Partidos,
Alianzas, e ideologías
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| Joaquín Villalobos |
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Oxford.
Cuando nuevas realidades políticas y sociales
obligan a los partidos a cambios de estrategia,
hay dos quejas comunes al interior de los mismos:
señalar que se están olvidando los
principios y la ideología, y que se está
abandonando a las bases. Esto es una confusión
entre medios y objetivos, ya que el aparato partidario
y la estrategia son sólo medios. Esto ocurre
en la izquierda y la derecha. Ganar elecciones,
gobernar y mantenerse gobernando, impone combinar
armónicamente: proyecto ideológico,
motivaciones de la militancia y requerimientos
de la estrategia. Un partido que responde sólo
a su militancia, olvida que todo proyecto ideológico
se debe a un horizonte más amplio. Rosalynn
Carter dijo que un gran liderazgo no es el que
lleva a la gente donde ésta quiere ir,
sino el que es capaz de llevarla adonde debe ir,
aunque no necesariamente quiera.
Esta
problemática es ahora más complicada
debido a cinco circunstancias particulares: el
derrumbe del comunismo, el fin de la guerra en
nuestros países, los cambios en las posiciones
de poder económico en la que unos subieron
y otros bajaron, la crítica de la prensa
que exhibe los errores de los políticos,
y la ausencia de planes para institucionalizar
y profesionalizar la política. Las dos
primeras circunstancias fomentaron la idea de
que las ideologías ya no tenían
sentido; la tercera motivó acciones políticas
por resentimientos y la cuarta y quinta han dado
fuerza a la idea de que los políticos y
la política no sirven para nada. Lo anterior
más la creciente apatía de la gente
permiten afirmar que tenemos en desarrollo un
fenómeno de antipolítica que ya
tiene seguidores, lo único que le falta
es cabeza.
Tantos
años en guerra nos dejaron con la idea
de que las ideologías, más que constituir
una visión del mundo acerca de cómo
deben ser las relaciones de unos con otros, eran
las definiciones que nos servían para mandar
al otro, al otro mundo. Las fuerzas políticas
establecieron su pensamiento a partir de la negación
del contrario: revolución y contrarrevolución,
comunismo y anticomunismo etc. Esa visión
extrema y excluyente de lo que era ideología
y los cambios ocurridos en el mundo, hicieron
pensar que ideologías, izquierda y derecha,
perdían sentido. Sin embargo, el avance
de la democracia no significó la victoria
de la derecha o de la izquierda, sino el triunfo
de las derechas e izquierdas moderadas sobre sus
propios extremos.
Perdieron
las ideas que proponían la dictadura y
el uso del gobierno en función ya fuera
de un partido único, o de los únicos
capitalistas. No era suficiente el libre mercado
para definir que un país era libre, como
en el Chile de Pinochet, ahora que China Popular
es capitalista con una dictadura de izquierda,
queda claro que no basta poder vender con libertad,
sino que es fundamental poder pensar con libertad.
Ganó
el reformismo
Las
izquierdas y derechas reformistas no perdieron
sentido, sino que lo ganaron, ambas crecieron
y gobiernan ahora gran parte del mundo. Si pudiéramos
simplificar sus definiciones podríamos
decir que para la primera lo social es un propósito
y para la segunda una consecuencia, en síntesis
la política se volvió más
sofisticada. Las posiciones sobre: gasto público,
papel del Estado, selección del sector
motriz de la economía (industria, agricultura,
servicios o banca), política fiscal, mercado
interno, salarios y redistribución del
ingreso, son entre otras, concreciones de una
definición ideológica. En una democracia
madura, la izquierda se preocupa más por
distribuir para generar seguridad y la derecha
por producir para generar riqueza, pero ambas
están asentadas en el respeto a la libertad.
Tener
ideologías no es malo, lo que es malo,
como lo señala Rodrigo Borja ex presidente
de Ecuador, es que cobren fuerza “los que
hacen política hablando contra la política
y toman una posición ideológica
postulando la muerte de las ideologías”.
