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SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS
AÑO 5/ No. 216/ De 5 al 11 de noviembre de 2000

 

 
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AL CIERRE

La derrota de Alemán

 
Carlos F. Chamorro  

Los primeros resultados de las elecciones municipales ocurridas el domingo —con la más alta abstención registrada en la última década—, permiten aproximarnos a tres conclusiones básicas: ganó el FSLN, perdieron el PLC y el presidente Alemán y, en tercer lugar, los conservadores no lograron llenar las expectativas depositadas en la bandera antipacto.

Este balance preliminar pone sobre el tapete una serie de interrogantes. La primera es si estas primeras elecciones separadas de las presidenciales fueron una oportunidad para profundizar la democracia a nivel local y la autonomía municipal, o solamente un termómetro político para proyectar las elecciones presidenciales del 2,001. Mi percepción es que hubo más de lo segundo y menos de lo primero.

Hay evidencias en muchos municipios de buenos candidatos, líderes locales, que mejoraron las ofertas partidarias a nivel local. Hubo mucha más atención de los medios de comunicación y las organizaciones cívicas en torno al debate particular de cada municipios, lo cual representa un avance considerable para superar el "managuacentrismo" en el debate político nacional.

Sin embargo, hubieron grandes ausencias, la mayor de todas es el vacío de discusión y propuestas sobre la estrategia nacional de descentralización y las transferencias municipales establecidas en la Constitución y no cumplidas por el gobierno.

Ninguno de los partidos participantes ofreció una plataforma nacional sobre descentralización, y en ese sentido, se perdió una valiosa oportunidad para colocar el tema en la agenda nacional. Irónicamente, los municipios --los grandes invitados a la fiesta electoral-- están sufriendo un retroceso al disminuir las transferencias del 0.85 al cero por ciento en el presupuesto del 2,001.

La segunda pregunta es si el pacto Alemán-Ortega logró consolidarse en materia electoral, o si ha sido objeto de una derrota política. En medio de la algarabía de la votación, pocos recuerdan ya que la Ley Electoral suprimió el derecho de participación electoral por la vía de la suscripción popular, cercenando un derecho esencial para profundizar la democracia.

Olvidan, además, que el Consejo Supremo Electoral, hijo del pacto, sacó del juego a siete partidos políticos de forma arbitraria, y en un acto grotesco de matonería política liquidó a Pedro Solórzano, el candidato más popular a la alcaldía de Managua. Fue necesario el caso Yátama y los estallidos de violencia en la Costa Caribe, para que la comunidad internacional desempolvara su agenda de preocupantes anomalías que han rodeado al proceso electoral.

El asunto es que las reglas electorales --excluyentes y antidemocráticas-- fueron legitimadas con la participación del Partido Conservador, aunque su plataforma haya sido un llamado a votar en contra del pacto, y sólo después de conocer los resultados nacionales, sabremos si la apuesta de los conservadores ha sido correcta.

Por el momento, las primeras proyecciones indican que los conservadores estuvieron por debajo de sus expectativas --no lograron conquistar de forma categórica el segundo lugar en Managua y todavía no está claro si lograrán una cabecera departamental-- pero confirman una clara tendencia al tripartidismo en el país. A largo plazo, este es un resultado político sumamente importante.

Lo que está más claro es la derrota sufrida por el Partido de gobierno. El PLC no sólo ha perdido la capital, sino además otras importantes cabeceras departamentales. Es probable que continúe siendo el partido con mayor número de alcaldías, pero eso no compensa la derrota sufrida en importantes plazas electorales.

En todo caso, la pérdida de Managua no es una derrota exclusiva para Wilfredo Navarro, quien no hizo una mala campaña, sino para el modelo PLC-gobierno-corrupción, personalizado en Arnoldo Alemán.

Para el Presidente representa una doble derrota personal. Por un lado, quedará debilitada su capacidad de imponer el "dedazo" en la escogencia del candidato presidencial del PLC, y por el otro, su proyecto de promover una Constituyente, para volver al poder en el 2,003, ha quedado enterrado para siempre.

Visto en sentido contrario, ¿significa la victoria de Herty Lewites en Managua un preámbulo del retorno de Daniel Ortega al poder? Este ya es el tema más comentado en círculos empresariales y será el favorito de los observadores internacionales en los próximos meses. La respuesta no es sencilla, pues depende de cómo el FSLN interprete el triunfo de Lewites.

El representa a un carismático empresario populista que al piso de votantes duros del FSLN, añadió su propia clientela de simpatía popular. Si el caudillo sandinista interpreta la victoria de Lewites como un triunfo del partido, es casi inevitable su cuarta proclamación como candidato presidencial. Paradójicamente, al unir al voto antisandinista, una candidatura de Ortega mas bien podría alejar al FSLN del poder.


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