|
|
|
DE PORTADA
Conflictos
rurales esperan verdaderas
soluciones institucionales
¿Cómo
terminar con
la “nueva violencia”
en el campo?
Sociólogos analizan causas de bandas
rurales y tierras de la discordia
Lourdes
Arróliga
 |
|
| Escena
normal en el campo |
|
La guerra
quedó atrás o al menos eso dicta la historia. Sin embargo tras la herida,
se esconden cicatrices. La realidad en el campo es otra, donde el actuar
delictivo de bandas y los conflictos por la toma de tierras, son expresiones
de la nueva violencia, según el estudio “Conflictos rurales en Nicaragua:
las tierras de la discordia”, realizado por los sociólogos Elvira Cuadra
Lira y Angel Saldomando.
La investigación, que culminaron el mes pasado, es parte de un estudio
regional en Nicaragua, Salvador y Chiapas, México, que realiza The
North and South Institute of Canadá, como parte del Programa de Prevención
de Conflictos “en un esfuerzo para formular estrategias de solución”,
según los autores.
La realidad nicaragüense matizada por la vieja violencia —conflicto militar
en el campo—, produce nuevas manifestaciones en el período postmilitar,
que tienen nuevos elementos: programas de ajuste económicos, procesos
de pacificación. Sin embargo, la respuesta institucional para resolver
la criminalidad y los conflictos de posesión y entrega de tierras a ex
combatientes, son elementos olvidados en la política nacional.
De acuerdo a los planteamientos de Cuadra y Saldomando, las numerosas
bandas que existen en toda la zona montañosa del país, tienen su origen
en las agrupaciones de desmovilizados, que fueron catalogadas como “bandas
delictivas” y “se les dio tratamiento como tales por parte de las instituciones
policiales y militares”.
“Es lo que Heidrun Zinecker describe como la superposición de una violencia
nueva a una vieja en un contexto de transición incompleta y reestructuración
de la sociedad que carece de reglamentaciones”, indica el estudio.
Para Cuadra y Saldomando “el límite entre violencia política y criminal
es difuso, más bien se entrelazan”. La única diferencia es la motivación
del acto. “Al inicio las bandas eran grupos de rearmados que ejercían
presión para obtener recursos de inserción. Su objetivo era ejercer presión
política. Ahora la violencia criminal está dada por ex combatientes, campesinos
y delincuentes. Es una actividad delictiva”, explicó Cuadra.
Bandas rurales: 17.6% de delitos con
arma de fuego
De acuerdo al estudio sociológico, en la actualidad las bandas rurales
están conformadas por un promedio de 4.5 hombres, mientras que las agrupaciones
durante los ciclos de rearme contaban con una o dos decenas de irregulares.
Los asesinatos, asaltos, secuestros, plagios, robos con intimidación y
demás delitos, son parte de las actividades delictivas que estos grupos
“han adoptado como modos de vida”.
Según una
muestra de 284 registros policiales sobre delitos que involucraron el
uso de armas de fuego correspondientes a los años 1998 y 1999, se constató
que el 17.6% fueron cometidos por bandas rurales, de los cuales los robos
y los asesinatos representan el mayor porcentaje. (Ver cuadro 1)
|
Cuadro
1
Delitos Cometidos
por bandas rurales
1998-1999
|
| Tipos
de delito |
Porcentaje |
| Robos
con intimidación (RCI) |
32
|
| Asesinatos |
12
|
| Plagios |
12
|
| Secuestros |
10
|
| Acciones
armadas |
8
|
| Amenazas |
4
|
| Otros
delitos |
22
|
|
Fuente:
Elaboración propia de autores del
estudio
|
La investigación
determinó que una de las similitudes entre los grupos de rearmados y las
bandas actuales son las zonas geográficas donde operan: los departamentos
del centro, el norte del país y los territorios de las regiones autónomas
del Atlántico que colindan con ellos.
No obstante, el problema de las bandas rurales se torna más complejo con
su supuesta vinculación a las actividades de narcotráfico en lo que se
denomina “triángulo minero”, una zona montañosa de la región norte-central,
donde convergen el departamento de Matagalpa y la Región Autónoma del
Atlántico Norte (RAAN).
Insuficiente
respuesta institucional
¿Cómo poner fin a las bandas rurales? Hasta la fecha la ejecución anual
de los operativos militares y policiales, no han obtenido los mejores
resultados. Pese al esfuerzo del “Plan de seguridad en el campo”, los
resultados son difusos.
Una evaluación anual de dicho plan refiere que en 1998 se inició con 26
bandas delictivas. Posteriormente surgieron 158 más y la Policía Nacional
registró 184. Después se desarticularon 160 bandas y los miembros de las
24 restantes, se desmovilizaron para integrarse a labores productivas.
Sin embargo para 1999, la Policía reconoció la existencia de 44 bandas.
(Ver cuadro 2)
|
Cuadro
2
Evolución de las bandas
rurales y sus integrantes
1996-2000
|
| Año |
Bandas |
Integrantes |
|
1996
|
256
|
1,694
|
|
1997
|
100
|
584
|
|
1998
|
119
|
710
|
|
1999
|
56
|
263
|
|
2000
|
34
|
171
|
|
Total
|
309
|
1,728
|
| Fuente:
Secretaría Ejecutiva, Policía
Nacional |
Cuadra
y Saldomando determinaron en la investigación que una de las principales
dificultades para el seguimiento de las bandas rurales es la poca información
disponible sobre ellas. “La Policía Nacional no realiza un seguimiento
riguroso de sus estadísticas y tampoco se han caracterizado a las bandas,
sus integrantes, y sus modos de operar”, indica el documento.
