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ANALISIS
La
globalización de
la lucha anticorrupción
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Andrés
Oppenheimer*
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Hay un nuevo
fenómeno que está pasando casi desapercibido, pero que podría
tener un gran impacto positivo sobre América Latina: la globalización
de la lucha contra la corrupción.
Las audiencias públicas del Senado de Estados Unidos sobre el lavado
de dinero internacional que tendrán lugar esta semana son apenas
el último ejemplo de varias investigaciones llevadas a cabo recientemente
en Washington, Londres y Zurich que han sacado a la luz escándalos
de corrupción en varios países latinoamericanos.
Las audiencias del Subcomité de Investigaciones del Senado de Estados
Unidos, el primero y dos de marzo, serán la culminación
de una pesquisa de un año. Aunque la investigación está
centrada en los bancos de Estados Unidos, y en si éstos están
aplicando sus reglamentos internos para combatir el lavado de dinero,
ya ha sacado a la luz más prácticas financieras dudosas
en Argentina de lo que los reguladores bancarios de ese país lograron
en muchos años.
Un informe preliminar de la minoría demócrata del subcomité,
encabezada por el senador Carl Levin, reveló que dos bancos fantasmas
vinculados a instituciones financieras argentinas M.A. Bank y Federal
Bank Ltd. realizaron enormes movimientos de dinero de dudoso origen
a través de sus respectivas cuentas en el Citibank de Nueva York.
Las revelaciones causaron un escándalo político en Argentina,
porque tanto el M.A. Bank como el Federal Bank Ltd. están vinculados
a figuras públicas cercanas al partido del ex presidente Carlos
S. Menem. Hasta que el Senado en Washington entró en escena, las
declaraciones de inocencia de ambos bancos no podían ser rebatidas
en Argentina.
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La investigación
estadounidense debería ser bienvenida por el Gobierno argentino
y los demás países de América Latina, como una herramienta
que podría ayudar a levantar el secreto bancario en casos de corrupción
oficial.
Hasta ahora, la corrupción en América Latina era vista en
Washington como un mal endémico de los países en desarrollo,
como las devaluaciones o el agua sucia. Por suerte, eso está cambiando:
cada vez más funcionarios y legisladores norteamericanos se están
dando cuenta que la corrupción es la principal amenaza a las democracias
de la región.
El subcomité del Senado ya dio un paso adelante al exponer en 1999
la actuación de Citibank al aceptar depósitos de $120 millones
de origen dudoso de Raúl Salinas de Gortari, el hermano del ex
presidente mexicano, Carlos Salinas.
Recientemente, la cadena mexicana Televisa difundió una grabación
en que Raúl Salinas le decía a su hermana que los
fondos salieron del erario público. El ex presidente del
Citibank, John Reed, ya ha reconocido que el banco cometió
errores al aceptar los depósitos de Raúl Salinas.
Esta semana, las audiencias del subcomité se enfocarán sobre
si los grandes bancos de Estados Unidos como Citibank, Chase Manhattan,
o Bank of America están aceptando corresponsalías
bancarias de bancos fantasmas, que ni siquiera tienen oficinas en
los países caribeños donde están registrados.
Según me señaló Linda J. Gustitus, la directora del
equipo del subcomité que llevó a cabo la investigación,
las audiencias no revelarán los nombres de los políticos
o empresarios que fueron clientes individuales de los bancos investigados,
pero no descartó que éstos podrían ser entregados
más adelante al Congreso argentino.
Sin embargo, las audiencias pondrán en evidencia que el M.A. Bank
y el Federal Bank Ltd., ambos registrados en países caribeños,
tenían reglamentos internos muy débiles o inexistentes
contra el lavado de dinero, lo que los hacía altamente vulnerables
al lavado de dinero.
El objetivo principal de las audiencias será demostrar que, irónicamente,
mientras que las leyes de Estados Unidos obligan a cualquier individuo
que deposita más de $10,000 en efectivo a dar una detallada explicación
del origen de los fondos, no existen los mismos mecanismos de control
cuando el mismo individuo deposita $10 millones o más mediante
un banco fantasma registrado en un paraíso fiscal.
No podemos seguir siendo hipócritas, y dar lecciones a todo
el mundo sobre el lavado de dinero, cuando gran parte de ese dinero está
viniendo a Estados Unidos, me comentó una alta fuente del
Congreso cercana a la investigación.
¡Qué bueno! Aunque sea tangencialmente, la investigación
del Senado sacará a relucir detalles no conocidos de algunos bancos
fantasmas relacionados con instituciones financieras de América
Latina.
Y aunque algunos banqueros pataleen, y digan que se está atentando
contra la estabilidad económica de varios países latinoamericanos,
lo cierto es lo contrario: la investigación ayudará a limpiar
los sistemas financieros de muchos países de la región,
lo que a su vez los hará más atractivos para los inversionistas,
y fortalecerá sus democracias. 
* Publicado
el lunes 26 de febrero de 2001 en El Nuevo Herald.
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