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AL CIERRE El miedo a las primarias
El ruidoso proceso de selección de los candidatos presidenciales con que se inicia el año electoral, debería poner sobre el tapete un tema de la mayor importancia política para el país: la democratización de nuestros partidos políticos. Lamentablemente, en Nicaragua a nadie parece preocuparle este asunto, y nos comportamos como si la falta de democracia de los partidos fuese un asunto privado de cada mafia política. No apreciamos que el modelo de partido esta íntimamente ligado con el tipo de gobierno que un grupo es capaz de organizar, y despreciamos el sentido común que sugiere un mayor potencial para promover la democratización del Estado, cuando prevalece mayor democracia partidaria en una organización. En otras palabras, hay una máxima del sentido común democrático que nos dice: "Dime cuán democráticos son tus métodos para escoger a tus líderes y candidatos a cargos de elección popular, y te diré quien eres", pero aquí ni la conocemos ni la aplicamos. Mientras en otros países centroamericanos como Panamá, Costa Rica y Honduras, los candidatos presidenciales se escogen a través de competencias abiertas y transparentes con participación de las bases partidarias en Honduras las primarias partidarias son materia obligatoria por la Ley electoral desde hace más de una década, aquí el concepto de "primarias" equivale para algunos caudillos al llamado a una rebelión interna. Los pretextos para descalificar este mecanismo competitivo abundan: unos alegan que cuesta mucho dinero, otros que la democracia todavía "no está madura" para tales avatares, y algunos se conforman con que el "dedazo" no se ejerza de forma directa sino a través de mecanismos de escogencia indirecta, más sofisticados. Y no es que las primarias sean una panacea para asegurar la calidad democrática de un partido y sus candidatos. También encierran riesgos y efectos indeseados. El más visible es que convierten a los partidos en maquinarias electorales de tiempo completo, en las que el dinero que recaudan los candidatos se convierte en un elector privilegiado gracias a la magia del tele-marketing. Pero a final de cuentas, permiten a los partidos despojarse del caudillismo y favorecen la renovación de liderazgos. En nuestro
caso, no tenemos ninguna de las ventajas de las primarias y tenemos todas
las desventajas del caudillismo. Por ejemplo, la encerrona del partido
liberal, programada a realizarse en la casa-hacienda del Presidente, es
un caso patético en el que 415 convencionales, la mayoría
nombrados a dedo, escogerán un candidato presidencial a espaldas
de las bases del liberalismo. En el caso
del Frente Sandinista, no hay duda que su mecanismo de consulta popular
es más democrático y representativo que el de los liberales.
Pero la consulta de Daniel Ortega tiene sus bemoles, pues no existe igualdad
de oportunidades para la competencia política. Y si se trata del partido conservador, que se jacta de ser la "primera fuerza democrática", las cosas no están mejor. Los conservadores han dado un paso adelante al descartar una alianza electoral con el PLC, pero aún no existen garantías de que verdaderamente se convertirán en un partido democrático. El PC tiene la oportunidad de oro de convertirse en el vehículo político de los excluidos, si el conservatismo se abre a mecanismos novedosos de participación política en todos los niveles. Mecanismos democráticos que no pueden ser menos que una verdadera primaria, para escoger las candidaturas a Presidente y Diputados, en la que puedan participar no sólo precandidatos conservadores sino además independientes y dirigentes de todos los partidos antipacto, y en la que los electores sean todos los nicaragüenses, conservadores, sin partido que son la mayoría, y también los partidarios de otras opciones políticas. El capital interesado en financiar opciones democráticas debería entender la diferencia entre contar con un lobby particular o un "hombre de confianza", y en promocionar un partido político que funcione como una verdadera institución democrática. Lo primero es un mecanismo que puede ser controlado por el capital; lo segundo, implica abrirse a la incertidumbre de las reglas democráticas, y aceptar la eventualidad de que surjan líderes que no sean los favoritos del benefactor del partido. ¿Es utópico pensar que el capital puede propiciar el método para que surja un partido moderno y democrático? ¿Acaso los mismos personajes que liquidaron la esperanza de la tercera vía en el MDN, van a rectificar ahora y abandonarán el sectarismo político? Poco probable,
¿verdad? Pero los conservadores están frente a una nueva
oportunidad y vale la pena reiterarlo: su único camino para convertirse
en una "primera fuerza democrática" es arriesgarse a
una competencia primaria extrapartidaria, abierta y transparente, y empezar
a jugar a fondo a la democracia. VOLVER AL COMIENZO |
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