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AL
CIERRE
La
derrota de Alemán
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| Carlos
F. Chamorro |
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Los primeros resultados de las elecciones municipales ocurridas el domingo
con la más alta abstención registrada en la última década,
permiten aproximarnos a tres conclusiones básicas: ganó el FSLN, perdieron
el PLC y el presidente Alemán y, en tercer lugar, los conservadores no
lograron llenar las expectativas depositadas en la bandera antipacto.
Este balance
preliminar pone sobre el tapete una serie de interrogantes. La primera
es si estas primeras elecciones separadas de las presidenciales fueron
una oportunidad para profundizar la democracia a nivel local y la autonomía
municipal, o solamente un termómetro político para proyectar las elecciones
presidenciales del 2,001. Mi percepción es que hubo más de lo segundo
y menos de lo primero.
Hay evidencias en muchos municipios de buenos candidatos, líderes locales,
que mejoraron las ofertas partidarias a nivel local. Hubo mucha más atención
de los medios de comunicación y las organizaciones cívicas en torno al
debate particular de cada municipios, lo cual representa un avance considerable
para superar el "managuacentrismo" en el debate político nacional.
Sin embargo, hubieron grandes ausencias, la mayor de todas es el vacío
de discusión y propuestas sobre la estrategia nacional de descentralización
y las transferencias municipales establecidas en la Constitución y no
cumplidas por el gobierno.
Ninguno de los partidos participantes ofreció una plataforma nacional
sobre descentralización, y en ese sentido, se perdió una valiosa oportunidad
para colocar el tema en la agenda nacional. Irónicamente, los municipios
--los grandes invitados a la fiesta electoral-- están sufriendo un retroceso
al disminuir las transferencias del 0.85 al cero por ciento en el presupuesto
del 2,001.
La segunda pregunta es si el pacto Alemán-Ortega logró consolidarse en
materia electoral, o si ha sido objeto de una derrota política. En medio
de la algarabía de la votación, pocos recuerdan ya que la Ley Electoral
suprimió el derecho de participación electoral por la vía de la suscripción
popular, cercenando un derecho esencial para profundizar la democracia.
Olvidan, además, que el Consejo Supremo Electoral, hijo del pacto, sacó
del juego a siete partidos políticos de forma arbitraria, y en un acto
grotesco de matonería política liquidó a Pedro Solórzano, el candidato
más popular a la alcaldía de Managua. Fue necesario el caso Yátama y los
estallidos de violencia en la Costa Caribe, para que la comunidad internacional
desempolvara su agenda de preocupantes anomalías que han rodeado al proceso
electoral.
El asunto es que las reglas electorales --excluyentes y antidemocráticas--
fueron legitimadas con la participación del Partido Conservador, aunque
su plataforma haya sido un llamado a votar en contra del pacto, y sólo
después de conocer los resultados nacionales, sabremos si la apuesta de
los conservadores ha sido correcta.
Por el momento, las primeras proyecciones indican que los conservadores
estuvieron por debajo de sus expectativas --no lograron conquistar de
forma categórica el segundo lugar en Managua y todavía no está claro si
lograrán una cabecera departamental-- pero confirman una clara tendencia
al tripartidismo en el país. A largo plazo, este es un resultado político
sumamente importante.
Lo que está más claro es la derrota sufrida por el Partido de gobierno.
El PLC no sólo ha perdido la capital, sino además otras importantes cabeceras
departamentales. Es probable que continúe siendo el partido con mayor
número de alcaldías, pero eso no compensa la derrota sufrida en importantes
plazas electorales.
En todo caso, la pérdida de Managua no es una derrota exclusiva para Wilfredo
Navarro, quien no hizo una mala campaña, sino para el modelo PLC-gobierno-corrupción,
personalizado en Arnoldo Alemán.
Para el Presidente representa una doble derrota personal. Por un lado,
quedará debilitada su capacidad de imponer el "dedazo" en la escogencia
del candidato presidencial del PLC, y por el otro, su proyecto de promover
una Constituyente, para volver al poder en el 2,003, ha quedado enterrado
para siempre.
Visto en sentido contrario, ¿significa la victoria de Herty Lewites en
Managua un preámbulo del retorno de Daniel Ortega al poder? Este ya es
el tema más comentado en círculos empresariales y será el favorito de
los observadores internacionales en los próximos meses. La respuesta no
es sencilla, pues depende de cómo el FSLN interprete el triunfo de Lewites.
El representa a un carismático empresario populista que al piso de votantes
duros del FSLN, añadió su propia clientela de simpatía popular. Si el
caudillo sandinista interpreta la victoria de Lewites como un triunfo
del partido, es casi inevitable su cuarta proclamación como candidato
presidencial. Paradójicamente, al unir al voto antisandinista, una candidatura
de Ortega mas bien podría alejar al FSLN del poder. 
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