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COLUMNISTA INVITADO
El
ESAF: ¿éxito o fracaso?
¿y qué viene después?
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Cornelio
Hopmann
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En estos
días se encuentra en nuestro país
una misión conjunta del FMI y del Banco Mundial para negociar en
forma muy participativa es decir a puertas cerradas con el
gobierno los objetivos económicos de la política oficial
para este año bajo nuevas siglas PRGF Programa de reducción
de pobreza y de crecimiento, sustituyendo el anterior ESAF programa
de ajuste estructural.
Cuando se inició el ESAF hace siete años, se pretendía
como ya dice el nombre ajustar desajustes estructurales. En
particular los objetivos finales eran:
- Reducir
la brecha comercial comparado al PIB, dado que nadie a la larga puede
vivir solamente al fiado o de limosnas.
- Incrementar
recursos dedicados a inversión comparados con los dedicados al
consumo.
- Darle
un peso primordial a la inversión privada en comparación
al gasto público.
Se fijaron
una serie de indicadores financieros secundarios, como tasa de inflación,
tipo de cambio, reservas netas etc. como indicadores de más fácil
control. Se definieron otras metas, como reducción del tamaño
de Estado y acciones como las privatizaciones y la eliminación
de la banca estatal. Resulta entonces ahora, que Nicaragua cumplió
a medias con los indicadores secundarios y las acciones prometidas, pero
se quedó más lejos que nunca de los objetivos finales.
Las graficas en base de datos del BCN muestran que al máximo
estamos en términos relativos igual pero muchas veces peor que
antes:
- La brecha
comercial comparada al PIB es más alta que nunca.
- De cada
tres dólares de crédito de los bancos, dos van al consumo.
- Mientras
el consumo se elevó rápidamente, el gasto corriente público
sigue sobrepasando las inversiones, donde una parte sustancial son además
inversiones públicas.
En pocas
palabras: el ESAF fracasó rotundamente y si fuera solamente en
acercarnos a los objetivos finales iniciales. (Ver
cuadro Brecha del Balance Comercial en relación al BIP).
Los
orígenes del fracaso
Poco se ha analizado el impacto de los recursos de la cooperación
externa en la economía nacional. Su impacto es doble: por un lado,
por los beneficios que reciben supuestamente los favorecidos, por el otro,
por los ingresos que reciban aquellos, que brindan tales servicios o implementan
los proyectos en favor de los beneficiados. Los dos impactos hasta el
momento no son parte de una política económica integral,
no están al alcance de los instrumentos macro-económicos/financieros
y no se controlan tampoco por mecanismos del mercado.
Si los sabios en economía hubiesen analizado desde el inicio la
capacidad real de ahorro interno del país contra el peso real de
la cooperación externa, se hubiesen dado cuenta desde el inicio,
que bajo estas circunstancias el despegue autónomo y milagroso
de la iniciativa privada siempre era producto de la fantasía.
La capacidad de ahorro interno solamente el 20% de la población
tiene capacidad real de ahorro nunca era suficiente y un chorro
de ayuda externa sin capacidad ni voluntad del Estado para integrarla
dentro de un concepto de desarrollo global del país, equivalía
por tanto a una invitación en oro al síndrome del bienestar,
es decir recibir sin producir.
El
mito de la inversión privada
Soñar con un flujo masivo de inversión extranjera para balancear
la capacidad limitada propia tampoco tenía mucho realismo. Países
con mano de obra no calificada en desempleo abundan en el mundo; el mercado
interno por su tamaño no es muy atractivo y al gobierno
no se le permitió el desarrollo de una capacidad de preinversión
para elaborar carpetas de proyectos atractivos, una actividad que realiza
cualquier ciudad de medio tamaño en los Estados Unidos para atraer
inversionistas.
En un reciente comunicado del FMI se propone no obstante, continuar igual:
para la macroeconomía del 20% de la población con capacidad
de inversión se propone continuar con los parámetros del
ESAF, es decir austeridad, reducción de liquidez, desestatización.
