SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS | AÑO 7| No.313| DEL 27 DE OCTUBRE AL02 DE NOVIEMBRE DE 2002

Economía

La ruta TLC: entre
apologías y críticas

Iván Olivares

 
   

Visto por algunos como una gran oportunidad de acceder a inmensos mercados, y por otros como una tragedia porque tenemos nada que producir, el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos pondrá a prueba la capacidad de los centroamericanos para presentarse a negociar como uno solo, a pesar de las diferencias entre todos.

En un seminario auspiciado por la Fundación Friedrich Ebert, la experta costarricense Doris Osterloff enumeró, algunos de los grandes temas en los que tendremos que prepararnos como naciones para obtener las mayores ventajas posibles al momento de negociar el tratado.

Entre esos están los subsidios, las reglas antidumping y las salvaguardias que pone cada país para proteger algunos rubros de su economía. También, las normas técnicas, sanitarias, fito, y zoosanitarias que debemos cumplir para acceder a los mercados extranjeros.

Habrá que llegar a acuerdos en materia de servicios, inversión, propiedad intelectual, compras del sector público, mecanismos de solución de controversias, programas de desgravación arancelaria y reglas de origen, como componentes de un gran acuerdo comercial regional.

El peso comercial

Los motivos para tomarse tantas molestias están dados por los 10,185 millones de dólares que Centro América exportó hacia Estados Unidos el año pasado, y los 8,310 millones que importó de esa nación en el mismo período, lo que lo convierte en nuestro principal socio comercial.

A pesar de lo elevadas que parecen esas cifras a simple vista, la verdad es que para Estados Unidos, Centroamérica sólo representa el 1% de sus compras y el 1.2% de sus ventas.
Visto desde nuestra óptica, esos mismos millones significan el 46% de nuestras ventas, y el 41% de nuestras compras.
“Centro América es el segundo comprador de Centro América”, explicó el nicaragüense Edgar Chamorro, de la Secretaría de Integración Económica Centroamericana, (SIECA), al recordar que el comercio intrarregional alcanza los 2,870 millones de dólares, lo que representa el 23 por ciento del total de lo que exporta la región, y la subsistencia de unos tres millones de personas.

La Unión Europea es el tercero

Regresando a Estados Unidos, las cifras del SIECA, citadas por Osterloff, señalan que el istmo recibió inversiones por 572 millones de dólares provenientes de esa nación.

La conjugación de estos datos debería ser suficiente para decidir que el ALCA y el TLC son no sólo obligatorios sino también deseables, pero no todos comparten esa tesis.

Las críticas al TLC

Uno de ellos es el sociólogo Oscar René Vargas, para quien el ALCA representa muchos retos y casi ninguna oportunidad, por las asimetrías existentes entre nuestras economías y la de los dos grandes del continente: Estados Unidos y Canadá.

La tesis de Vargas es que, ante el fracaso de la clase dominante de la mayoría de naciones latinoamericanas, que durante 10 ó 12 años dijeron que el ajuste estructural y la política neoliberal eran la llave para abrir el progreso de sus países, el ALCA surge como la quimera que habrá de resolver todos los problemas, al lograr acceso a un mercado tan grande como ese, “pero si vos no producís, no tenés acceso a vender nada”.

No hay vacuna

En el Siglo XXI, muchas inversiones en nuestros países provienen del área centroamericana, principalmente en el sector servicio. Para probarlo, basta recordar que Campero, Credomatic, Hilasal y Dos Pinos, son marcas reconocidas en toda el área, sin dejar de lado los grandes grupos financieros que han abierto bancos en toda la región.

Entonces, ¿por qué ha sido tan difícil lograr la integración?
“El cemento de la integración aún no está preparado para darle a la región consistencia, capacidad y alternativas de bienestar a los 35 millones de habitantes. La integración necesita cooperación, logística y políticas precisas de distribución de ingresos, resolver la no convergencia arancelaria cedida a terceros, los problemas limítrofes, la incompetencia institucional y un plan de cooperación”, dice el economista Alejandro Aráuz.

En la actualidad, sólo el gobierno y los grupos económicos poderosos que tuvieron la información, la expectativa y los vínculos directos con los ministros, determinan el rumbo de las negociaciones, pero Aráuz exhortó al gobierno a consultar a otros sectores como la pequeña y mediana empresa, los consumidores y el agropecuario.

No inflar expectativas

Chamorro por su parte, recomienda no crear tantas expectativas, porque “al negociar, no podemos ganar en todo, pues nuestras limitaciones son muchas”.

Para él, “ganar” llegará con el tiempo, pero a corto plazo ve más sacrificios que ganancias, con la esperanza que a mediano plazo, “comenzaremos a ver las ventajas de un mercado libre, abierto, y con reglas definidas”.

 

 
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