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OPINION
Sí,
la política es el arte
de crear posibilidades
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Luis
Humberto
Guzmán
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No sé si
antes o después que Nelson Mandela, Manolo Morales introdujo en el seno
de los socialcristianos nicaragüenses su definición de la política, no
como el arte de lo posible, sino como el arte de crear posibilidades donde
no existen. Precisamente de eso se trata la alianza política con el Frente
Sandinista, de ampliar el horizonte de la realidad nicaragüense, según
la expresión usada por Andrés Pérez en su artículo “¿Perdió su vocación
de cazador el Caza-Ratas?”, publicado en la edición 208 de Confidencial.
El artículo en referencia centra su argumentación en la supuesta insuficiencia
de razones éticas y políticas ofrecidas por Agustín Jarquín en declaraciones
a distintos medios respecto a la probable alianza entre la Unidad Socialcristiana
y el Frente Sandinista.
Me parece que el tema merece un análisis que vaya mas allá de las habilidades
dialécticas del ex Contralor. Aunque, desde luego, es relevante la capacidad
persuasiva para lograr apoyo y respaldo político y electoral para esta
operación.
Tal vez sea más relevante preguntarse: ¿Cómo ampliar el horizonte de la
realidad política nicaragüense?, si reproduciendo una práctica política
encasillada en viejos moldes y en la dinámica del conflicto sandinismo
versus antisandinismo, la que dio resultados positivos en la elección
de 1990, pues generó un gobierno democrático pleno de libertades públicas
y que inició con audacia la construcción de las instituciones democráticas
de Nicaragua, pero que en 1996 nos produjo el resultado de elegir un presidente
de talante y vocación autoritaria y cuyo resultado más relevante es la
destrucción de las instituciones
O si por el contrario la ampliación del horizonte de la realidad nicaragüense
requiere de romper los viejos esquemas y plantearse con audacia, entre
otras cosas, la invitación al sandinismo a participar en la construcción
de un proyecto de Nación.
Ciertamente Nicaragua necesita de la realización de un proyecto de Nación
que asegure su gobernabilidad. Para ser gobernable Nicaragua no necesita
de más reformas constitucionales, nuestra mayor crisis radica en la marginación
de más del 80 por ciento de la población, que se ve privada de unas condiciones
de vida decentes y dignas.
El extremismo nicaragüense se ha manifestado no sólo en la política, sino
también en la economía y así hemos tenido procesos de crecimiento sin
distribución, como ocurrió bajo el somocismo, o de distribución sin crecimiento,
como pasó bajo el sandinismo. Nicaragua necesita ahora producir la revolución
de tener crecimiento y distribución a la vez, ese es el milagro que Nicaragua
necesita.
Esa es básicamente la propuesta que se quiere ofrecer a la sociedad nicaragüense,
esa es una meta que trasciende las posibilidades de cualquier sector político
individualmente considerado, su realización va más allá de un período
de gobierno, se necesita por lo tanto de un sólido acuerdo nacional incluyente,
no marginador. Y la reproducción del viejo esquema del sandinismo versus
antisandinismo sólo nos alejaría del proyecto de Nación.
Es necesario distinguir entre los objetivos de la alianza y las objeciones
a la misma. La mayor objeción a la alianza es la calificación del sandinismo
como un grupo de leprosos políticos de los que hay que huir. Paradójicamente
esos leprosos —incluso tal vez contra su voluntad— han sido los únicos
gobernantes que han reconocido haber perdido una elección y entregado
pacíficamente el poder.
Si Anastasio Somoza Debayle hubiese tenido en 1979 el mismo pragmatismo
que Daniel Ortega en 1990 y hubiese aceptado el Plebiscito, el curso de
la historia de Nicaragua probablemente hubiera sido otro, con menos costos
sociales y sin pérdidas en vidas humanas.
Si es por vocación autoritaria, por políticas excluyentes, ninguna colectividad
política que haya ejercido el poder en Nicaragua podría considerarse sana,
todos son leprosos, nadie puede tirar la primera piedra, ni siquiera el
general Joaquín Cuadra, quien pretende haber caído del cielo sin pasado
político alguno.
En fin, se trata de que todos los leprosos estén a la altura de las exigencias
del país, que todos tengamos el valor de reconocernos en el espejo tal
cual somos, asumamos nuestras responsabilidades políticas y nos esforcemos
en construir un porvenir decente para Nicaragua.
Sé que la decisión de explorar esta alianza para Agustín Jarquín le ha
exigido hacer acopio de coraje y de entereza personal. Siempre le ha ocurrido
así en sus relaciones con los sandinistas, en 1979 encabezó un puñado
de críticos al sandinismo que advirtió sobre sus desviaciones autoritarias,
a mitad de los años 80 pasó encarcelado cerca de nueve meses por reclamar
ampliación de los espacios políticos. Ahora aliarse con los sandinistas,
en otro empeño por ampliar el horizonte de la realidad política, también
le vuelve a exigir valor.
En su artículo Andrés Pérez critica la alianza política con el Frente
Sandinista, porque en su opinión los socialcristianos nos hemos guiado
por el puro criterio de la viabilidad, pero incongruentemente él termina
diciendo que esta alianza no le convence precisamente porque no la ve
viable.
El futuro de la sociedad nicaragüense depende en gran medida de la capacidad
del liderazgo político para animar la formulación de un proyecto de Nación
y comprometerse con su realización. Los socialcristianos aspiramos contribuir
a la construcción de ese futuro planteando la alianza con el Frente Sandinista.
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