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ANALISIS
Un enfoque crítico sobre la Estrategia
de Reducción de la Pobreza
¿Seremos
un país miserable?
Cornelio
Hopmann
Leyendo
el documento Estrategia Reforzada de Reducción de la Pobreza (ERRP),
encontramos un análisis acertado del cómo estamos. Los pobres describen
así su situación:
Los pobres
consideran que las dotaciones materiales, financieras, educativas y naturales
son los principales determinantes del bienestar. En todas las áreas entrevistadas,
se identificó que los principales factores que contribuyen a una mala
calidad de vida incluyen: alimento inadecuado, vivienda pobre, bajo ingreso,
limitaciones en la tenencia de tierras, pocas oportunidades de empleo
y falta de acceso a los sistemas formales de financiamiento. En general,
los pobres no confían en las instituciones públicas, las cuales suelen
considerarse incapaces de funcionar en favor de ellos. Una de las percepciones
predominantes es un sentido de desesperación y resignación. Los pobres
creen que la pobreza es un círculo vicioso, del cual no pueden escapar,
porque es heredada y se perpetúa a través de las generaciones. Los pobres
opinan que su capital humano limitado aumenta sus vulnerabilidades a los
impactos y a las crisis económicas.
Sin quererlo,
supongo, este texto contiene no solamente una valoración de su situación
por parte de los pobres dentro de Nicaragua, sino la valoración global,
que hace todo el país al parecer de sí mismo. Consecuentemente, desde
el campesino de Santo Tomás del Norte hasta el Presidente del Banco Central,
se define pobreza por medio de la participación en el consumo, no en términos
de la capacidad de producir riqueza. Ambos se quedaron en el siglo XVIII
confundiendo todavía en el siglo XXI prosperidad con riqueza. Como punto
esencial de estrategia, el documento recomienda:
El crecimiento económico de base amplia y el uso intensivo de mano de
obra es el pilar más importante de la ERRP. Este pilar descansa en la
implementación de un programa de estabilización económica sostenido y
de reforma estructural, que incluye la privatización de empresas estatales
de servicios públicos, medidas destinadas a modernizar e integrar la economía
rural, impulsar la pequeña y mediana empresa, desarrollar la Costa Atlántica
y fomentar los aglomerados productivos estratégicos. La fortaleza de este
pilar dependerá de la dinámica del sector privado. En última instancia,
es el sector privado, no el público, el que generará puestos de trabajo,
mayores ingresos y riqueza en Nicaragua.
El
Estado deslinda responsabilidades
Con lo subrayado, el Estado y el gobierno de antemano ya se despidieron
de la economía real, salvaguardándose de responsabilidades. Si la estrategia
fracasara, esta vez el sector privado no los sandinistas sería
el culpable, al no ser lo suficientemente dinámico, !que lástima!
Cabe señalar,
que también se curan en salud los contingentes de asesores económicos
internacionales. Un vistazo en casa propia ya debería haberles enseñado
lo absurdo de transferir recetas del contexto industrial al contexto netamente
agrario: en ninguno de los países del G7 la agricultura de granos y la
ganadería simple es negocio rentable en capital líquido para el agricultor;
por el contrario, la agricultura depende desde Washington y Ottawa hasta
Bruselas y Tokio de mercados cerrados, subsidios permanentes y dumping
en las exportaciones. Tampoco la industria avanza y se moderniza sin inversiones
multimillonarias en investigación y ayudas de conversión, proporcionadas
por el sector público. Es más: el porcentaje de la participación del sector
público en el PIB en todos estos países sobrepasa con creces el de Nicaragua.
¿Por qué
se nos receta, lo que no se aplica en casa? En el fondo, es fácil identificar
que el problema fundamental para estos asesores tampoco es la capacidad
productiva del país sino algo más simple: nuestra capacidad de pago de
intereses.
Ellos se olvidaron quizás por la climatización de las oficinas en
Managua que en las zonas céntricas del planeta, como Nicaragua,
hay muchas otras formas de enriquecerse rápidamente y mayor facilidad
que invirtiendo en producción industrial o artesanal no solamente
la corrupción. De tal forma que al complicarse la producción en
sus diversas formas, el efecto más probable no es más eficiencia y eficacia
de ésta sino la descapitalización con la colocación de fondos en actividades
comerciales, financieros o netamente especulativas.
