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SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS
AÑO 5/ No. 209/ Del 17 al 23 de septiembre de 2000

 

 
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OPINION

Sí, la política es el arte
de crear posibilidades


 
Luis Humberto
Guzmán
 

No sé si antes o después que Nelson Mandela, Manolo Morales introdujo en el seno de los socialcristianos nicaragüenses su definición de la política, no como el arte de lo posible, sino como el arte de crear posibilidades donde no existen. Precisamente de eso se trata la alianza política con el Frente Sandinista, de ampliar el horizonte de la realidad nicaragüense, según la expresión usada por Andrés Pérez en su artículo “¿Perdió su vocación de cazador el Caza-Ratas?”, publicado en la edición 208 de Confidencial.

El artículo en referencia centra su argumentación en la supuesta insuficiencia de razones éticas y políticas ofrecidas por Agustín Jarquín en declaraciones a distintos medios respecto a la probable alianza entre la Unidad Socialcristiana y el Frente Sandinista.

Me parece que el tema merece un análisis que vaya mas allá de las habilidades dialécticas del ex Contralor. Aunque, desde luego, es relevante la capacidad persuasiva para lograr apoyo y respaldo político y electoral para esta operación.

Tal vez sea más relevante preguntarse: ¿Cómo ampliar el horizonte de la realidad política nicaragüense?, si reproduciendo una práctica política encasillada en viejos moldes y en la dinámica del conflicto sandinismo versus antisandinismo, la que dio resultados positivos en la elección de 1990, pues generó un gobierno democrático pleno de libertades públicas y que inició con audacia la construcción de las instituciones democráticas de Nicaragua, pero que en 1996 nos produjo el resultado de elegir un presidente de talante y vocación autoritaria y cuyo resultado más relevante es la destrucción de las instituciones

O si por el contrario la ampliación del horizonte de la realidad nicaragüense requiere de romper los viejos esquemas y plantearse con audacia, entre otras cosas, la invitación al sandinismo a participar en la construcción de un proyecto de Nación.

Ciertamente Nicaragua necesita de la realización de un proyecto de Nación que asegure su gobernabilidad. Para ser gobernable Nicaragua no necesita de más reformas constitucionales, nuestra mayor crisis radica en la marginación de más del 80 por ciento de la población, que se ve privada de unas condiciones de vida decentes y dignas.

El extremismo nicaragüense se ha manifestado no sólo en la política, sino también en la economía y así hemos tenido procesos de crecimiento sin distribución, como ocurrió bajo el somocismo, o de distribución sin crecimiento, como pasó bajo el sandinismo. Nicaragua necesita ahora producir la revolución de tener crecimiento y distribución a la vez, ese es el milagro que Nicaragua necesita.

Esa es básicamente la propuesta que se quiere ofrecer a la sociedad nicaragüense, esa es una meta que trasciende las posibilidades de cualquier sector político individualmente considerado, su realización va más allá de un período de gobierno, se necesita por lo tanto de un sólido acuerdo nacional incluyente, no marginador. Y la reproducción del viejo esquema del sandinismo versus antisandinismo sólo nos alejaría del proyecto de Nación.

Es necesario distinguir entre los objetivos de la alianza y las objeciones a la misma. La mayor objeción a la alianza es la calificación del sandinismo como un grupo de leprosos políticos de los que hay que huir. Paradójicamente esos leprosos —incluso tal vez contra su voluntad— han sido los únicos gobernantes que han reconocido haber perdido una elección y entregado pacíficamente el poder.

Si Anastasio Somoza Debayle hubiese tenido en 1979 el mismo pragmatismo que Daniel Ortega en 1990 y hubiese aceptado el Plebiscito, el curso de la historia de Nicaragua probablemente hubiera sido otro, con menos costos sociales y sin pérdidas en vidas humanas.

Si es por vocación autoritaria, por políticas excluyentes, ninguna colectividad política que haya ejercido el poder en Nicaragua podría considerarse sana, todos son leprosos, nadie puede tirar la primera piedra, ni siquiera el general Joaquín Cuadra, quien pretende haber caído del cielo sin pasado político alguno.

En fin, se trata de que todos los leprosos estén a la altura de las exigencias del país, que todos tengamos el valor de reconocernos en el espejo tal cual somos, asumamos nuestras responsabilidades políticas y nos esforcemos en construir un porvenir decente para Nicaragua.

Sé que la decisión de explorar esta alianza para Agustín Jarquín le ha exigido hacer acopio de coraje y de entereza personal. Siempre le ha ocurrido así en sus relaciones con los sandinistas, en 1979 encabezó un puñado de críticos al sandinismo que advirtió sobre sus desviaciones autoritarias, a mitad de los años 80 pasó encarcelado cerca de nueve meses por reclamar ampliación de los espacios políticos. Ahora aliarse con los sandinistas, en otro empeño por ampliar el horizonte de la realidad política, también le vuelve a exigir valor.

En su artículo Andrés Pérez critica la alianza política con el Frente Sandinista, porque en su opinión los socialcristianos nos hemos guiado por el puro criterio de la viabilidad, pero incongruentemente él termina diciendo que esta alianza no le convence precisamente porque no la ve viable.

El futuro de la sociedad nicaragüense depende en gran medida de la capacidad del liderazgo político para animar la formulación de un proyecto de Nación y comprometerse con su realización. Los socialcristianos aspiramos contribuir a la construcción de ese futuro planteando la alianza con el Frente Sandinista.

 

















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