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ENSAYO
Gobernabilidad
y ciudadanía:
Nicaragua
en la mira
Manuel
Orozco*
El rol que
tiene la gobernabilidad y la ciudadanía en relación con un proceso democrático
es de especial importancia. Para el caso nicaragüense la temática de la
gobernabilidad es crucial porque determina el nivel de confianza que existe
en las instituciones del país así como también determina las oportunidades
de continuar avanzando la democracia en la Nación.
Gobernabilidad y ciudadanía
El tema de gobernabilidad ha sido sujeto de muchas discusiones y debates
en relación con su definición y su aplicación en la realidad de un país
dado. Esto se debe a que su definición se debe de distinguir de su utilización.
En muchos casos el concepto se ha confundido con lo que la gobernabilidad
hace en un contexto determinado, sea lo económico, internacional, político
o empresarial. Por ejemplo, la definición de gobernabilidad se ha asociado
con la concepción del Banco Mundial en relación con el vínculo entre el
mercado y la democracia.
El concepto en sí se puede entender como la capacidad de adaptación y
coordinación que tiene un actor político, como el Estado, en ejecutar
sus responsabilidades. Jon Pierre, especialista en el tema de gobernabilidad,
sostiene que “la gobernabilidad tiene un sentido doble. Por un lado se
refiere a las manifestaciones empíricas de la adaptación del Estado frente
a su ambiente externo que ha surgido a fines del siglo veinte. Por otro
lado, gobernabilidad también denota una representación conceptual o teórica
acerca de la coordinación de sistemas sociales, y en mayor parte, del
rol del Estado en tal proceso.”
Pierre, entonces, habla de gobernabilidad en términos de adaptación y
coordinación. De hecho él establece que “gobernabilidad es sobre cómo
las instituciones políticas mantienen su rol de guía, de dar rumbo ante
los retos internos y externos con los que se enfrenta el estado.” De tal
forma, la gobernabilidad no es el acto de gobernar, sino de cómo se maneja
el gobierno, sobre qué métodos de gobernar se utilizan y como se balancean
entre sí para ofrecer un trabajo óptimo. Es sobre el proceso de maniobramiento
del gobierno.
Esta noción necesita contextualizarse a una realidad específica, como
lo es la globalización, la democracia o la administración corporativa.
Es en el caso de la democracia que el concepto de gobernabilidad se ha
constituido en una herramienta muy importante para determinar cómo el
gobierno ejecuta sus acciones en un contexto democrático y sin abuso de
autoridad política que responda ante la ciudadanía. De ahí que conceptos
como transparencia, responsabilidad política y contabilidad pública se
presentan como criterios para un buen gobierno.
La idea de ciudadanía se presenta aquí como un requisito esencial para
entender la gobernabilidad democrática, ya que ésta surge como respuesta
a los retos contemporáneos del quehacer político ciudadano que demanda
de la presencia de normas democráticas en el trabajo público.
La diferencia del ciudadano de hoy con el de hace diez o veinte años,
sin embargo, es que su identidad ciudadana es más compleja y requiere
de mecanismos de atención más representativos de su persona. De hecho
las dimensiones de la ciudadanía hoy en día son más complejas y múltiples.
El espacio entre lo público y lo privado han cambiado substancialmente
de manera que algunas esferas de lo privado ya no lo son y viceversa.
Primero, la relación entre el Estado y el ciudadano se ha modificado ya
que las demandas del individuo se han modificado y las funciones del Estado
también.
Segundo, el ciudadano en relación con la sociedad se ha redimensionado
en relación con su participación activa en la sociedad civil en varios
segmentos, tanto a nivel personal como público. Tercero, la relación del
ciudadano con el mercado se ha expandido a una relación de tipo de derechos
del consumidor.
Las demandas del ciudadano se están ajustando como las de un consumidor
que requiere ciertos derechos, y demandas no sólo de calidad y cantidad
sino que de servicio. Cuarto, la relación entre el ciudadano con su comunidad
grupal han cambiado las dinámicas de relación con el Estado, de manera
tal que la identidad personal y grupal han reconstituido lo ciudadano
y por ende las respuestas del Estado.
Reclamos de identidad de género, cultura, raza, religión, entre otros,
han hecho que el Estado y la sociedad reconceptualicen los derechos ciudadanos.
