La
ruta TLC: entre
apologías y críticas
Iván
Olivares
Visto
por algunos como una gran oportunidad de acceder
a inmensos mercados, y por otros como una tragedia
porque tenemos nada que producir, el Tratado de
Libre Comercio con Estados Unidos pondrá
a prueba la capacidad de los centroamericanos
para presentarse a negociar como uno solo, a pesar
de las diferencias entre todos.
En
un seminario auspiciado por la Fundación
Friedrich Ebert, la experta costarricense Doris
Osterloff enumeró, algunos de los grandes
temas en los que tendremos que prepararnos como
naciones para obtener las mayores ventajas posibles
al momento de negociar el tratado.
Entre
esos están los subsidios, las reglas antidumping
y las salvaguardias que pone cada país
para proteger algunos rubros de su economía.
También, las normas técnicas, sanitarias,
fito, y zoosanitarias que debemos cumplir para
acceder a los mercados extranjeros.
Habrá
que llegar a acuerdos en materia de servicios,
inversión, propiedad intelectual, compras
del sector público, mecanismos de solución
de controversias, programas de desgravación
arancelaria y reglas de origen, como componentes
de un gran acuerdo comercial regional.
El
peso comercial
Los
motivos para tomarse tantas molestias están
dados por los 10,185 millones de dólares
que Centro América exportó hacia
Estados Unidos el año pasado, y los 8,310
millones que importó de esa nación
en el mismo período, lo que lo convierte
en nuestro principal socio comercial.
A
pesar de lo elevadas que parecen esas cifras a
simple vista, la verdad es que para Estados Unidos,
Centroamérica sólo representa el
1% de sus compras y el 1.2% de sus ventas.
Visto desde nuestra óptica, esos mismos
millones significan el 46% de nuestras ventas,
y el 41% de nuestras compras.
“Centro América es el segundo comprador
de Centro América”, explicó
el nicaragüense Edgar Chamorro, de la Secretaría
de Integración Económica Centroamericana,
(SIECA), al recordar que el comercio intrarregional
alcanza los 2,870 millones de dólares,
lo que representa el 23 por ciento del total de
lo que exporta la región, y la subsistencia
de unos tres millones de personas.
La
Unión Europea es el tercero
Regresando
a Estados Unidos, las cifras del SIECA, citadas
por Osterloff, señalan que el istmo recibió
inversiones por 572 millones de dólares
provenientes de esa nación.
La
conjugación de estos datos debería
ser suficiente para decidir que el ALCA y el TLC
son no sólo obligatorios sino también
deseables, pero no todos comparten esa tesis.
Las
críticas al TLC
Uno
de ellos es el sociólogo Oscar René
Vargas, para quien el ALCA representa muchos retos
y casi ninguna oportunidad, por las asimetrías
existentes entre nuestras economías y la
de los dos grandes del continente: Estados Unidos
y Canadá.
La
tesis de Vargas es que, ante el fracaso de la
clase dominante de la mayoría de naciones
latinoamericanas, que durante 10 ó 12 años
dijeron que el ajuste estructural y la política
neoliberal eran la llave para abrir el progreso
de sus países, el ALCA surge como la quimera
que habrá de resolver todos los problemas,
al lograr acceso a un mercado tan grande como
ese, “pero si vos no producís, no
tenés acceso a vender nada”.
No
hay vacuna
En
el Siglo XXI, muchas inversiones en nuestros países
provienen del área centroamericana, principalmente
en el sector servicio. Para probarlo, basta recordar
que Campero, Credomatic, Hilasal y Dos Pinos,
son marcas reconocidas en toda el área,
sin dejar de lado los grandes grupos financieros
que han abierto bancos en toda la región.
Entonces,
¿por qué ha sido tan difícil
lograr la integración?
“El cemento de la integración aún
no está preparado para darle a la región
consistencia, capacidad y alternativas de bienestar
a los 35 millones de habitantes. La integración
necesita cooperación, logística
y políticas precisas de distribución
de ingresos, resolver la no convergencia arancelaria
cedida a terceros, los problemas limítrofes,
la incompetencia institucional y un plan de cooperación”,
dice el economista Alejandro Aráuz.
En
la actualidad, sólo el gobierno y los grupos
económicos poderosos que tuvieron la información,
la expectativa y los vínculos directos
con los ministros, determinan el rumbo de las
negociaciones, pero Aráuz exhortó
al gobierno a consultar a otros sectores como
la pequeña y mediana empresa, los consumidores
y el agropecuario.
No
inflar expectativas
Chamorro
por su parte, recomienda no crear tantas expectativas,
porque “al negociar, no podemos ganar en
todo, pues nuestras limitaciones son muchas”.
Para
él, “ganar” llegará
con el tiempo, pero a corto plazo ve más
sacrificios que ganancias, con la esperanza que
a mediano plazo, “comenzaremos a ver las
ventajas de un mercado libre, abierto, y con reglas
definidas”.
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