SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS | AÑO 6| No.307| DEL 15 AL 21 DE SEPTIEMBRE DE 2002

Análisis

¿Que hacer frente a la emergencia cafetalera?

Por una solución
a la crisis de los plantones

Las soluciones viables, realistas y relativamente menos costosas para el país pasan por facilitar la siembra de granos a aquellos trabajadores que anteriormente eran obreros permanentes que no tienen tierras propias, y por potenciar la economía de patio, tanto entre empleados como desempleados en los municipios afectados.

Eduardo Baumeister

En estos días los periódicos informan sobre la difícil situación alimentaria de algunos municipios del departamento de Matagalpa, fundamentalmente en El Tuma La Dalia y San Ramón, donde existen de manera organizada, y desde hace meses, plantones de pobladores que requieren ayuda, ante la reducción del empleo en la actividad cafetalera.

Se han iniciado de manera parcial acciones de apoyo mediante ayuda alimentaria, medicamentos, ropa, pero no se ha visualizado aún una solución relativamente sostenible para un grupo importante de familias que se sustentaban en los salarios ganados en las actividades permanentes del café y que en la actualidad no pueden ser contratados por la iliquidez de los empresarios.

Hay varias aristas para enfrentar el problema: desde el apoyo subsidiado a los empresarios cafetaleros para que puedan impulsar las labores habituales del cultivo, hasta el desarrollo de nuevos rubros más rentables que el café en las actuales circunstancias de caída abrupta del precio en el mercado internacional.

Las soluciones viables, realistas y relativamente menos costosas para el país pasan por facilitar la siembra de granos a aquellos trabajadores que anteriormente eran obreros permanentes que no tienen tierras propias, y por potenciar la economía de patio, tanto entre empleados como desempleados , y pobladores rurales en general en los municipios afectados.

La ayuda alimentaria debe ser vista como un instrumento temporal que sirva para aliviar la situación extremadamente precaria de las familias. Mediante el acceso a la tierra con su propio esfuerzo, reforzado con semillas e insumos y el apoyo con animales de granja, ellos podrían generar sus propios alimentos básicos, y, eventualmente, algunos ingresos adicionales. Todo esto debería desarrollarse de manera individual, evitando formas colectivas de producción.

Las soluciones deberían adecuarse a las posibilidades de cada finca y de las comarcas cercanas, combinando distintas modalidades: i) reactivación de fincas cafetaleras viables; ii) apoyo a las parcelas o los patios que las familias de trabajadores ya tienen en sus propios solares; iii) desarrollo de áreas dentro de las fincas con apoyo de los empresarios cafetaleros y el soporte adicional del Estado, la cooperación externa y la sociedad civil; iv) utilización de fincas abandonadas para siembras de granos básicos sobre la base de parcelas individuales para antiguos trabajadores de esas fincas.

Un punto de partida para analizar la magnitud que puede tener el tema de la falta de alimentos en importantes sectores de la población rural de los municipios cafetaleros, se logra observando los resultados recientemente disponibles del Censo Agropecuario levantado en el 2001, y vincularlos con otros datos sociales.

El impacto en los municipios

En el municipio de El Tuma-La Dalia se consigna un área de 15,878 manzanas de café, 2967 productores, y el Censo también informa que las fincas tenían en el año 2000-01 5,869 asalariados permanentes; a su vez se puede estimar para mediados del 2002 que habitaban en el municipio unas 9,399 familias en la zona rural.

Esto significa que cerca del 62 por ciento de las familias rurales de ese municipio tenían algun miembro de su población activa laborando como asalariados permanentes, y teniendo en cuenta las actividades del municipio, el grueso de los mismos lo hacía en fincas cafetaleras. En segundo lugar, en promedio, se puede estimar que de las 9,399 familias rurales, el 31.5 por ciento de las familias rurales, tienen algún acceso a la tierra. En pocas palabras, cerca de 2/3 de las familias rurales tenían algún miembro como asalariado permanente en el café, y 1/3 de esas familias tiene un acceso directo a la tierra, ya sea como propietarios o arrendatarios.

Esta disparidad nos permite entender que al ampliarse el desempleo de trabajadores permanentes en las fincas cafetaleras, buena parte de esos 2/3 de familias dependientes de ingresos generados en el trabajo asalariado permanente, han caído en una situación de mayor precariedad.

En el municipio de San Ramón se observa un fenómeno similar, pero aún más acentuado: cerca del 75 por ciento de las familias tenían en promedio algún trabajador agrícola permanente, y sólo el 38 por ciento de las familias rurales tienen un acceso directo a la tierra. Una situación diferente se observa en los municipios de El Cua-Bocay o en Wiwilí.

En el caso del municipio de Jinotega nos encontramos con los datos mas preocupantes, independientemente de que no existen indicios de movilizaciones y plantones. Allí casi todas las familia rurales del municipio tenían algún asalariado permanente, y sólo un poco más de un tercio tiene acceso directo a la tierra. Informaciones recogidas indican que en este municipio las fincas cafetaleras de mayor dimensión están facilitando las siembras de granos básicos para contribuir a disminuir esa profunda brecha entre las familias que dependían de los ingresos de asalariados permanentes y que no tienen acceso a la tierra de manera directa.

Las imágenes sociales presentadas nos permiten comprobar la magnitud de los problemas que atraviesan las familias de los municipios cafetaleros, particularmente entre las familias que habiendo perdido los ingresos de algún miembro que trabajaba permanentemente en una finca cafetalera, carece del respaldo de consumo proveniente de una parcela de autoconsumo de granos básicos y animales.

En la medida en que la crisis cafetalera sea prolongada, es necesario pensar en mecanismos que permitan que los antiguos trabajadores permanentes que no pueden trabajar resuelvan por su propio esfuerzo la obtención se sus alimentos y otros ingresos basicos. Esto supone apoyar a aquellas familias de esos trabajadores que ya tienen algún acceso a la tierra, o a las economias de patio que pueden mejorar. Y hay que diseñar mecanismos para que las familias que no tienen acceso a la tierra puedan hacerlo y generar por lo menos el fondo de consumo básico.

De lo anterior se desprende que las estructuras rurales con un acceso relativamente mayoritario a la tierra (aunque sea en muy pequeña escala) tienen mayor viabilidad para enfrentar problemas de pobreza, y de oscilaciones en los precios, que otras en las que ha predominado esquemas de plantación monocultivistas sin acceso a la tierra a los trabajadores asalariados.

En consecuencia, al tiempo que se pueden impulsar nuevos ejes de producción, que maduren en el mediano plazo, es prioritario impulsar estos esquemas de producción de alimentos por la vía de formas individuales, sencillas, que descansen en el esfuerzo y creatividad de las propias familias.

Las economías de patio o las parcelas de granos básicos no deberían verse como un nuevo eje de desarrollo para el agro, pero si como un requisito ineludible en el corto plazo, y más bien un complemento que no es antagónico a cualquier desarrollo más intensivo en capital que pueda darse en el futuro inmediato. Asi mismo, el esquema de facilitar tierras a los obreros desempleados por parte de las fincas más grandes, basado en acuerdos solidarios, es camino más efectivo para enfrentar la crisis actual.