Para el 80% de los otros, se promueve un flujo aumentado de recursos sin
control de mercado ni indicadores productivos, un flujo parcialmente para
aquellos, que se afectó primero con tasas de interés de
28, 30, 60%, quitándoles así cualquier posibilidad de acumular
capital propio. La maniobra es como manejar un vehículo apretando
a todo poder el freno y el gas al mismo tiempo. El resultado es caótico:
se deja al vehículo sin estabilidad. En términos económicos
se ofrece señales contradictorias a los actores nacionales. ¿Se
puede pensar en un escenario peor?
¿Qué
hacer?: las verdaderas opciones
No obstante, los cambios ocurridos en nombre y objetivos pasando de ESAF
a PRGF podrían significar que en los círculos de la cooperación
externa ya no se nos otorga un chance real de desarrollo como país
y pasamos al status de país africano, donde sólo
se pretende aliviar con asistencia eficiente y efectiva las secuelas más
inhumanas de la miseria, dejando las soluciones verdaderas a las próximas
generaciones.
Por tanto, antes de todo tenemos que ponernos de acuerdo entre nosotros
mismos y con las agencias de cooperación externa cual debe ser
el objetivo de ésta: ¿el alivio de la miseria por medio
de asistencia, la creación de oportunidades para los pobres para
mantenerse tal como están, o el desarrollo del país como
tal?
La primera opción significa que usamos los recursos externos en
primer instancia para brindar asistencia social a los más necesitados
para su supervivencia por un tiempo indefinido. A la vez implica bajo
el concepto del impacto doble que la mayor parte de la población
con altos niveles de preparación recibe sus ingresos por medio
de proyectos de asistencia en forma directa o indirecta. Y significa en
consecuencia mantener los desajustes estructurales tal como son o peor.
La segunda opción pretende crear oportunidades de mercado y consumo
interno en primer instancia, o sea los pobres produciendo para los pobres.
Es viable, si se puede lograr desacoplar este mercado interno y sus costos
de producción de la economía global o por lo menos aislar
uno del otro.
Sin control rígido del comercio exterior no tiene largo futuro.
Es el camino, que Cuba eligió parcialmente desde que se cayó
el bloque socialista, un camino completamente incompatible con comercio
externo abierto y flujos de devisas abiertas.
En la tercera intentaremos encontrar un contexto global dentro de lo cual
podamos competir a largo plazo con lo que tenemos mano de obra excesiva
y recursos naturales sin pretender a competir, donde no podemos,
es decir en la producción industrializada.
Implica, no obstante, inversión en mayúscula para eliminar
nuestras desventajas estructurales en la producción de energía
y en el acceso a las partes remotas del país, en lo particular
la Costa Atlántica y las zonas centrales del país. Un programa
de inversión así por el momento es incompatible con las
condiciones del HIPC.
Seguir como hasta ahora con objetivos en conflictos desde el inicio, equivale
a continuar con políticas basadas en el engaño y la mentira
con un síntoma social casi inevitable: la corrupción como
modo de vida.
El programa de reducción de la pobreza al respecto es gallo-gallina:
por un lado, pretende canalizar 1.6 mil millones de dólares
a los pobres en asistencia y al mismo tiempo proclama que la salvación
para ellos vendrá por la dinámica privada, obviamente no
de los pobres que carecen de capacidad de inversión.
Independientemente de cual concepto se elige hay que despedirse de la
ficción de la iniciativa privada como panacea. El gasto público
y la cooperación externa durante largo tiempo van a tener mucho
más peso que toda inversión privada en su conjunto, de tal
forma que debemos comenzar a manejar la cooperación externa como
lo que es: la actividad económica más importante del país.
Haber manejado dos conceptos antagónicos al mismo tiempo, la economía
formal con el ESAF y la asistencia social, nos ha producido precisamente
el aumento en los desajustes.
