Portada impresa Búsqueda
Ediciones AnterioresCorreo
Home
 
SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS
AÑO 5/ No. 223/ Del 7 al 13 de enero de 2001

 

 
Click!


 

 

 

 

 

COLUMNISTA INVITADO

Cuentas ni fáciles, ni convenientes

 
Edmundo
Jarquín C
.
 

Los numeritos que hacen los que están promoviendo una alianza entre el PLC y el Partido Conservador (PC), para impedir que en las elecciones presidenciales y legislativas gane el FSLN, no son tan fáciles como intentan venderlas sus promotores.

La decisión adoptada por el Partido Conservador (PC) para no continuar negociaciones con el PLC es correcta. En efecto, las cuentas que hacen quienes han estado promoviendo una alianza entre el PLC y el PC, para impedir que en las elecciones presidenciales y legislativas gane el FSLN, no son tan fáciles, como intentan venderlas sus promotores, y en todo caso no son convenientes para el país.

Ellos hacen las cuentas de manera muy simple y arriesgadamente equivocada: en las recientes elecciones municipales el FSLN obtuvo 617,921 votos; el PLC, 636,865. Un margen muy estrecho, dicen, que se podría evaporar en las elecciones del próximo noviembre. Por tanto, si a los votos del PLC se le suman los 203,845 que el PC obtuvo en esas elecciones, estaría garantizada la derrota del FSLN.

Asumamos que el objetivo es impedir que gane el FSLN. ¿Quién garantiza que los votos que obtuvo el PC se sumarán automáticamente a los del PLC? Por varias razones, nadie puede asegurar eso. En otras palabras, la aritmética política que hacen está equivocada, o basada en supuestos inconsistentes.

En primer lugar, si se hace una lectura sociológica de los votos que obtuvo el PC, e incluso de votos que obtuvo el FSLN en varias ciudades, se encontrará que gran parte de los mismos fueron votos de "rechazo" al PLC debido al enorme descrédito del gobierno del Presidente Alemán. Eso está en todas las encuestas previas a las elecciones. Lo más probable es que esos votos "rechazo", en caso de una alianza PLC-PC, en la cual la imagen negativa del gobierno Alemán contagiaría inevitablemente al PC, se irán a la abstención e incluso algunos, los de más duro "rechazo" al gobierno liberal, al FSLN.

Segundo, y complementario a lo anterior, casi el 45% de los votos que obtuvo el PC fueron en Managua, es decir donde operó tanto el fenómeno "local" típico de las elecciones municipales en todos los países, como el efecto de la personalidad de Pedro Solórzano cuya popularidad en esa ciudad no está asociada al PC, como lo demuestra el hecho que en las elecciones de 1996, en que compitió para alcalde de Managua como candidato independiente, obtuvo una cantidad mayor de votos que los que recién alcanzó el PC. Pensar que ese fenómeno local y el de una personalidad que hasta ahora no ha estado asociada con la "clase política" tan desprestigiada, se va a trasladar a nivel nacional en las elecciones generales, es un cálculo que raya en la ingenuidad. En las elecciones generales, como en todos los países, sin duda van a operar más las adhesiones partidarias, por un lado, y el voto "rechazo" a la clase política, por el otro.

En tercer lugar, las elecciones municipales tienen un carácter sui géneris en donde la extrapolación a nivel nacional no es muy indicada. El nivel de abstencionismo es más alto, el apoyo a un partido determinado tiene mayor popularidad en un área sobre otra, y los grandes temas nacionales no tienen tanto peso en la decisión de los votantes. Por estas razones, la aritmética política de las municipalidades no es indicada para el análisis nacional, especialmente para un país como Nicaragua. Aquellos que apuesten a esa aritmética se estarán engañando con correlaciones equivocadas.

