Portada impresa Búsqueda
Ediciones AnterioresCorreo
Home
 
SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS
AÑO 5/ No. 213/ Del 15 al 21 de octubre de 2000

 

 
Click!


 

 

 




ENSAYO

Gobernabilidad y ciudadanía:

Nicaragua en la mira

Manuel Orozco*

 
   

El rol que tiene la gobernabilidad y la ciudadanía en relación con un proceso democrático es de especial importancia. Para el caso nicaragüense la temática de la gobernabilidad es crucial porque determina el nivel de confianza que existe en las instituciones del país así como también determina las oportunidades de continuar avanzando la democracia en la Nación.



Gobernabilidad y ciudadanía

El tema de gobernabilidad ha sido sujeto de muchas discusiones y debates en relación con su definición y su aplicación en la realidad de un país dado. Esto se debe a que su definición se debe de distinguir de su utilización. En muchos casos el concepto se ha confundido con lo que la gobernabilidad hace en un contexto determinado, sea lo económico, internacional, político o empresarial. Por ejemplo, la definición de gobernabilidad se ha asociado con la concepción del Banco Mundial en relación con el vínculo entre el mercado y la democracia.

El concepto en sí se puede entender como la capacidad de adaptación y coordinación que tiene un actor político, como el Estado, en ejecutar sus responsabilidades. Jon Pierre, especialista en el tema de gobernabilidad, sostiene que “la gobernabilidad tiene un sentido doble. Por un lado se refiere a las manifestaciones empíricas de la adaptación del Estado frente a su ambiente externo que ha surgido a fines del siglo veinte. Por otro lado, gobernabilidad también denota una representación conceptual o teórica acerca de la coordinación de sistemas sociales, y en mayor parte, del rol del Estado en tal proceso.”

Pierre, entonces, habla de gobernabilidad en términos de adaptación y coordinación. De hecho él establece que “gobernabilidad es sobre cómo las instituciones políticas mantienen su rol de guía, de dar rumbo ante los retos internos y externos con los que se enfrenta el estado.” De tal forma, la gobernabilidad no es el acto de gobernar, sino de cómo se maneja el gobierno, sobre qué métodos de gobernar se utilizan y como se balancean entre sí para ofrecer un trabajo óptimo. Es sobre el proceso de maniobramiento del gobierno.

Esta noción necesita contextualizarse a una realidad específica, como lo es la globalización, la democracia o la administración corporativa. Es en el caso de la democracia que el concepto de gobernabilidad se ha constituido en una herramienta muy importante para determinar cómo el gobierno ejecuta sus acciones en un contexto democrático y sin abuso de autoridad política que responda ante la ciudadanía. De ahí que conceptos como transparencia, responsabilidad política y contabilidad pública se presentan como criterios para un buen gobierno.

La idea de ciudadanía se presenta aquí como un requisito esencial para entender la gobernabilidad democrática, ya que ésta surge como respuesta a los retos contemporáneos del quehacer político ciudadano que demanda de la presencia de normas democráticas en el trabajo público.

La diferencia del ciudadano de hoy con el de hace diez o veinte años, sin embargo, es que su identidad ciudadana es más compleja y requiere de mecanismos de atención más representativos de su persona. De hecho las dimensiones de la ciudadanía hoy en día son más complejas y múltiples.

El espacio entre lo público y lo privado han cambiado substancialmente de manera que algunas esferas de lo privado ya no lo son y viceversa. Primero, la relación entre el Estado y el ciudadano se ha modificado ya que las demandas del individuo se han modificado y las funciones del Estado también.

Segundo, el ciudadano en relación con la sociedad se ha redimensionado en relación con su participación activa en la sociedad civil en varios segmentos, tanto a nivel personal como público. Tercero, la relación del ciudadano con el mercado se ha expandido a una relación de tipo de derechos del consumidor.

Las demandas del ciudadano se están ajustando como las de un consumidor que requiere ciertos derechos, y demandas no sólo de calidad y cantidad sino que de servicio. Cuarto, la relación entre el ciudadano con su comunidad grupal han cambiado las dinámicas de relación con el Estado, de manera tal que la identidad personal y grupal han reconstituido lo ciudadano y por ende las respuestas del Estado.