Para Saldomando la carencia de datos estadísticos sobre los conflictos
rurales obedece a que “desde el mundo oficial no se quiere ver el problema
para no asumirlo, es decir que hay que hacer algo, pero a nadie le interesa”.
El vacío técnico y la ceguera oficial, son las dos caras que impide la
solución del conflicto rural. “Las acciones públicas son pocas. No hay
reconocimiento del conflicto, al menos que haya un secuestro de algún
miembro de la CIAV-OEA o cuando Pedrito, El Hondureño, se tomó Estelí”,
criticó el investigador.
Por su parte Elvira Cuadra mencionó algunas iniciativas de solución impulsadas
por la sociedad civil, tales como la institucionalización de Consejos
Ampliados, que se organizan en distintos municipios desde 1990.
“Son organizaciones en la que participan la Alcaldía, la Policía, los
líderes comunales, para amortiguar la violencia. A veces plantean negociaciones
para desmovilizar alguna banda”, mencionó Cuadra, a la vez que citó que
los esfuerzos mayores se dan en Matagalpa y Jinotega.
Sin embargo, estas iniciativas “son una válvula de escape porque no hay
visión en torno a la municipalidad, que puede estar presente en la zona
como interlocutor para solucionar el problema”, criticó Cuadra.
En el enfrentamiento con las bandas rurales la Policía Nacional y el Ejército,
chocan con grupos que representan poder en las zonas de conflictos, debido
a la ausencia de instituciones sólidas que puedan enfrentar el problema.
En la región denominada el triángulo minero, las bandas armadas sobrepasan
los límites de la Policía.
“Representan poder y orden en esas regiones por lo que es más difícil
controlarlas”, mencionó Saldomando. El actuar de las bandas repercute
en el desarrollo de los municipios, “cuando se presentan momentos críticos
se atrasan proyectos que realizan los Organismos No Gubernamentales (ONG´s)
en la zona”, añadió.
Retardación
judicial traba solución de tierras
La tenencia de tierras y los conflictos de la propiedad constituyen el
segundo eje del conflicto en el mundo rural. Sin embargo, de acuerdo a
la experiencia de los investigadores es difícil determinar la dimensión
del problema porque no hay cifras claras sobre el avance de la titulación
y legalización de las propiedades asignadas a ex combatientes. Las evaluaciones
de la Policía Nacional determinan que a partir de 1997 se registra un
ascenso en el comportamiento de las tomas de tierra. (Ver cuadro 3)
|
Cuadro
3
Comportamiento de las tomas de
tierras a nivel nacional: 1991-1999
|
| 1991 |
1992 |
1993 |
1994 |
1995 |
1996 |
1997 |
1998 |
1999 |
|
220
|
162
|
40
|
36
|
13
|
17
|
58
|
56
|
80
|
| Fuente:
Anuarios estadísticos de la Policía
Nacional |
Las limitaciones
para determinar el número de delitos que ocurren ligados a disputas por
las tierras, se deben a que existe una “cifra negra” de incidentes que
no son reportados a las autoridades competentes y los registros policiales
a nivel nacional, no analizan los motivos de los delitos que se cometen.
Por otra parte la prolongación en el tiempo de una solución también incrementa
las percepciones de inseguridad en todas las zonas rurales.
Por otra parte las condiciones de vida y los niveles de desarrollo en
el campo, así como los frecuentes desastres naturales y la vulnerabilidad
de las poblaciones ante estos fenómenos, se suman a la realidad de las
nuevas manifestaciones de violencia rural. “Los ejes más importantes de
este tipo de conflictos se mueven alrededor de: los procesos de descentralización
en los gobiernos locales y el acceso a los recursos, la profundización
y extensión de la pobreza y la marginación de grandes sectores poblacionales”,
reza el informe.
La carencia de datos que reflejen la situación actual de la tenencia de
tierras y la retardación de justicia también impiden tener una radiografía
del conflicto. “Hay dinero de por medio y eso retrasa el curso de los
programas de catastro y titulación”, mencionó Elvira Cuadra.
En tanto la situación del mercado negro de tierras, transferencias ilegales
y factores de identidad son parte de los elementos a determinar en la
solución del conflicto. “Los avances son poco significativos porque los
casos son muy complejos; están sumergidos en un círculo donde las tierras
inicialmente pertenecían a comunidades individuales, posteriormente a
desmovilizados, se dio la titulación y venta a nuevos dueños”, dijo Cuadra.
Relación
pobreza-delincuencia en cuestión
De acuerdo a los planteamientos de los sociólogos las manifestaciones
de violencia en el campo no están ligadas al alto índice de pobreza en
la zona. En este sentido “son los grupos económicos y sociales los que
la generan por lo que el pobre crónico no tiene expectativas de salir
de la pobreza”, dijo Angel Saldomando. “No hay relación evidente entre
pobreza y delincuencia porque hay municipios con alto índice de pobreza
y poca criminalidad y en las zonas de conflictos hay poblaciones medianamente
pobres”, dijo.
Para Saldomando la crisis financiera desatada por el “quiebre” del INTERBANK,
lejos de despertar olas de violencia, generará “nuevas formas de presión
para la solución individual de los conflictos”. “Los malos ciclos agrícolas
son determinantes en las situaciones de violencia. Más que los conflictos
sociales, la causa de la violencia rural reside en el ciclo agrícola.
La gente no tiene que producir y por eso surgen estas manifestaciones”,
concluyó.
VOLVER
AL COMIENZO |
|