SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS | AÑO 7| No.317| DEL 24 AL 30 DE NOVIEMBRE DE 2002

Memo desde Washington

El rostro humano de la globalización

Remesas y migración:
una oportunidad

 
Manuel Orozco*  

Washington, DC. La migración y las remesas han venido a simbolizar el rostro humano de la globalización. Cientos de millones de personas emigran de su país por varias razones y al mismo tiempo continúan sus obligaciones familiares y sociales con el país de origen. Es posible que cada año se estén enviando dos mil millones de dólares en remesas mundialmente. América Latina, y Centroamérica en particular, se ubica entre las regiones del mundo que recibe importantes sumas. Esta tendencia está mostrando y llamando la atención de lograr mejores mecanismos de intercambio y comunicación mediante la provisión de políticas que faciliten el contacto y la promoción del sector privado en conectarse con las comunidades residentes en el exterior.

Un mundo en movimiento

Una de las manifestaciones de la globalización se refiere a la forma en cómo las personas se han vuelto más portátiles, nómadas y transitorias, tanto física como tecnológicamente. Cientos de millones de turistas viajan cada año; más personas trabajan hoy en día en corporaciones transnacionales y multinacionales moviéndose a diferentes partes del mundo. Los conflictos y desastres naturales producen refugiados económicos y políticos en todo el mundo; y los trabajadores continúan reubicándose en diferentes partes fuera de su país en busca de mejores condiciones o de re-encontrarse con sus familiares, produciendo redes de relación transnacional entre familias viviendo en un lugar y otro.

Estimaciones conservadoras sostienen que cada año hay alrededor de 200 millones de inmigrantes en todo el mundo. Este número es significativo del creciente proceso de globalización, en donde la migración no es unidireccional del Sur al Norte, pero que ocurre en varias direcciones y en diferentes formas, con trabajadores manuales así como altamente calificados. De hecho, en países como Jamaica o Guyana, el 70% o más de la población de esos países con educación universitaria están residiendo en Estados Unidos.

El impacto de las remesas en el mundo

Hasta hace poco, sin embargo, la migración se percibía como algo negativo. Hoy en día se reconoce que su impacto es más complejo. La migración ha beneficiado a los países que exportan y los que importan mano de obra. Algunos de los beneficios resultan del turismo, la telecomunicación, la inversión, el transporte y las remesas. Los flujos de remesas han venido creciendo significativamente en los últimos diez años y se estima que representan alrededor de US$200 mil millones anuales, con un promedio entre US$700 y US$1,000 dólares por inmigrante. Por ejemplo, el Banco Mundial usando información limitada a menos de cincuenta países estimaba que las remesas habían crecido de 34 mil millones en 1990 a 70 mil millones en 2000. Este dato apenas ilustra la magnitud de las remesas, que al considerar el sector informal, los restantes países del mundo, los diferentes métodos de envío y el interés de los gobiernos por cuantificar los montos, las cifras ascienden entre los 140 y 200 mil millones.

Latinoamérica recibe un cuarto de los flujos. Estudios realizados por el autor en el Banco Interamericano (BID) demuestran que las cifras son más altas, para 18 países las remesas se estimaban en 23,000 millones. En todas las regiones del mundo estas cifras generalmente se distribuyen entre un gran país receptor que recibe al menos 50% y pequeños países. Sin embargo, independientemente de si el país es un gran receptor o no, el impacto en las economías es significativo. Como muestra el cuadro de abajo, las remesas superan el volumen de la ayuda y la inversión. Aún en países como México, las remesas en el año 2002 llegarán a representar un 90% de la inversión extranjera.

Centro América y Nicaragua en el contexto remesador
¿Qué significado tienen estos volúmenes de dinero? Estos volúmenes tienen muchas explicaciones. Por un lado, no se puede negar que la migración y las remesas reflejan el fracaso de los gobiernos de promover el desarrollo interno del país, invitando o a veces expulsando a sus ciudadanos a otros países. Centro América no escapa esa realidad, la ola de represión en toda la región; la secuela de expropiaciones, el racionamiento en nombre de la ‘intervención’ e incontrolable inflación en Nicaragua durante los ochenta; , la inhabilidad regional de distribuir la riqueza ante tanta desigualdad; las desapariciones en Guatemala y matanzas en El Salvador, o la persecución de jóvenes en Honduras y Nicaragua para reclutarlos en el servicio militar, fueron todos factores que expulsaron a la gente. Por otro lado, es importante reconocer que una vez establecidos los vínculos entre el hogar de origen y la nueva patria de residencia, se establecen relaciones transnacionales de gran envergadura que promueven el contacto y la continuidad de la migración y el apoyo a las familias.

El efecto va más allá de las remesas. En El Salvador la comunidad residente en el exterior se ha organizado para donar asistencia a sus pueblos de origen, de igual forma lo hacen los Hondureños y Guatemaltecos. Los vínculos ahí están, pero faltan políticas que motiven y fortalezcan el contacto. Nicaragua y su comunidad en el exterior representan una oportunidad para el desarrollo, e incluso la reconciliación. Existen más de 300,000 Nicaragüenses en Estados Unidos y al menos 400,000 en Costa Rica que envían unos 600 millones anuales, es decir un cuarto del ingreso nacional del país. Estos mismos nicaragüenses paisanos son los principales consumidores del turismo del país. De acuerdo a empresas que rentan carros la gran mayoría de los que alquilan autos son nicaragüenses que están de visita por el país y salen a redescubrir su tierra que dejaron hace años. Las llamadas telefónicas de larga distancia en su mayoría son entre hogares más que entre negocios beneficiando a empresas de telecomunicación.

El esfuerzo por validar la contribución de la comunidad nicaragüense en el exterior podría ser un primer paso en promover el intercambio. Pero hay más que hacer. Una estrategia económica ligada al intercambio económico con la comunidad en el exterior produciría un aumento de la tasa de crecimiento del PIB en por lo menos de un 1%. Esta estrategia incluye la incorporación de mecanismos que reduzcan los costos de envío de remesas, la bancarización de los hogares que envían y reciben remesas, la promoción del turismo nicaragüense, así como del comercio ‘nostálgico’, es decir la venta en cantidad de productos nacionales como el nacatamal, el queso, el ron y hasta manufacturas como las sillas de mimbre, las hamacas, entre otros. La oportunidad está ahí, y la comunidad nicaragüense la está ofreciendo a gritos. Así como también grita por tener representación y voz con el derecho al voto en el exterior. No hay que dejar pasar esa oportunidad, mucho menos asumir que ‘no importa’ porque al final uno está obligado a ayudar a su familia.

*Director del proyecto centroamericano del Diálogo Interamericano