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COLUMNISTA INVITADO
Cuentas
ni fáciles, ni convenientes
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Edmundo
Jarquín C.
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Los numeritos
que hacen los que están promoviendo una alianza entre el PLC y
el Partido Conservador (PC), para impedir que en las elecciones presidenciales
y legislativas gane el FSLN, no son tan fáciles como intentan venderlas
sus promotores.
La
decisión adoptada por el Partido Conservador (PC) para no continuar negociaciones
con el PLC es correcta. En efecto, las cuentas que hacen quienes han estado
promoviendo una alianza entre el PLC y el PC, para impedir que en las
elecciones presidenciales y legislativas gane el FSLN, no son tan fáciles,
como intentan venderlas sus promotores, y en todo caso no son convenientes
para el país.
Ellos hacen
las cuentas de manera muy simple y arriesgadamente equivocada: en las
recientes elecciones municipales el FSLN obtuvo 617,921 votos; el PLC,
636,865. Un margen muy estrecho, dicen, que se podría evaporar en las
elecciones del próximo noviembre. Por tanto, si a los votos del PLC se
le suman los 203,845 que el PC obtuvo en esas elecciones, estaría garantizada
la derrota del FSLN.
Asumamos que el objetivo es impedir que gane el FSLN. ¿Quién garantiza
que los votos que obtuvo el PC se sumarán automáticamente a los del PLC?
Por varias razones, nadie puede asegurar eso. En otras palabras, la aritmética
política que hacen está equivocada, o basada en supuestos inconsistentes.
En primer lugar, si se hace una lectura sociológica de los votos que obtuvo
el PC, e incluso de votos que obtuvo el FSLN en varias ciudades, se encontrará
que gran parte de los mismos fueron votos de "rechazo" al PLC debido al
enorme descrédito del gobierno del Presidente Alemán. Eso está en todas
las encuestas previas a las elecciones. Lo más probable es que esos votos
"rechazo", en caso de una alianza PLC-PC, en la cual la imagen negativa
del gobierno Alemán contagiaría inevitablemente al PC, se irán a la abstención
e incluso algunos, los de más duro "rechazo" al gobierno liberal, al FSLN.
Segundo, y complementario a lo anterior, casi el 45% de los votos que
obtuvo el PC fueron en Managua, es decir donde operó tanto el fenómeno
"local" típico de las elecciones municipales en todos los países, como
el efecto de la personalidad de Pedro Solórzano cuya popularidad en esa
ciudad no está asociada al PC, como lo demuestra el hecho que en las elecciones
de 1996, en que compitió para alcalde de Managua como candidato independiente,
obtuvo una cantidad mayor de votos que los que recién alcanzó el PC. Pensar
que ese fenómeno local y el de una personalidad que hasta ahora no ha
estado asociada con la "clase política" tan desprestigiada, se va a trasladar
a nivel nacional en las elecciones generales, es un cálculo que raya en
la ingenuidad. En las elecciones generales, como en todos los países,
sin duda van a operar más las adhesiones partidarias, por un lado, y el
voto "rechazo" a la clase política, por el otro.
En tercer lugar, las elecciones municipales tienen un carácter sui géneris
en donde la extrapolación a nivel nacional no es muy indicada. El nivel
de abstencionismo es más alto, el apoyo a un partido determinado tiene
mayor popularidad en un área sobre otra, y los grandes temas nacionales
no tienen tanto peso en la decisión de los votantes. Por estas razones,
la aritmética política de las municipalidades no es indicada para el análisis
nacional, especialmente para un país como Nicaragua. Aquellos que apuesten
a esa aritmética se estarán engañando con correlaciones equivocadas.
Con un agregado: el actual rechazo al pacto libero-sandinista, como entendimiento
de una clase política desprestigiada, en gran parte se convertiría en
rechazo al nuevo pacto libero-conservador. Y esta es la cuarta razón:
el PC obtuvo en las municipales el 16% de los votos porque apareció asociado
a la "tercera vía", es decir al tercio de electores que en todas las encuestas
ha manifestado decididamente que quiere una tercera opción, diferente
a la que representan el PLC y el FSLN. Apenas el PC aparezca asociado
al PLC perderá ese atractivo salvo que se crea, lo que sería otro error,
que todo ese 16% son votos conservadores. Quienes han opinado que el PC
sería el gran perdedor en esa opción, tienen toda la razón.