Con un agregado: el actual rechazo al pacto libero-sandinista, como entendimiento de una clase política desprestigiada, en gran parte se convertiría en rechazo al nuevo pacto libero-conservador. Y esta es la cuarta razón: el PC obtuvo en las municipales el 16% de los votos porque apareció asociado a la "tercera vía", es decir al tercio de electores que en todas las encuestas ha manifestado decididamente que quiere una tercera opción, diferente a la que representan el PLC y el FSLN. Apenas el PC aparezca asociado al PLC perderá ese atractivo salvo que se crea, lo que sería otro error, que todo ese 16% son votos conservadores. Quienes han opinado que el PC sería el gran perdedor en esa opción, tienen toda la razón.

Pero esas cuentas son también inconvenientes para el país. En primer lugar, una elección polarizada entre el FSLN y la alianza PLC-PC reforzaría la perversa polarización sandinismo versus antisandinismo que tanto daño ha hecho al país. La historia de Nicaragua revela que el bipartidismo caudillesco ha sido siempre fuente de confrontación o de entendimiento espúreo, como lo demuestran las recientes reformas constitucionales producto del pacto entre sandinismo y liberalismo. Las tendencias más estructurales del caudillismo, compinchería, corrupción y desprecio por la institucionalidad democrática, resultarían fortalecidas por esas elecciones polarizadas. Los nicaragüenses no se merecen continuar condenados a una polarización que arranca en los años ochenta y que ningún beneficio ha dejado al país.

La única hipótesis razonable bajo la cual el PC en alianza con el PLC puede impedir que una vez pasadas las elecciones generales siga funcionando el actual pacto PLC-FSLN, es que el PLC le conceda al PC suficientes escaños legislativos para que el PC pueda impedir que la suma de diputados liberales y sandinistas hagan posible mantener la actual Constitución, con todas las perversiones que recientemente se le introdujeron, o modificarla de nuevo al gusto y antojo de liberales y sandinistas. ¿Se imagina alguien que el PLC le cederá al PC 31 diputaciones, para el PLC quedarse con menos diputaciones que los conservadores? Este supuesto va más allá de la ingenuidad.

En segundo lugar, si se busca la modernización de la política nicaragüense, y que el gobierno y el legislativo respondan más a los intereses de la población, el objetivo no debería ser impedir que gane el FSLN, sino hacer que gane la "tercera vía". Hay que plantearse el objetivo en positivo, no en negativo. El mapa electoral demuestra que hay un tercio de la población que quiere eso. Si esto es así, una elección a tres bandas, entre PLC, FSLN y la "tercera vía" agrupada en la casilla del PC, tendría una alta probabilidad de forzar una segunda vuelta. Una probabilidad mayor, por las razones anotadas al principio, que derrocar al FSLN en primera vuelta en una elección polarizada.

En segunda vuelta la "tercera vía" ganaría ya sea frente al FSLN o frente al PLC, porque la mayoría de las bases del FSLN la apoyarían para impedir que gane el PLC; en caso contrario, lo mismo harían en su caso, las bases del PLC para impedir que triunfe el FSLN. No hay que olvidar que el pacto FSLN-PLC fue un pacto de cúpulas, hecho al disgusto de buena parte de sus respectivas militancias. Y en caso que la "tercera vía" no gane, en cualquier hipótesis quedaría con suficiente fuerza parlamentaria para vetar nuevos arreglos constitucionales entre el FSLN y el PLC. En un juego a tres bandas, en que nadie puede unilateral o bilateralmente imponer su voluntad, todos nos veríamos obligados a negociaciones más democráticas y transparentes, en comparación con las negociaciones corruptas y antidemocráticas que las cúpulas del FSLN y el PLC escenificaron en los últimos dos años.

Curiosamente, en este último escenario no solamente ganaría Nicaragua, sino que también ganarían el FSLN y el PLC. En efecto, los sectores modernizantes y renovadores dentro del FSLN y el PLC, que en un esquema polarizado seguirán aplastados por los caudillos Ortega y Alemán, tendrán más espacios y posibilidades de hacer triunfar sus posiciones. Es decir, el soplo modernizador de la política tendría un efecto dominó sobre todo el país.

No olvidemos: cuentas alegres con frecuencia terminan en pérdidas amargas.


VOLVER AL COMIENZO