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El
impacto de la Cooperación Externa
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| Cooperación
externa anual |
380 Millones US$ |
| Total
de exportación anual |
580
Millones US$ |
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Total créditos productivos acumulados |
421
Millones US$ |
| 1
año cooperación externa equivale a |
90%
del crédito
productivo acumulado |
75%
de la inversión
privada de un año |
2
x los ingresos anuales
del 40% más pobre |
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¡Necesitamos
un sector público proactivo!
Hay que reestablecer la uniformidad y homogeneidad de la administración
pública. La misma política es antagónica: con la
mano derecha reduciendo el Estado y congelando los salarios y con la mano
izquierda abriendo cada cual su oficina de proyectos con todo lujo y pagando
a sus contrapartes favoritos salarios fuera de órbita. Esto ha
destruido el espíritu de equipo en la administración pública
a todos los niveles.
Por lo tanto, necesitamos poner fin a las oficinas de proyectos por doquier,
de una plétora de reglas y procedimientos, de salarios que no se
derivan de la función sino del gusto del financiador, pariente
o protector político. Este cambio implica, además, el control
y la auditoría en su conjunto, integrado y total de los recursos
públicos y su uso, sin diferenciar su origen, por instancias nacionales
y externas.
Ambas partes tienen que ceder: los cooperantes externos en su deseo de
manejar sus recursos por separados y los nacionales en su
orgullo de no permitir que los externos metan su nariz en asuntos supuestamente
internos. Es obvio que el primer paso es la aprobación de las leyes
de servicio civil para el Estado como tal y las municipalidades con su
escalafón salarial desde el vigilante hasta el Presidente de la
República.
Si nos apuntamos al desarrollo del país y no solamente a su supervivencia,
la administración pública debe tener la capacidad para preparar
proyectos de preinversión a largo plazo y no solamente actuar como
ente regulador e instancia de asistencia social.
Por ejemplo, me resulta difícil asimilar que TELCOR planifica Cybercafes
rurales, mientras se le escapó la importancia de la conexión
a la red de fibra óptica en el Caribe.
Hay empresas de ingeniería y hasta ONG disponibles para preparar
proyectos locales de electrificación rural, de tal forma que INE
mejor se debería dedicar a recuperar la información perdida
de los anteproyectos en energía hidroeléctrica y geotermia
para convertirlos en carpetas atractivas de inversión extranjera,
puesto que con energía basada sólo en petróleo no
podremos competir nunca, ni siquiera en Centroamérica, ni hablar
de la chatarra termoeléctrica, que nadie quiere ni como regalo.
En la misma línea, el MIFIC debería apoyar en identificar
y desarrollar oportunidades de competir a largo plazo con trabajos de
manufactura en campos donde la misma existe aun en los países más
desarrollados como por ejemplo en vestidos de moda, calzado de moda
u ortopédico, mueblería de madera de lujo, en lugar
de meter nuestros artesanos a una competencia contra la producción
industrial, donde a la larga no podrán sobrevivir salvo con salarios
de hambre y siempre con la tendencia a la baja.
Ejemplos similares hay para el MAGFOR: encontrar campos competitivos a
largo plazo y promoverlos en lugar de lo tradicional de café, carne
y azúcar.
Del
ESAF al PRGF
En una nota de pie del comunicado mencionado, el FMI explica que se hizo
el cambio de ESAF a PRGF no solamente de etiqueta sino para señalar
a la vez un cambio fundamental de estrategia. Bajo el nuevo esquema, las
IFIs desean que los mismos países deben ser los dueños de
los programas y no solamente sus ejecutores.
Las nuevas estrategias deben desarrollarse con la participación
de toda la sociedad, más que solamente la consulta, y deben conjugar
tanto actores internos y externos como aspectos macroeconómicos,
estructurales y sociales.
Lo que tenemos hasta la fecha se queda corto bajo cualquier punto de vista.
Pero sea como fuese, ellos pasaron la pelota a nuestra cancha. ¿Sabremos
jugarla y tomarles la palabra? 
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