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SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS
AÑO 5/ No. 232/ Del 11 al 17 de marzo de 2001

 

 
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ACTUALIDAD

Culmina Grupo Consultivo en Madrid:
Presidentes “unidísimos”

Concurso de retórica sobre integración centroamericana

Angulo: ”Es como un avión Jumbo en
el que caben todos, vuela alto pero le
cuesta aterrizar”


Mildred Largaespada
Madrid, enviada especial

Ver También

Concurso de retórica sobre integración centroamericana

Hay un compromiso español con Centroamérica

“Buscar soluciones no dañinas a la integración regional”

 

Madrid.- El megaevento del Grupo Consultivo Regional para Centroamérica, que finalizó el viernes por la noche aquí, le inyectó una potente dosis de vitaminas al proceso de integración regional, convirtió de la noche a la mañana a todos los presidentes centroamericanos en “hermanos” y evidenció que los centroamericanos siguen siendo los grandes desconocidos para sus propios gobiernos y sus empresarios.

El evento presidido por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y copatrocinado por el gobierno de España reunió a casi 800 personas en la Casa de América: delegaciones de Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá, además de 50 delegaciones de países donantes, agencias de Naciones Unidas, instituciones financieras multilaterales, empresarios españoles y centroamericanos.

En esta reunión el tema prioritario fue el de la integración regional. Más que hablar sobre reconstrucción, se habló de refundación de Centroamérica. Se exigió una visión integradora, se desempolvaron los papeles, convenios y tratados firmados desde hace años y también recientemente por los gobiernos centroamericanos, se les exigió cumplir lo firmado.

Los gobiernos se vieron obligados a presentarse unidos y exponer ideas en clave regional. La imagen de todos unidísimos era vital de cara a los países donantes, las agencias multilaterales, los inversores. No se iban aceptar proyectos por países, sino como región. No se iban a ser vistos de buen modo proyectos de corto plazo, sino de mediano y largo plazo. Y todo bajo el paraguas de las instituciones de la integración regional: la Secretaría General del Sica, el Parlacen, el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), la Corte Centroamericana de Justicia y el Comité Consultivo del Sica (CC-Sica).

El encuentro se convirtió en una sucesiva presentación de proyectos, en sus marcos generales, que se ofertaron como “estrategias regionales” que contribuirán a “la reducción de la pobreza, la aceleración del crecimiento sustentable y el fomento de la competitividad para que la región pueda competir de forma más eficiente en los mercados mundiales”.

Hay más de 30 proyectos centroamericanos elaborados por los gobiernos y las instituciones de la integración para la comunidad internacional. Los dos más importantes son el Corredor Logístico y el Corredor Biológico, el primero consiste en la construcción de una red de infraestructuras de transporte de mercancías y de personas y tiene lazos con la propuesta Puebla-Panamá del Presidente Mexicano, Vicente Fox. Este proyecto millonario atrae el interés de empresarios de todo el mundo y es el principal culpable de las sospechas de si este grupo consultivo es una excusa para satisfacer sólo los intereses económicos del gran capital.



Desfile de retórica

Los presidentes centroamericanos en los discursos de inauguración insistieron —todos— en lo muy unidos que están, restaron importancia a los conflictos fronterizos —“no los inventamos nosotros, los heredamos”, dijo el presidente salvadoreño— y llamaron la atención sobre los proyectos regionales más importantes, los de infraestructura y electricidad.

Arnoldo Alemán se explayó en una retórica vacía (como el Presidente de Honduras), atribuyó la pobreza actual del país “a la guerra civil que sufrimos en la década de los años 80-89” y consideró prioritario el proyecto que contempla un Sistema de Interconexión Eléctrica de la región. Sólo Belice habló de “desarrollo sostenible”. El Presidente de Costa Rica, que puso énfasis en “el desarrollo humano” y aunque se refirió a las necesarias “oportunidades de comercio, a través de un acceso adecuado y oportuno a los mercados” europeos, insistió en elogiar una clave necesaria para el desarrollo de la región: “solidaridad, cuya concreción es el motivo central de esta reunión”, pero no habló mucho de integración regional.

La sociedad civil estuvo representada por dos importantes grupos: Centroamérica Solidaria (CAS) que exigió que lo trabajado en la reunión ayude a “frenar el que los pobres de Centroamérica sigan poniendo los muertos, mientras otros negocian su funeral, envueltos apenas en una sábana”; y el Comité Consultivo del Sistema de Integración Centroamericana (CC-Sica) que planteó de entrada: “la superación de la realidad social, económica, política y ambiental centroamericana debe basarse en un ataque frontal, permanente, integral y conjunto a la vulnerabilidad de la población”. Ambos grupos exigieron espacios de participación efectiva dentro de las instituciones de la integración regional para incidir en la orientación de los proyectos.

