SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS | AÑO 7| No.313| DEL 27 DE OCTUBRE AL02 DE NOVIEMBRE DE 2002

Análisis

Partidos, Alianzas, e ideologías

 
Joaquín Villalobos  

Oxford. Cuando nuevas realidades políticas y sociales obligan a los partidos a cambios de estrategia, hay dos quejas comunes al interior de los mismos: señalar que se están olvidando los principios y la ideología, y que se está abandonando a las bases. Esto es una confusión entre medios y objetivos, ya que el aparato partidario y la estrategia son sólo medios. Esto ocurre en la izquierda y la derecha. Ganar elecciones, gobernar y mantenerse gobernando, impone combinar armónicamente: proyecto ideológico, motivaciones de la militancia y requerimientos de la estrategia. Un partido que responde sólo a su militancia, olvida que todo proyecto ideológico se debe a un horizonte más amplio. Rosalynn Carter dijo que un gran liderazgo no es el que lleva a la gente donde ésta quiere ir, sino el que es capaz de llevarla adonde debe ir, aunque no necesariamente quiera.

Esta problemática es ahora más complicada debido a cinco circunstancias particulares: el derrumbe del comunismo, el fin de la guerra en nuestros países, los cambios en las posiciones de poder económico en la que unos subieron y otros bajaron, la crítica de la prensa que exhibe los errores de los políticos, y la ausencia de planes para institucionalizar y profesionalizar la política. Las dos primeras circunstancias fomentaron la idea de que las ideologías ya no tenían sentido; la tercera motivó acciones políticas por resentimientos y la cuarta y quinta han dado fuerza a la idea de que los políticos y la política no sirven para nada. Lo anterior más la creciente apatía de la gente permiten afirmar que tenemos en desarrollo un fenómeno de antipolítica que ya tiene seguidores, lo único que le falta es cabeza.

Tantos años en guerra nos dejaron con la idea de que las ideologías, más que constituir una visión del mundo acerca de cómo deben ser las relaciones de unos con otros, eran las definiciones que nos servían para mandar al otro, al otro mundo. Las fuerzas políticas establecieron su pensamiento a partir de la negación del contrario: revolución y contrarrevolución, comunismo y anticomunismo etc. Esa visión extrema y excluyente de lo que era ideología y los cambios ocurridos en el mundo, hicieron pensar que ideologías, izquierda y derecha, perdían sentido. Sin embargo, el avance de la democracia no significó la victoria de la derecha o de la izquierda, sino el triunfo de las derechas e izquierdas moderadas sobre sus propios extremos.

Perdieron las ideas que proponían la dictadura y el uso del gobierno en función ya fuera de un partido único, o de los únicos capitalistas. No era suficiente el libre mercado para definir que un país era libre, como en el Chile de Pinochet, ahora que China Popular es capitalista con una dictadura de izquierda, queda claro que no basta poder vender con libertad, sino que es fundamental poder pensar con libertad.

Ganó el reformismo

Las izquierdas y derechas reformistas no perdieron sentido, sino que lo ganaron, ambas crecieron y gobiernan ahora gran parte del mundo. Si pudiéramos simplificar sus definiciones podríamos decir que para la primera lo social es un propósito y para la segunda una consecuencia, en síntesis la política se volvió más sofisticada. Las posiciones sobre: gasto público, papel del Estado, selección del sector motriz de la economía (industria, agricultura, servicios o banca), política fiscal, mercado interno, salarios y redistribución del ingreso, son entre otras, concreciones de una definición ideológica. En una democracia madura, la izquierda se preocupa más por distribuir para generar seguridad y la derecha por producir para generar riqueza, pero ambas están asentadas en el respeto a la libertad.

