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INVITADO DE LA
SEMANA
Juan Rial, consultor
internacional en materia de defensa analiza dilemas:
¿Seguridad
pública o defensa nacional?
El Ejército cada vez realiza más actividades policiales, pero las diferencias
siguen siendo fuertes: las Fuerzas Armadas se enfrentan a enemigos,
la labor policial es prevenir
Lourdes
Arróliga
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| Juan
Rial |
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Son muchas
cosas las que pueden plantearse en materia de defensa nacional, pero lo
esencial es coordinar esfuerzos entre todos los actores para formular
políticas de defensa, sugiere Juan Rial, especialista latinoamericano
en el tema.
El politólogo uruguayo se ha dedicado durante más de veinte años a la
temática de la defensa en Latinoamérica, laborando en organismos como
el National Democratic Institute, la AID y “con gobiernos específicos,
como en mi país”.
En un panel sobre la Formulación de Políticas Públicas de Defensa y Seguridad,
que realizó el Centro de Estudios Estratégicos de Nicaragua (CEEN), en
el Hotel Intercontinental —al que asistieron delegados del Ejército nicaragüense,
asesores del gobierno y miembros de la sociedad civil—, Rial analizó los
avances y desaciertos realizados en la materia.
Durante la actividad, el CEEN presentó dos informes sobre “Los escenarios
institucionales de la Defensa Nacional en Nicaragua”, y “El Gasto de Defensa
en Nicaragua: La toma de Decisiones en la Asignación de Recursos”, que
calentaron los ánimos de debate en los presentes.
En una entrevista con Confidencial, Rial analiza el desenvolvimiento de
las fuerzas castrenses en el contexto de las tendencias latinoamericanas:
su rol como actor económico, la relación con la Policía, su participación
en la lucha antidrogas y la proyección política de los ex militares.
Hay un debate en América Latina sobre si el Ejército debe intervenir
directamente en la lucha contra el narcotráfico o si esa es una tarea
meramente policial. ¿Cuáles son los pro y los contra?
El tema del narcotráfico más allá de un tema nacional es internacional
y fundamentalmente de la política doméstica de los Estados Unidos. En
un mundo globalizado en el que los Estados Unidos es la potencia predominante
y que considera a América Latina una zona de inmediata influencia, el
narcotráfico es sustancial y se ha ido imponiendo en la agenda de todos
los países, especialmente a partir de la aprobación de la ayuda militar
para el combate al narcotráfico a Colombia.
Al inicio, la mayoría de las Fuerzas Armadas de la región trataron de
no involucrarse y la razón es obvia. El combate al narcotráfico implica
una actividad prácticamente policial y un contacto muy estrecho con la
población. Se presta a caer en la posibilidad de exceso por un lado, pero
lo más importante es la tentación que sufren los integrantes de la fuerza
militar por la corrupción.
En la fuerza militar los salarios no son altos y la gente que practica
el narcotráfico pide simplemente una actitud pasiva; o sea el no mires,
no te enteres y déjame hacer. Cuando alguien tiene que mirar en la pantalla
de radar le dicen: mira, entre las diez y las diez y diez por favor vete
al baño, piérdete, no la mires y se le da una retribución fuerte por eso.
Es una tentación en la que mucha gente cae.
Además, el narcotráfico no es sólo exclusivamente el transporte de drogas
o su producción: también está el aspecto financiero, lo que es el lavado
de dinero, en lo que una Fuerza Armada no tiene nada por hacer.
¿Esta resistencia de las instituciones militares es una tendencia en
Latinoamérica?
Eso fue en principio. Ahora, ante la falta de otro tipo de actividad y
dinero, las Fuerzas Armadas se han rendido y aceptan ese tipo de misión.
Cito el caso de Bolivia, donde comandantes durante largos años dijeron
“no” y actualmente la Fuerza Armada boliviana invade fincas, quema cosechas
y eso le genera conflictos serios porque se enfrentan a campesinos, cuyo
conocimiento del destino final de su producto, la droga, es prácticamente
cero.
¿Qué ventajas y desventajas tiene la participación de las Fuerzas Armadas
en la lucha contra el narcotráfico?
Los problemas de los militares son de dos tipos: tener que enfrentar a
productores; campesinos que no tienen otra alternativa, y, en segundo
lugar, la corrupción, que puede ingresar fácilmente en la organización
militar. En lo que es a favor, el problema es que no hay más remedio para
la mayoría de estas fuerzas para obtener equipos, recursos, apoyo exterior,
que involucrarse en el tema.
¿Cómo influye en este debate la posición norteamericana?
Es total. Para los Estados Unidos el narcotráfico es un tema de política
interior que se traslada al exterior. En su política actual considera
que deben reprimirse sustancialmente los países productores y el circuito
financiero de lavado de dinero.
Otros consideran que los Estados Unidos no hacen un esfuerzo concomitante
en la lucha. El consumidor es tratado como un enfermo. La actividad delictiva
la harían exclusivamente los distribuidores. La discusión fuerte en Latinoamérica
es que no sólo debe reprimirse la producción de droga sino también el
consumo. No sólo la oferta sino también la demanda.
¿Cómo se ubica Nicaragua en ese contexto?
Nicaragua no es productor, es un país de tránsito y transporte. En América
Central hay zonas donde pasa la droga y eventualmente dinero. Estados
Unidos lo que trata de controlar son los espacios aéreos y marítimos por
donde pasaría el producto.
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