Finalmente, la ciudadanía se ha globalizado desde diversos ángulos, en
la vida cotidiana como sujeto de los cambios así como responsable de nuevas
actividades.
La ciudadanía, entonces, se encuentra enfrentada ante nuevas tradiciones
que están substituyendo viejas tradiciones. De tal forma que las configuraciones
sociales y políticas tratan de incorporar o resistir estas nuevas tradiciones
y esencialmente se reducen al monitoreo del comportamiento de la gobernabilidad
dentro de lo democrático.
Gobernabilidad,
ciudadanía y democracia
en Nicaragua
Para entender la relación entre gobernabilidad y ciudadanía en Nicaragua
hay que determinar los criterios de gobernabilidad apropiados con la realidad
nicaragüense. Así, entonces, se analizarán las circunstancias políticas
de la política actual. Y finalmente, se pueden plantear estrategias para
enfrentar la posible ingobernabilidad del país.
Criterios
e indicadores de gobernabilidad
para el caso de Nicaragua
Para realizar un análisis sobre la gobernabilidad en Nicaragua es importante
plantear algunos indicadores y criterios que reflejen el concepto utilizado
por la comunidad internacional y que recoja la experiencia nicaragüense.
Para tal efecto se proponen los siguientes criterios e indicadores que
partirían de un marco teórico de la relación entre democracia y gobernabilidad.
Este marco teórico sostiene que la gobernabilidad es el área de intersección
que existe entre la administración pública y el proceso político de una
democracia. En este sentido cuando el estado trata de coordinar y adaptar
ante situaciones cambiantes, lo hace dentro de un parámetro de requisitos
democráticos. Para tal efecto los criterios e indicadores que pueden informar
el ejercicio democrático con gobernabilidad son los siguientes:
Primero, dentro del contexto institucional del trabajo del estado debe
analizarse el vínculo entre capacidad y legitimidad de la política pública
de un gobierno o de los gobiernos que han existido desde la transición
democrática. La gobernabilidad necesita de una institución política capaz
y legítima.
Segundo, estos vínculos deben asociarse con tres factores ligados directamente
con el “buen” manejo gubernativo: la autoridad política y pública, el
estado de derecho y la estabilidad política. Estos tres factores están
íntimamente entrelazados pero son independientes entre sí. En conjunto,
sin embargo, se perfilan como los tres elementos de una democracia.
Tercero, estos criterios de análisis serían la base para comparar con
los indicadores tradicionales utilizados regularmente en el ejercicio
de la gobernabilidad democrática: a) Transparencia, b) Responsabilidad,
c) Autonomía (local, estatal), d) Apoyo social (organizado y ciudadano),
e) Coordinación (entre agencias y entre estado y sociedad) y f) Cultura
política.
De esta manera estos, tres campos (indicadores y criterios) llegarán a
componer la estructura analítica de la gobernabilidad para el caso de
Nicaragua.
La
realidad nicaragüense
Una apreciación general sobre la relación que existe entre los acontecimientos
políticos nicaragüenses de los últimos tres años muestra que el país se
encuentra en un margen muy alto de ingobernabilidad que ha generado sobre
todo un problema de división o fragmentación política nacional y, por
ende, presenta un potencial de gran inestabilidad.
El país sufre de la presencia de a) Corrupción generalizada dentro del
gobierno desde la autoridad máxima a autoridades intermedias, b) Pactos
políticos excluyentes, en donde los dos partidos políticos negociaron
la ganancia económica por la política y viceversa, c) El abuso de autoridad
política y pública representado por el nepotismo, la intimidación hacia
la frágil oposición y de quienes tratan de criticar el ejercicio del gobierno,
d) La continua negligencia hacia la pobreza y el desempleo, y e) La alta
desorganización política al nivel de la oposición, y falta de participación
ciudadana que ha sido cohibida por los procesos que arriba se mencionan.
Esta división política está vinculada a un alto nivel de individualismo
político heredado por la tradición del caudillismo criollo, en donde prevalece
el personalismo, más que la capacidad, en el ejercicio de la autoridad
política. Sin embargo, este problema del individualismo político está
también ligado a una situación de confianza que ha afectado al país por
mucho tiempo.