Pero esas cuentas son también inconvenientes para el país. En primer lugar,
una elección polarizada entre el FSLN y la alianza PLC-PC reforzaría la
perversa polarización sandinismo versus antisandinismo que tanto daño
ha hecho al país. La historia de Nicaragua revela que el bipartidismo
caudillesco ha sido siempre fuente de confrontación o de entendimiento
espúreo, como lo demuestran las recientes reformas constitucionales producto
del pacto entre sandinismo y liberalismo. Las tendencias más estructurales
del caudillismo, compinchería, corrupción y desprecio por la institucionalidad
democrática, resultarían fortalecidas por esas elecciones polarizadas.
Los nicaragüenses no se merecen continuar condenados a una polarización
que arranca en los años ochenta y que ningún beneficio ha dejado al país.
La única hipótesis razonable bajo la cual el PC en alianza con el PLC
puede impedir que una vez pasadas las elecciones generales siga funcionando
el actual pacto PLC-FSLN, es que el PLC le conceda al PC suficientes escaños
legislativos para que el PC pueda impedir que la suma de diputados liberales
y sandinistas hagan posible mantener la actual Constitución, con todas
las perversiones que recientemente se le introdujeron, o modificarla de
nuevo al gusto y antojo de liberales y sandinistas. ¿Se imagina alguien
que el PLC le cederá al PC 31 diputaciones, para el PLC quedarse con menos
diputaciones que los conservadores? Este supuesto va más allá de la ingenuidad.
En segundo lugar, si se busca la modernización de la política nicaragüense,
y que el gobierno y el legislativo respondan más a los intereses de la
población, el objetivo no debería ser impedir que gane el FSLN, sino hacer
que gane la "tercera vía". Hay que plantearse el objetivo en positivo,
no en negativo. El mapa electoral demuestra que hay un tercio de la población
que quiere eso. Si esto es así, una elección a tres bandas, entre PLC,
FSLN y la "tercera vía" agrupada en la casilla del PC, tendría una alta
probabilidad de forzar una segunda vuelta. Una probabilidad mayor, por
las razones anotadas al principio, que derrocar al FSLN en primera vuelta
en una elección polarizada.
En segunda vuelta la "tercera vía" ganaría ya sea frente al FSLN o frente
al PLC, porque la mayoría de las bases del FSLN la apoyarían para impedir
que gane el PLC; en caso contrario, lo mismo harían en su caso, las bases
del PLC para impedir que triunfe el FSLN. No hay que olvidar que el pacto
FSLN-PLC fue un pacto de cúpulas, hecho al disgusto de buena parte de
sus respectivas militancias. Y en caso que la "tercera vía" no gane, en
cualquier hipótesis quedaría con suficiente fuerza parlamentaria para
vetar nuevos arreglos constitucionales entre el FSLN y el PLC. En un juego
a tres bandas, en que nadie puede unilateral o bilateralmente imponer
su voluntad, todos nos veríamos obligados a negociaciones más democráticas
y transparentes, en comparación con las negociaciones corruptas y antidemocráticas
que las cúpulas del FSLN y el PLC escenificaron en los últimos dos años.
Curiosamente, en este último escenario no solamente ganaría Nicaragua,
sino que también ganarían el FSLN y el PLC. En efecto, los sectores modernizantes
y renovadores dentro del FSLN y el PLC, que en un esquema polarizado seguirán
aplastados por los caudillos Ortega y Alemán, tendrán más espacios y posibilidades
de hacer triunfar sus posiciones. Es decir, el soplo modernizador de la
política tendría un efecto dominó sobre todo el país.
No olvidemos: cuentas alegres con frecuencia terminan en pérdidas amargas.
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