Reclamos de identidad de género, cultura, raza, religión, entre otros, han hecho que el Estado y la sociedad reconceptualicen los derechos ciudadanos. Finalmente, la ciudadanía se ha globalizado desde diversos ángulos, en la vida cotidiana como sujeto de los cambios así como responsable de nuevas actividades.

La ciudadanía, entonces, se encuentra enfrentada ante nuevas tradiciones que están substituyendo viejas tradiciones. De tal forma que las configuraciones sociales y políticas tratan de incorporar o resistir estas nuevas tradiciones y esencialmente se reducen al monitoreo del comportamiento de la gobernabilidad dentro de lo democrático.


Gobernabilidad, ciudadanía y democracia
en Nicaragua


Para entender la relación entre gobernabilidad y ciudadanía en Nicaragua hay que determinar los criterios de gobernabilidad apropiados con la realidad nicaragüense. Así, entonces, se analizarán las circunstancias políticas de la política actual. Y finalmente, se pueden plantear estrategias para enfrentar la posible ingobernabilidad del país.


Criterios e indicadores de gobernabilidad
para el caso de Nicaragua


Para realizar un análisis sobre la gobernabilidad en Nicaragua es importante plantear algunos indicadores y criterios que reflejen el concepto utilizado por la comunidad internacional y que recoja la experiencia nicaragüense. Para tal efecto se proponen los siguientes criterios e indicadores que partirían de un marco teórico de la relación entre democracia y gobernabilidad.

Este marco teórico sostiene que la gobernabilidad es el área de intersección que existe entre la administración pública y el proceso político de una democracia. En este sentido cuando el estado trata de coordinar y adaptar ante situaciones cambiantes, lo hace dentro de un parámetro de requisitos democráticos. Para tal efecto los criterios e indicadores que pueden informar el ejercicio democrático con gobernabilidad son los siguientes:

Primero, dentro del contexto institucional del trabajo del estado debe analizarse el vínculo entre capacidad y legitimidad de la política pública de un gobierno o de los gobiernos que han existido desde la transición democrática. La gobernabilidad necesita de una institución política capaz y legítima.

Segundo, estos vínculos deben asociarse con tres factores ligados directamente con el “buen” manejo gubernativo: la autoridad política y pública, el estado de derecho y la estabilidad política. Estos tres factores están íntimamente entrelazados pero son independientes entre sí. En conjunto, sin embargo, se perfilan como los tres elementos de una democracia.

Tercero, estos criterios de análisis serían la base para comparar con los indicadores tradicionales utilizados regularmente en el ejercicio de la gobernabilidad democrática: a) Transparencia, b) Responsabilidad, c) Autonomía (local, estatal), d) Apoyo social (organizado y ciudadano), e) Coordinación (entre agencias y entre estado y sociedad) y f) Cultura política.

De esta manera estos, tres campos (indicadores y criterios) llegarán a componer la estructura analítica de la gobernabilidad para el caso de Nicaragua.


La realidad nicaragüense

Una apreciación general sobre la relación que existe entre los acontecimientos políticos nicaragüenses de los últimos tres años muestra que el país se encuentra en un margen muy alto de ingobernabilidad que ha generado sobre todo un problema de división o fragmentación política nacional y, por ende, presenta un potencial de gran inestabilidad.

El país sufre de la presencia de a) Corrupción generalizada dentro del gobierno desde la autoridad máxima a autoridades intermedias, b) Pactos políticos excluyentes, en donde los dos partidos políticos negociaron la ganancia económica por la política y viceversa, c) El abuso de autoridad política y pública representado por el nepotismo, la intimidación hacia la frágil oposición y de quienes tratan de criticar el ejercicio del gobierno, d) La continua negligencia hacia la pobreza y el desempleo, y e) La alta desorganización política al nivel de la oposición, y falta de participación ciudadana que ha sido cohibida por los procesos que arriba se mencionan.

Esta división política está vinculada a un alto nivel de individualismo político heredado por la tradición del caudillismo criollo, en donde prevalece el personalismo, más que la capacidad, en el ejercicio de la autoridad política. Sin embargo, este problema del individualismo político está también ligado a una situación de confianza que ha afectado al país por mucho tiempo.