Existe muy poca confianza política, social y moral entre y hacia grupos
políticos nacionales. Esta falta de confianza mutua se retroalimenta con
el individualismo político y ha mantenido un círculo vicioso bastante
enraizado que no permite sacar al país de una crisis de gobernabilidad.
Nadie confía de nadie y sólo uno cree que es capaz de resolver los problemas.
Al mismo tiempo, el individualismo político y la falta de confianza mutua
son influidos por una incapacidad de medir el nivel moral y responsable
de las acciones que las personas públicas y privadas realizan. Debido
a las cultura de la violencia y represión, se ha desvalorizado el contenido
moral del tejido nicaragüense, lo que a consecuencia ha limitado su capacidad
para denunciar las acciones irresponsables y los abusos de las personalidades
públicas. El tejido moral crea en una sociedad las bases para determinar
la buena conducta política de un líder, si este tejido esta débil o inexistente,
los parámetros de evaluación son muy tenues o sujetos a manipulación.
En Nicaragua los escándalos de corrupción como el vinculado con el abuso
de autoridad y el usufructo del Estado por parte de personas allegadas
al Presidente que han sido funcionarios públicos, tienen gran semejanza
con la situación peruana. Sin embargo, dada la debilidad del carácter
moral nicaragüense no se ha logrado conectar la inaceptabilidad del abuso
de autoridad y la corrupción.
Además, la labor de líderes autocráticos que ha buscado debilitar a otros
grupos políticos ha sido exitosa. Como resultado, la oposición política
se encuentra en crisis y extinción reducida a escoger entre dos opciones,
unirse al bloque hegemónico o mantenerse al margen político.
La tercera opción, organizarse frente a los dos bloques políticos, está
restringida y debilitada debido a una ausencia de una agenda clara sobre
el futuro, y un enfoque continuo en la necesidad de líderes, y no de coaliciones
organizadas y bien estructuradas.
La falta de confianza entre los líderes opositores para forjar una agenda
común y escoger un representante único es la amenaza y causa principal
de la derrota de cualquier movimiento de tercer fuerza. La visión cortoplacista
hacia el futuro es otro obstáculo frente a cualquier movimiento opositor.
Finalmente, las demandas de la globalización en el campo económico han
abrumado los aportes internacionales en lo político y han debilitado al
ciudadano promedio. La globalización económica en el corto plazo ha empobrecido
a las personas, ya que éstas no están preparadas para enfrentarse a nuevas
demandas basadas en la capacidad tecnológica y el conocimiento. Como resultado
el ciudadano promedio se encuentra perturbado diariamente por la lucha
por la sobrevivencia económica y lo político se convierte en algo inalcanzable
o en un ruido indeseable.
Así, la sociedad nicaragüense está afectada interna y externamente en
su quehacer cotidiano y su capacidad de demandar en tener un gobierno
con dirección democrática. Como resultado el ciudadano nicaragüense se
siente desesperanzado. Sin embargo, esta situación no significa que es
incambiable, estrategias de cambio político se pueden lograr.
Estrategias
para lograr la gobernabilidad política
La sociedad nicaragüense ha logrado cambiar regímenes autoritarios y demandar
democracia, justicia y libertad. La ausencia de líderes responsables ha
sido un obstáculo para muchos para seguir adelante. Una sociedad como
la nicaragüense puede confrontar sus obstáculos mediante el seguimiento
de 10 puntos básicos:
- Fomentar
la reflexión sobre la relación que existe entre justicia, democracia
y autoridad política;
- Valorizar
a personalidades no tradicionales, con un carácter moral y político
respetable;
- Motivar
al ciudadano corriente a participar en la política nacional desde su
casa: practicar la democracia desde el hogar;
Reconocer públicamente las acciones positivas realizadas por ciudadanos
comunes;
- Trabajar
mediante la realización del buen ejemplo propio para forjar modelos;
- Denunciar
la injusticia dentro y fuera de la institución en la que se trabaja;
- Estudiar
y evaluar los actos públicos conforme a su defendibilidad moral;
- Demandar
profesionalismo, respeto y transparencia en el ejercicio público (tanto
de los medios de comunicación como del Estado);
- Levantar
y propagar valores morales y ciudadanos;
- Trabajar
en la construcción de un proyecto de Nación y democracia en cooperación
con la comunidad internacional comprometida con el cambio democrático.
* Director
del programa centroamericano del Diálogo Interamericano,
Washington DC
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