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OJO DE MUJER
Rubén
Darío,
actual en España
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Mildred
Largaespada
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¿Rubén
Darío es nicaragüense? Se puede llegar a formular tal pregunta
cuando en España asistís a diálogos como este:
Creo que un rasgo fundamental de los nicaragüenses es que
todos nos creemos poetas, por las influencias de Rubén Darío,
nuestro poeta más grande.
Perdona, bonita: Darío es español.
¿Qué? ¿Cómo? No, perdoná vos,
pero Darío nació en Metapa, Nicaragua.
¡Vamos! ¿Pero qué dices? Darío no es
nicaragüense. De ninguna manera. Es español, si nos enseñan
eso en el instituto, está dentro de los poetas de la generación
de 1898.
Niñá, tres millones y medio de personas en Nicaragua
te dirían lo contrario.
Las dudas se resuelven con la enciclopedia. Rubén Darío.
Metapa, Nicaragua. (1867-1916). En España mucha gente jóvenes
y adultos cree que Darío es español porque aprenden
sobre su vida y su poesía cuando les enseñan las obras de
la generación del 98, en grupo: Valle-Inclán, Baroja, Darío,
Unamuno, entre otros.
Para las personas que no somos darianas consumadas es una sorpresa y un
reto que, en España, Darío sea un poeta actual. La sorpresa
es el repertorio de poemas que se saben de memoria. El reto es no quedarte
atrás ante tamaño repertorio, no vaya a ser y te quiten
la nacionalidad nicaragüense los darianos del país y mi madre
reniegue de mí y me desherede, después de haberme enseñado
a declamar Margarita, La cabeza del Rawí y Caupolicán.
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En Madrid
hay una glorieta bautizada Rubén Darío (y una Plaza Nicaragua).
Pero donde más cotidiano se presenta es en la red del metro, pues
hay una Estación Rubén Darío. Allá fui rodando
en un vagón antiguo, y en la boca del metro me instalé un
rato, mientras me insuflaba de valentía recordando el Momotombo,
ronco y sonoro y sobre todo, intentaba no olvidar versos. Lo hice
al azar con personas que pasaban por allí. Luego de la presentación
de rigor -Hola, soy periodista nicaragüense, este es mi carné.
Estoy haciendo un artículo sobre los españoles y la poesía
de Rubén Darío, etc.. Me lancé:
Margarita está linda la mar ¿y?..
(Silencio. El hombre se acomoda la corbata. Respira hondo. Toma
la pose de declamador)... y el viento lleva esencia sutil de azahar/
yo siento en el alma una alondra cantar/ tu acento./ Margarita, te voy
a contar/ un cuento/ Este era un rey que tenía...
(Siguiente. Una señora, cargando dos bolsas de la compra.
Las deja en el suelo) Espera, el que yo me sé es: ¿Cuentos
quieres niña bella?/ Tengo muchos que contar:/ de una sirena del
mar/ de un ruiseñor y una estrella /de una cándida doncella/
que robó un encantador.
(Siguiente. Uno que se detuvo sin que se lo solicitara. Esperó
a que la señora terminara el poema) Dígame: Es algo
formidable, que vio la vieja raza, robusto...
Ejem. ... robusto tronco de árbol a cuesta de un campeón,
salvaje y aguerrido cuya fornida masa, blandiera el brazo de Hércules
o el brazo de Sansón. ¿Qué es esto? ¿Un
maratón de poesía?
(En la siguiente llegó lo que me temía. Una mujer
empezó a declamar uno que yo no me sabía. ¿Ven cómo
hasta con rima me salía?) Ponte el traje azul que más/
conviene a tu rubio encanto/ Luego, Mía, te pondrás/ otro,
color de amaranto/ y el que rima con tus ojos/ y aquel de reflejos rojos/
que a tu blancor sienta tanto.
Me dijo que ese poema estaba en el libro Poesía erótica,
de la Editorial Hiperión. ¿Darío erótico?
Ahora sí que me quitan el pasaporte nicaragüense en cuanto
aterrice en Managua. En defensa de mi pasaporte, fui a la librería
y allí estaba el libro con su portada color café claro y
letras verdes. Es la primera recopilación que se hace sobre la
poesía de Darío en su temática más amorosa,
la antología la hizo el profesor Alberto Acereda, de la Universidad
Radford, de Virginia.
La poesía erótica de Rubén Darío es
el resultado de su amor por la vida y por la mujer, de su visión
amorosa por el arte, la belleza y el ideal, pero, a la vez, es consecuencia
de una vida llena de desencantos sentimentales y de ciertos episodios
que marcaron fatalmente a Darío. En realidad, se puede afirmar
que la vida de Rubén Darío es toda ella una tragedia en
la que se vuelcan constantes decepciones y, sobre todo, un dolor interior
mezclado con un noble amor a lo femenino, escribe el profesor Acerada.
Lean: Vamos por partes/ comenzará muy puro/ pero, al fin...
¡carne!
Y este otro: Yo he visto en tierra tropical/ la sangre arder/ como
en un cáliz de cristal/ en la mujer/ Y en todas partes la que ama/
y se consume/ como una flor hecha de llama/ y de perfume.
Y también éste: Ámame así, fatal, cosmopolita/
universal, inmensa, única, sola/ y todas; misteriosa y erudita/
ámame mar y nube, espuma y ola.
Días después, anunciado en el periódico, leí
que un grupo de músicos había grabado un disco inspirándose
en poemas de Rubén Darío. ¿Darío rockero?
Pues ni más ni menos. El disco lo distribuyó una de las
revistas más modernas y alternativas del país: Zona de
Obras. La música te transporta a una sala de conciertos llena
de humos de cigarrillos y otras yerbas excitantes dónde se citan
los jóvenes para besarse en la oscuridad y saltar bailando, al
ritmo del rock duro, rock puro. Guitarra ácida y platillos de batería
intermitentes.
El disco es presentado como un homenaje al poeta en el fin del milenio.
Contiene temas como Que el amor no admite cuerdas reflexiones,
interpretado por Bunbury; Tarde del trópico, por Andrés
Calamaro; Juventud Divino Tesoro, por David Broza, Rimas
III, por Kásal, Rimas IV, por Amaral. Son 13
autores. Un puñado de músicos, eclécticos,
diferentes, arriesgados. Zona de Obras rinde así homenaje
al extraordinario poeta nicaragüense, temprano escritor, viajero
impenitente, que dio impulso definitivo al modernismo, escriben.
Darío es actual en España porque los españoles encuentran
sentido a sus temas. Gente encontrada al azar en la calle y rockeros jóvenes
coinciden en entenderse con el poeta. ¿También es actual
en Nicaragua? ¿Por los temas o por la práctica? Un rasgo
de la identidad cultural nicaragüense es que un amante que se precie
debe enamorar a su amada con poesía, ya sea prestada o propia.
Así lo enseñaron nuestras abuelas a nuestros padres; así
lo aprendimos y enseñamos a nuestras hijas. Darío aprendió
eso y se hizo universal. Quizás en cada amante que continúa
describiendo a su amada con poesía está Rubén Darío.
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