La antipolítica y la proclamación
del fin de las ideologías aprovechando
las bondades de la democracia, abren espacios
a la intolerancia y sustituyen una clase política
imperfecta o corrupta, pero con reglas, por un
redentor moral sin reglas, esto termina generando
un sistema corrupto que hace retornar todas las
maldades del autoritarismo. Las ideologías
políticas y los partidos son fundamentales
para la estabilidad democrática. Hay ideologías
porque los seres humanos jamás pensarán
todos de igual manera, el éxito de la democracia
liberal es, precisamente ser el menos peor de
todos los sistemas para la convivencia pacífica
de los que piensan diferente.
Cuando la ideología impide construir un
programa acoplado a la realidad, no es pecado
reformarla: una ideología política
que no se reforma se convierte en religión.
La llamada “Tercera vía” abanderada
por Tony Blair, es una propuesta de reforma a
la socialdemocracia para adaptarla a la revolución
tecnológica y la globalización,
es un intento de respuesta a la pregunta de cómo
mantener lo social como propósito, en un
mundo donde la iniciativa individual tomó
el primer plano. Adaptarse no es invento de la
izquierda, en la misma Gran Bretaña los
conservadores, incluida Margaret Thatcher madre
del neoliberalismo, respetan y mantienen políticas
sociales de la izquierda.
Todos
los partidos se enfrentan a decisiones que guardan
relación con lo planteado, tales como:
quiénes deben ser sus candidatos, cuáles
son los límites de sus alianzas y pactos,
qué espacios de gobierno corresponden a
su militancia y cuáles necesitan o deben
abrirse a otros y, cómo concretar proyectos
de gobierno realistas, todo esto bajo la premisa
de “ganar y gobernar”, porque no tiene
sentido perder elecciones por defender la ideología,
de lo que se trata es que ésta, convertida
en programa, sirva para ganar. Por ello es importante
no confundir la ideología con la historia,
ni la militancia con los votantes, ni el programa
con las antiguas consignas de guerra.
Pragmatismo
no es oportunismo
En
política el robo de banderas programáticas,
la cooptación de masa crítica del
contrario, la disputa por líderes populares,
la incorporación de opositores al gobierno
y copiar la estrategia del contrario son acciones
legítimas, porque la política es
esencialmente pragmática y esto no supone
debilidad ideológica de los partidos. La
democracia exige renovación, realismo,
inclusión y eficacia. La diferencia entre
las posiciones pragmáticas y las oportunistas
es que para las primeras el beneficio es social
y colectivo, para las segundas es individual.
La derecha es fuerte en economía y la izquierda
en lo social, si la izquierda llegara al gobierno
necesitaría masa crítica de la derecha
para dirigir la economía.
El
equilibrio entre técnicos, activistas,
políticos estrategas y líderes locales
es lo que permite a un partido renovarse en gente
e ideas para poder ganar y gobernar. Cada sector
suda la camiseta de diferente manera, y no siempre
adentro del partido. Posiblemente lo correcto
sea buscar los líderes de las comunidades
para los gobiernos locales, combinar estrategas
políticos y técnicos en el ejecutivo
y colocar los mejores políticos negociadores
en el parlamento. Ni las alcaldías, ni
todos los puestos del ejecutivo requieren plena
identidad ideológica con el partido, es
en la Asamblea Legislativa donde esto es decisivo,
porque las mayorías parlamentarias se logran
con la lealtad de los votos propios y la capacidad
de obtener vía negociación los del
contrario. Las divisiones de los partidos y sus
diputados, sólo son comprensibles cuando
están en juego temas fundamentales hacia
afuera y no se puede negociar adentro.
Los
parlamentos no suelen ser muy queridos, pero guste
o no, son el espejo de la cultura y educación
de la población. La negociación
no es reconocida como la parte más pura
de la política, sin embargo es la más
noble, porque es la que más protege a la
sociedad de que las diferencias se resuelvan a
través de la guerra. Cito dos cosas muy
útiles sobre política que se atribuyen
a Churchill: “las leyes y las salchichas
es mejor no enterarse cómo se hacen”
y “la política no puede ser un convento,
de lo que se trata es de evitar que se convierta
en un burdel”.

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