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SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS
AÑO 5/ No. 228/ Del 11 al 17 de febrero de 2001

 

 
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OJO DE MUJER

Rubén Darío,
actual en España


 
Mildred Largaespada
 

¿Rubén Darío es nicaragüense? Se puede llegar a formular tal pregunta cuando en España asistís a diálogos como este:

— Creo que un rasgo fundamental de los nicaragüenses es que todos nos creemos poetas, por las influencias de Rubén Darío, nuestro poeta más grande.

— Perdona, bonita: Darío es español.
— ¿Qué? ¿Cómo? No, perdoná vos, pero Darío nació en Metapa, Nicaragua.

— ¡Vamos! ¿Pero qué dices? Darío no es nicaragüense. De ninguna manera. Es español, si nos enseñan eso en el instituto, está dentro de los poetas de la generación de 1898.

— Niñá, tres millones y medio de personas en Nicaragua te dirían lo contrario.

Las dudas se resuelven con la enciclopedia. “Rubén Darío. Metapa, Nicaragua. (1867-1916)”. En España mucha gente —jóvenes y adultos— cree que Darío es español porque aprenden sobre su vida y su poesía cuando les enseñan las obras de la generación del 98, en grupo: Valle-Inclán, Baroja, Darío, Unamuno, entre otros.

Para las personas que no somos darianas consumadas es una sorpresa y un reto que, en España, Darío sea un poeta actual. La sorpresa es el repertorio de poemas que se saben de memoria. El reto es no quedarte atrás ante tamaño repertorio, no vaya a ser y te quiten la nacionalidad nicaragüense los darianos del país y mi madre reniegue de mí y me desherede, después de haberme enseñado a declamar Margarita, La cabeza del Rawí y Caupolicán.

 
   

En Madrid hay una glorieta bautizada Rubén Darío (y una Plaza Nicaragua). Pero donde más cotidiano se presenta es en la red del metro, pues hay una Estación Rubén Darío. Allá fui rodando en un vagón antiguo, y en la boca del metro me instalé un rato, mientras me insuflaba de valentía recordando el “Momotombo, ronco y sonoro” y sobre todo, intentaba no olvidar versos. Lo hice al azar con personas que pasaban por allí. Luego de la presentación de rigor -“Hola, soy periodista nicaragüense, este es mi carné. Estoy haciendo un artículo sobre los españoles y la poesía de Rubén Darío, etc.”. Me lancé:

— Margarita está linda la mar ¿y?..

— (Silencio. El hombre se acomoda la corbata. Respira hondo. Toma la pose de declamador)... “y el viento lleva esencia sutil de azahar/ yo siento en el alma una alondra cantar/ tu acento./ Margarita, te voy a contar/ un cuento/ Este era un rey que tenía...”

— (Siguiente. Una señora, cargando dos bolsas de la compra. Las deja en el suelo) Espera, el que yo me sé es: “¿Cuentos quieres niña bella?/ Tengo muchos que contar:/ de una sirena del mar/ de un ruiseñor y una estrella /de una cándida doncella/ que robó un encantador”.

— (Siguiente. Uno que se detuvo sin que se lo solicitara. Esperó a que la señora terminara el poema) Dígame: “Es algo formidable, que vio la vieja raza, robusto...”

— Ejem. “... robusto tronco de árbol a cuesta de un campeón, salvaje y aguerrido cuya fornida masa, blandiera el brazo de Hércules o el brazo de Sansón”. ¿Qué es esto? ¿Un maratón de poesía?

— (En la siguiente llegó lo que me temía. Una mujer empezó a declamar uno que yo no me sabía. ¿Ven cómo hasta con rima me salía?) “Ponte el traje azul que más/ conviene a tu rubio encanto/ Luego, Mía, te pondrás/ otro, color de amaranto/ y el que rima con tus ojos/ y aquel de reflejos rojos/ que a tu blancor sienta tanto”.

Me dijo que ese poema estaba en el libro “Poesía erótica”, de la Editorial Hiperión. ¿Darío erótico? Ahora sí que me quitan el pasaporte nicaragüense en cuanto aterrice en Managua. En defensa de mi pasaporte, fui a la librería y allí estaba el libro con su portada color café claro y letras verdes. Es la primera recopilación que se hace sobre la poesía de Darío en su temática más amorosa, la antología la hizo el profesor Alberto Acereda, de la Universidad Radford, de Virginia.

“La poesía erótica de Rubén Darío es el resultado de su amor por la vida y por la mujer, de su visión amorosa por el arte, la belleza y el ideal, pero, a la vez, es consecuencia de una vida llena de desencantos sentimentales y de ciertos episodios que marcaron fatalmente a Darío. En realidad, se puede afirmar que la vida de Rubén Darío es toda ella una tragedia en la que se vuelcan constantes decepciones y, sobre todo, un dolor interior mezclado con un noble amor a lo femenino”, escribe el profesor Acerada.

Lean: “Vamos por partes/ comenzará muy puro/ pero, al fin... ¡carne!”

Y este otro: “Yo he visto en tierra tropical/ la sangre arder/ como en un cáliz de cristal/ en la mujer/ Y en todas partes la que ama/ y se consume/ como una flor hecha de llama/ y de perfume”.
Y también éste: “Ámame así, fatal, cosmopolita/ universal, inmensa, única, sola/ y todas; misteriosa y erudita/ ámame mar y nube, espuma y ola”.

Días después, anunciado en el periódico, leí que un grupo de músicos había grabado un disco inspirándose en poemas de Rubén Darío. ¿Darío rockero? Pues ni más ni menos. El disco lo distribuyó una de las revistas más modernas y alternativas del país: Zona de Obras. La música te transporta a una sala de conciertos llena de humos de cigarrillos y otras yerbas excitantes dónde se citan los jóvenes para besarse en la oscuridad y saltar bailando, al ritmo del rock duro, rock puro. Guitarra ácida y platillos de batería intermitentes.

El disco es presentado como un homenaje al poeta en el fin del milenio. Contiene temas como “Que el amor no admite cuerdas reflexiones”, interpretado por Bunbury; “Tarde del trópico”, por Andrés Calamaro; “Juventud Divino Tesoro”, por David Broza, “Rimas III”, por Kásal, “Rimas IV”, por Amaral. Son 13 autores. “Un puñado de músicos, eclécticos, diferentes, arriesgados. Zona de Obras rinde así homenaje al extraordinario poeta nicaragüense, temprano escritor, viajero impenitente, que dio impulso definitivo al modernismo”, escriben.

Darío es actual en España porque los españoles encuentran sentido a sus temas. Gente encontrada al azar en la calle y rockeros jóvenes coinciden en entenderse con el poeta. ¿También es actual en Nicaragua? ¿Por los temas o por la práctica? Un rasgo de la identidad cultural nicaragüense es que un amante que se precie debe enamorar a su amada con poesía, ya sea prestada o propia. Así lo enseñaron nuestras abuelas a nuestros padres; así lo aprendimos y enseñamos a nuestras hijas. Darío aprendió eso y se hizo universal. Quizás en cada amante que continúa describiendo a su amada con poesía está Rubén Darío.


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