El
cierre de las salas
de la Propiedad
Derecho
de propiedad y el estigma de la “justicia
rojinegra”
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| Roberto
Larios* |
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La
decisión de la Corte Suprema de Justicia
de cerrar tres de las cuatro Salas de la Propiedad
que existían en Matagalpa, León
y Managua, ha vuelto de pronto a colocar sobre
el tapete de la discusión el eterno “problema
de la propiedad”.
Y lo pongo así, entre comillas, porque
hace ya largo rato que esa descripción
tan simple acabó convirtiéndose
en un cliché, en una frase trillada que
no refleja la dimensión actual de este
conflicto, surgido a lo largo de los años
80 y resuelto a lo largo de los noventa.
Las
Salas de la Propiedad fueron creadas por el artículo
69 de la Ley 278, “Ley sobre Propiedad Reformada
Urbana y Agraria”, promulgada por el ex
presidente Arnoldo Alemán el 12 de diciembre
de 1997. Fueron creadas como tribunales de segunda
instancia dependientes de los Tribunales de Apelaciones
y la Corte, en cumplimiento de la ley y con apoyo
de la cooperación externa, creó
dos en Managua, una en León y otra en Matagalpa.
Las
Salas surgieron en medio de una gran contradicción
entre lo real y lo supuesto, pues mientras la
Asociación de Confiscados pregonaba la
existencia de más de siete mil casos de
propiedades confiscadas pendientes de solución,
los registros oficiales de casos presentados ante
los tribunales de todo el país, no llegaban
a más de 700. Es decir, apenas un diez
por ciento de los supuestos casos existentes en
los archivos de la Asociación de Confiscados.
Por
eso no es de extrañarse que en tres años
de funcionamiento de las Salas, únicamente
cien casos hayan sido presentados ante ellas.
Es más, el hecho de que en el año
2000 —el año en que fueron abiertas—
sólo 33 injustamente confiscados hayan
llevado sus casos ante las Salas, pone en evidencia
una de dos posibilidades: o no había tal
“problema de la propiedad” o no había
interés de parte de los supuestos afectados
para buscar una salida legal al conflicto.
Antes
de escribir este artículo, me encontré
con mi amigo Luis Raúl Cerna hijo, con
quien estuve comentando la situación. Y
como sé que la opinión de don Luis
Raúl Cerna padre es muy autorizada en el
tema, le pregunté:
—Hombré,
¿y qué piensa Don Raúl del
cierre de las Salas de la Propiedad?
—Nosotros
creemos que están bien cerradas; para la
cantidad tan pequeña de casos que se estaban
tramitando, mejor que la plata se gaste en otra
cosa”, fue la respuesta.
La Corte Suprema de Justicia y organismos como
el BID invirtieron casi diez millones de córdobas
en acondicionar las Salas de la Propiedad (muebles,
edificios, etcétera) y en pagar salarios
a los Jueces que las integraban durante tres años.
Con una operación de matemática
simple en relación a los casos tramitados
nos damos cuenta que fue dinero mal invertido.
No en balde el cierre de las Salas cuenta con
el respaldo de los organismos internacionales.
En
mi opinión, el “problema de la propiedad”,
visto como el gravísimo conflicto creado
por la revolución al confiscar a unos y
beneficiar a otros con propiedades que ya tenían
dueño, abusiva o justamente, según
el caso, ya no existe. Al menos, en las dimensiones
en que algunos todavía pretenden situarlo.
La verdad es que veinte años después,
miles de propiedades han sido legalizadas en estricto
derecho, otras miles han sido indemnizadas, otras
recuperadas y otras, hay que decirlo, perdidas
para siempre. Esa es la realidad, nos guste o
no reconocerlo.
Por
otra parte, conviene analizar otros detalles de
la información servida por los diferentes
medios de comunicación a propósito
del cierre de las Salas de la Propiedad. Por un
lado, la decisión se toma estando la Corte
Suprema en manos de una Presidenta sandinista,
y por otro, fuentes anónimas comentan que
en el Poder Judicial “el ochenta por ciento
de los jueces son sandinistas”, como si
no hubieran además jueces liberales y conservadores.
¿Y
cuál es el pecado de que un juez sea afin
al sandinismo? ¿Acaso no establece claramente
la Constitución Política el derecho
de cada quien a profesar el credo político
de su preferencia, sin temor a sufrir discriminación
por ello? Yo como funcionario público,
en un cargo no político, me debo a mis
obligaciones profesionales. Fuera de mi centro
de trabajo tengo el derecho a hacer vida política
en el partido que se me antoje.
Ahora,
si de justicia rojinegra se trata, recordemos
que son precisamente los jueces sandinistas quienes
actualmente prestigian con sus actos a la justicia
nicaragüense. ¿Quién se atreve
a estas alturas a poner en tela de duda la capacidad
y la honestidad de la doctora Gertrudis Arias,
casi elevada a la categoría de heroína
nacional?; o más recientemente a la doctora
Juana Méndez, célebre por el juicio
de la “guaca”? O vayámonos
más atrás y recordemos el paso por
los tribunales de primera instancia de la doctora
Martha Quezada, ahora magistrada del Tribunal
de Apelaciones, cargo ganado a puro pulso y no
con padrinazgos partidarios.
Pongo estos tres botones por ejemplo. En todos
estos casos estamos hablando de juezas que nunca
han negado sus simpatías por el sandinismo
y que con su actuación profesional prestigian
al Poder Judicial.
Y
qué decir de la nueva Presidenta de la
Corte, electa con un respaldo popular abrumador,
que ya lo quisieran muchos políticos. ¿Es
descalificable la doctora Alba Luz Ramos sólo
por su condición de sandinista? Juzgue
usted, estimado lector.
*Abogado.
Ex vocero de la Corte Suprema de Justicia

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