Los resultados
de las políticas aplicadas desde 1990, pero con mayor empuje desde 1996,
son congruentes con la percepción nacionalmente generalizada mencionada
al inicio: ser menos pobre es igual a mayor participación en el consumo,
es decir se define en la cima por el palacete en el Kilómetro 10 Carretera
Sur, la camionetona Chevy, el colegio y la universidad de los hijos y
por fin la buena comida. Consecuentemente, el principal dolor de cabeza
del Dr. Noel Ramírez es mantenernos lo suficientemente a flote para seguir
importando y consumiendo. Aunque en el camino se desbarata la capacidad
interna de producción y el déficit comercial alcanza proporciones nunca
antes visto, sólo balanceado un poco el déficit con nuestras exportaciones
de emigrantes. Ellos nos ayudan con sus transferencias a casa hasta tal
grado, que sólo en base a las comisiones de las remesas ya uno puede hacerse
accionista mayoritario y presidente de un banco.
Parece que tampoco preocupa demasiado el balance interno en el consumo:
si en términos globales el 20% de la humanidad consume el 80% de los recursos
disponibles, nuestros 20% más ‘ricos’ más modestos ya se conforman
con sólo el 55%. Sigamos aplicando, pues, la misma receta global a lo
interno: más y más mercado y menos Estado con ciertos aumentos mínimos
de transferencias a los más miserables por supuesto financiado también
desde el exterior, para que no se produzca una invasión de los pobres
en las zonas residenciales.
ERRP no produce mas riqueza
Ninguna de las acciones y medidas estratégicas propuestas, hace a los
pobres, ni hablar de los miserables, más productivos. Al menos no en las
zonas geográficas y áreas de trabajo en que luchan para sobrevivir.
La agricultura de subsistencia no se cambia sólo por el hecho que el campesino
tenga hasta el sexto grado aprobado. Ni la mujer, que experimenta toda
su vida como una fatalidad todo lo que esta fuera de su alcance, comenzará
a planificar la cantidad y momento de nacimiento de sus hijos sólo por
recibir instrucción. Salvo que se pretenda implementar la esterilización
medio forzada y el aborto como instrumentos de control de natalidad como
ya se hizo en otros lados, no se va bajar la tasa de fecundidad
sin darle una perspectiva real, digna y a largo plazo a la vida de estas
mujeres.
Basta un vistazo al mapa de la pobreza: ni Waslala, ni Wiwilí ni La Cruz
del Río Grande, se convertirán de cenicientas en princesas con el beso
del turismo, ni los taiwaneses, aun con el privilegio de una zona ex territorial,
van a abrir maquiladoras en Cuá-Bocay. Las propuestas de medidas facilitadoras
macro-económicas, como el mercado de tierras y madera etc. van a permitirnos
regresar felizmente al pasado, reestableciendo la agricultura extensiva
de las grandes extensiones pero de baja productividad y baja intensidad
laboral, puesto que —en términos de rentabilidad por capital líquido invertido—
es la más competitiva. Combinado con el libre comercio de madera tropical
nos ayudarán eficazmente a superar las diferencias entre Zona Pacífica,
Zona Central y Zona Atlántica, dejando éstas tan despaladas como aquella.
Se pretende darnos atol con el dedo: por un lado —según el mismo texto
basado en los datos del propio BCN— los 40% más pobres consumen ahora
más o menos el equivalente a 240 millones de US$ al año. Por el otro se
pretende gastar unos 370 Millones al año para al final de cinco años reducir
esta pobreza en un 25%, o sea subir globalmente el grupo en cuestion al
consumo de 300 Millones. Es decir un rendimiento proyectado de menos del
3% para el grupo favorecido.
¿Entonces qué es esta Estrategia Reforzada de la Reducción de la Pobreza
(ERRP), si no apunta a producir más riqueza? Es el intento audaz, lo acepto,
de hacer de la misma miseria insuperable, como estamos convencidos
todos por ser un círculo vicioso y herencia de generaciones. Por
lo menos una justificación en aras de la HIPC para más ingresos consumibles
de transferencia, desde las reservas netas del Banco Central, pasando
por los asesores nacionales e internacionales, los funcionarios políticos
de todos los niveles, el comercio y los bancos, llegando hasta los miembros
de las ONG y quizás, quizás incluyendo también a uno u otra de los que
sobrevivan aún en la miseria absoluta.
Todo bien, salvo que cuando la miseria se convierte de limitante en la
base misma de la existencia, esta existencia a la vez se hace miserable.
¿Queremos verdaderamente esto, un país miserable?
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