La vulnerabilidad de la región se convirtió en un tema transversal. Algunos gobiernos rechazaron o disminuyeron el grado de vulnerabilidad atribuyendo a la madre naturaleza todos los males de la región. (“Ocultas fuerzas telúricas”, dijo Alemán). Nada esotérico y más aterrizado, Ricardo Sol, del CC-Sica argumentó que “la vulnerabilidad se origina porque las estructuras y modelos de desarrollo actuales no están incidiendo en el mejoramiento de la calidad de vida de la población”.



¿Y quien los fiscaliza?

“En Centroamérica hay poca corrupción”, llegó a decir un empresario salvadoreño. Y el canciller Francisco Aguirre Sacasa en su discurso final, apresurado por vender la imagen más halagüeña -a lo mejor ese fue su problema: querer “vender” y no exponer- se buscó las categorías de empleo que le dieran las cifras más pequeñas y afirmó sin que le temblara la voz: el desempleo abierto en Nicaragua es del 10 por ciento. Calló para siempre y no habló del 40 por ciento de subempleo general.

Algunos empresarios españoles lo ven más claro: “hay que reconocer la vulnerabilidad social, política y económica, tomarla como un riesgo y asumirla”. Eduardo Montealegre, ex canciller y que asistió como empresario, comentó que “todo los inversionistas entienden a priori que hay riesgos políticos, de reglas del juego, laborales. Pero entienden que la rentabilidad es alta”.

Otro tema transversal fue ¿a quién beneficia la integración regional? Ana Quirós, de CAS y líder de la Coordinadora Civil por la Emergencia y la Reconstrucción (CCER) invitó a “concretar mecanismos de participación de la sociedad civil para no sólo sean vistos como mano de obra barata”. El delegado de Japón no lo pudo decir mejor: “los donantes vamos a ayudar a reducir la pobreza, pero en la lucha contra la desigualdad, los protagonistas son los gobiernos”. Los reclamos para que exista una transparente administración de los fondos y una labor de fiscalización provinieron de las agencias donantes y la sociedad civil.

Mucha gente no quiere engañarse. La lluvia de fondos para la financiación de estos proyectos regionales provocaría un huracán de millones de dólares , que a su vez produciría un terromoto 9.3 grados Richter en la ética de algunos que han visto en las catástrofes que asolan a la región la oportunidad magnífica para renovar su vestuario, remodelar sus casas o construirse la soñada mansión en la playa.

Sobre los salarios que son pagados con fondos de la cooperación la Secretaria de Acción Social de Nicaragua, Yamileth Bonilla dijo “que no hay pruebas”. La Vicepresidenta primera de Costa Rica Astrid Fischer tuvo más responsabilidad: “es importante que haya fiscalización ciudadana de recursos que vienen de los contribuyentes”.


No hubo declaración de Madrid

A punto estuvo de firmarse una Declaración de Madrid en la que se ofrecía una visión excesivamente optimista de las gestiones gubernamentales con los fondos destinados a la recuperación pos-Mitch. Si no es por el trabajo de cabildeo de las ONG de Centroamérica Solidaria (CAS), por la reacción honesta de los países del Grupo de los 6 y por un sentido común que dijo “no nos vamos a poner de acuerdo, mejor no hay Declaración de Madrid”, el documento oficial habría bendecido la corrupción que en mayor o menor grado se presenta en algunos países y este esfuerzo por revitalizar a la región habría empezado bastante mal: sin fiscalización.

En los bellísimos salones de Casa de América quedaron flotando los suspiros de aquellos que esperaban que de la reunión de Madrid saliera una declaración complementaria a la de Estocolmo: que plantease los nuevos temas de la transformación y modernización sin quitarle la prioridad a los de gobernabilidad, transparencia, descentralización.

El resultado de Madrid es el impulso tangible a la acción conjunta de los países centroamericanos y a las instituciones regionales. Por primera vez en muchos años las cosas se expusieron en conjunto y se optó por lo que era mejor para todos. Aunque sonaba ficticia la palabra integración en boca de algunos participantes, en otros parecía encarnada.

La integración podría parecerse a la metáfora que usó Carmelo Angulo, del PNUD: “es como un avión Jumbo que todavía vuela alto y al que le cuesta aterrizar. Pero en el que caben todos”. A partir de ahora, las instituciones de la integración centroamericana, los gobiernos, empresarios y demás asistentes tienen que buscar la manera de quitarle de la cabeza a los pueblos centroamericanos la sensación de que aquí hubo un diálogo importantísimo que tiene que ver con sus destinos, pero que no va a cambiar sus vidas.


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