Existe muy poca confianza política, social y moral entre y hacia grupos políticos nacionales. Esta falta de confianza mutua se retroalimenta con el individualismo político y ha mantenido un círculo vicioso bastante enraizado que no permite sacar al país de una crisis de gobernabilidad. Nadie confía de nadie y sólo uno cree que es capaz de resolver los problemas.

Al mismo tiempo, el individualismo político y la falta de confianza mutua son influidos por una incapacidad de medir el nivel moral y responsable de las acciones que las personas públicas y privadas realizan. Debido a las cultura de la violencia y represión, se ha desvalorizado el contenido moral del tejido nicaragüense, lo que a consecuencia ha limitado su capacidad para denunciar las acciones irresponsables y los abusos de las personalidades públicas. El tejido moral crea en una sociedad las bases para determinar la buena conducta política de un líder, si este tejido esta débil o inexistente, los parámetros de evaluación son muy tenues o sujetos a manipulación.

En Nicaragua los escándalos de corrupción como el vinculado con el abuso de autoridad y el usufructo del Estado por parte de personas allegadas al Presidente que han sido funcionarios públicos, tienen gran semejanza con la situación peruana. Sin embargo, dada la debilidad del carácter moral nicaragüense no se ha logrado conectar la inaceptabilidad del abuso de autoridad y la corrupción.

Además, la labor de líderes autocráticos que ha buscado debilitar a otros grupos políticos ha sido exitosa. Como resultado, la oposición política se encuentra en crisis y extinción reducida a escoger entre dos opciones, unirse al bloque hegemónico o mantenerse al margen político.

La tercera opción, organizarse frente a los dos bloques políticos, está restringida y debilitada debido a una ausencia de una agenda clara sobre el futuro, y un enfoque continuo en la necesidad de líderes, y no de coaliciones organizadas y bien estructuradas.

La falta de confianza entre los líderes opositores para forjar una agenda común y escoger un representante único es la amenaza y causa principal de la derrota de cualquier movimiento de tercer fuerza. La visión cortoplacista hacia el futuro es otro obstáculo frente a cualquier movimiento opositor.

Finalmente, las demandas de la globalización en el campo económico han abrumado los aportes internacionales en lo político y han debilitado al ciudadano promedio. La globalización económica en el corto plazo ha empobrecido a las personas, ya que éstas no están preparadas para enfrentarse a nuevas demandas basadas en la capacidad tecnológica y el conocimiento. Como resultado el ciudadano promedio se encuentra perturbado diariamente por la lucha por la sobrevivencia económica y lo político se convierte en algo inalcanzable o en un ruido indeseable.

Así, la sociedad nicaragüense está afectada interna y externamente en su quehacer cotidiano y su capacidad de demandar en tener un gobierno con dirección democrática. Como resultado el ciudadano nicaragüense se siente desesperanzado. Sin embargo, esta situación no significa que es incambiable, estrategias de cambio político se pueden lograr.


Estrategias para lograr la gobernabilidad política

La sociedad nicaragüense ha logrado cambiar regímenes autoritarios y demandar democracia, justicia y libertad. La ausencia de líderes responsables ha sido un obstáculo para muchos para seguir adelante. Una sociedad como la nicaragüense puede confrontar sus obstáculos mediante el seguimiento de 10 puntos básicos:

  1. Fomentar la reflexión sobre la relación que existe entre justicia, democracia y autoridad política;

  2. Valorizar a personalidades no tradicionales, con un carácter moral y político respetable;

  3. Motivar al ciudadano corriente a participar en la política nacional desde su casa: practicar la democracia desde el hogar;

    Reconocer públicamente las acciones positivas realizadas por ciudadanos comunes;

  4. Trabajar mediante la realización del buen ejemplo propio para forjar modelos;

  5. Denunciar la injusticia dentro y fuera de la institución en la que se trabaja;

  6. Estudiar y evaluar los actos públicos conforme a su defendibilidad moral;

  7. Demandar profesionalismo, respeto y transparencia en el ejercicio público (tanto de los medios de comunicación como del Estado);

  8. Levantar y propagar valores morales y ciudadanos;

  9. Trabajar en la construcción de un proyecto de Nación y democracia en cooperación con la comunidad internacional comprometida con el cambio democrático.


* Director del programa centroamericano del Diálogo Interamericano,
Washington DC



VOLVER AL COMIENZO

 

 

.