionamiento
en nombre de la ‘intervención’
e incontrolable inflación en Nicaragua
durante los ochenta; , la inhabilidad regional
de distribuir la riqueza ante tanta desigualdad;
las desapariciones en Guatemala y matanzas en
El Salvador, o la persecución de jóvenes
en Honduras y Nicaragua para reclutarlos en el
servicio militar, fueron todos factores que expulsaron
a la gente. Por otro lado, es importante reconocer
que una vez establecidos los vínculos entre
el hogar de origen y la nueva patria de residencia,
se establecen relaciones transnacionales de gran
envergadura que promueven el contacto y la continuidad
de la migración y el apoyo a las familias.
El
efecto va más allá de las remesas.
En El Salvador la comunidad residente en el exterior
se ha organizado para donar asistencia a sus pueblos
de origen, de igual forma lo hacen los Hondureños
y Guatemaltecos. Los vínculos ahí
están, pero faltan políticas que
motiven y fortalezcan el contacto. Nicaragua y
su comunidad en el exterior representan una oportunidad
para el desarrollo, e incluso la reconciliación.
Existen más de 300,000 Nicaragüenses
en Estados Unidos y al menos 400,000 en Costa
Rica que envían unos 600 millones anuales,
es decir un cuarto del ingreso nacional del país.
Estos mismos nicaragüenses paisanos son los
principales consumidores del turismo del país.
De acuerdo a empresas que rentan carros la gran
mayoría de los que alquilan autos son nicaragüenses
que están de visita por el país
y salen a redescubrir su tierra que dejaron hace
años. Las llamadas telefónicas de
larga distancia en su mayoría son entre
hogares más que entre negocios beneficiando
a empresas de telecomunicación.
El
esfuerzo por validar la contribución de
la comunidad nicaragüense en el exterior
podría ser un primer paso en promover el
intercambio. Pero hay más que hacer. Una
estrategia económica ligada al intercambio
económico con la comunidad en el exterior
produciría un aumento de la tasa de crecimiento
del PIB en por lo menos de un 1%. Esta estrategia
incluye la incorporación de mecanismos
que reduzcan los costos de envío de remesas,
la bancarización de los hogares que envían
y reciben remesas, la promoción del turismo
nicaragüense, así como del comercio
‘nostálgico’, es decir la venta
en cantidad de productos nacionales como el nacatamal,
el queso, el ron y hasta manufacturas como las
sillas de mimbre, las hamacas, entre otros. La
oportunidad está ahí, y la comunidad
nicaragüense la está ofreciendo a
gritos. Así como también grita por
tener representación y voz con el derecho
al voto en el exterior. No hay que dejar pasar
esa oportunidad, mucho menos asumir que ‘no
importa’ porque al final uno está
obligado a ayudar a su familia.
*Director
del proyecto centroamericano del Diálogo
Interamericano

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