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SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS
AÑO 5/ No. 208/ Del 10 al 16 de septiembre de 2000

 

 
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COLUMNISTA INVITADO

Las contracciones y contradicciones del nuevo Agustín Jarquín

¿Perdió su vocación de cazador el Caza-Ratas?

 
Andrés Pérez Baltodano
 

Toronto.- “No convence.” Esta fue la respuesta que me dio un estudiante universitario y conductor de taxi hace dos semanas en Managua, después de que yo le preguntara su opinión sobre las razones ofrecidas por Agustín Jarquín Anaya para justificar su alianza política con el FSLN.

“No convence”, fue mi respuesta a este joven trabajador nicaragüense cuando me preguntó lo que yo pensaba sobre este mismo tema. No convence la lógica que utiliza Agustín para justificar su acercamiento al FSLN. No convence la fundamentación ética de su nueva postura. Y no convence la viabilidad política de su proyecto.Agustín trata de justificar su nueva relación con el FSLN argumentando que no tiene la “alternativa ideal”. Y como si la política fuese un programa de complacencias, señala: “Lo que más me hubiera gustado… era la (opción) del Movimiento Democrático Nicaragüense cuando tenía su conceptualización original de la Tercera Vía…. Pero eso no está” (Confidencial, No. 206, 27 agosto-2 septiembre, 2000).

Es decir, el objetivo original de Agustín y su partido fue impulsar la formación de la Tercera Vía como una manera de terminar con el control y manipulación del sistema político nicaragüense por parte del PLC y del FSLN.

Desafortunadamente, nos dice Agustín, el colapso de la Tercera Vía los obligó a negociar con el FSLN. En otras palabras, al fracasar la posible solución al empantanamiento del desarrollo democrático nicaragüense, Agustín y su partido decidieron pasar a formar parte del problema.

Esta misma lógica fue utilizada por Agustín en sus declaraciones a Visión Sandinista: “No podemos ser observadores buscando mejores tiempos o evitar asumir iniciativas que pueden ser riesgosas o esperar que se clarifiquen los nubarrones del día” (No. 34, agosto 2000). De acuerdo. Pero la amenaza de los nubarrones no explica ni justifica que Agustín y su partido hayan decidido reforzar el aguacero.

Dice Agustín que su decisión de convertirse en aliado del FSLN debe evaluarse en función de las limitaciones que impone la realidad nicaragüense. “Usted tiene una realidad que allí está, que es la que existe…,” señalaba Agustín en sus declaraciones a Confidencial. “Lamentablemente este es el país que tenemos actualmente. No hay otro país. ¿Me entendés?” No, este argumento ni se entiende ni es aceptable, porque su fundamentación ética no es ni creíble ni convincente.

La política no es —como a veces se argumenta— el arte de lo posible sino la capacidad de ampliar el horizonte de la realidad. Así entendió la política Nelson Mandela en su lucha contra el Apartheid. Así entendió la política Václav Havel en su lucha contra el totalitarismo. Así entendió la política Sandino en su lucha contra la intervención. Así entendió la política Pedro Joaquín Chamorro en su lucha contra el somocismo. ¿Y por que no decirlo? Así pensábamos que entendía la política Agustín, en su lucha contra la corrupción.La fundamentación ética que utiliza Agustín para explicar su nueva postura política lo justifica todo: Los principios deben doblegarse ante la fuerza y acomodarse a la realidad del poder. Desde esta perspectiva, el poder debe aceptarse como la escala normativa que mide y valora el sentido de nuestras actuaciones. Esta aceptación oportunista del poder y de la realidad existente convierte la acción política en una fuerza reproductora de los límites dentro de los que se desarrolla la triste historia política de nuestro desventurado país.

La política, especialmente en los pueblos marcados por el fracaso de sus historias, debe abrir las paredes de la realidad inmediata para visualizar la realidad posible que está siempre latente detrás de lo tangible. Si la realidad concreta de la Nicaragua de hoy, esa que se nos presenta como inevitable, es la del poder, la realidad posible, la que está presente siempre como potencialidad histórica, es la que se funda en los valores de justicia social y de libertad democrática a los que debe adaptarse la realidad para construir la nueva historia.

Agustín respondería a esta crítica señalando que su intención es trabajar dentro del sistema para modificarlo: Entrar a la panza de la bestia para hacerla vomitar sus mentiras y contradicciones. Pero tampoco convencen los argumentos que utiliza Agustín para mostrar la viabilidad de su cacareado proyecto de gobernabilidad y su capacidad para modificar los valores y la conducta política del FSLN.

La pepesca socialcristiana no tiene la capacidad de domar a la piraña danielista. Eso lo sabe todo el mundo. Esto lo conoce Agustín. Esta verdad no necesita de mayores demostraciones que las que ya ofrece Agustín en su nuevo, dócil, resbaloso y contradictorio discurso.

El pecado político de Agustín no es haber formado una alianza con el FSLN. Las alianzas forman parte de la dinámica política democrática. Tampoco es culpable Agustín por haber empezado a asumir como propios los principios del FSLN. Al fin y al cabo, todos tenemos el derecho de cambiar nuestras posiciones políticas y nuestras ideas. El pecado de Agustín es que no convence. No convence la lógica que utiliza en sus argumentos. No convence la fundamentación ética de su nueva postura política. Y no convence la viabilidad política de su proyecto.

¿Se equivocó Agustín? ¿Perdió su vocación de cazador el Caza-Ratas? ¿O nos equivocamos todos los que creímos en él?.