Tener ideologías no es malo, lo que es malo, como lo señala Rodrigo Borja ex presidente de Ecuador, es que cobren fuerza “los que hacen política hablando contra la política y toman una posición ideológica postulando la muerte de las ideologías”. La antipolítica y la proclamación del fin de las ideologías aprovechando las bondades de la democracia, abren espacios a la intolerancia y sustituyen una clase política imperfecta o corrupta, pero con reglas, por un redentor moral sin reglas, esto termina generando un sistema corrupto que hace retornar todas las maldades del autoritarismo. Las ideologías políticas y los partidos son fundamentales para la estabilidad democrática. Hay ideologías porque los seres humanos jamás pensarán todos de igual manera, el éxito de la democracia liberal es, precisamente ser el menos peor de todos los sistemas para la convivencia pacífica de los que piensan diferente.
Cuando la ideología impide construir un programa acoplado a la realidad, no es pecado reformarla: una ideología política que no se reforma se convierte en religión. La llamada “Tercera vía” abanderada por Tony Blair, es una propuesta de reforma a la socialdemocracia para adaptarla a la revolución tecnológica y la globalización, es un intento de respuesta a la pregunta de cómo mantener lo social como propósito, en un mundo donde la iniciativa individual tomó el primer plano. Adaptarse no es invento de la izquierda, en la misma Gran Bretaña los conservadores, incluida Margaret Thatcher madre del neoliberalismo, respetan y mantienen políticas sociales de la izquierda.

Todos los partidos se enfrentan a decisiones que guardan relación con lo planteado, tales como: quiénes deben ser sus candidatos, cuáles son los límites de sus alianzas y pactos, qué espacios de gobierno corresponden a su militancia y cuáles necesitan o deben abrirse a otros y, cómo concretar proyectos de gobierno realistas, todo esto bajo la premisa de “ganar y gobernar”, porque no tiene sentido perder elecciones por defender la ideología, de lo que se trata es que ésta, convertida en programa, sirva para ganar. Por ello es importante no confundir la ideología con la historia, ni la militancia con los votantes, ni el programa con las antiguas consignas de guerra.

Pragmatismo no es oportunismo

En política el robo de banderas programáticas, la cooptación de masa crítica del contrario, la disputa por líderes populares, la incorporación de opositores al gobierno y copiar la estrategia del contrario son acciones legítimas, porque la política es esencialmente pragmática y esto no supone debilidad ideológica de los partidos. La democracia exige renovación, realismo, inclusión y eficacia. La diferencia entre las posiciones pragmáticas y las oportunistas es que para las primeras el beneficio es social y colectivo, para las segundas es individual. La derecha es fuerte en economía y la izquierda en lo social, si la izquierda llegara al gobierno necesitaría masa crítica de la derecha para dirigir la economía.

El equilibrio entre técnicos, activistas, políticos estrategas y líderes locales es lo que permite a un partido renovarse en gente e ideas para poder ganar y gobernar. Cada sector suda la camiseta de diferente manera, y no siempre adentro del partido. Posiblemente lo correcto sea buscar los líderes de las comunidades para los gobiernos locales, combinar estrategas políticos y técnicos en el ejecutivo y colocar los mejores políticos negociadores en el parlamento. Ni las alcaldías, ni todos los puestos del ejecutivo requieren plena identidad ideológica con el partido, es en la Asamblea Legislativa donde esto es decisivo, porque las mayorías parlamentarias se logran con la lealtad de los votos propios y la capacidad de obtener vía negociación los del contrario. Las divisiones de los partidos y sus diputados, sólo son comprensibles cuando están en juego temas fundamentales hacia afuera y no se puede negociar adentro.

Los parlamentos no suelen ser muy queridos, pero guste o no, son el espejo de la cultura y educación de la población. La negociación no es reconocida como la parte más pura de la política, sin embargo es la más noble, porque es la que más protege a la sociedad de que las diferencias se resuelvan a través de la guerra. Cito dos cosas muy útiles sobre política que se atribuyen a Churchill: “las leyes y las salchichas es mejor no enterarse cómo se hacen” y “la política no puede ser un convento, de lo que se trata es de evitar que se convierta en un burdel”.