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SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS
AÑO 5/ No. 206/ Del 27 de agosto al 2 de septiembre de 2000

 

 
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ACTUALIDAD

La Gran Convención Empresarial: una
oportunidad única para el sector privado

¿Seguiremos siendo cómplices?

 
Manuel I. Lacayo
 

Hoy 27 de agosto se lleva a cabo un encuentro de empresarios de todos los sectores y variadas magnitudes con la intención de definir causas y efectos de la crisis que vive la Nación, así como arribar a conclusiones claras acerca de la realidad nacional.

Solamente una vez, en 1974, los dirigentes empresariales nicaragüenses se dieron a una tarea similar, que a decir de algunos participantes de entonces, fue la simiente que generó una participación más activa y visible del sector privado en la discusión abierta de los temas de impacto nacional, usualmente en manos de los políticos e integrantes del sector público.

Cuando el poder político estuvo en manos del sandinismo, las decisiones se tomaban sin consultar en forma alguna al sector privado, cuya influencia cayó a los niveles más bajos de la historia del país.

Ahora, que mediante pactos de los dos partidos políticos mayoritarios se hace evidente la marginación del sector privado honesto, es inaplazable la toma de decisiones trascendentales que coloquen a la iniciativa privada en la posición apropiada como factor de unidad nacional y progreso para todos los nicaragüenses.

 

Muchos “empresarios” siguen escudándose en un supuesto temor para omitirse ante la crítica realidad del país.


La empresa privada nicaragüense no debe esperar más para tomar una acción decidida y concertada. Sus planteamientos deben ser hechos sin ambages y manifestando su voluntad de hacer prevalecer los intereses de toda la Nación.

Los gobernados supuestamente más preparados y que invierten sus riquezas para generar trabajo y bienestar social, tienen el deber ineludible de alzar su voz mesurada y firme para representar también a los que —por carecer de preparación académica o de medios para hacerse oír— son usualmente ignorados por los que en los períodos eleccionarios piden su voto y les hacen promesas que luego no les cumplen.

Ya hemos visto mucha corrupción, engaño y abuso en la historia independiente de Nicaragua. ¿Hasta cuándo los más “educados”, los más “acaudalados” y, por lo tanto, los más “indicados”, van a seguir siendo negligentes y, en algunos casos, permitiendo desde sus puestos en organismos del Estado, que se cometan actos reñidos con la ley y con la moral?

Quienes desde sus cargos en el sector público prefieren callar, en contubernio con la mal llamada oposición, se convierten en cómplices de una asociación para delinquir.

 

La empresa privada nicaragüense no debe esperar más para tomar una acción decidida y concertada. Sus planteamientos deben ser hechos sin ambages y manifestando su voluntad de hacer prevalecer los intereses de toda la Nación.


Afortunadamente hay excepciones en el sector privado, aunque muy pocas. Muchos “empresarios” siguen escudándose en un supuesto temor para omitirse ante la crítica realidad del país. Es por eso que los que tienen poco o nada que perder y sí mucho que ganar, aunque sea indebidamente, terminan tomando las riendas y metiendo en el corral nacional al resto de la población.

¿Qué no nos damos cuenta que ya no brilla la honestidad? ¿Qué no vemos como el prestigio nacional sigue declinando en el exterior? ¿Qué no es evidente que el gobierno toma el rumbo que se la antoja con el beneplácito de una clase empresarial temerosa y maleable?

En la Gran Convención Empresarial se dice que en materia de producción se pedirá la creación de nuevas leyes. Si las leyes actuales no se respetan, si se violan a diario los intereses fundamentales del pueblo, ¿qué hace pensar que creando nuevas leyes las condiciones de competencia van a ser aplicadas y en realidad llanas?

Basta con leer los informes periodísticos para concluir que el gobierno y sus aliados están ahuyentando no sólo a los países donantes sino a los inversionistas que han llegado a aliviar en algo las altas tasas de desempleo que generan hambre, inseguridad, asaltos, violencia familiar, condiciones higiénicas deplorables, diseminación de enfermedades, etc.

 

¿Qué no es evidente que el gobierno toma el rumbo que se la antoja con el beneplácito de una clase empresarial temerosa y maleable?


Debemos aplicarnos al restablecimiento de la solidez de nuestras instituciones públicas y de la confianza del contribuyente, velando por la aplicación de las leyes existentes que penalizan el peculado, así como a la eliminación de los escollos tributarios o de otro tipo que impiden la generación de mayores fuentes de trabajo y la vigorización de la base de nuestra economía, el sector agropecuario.

Si bien es cierto que debe incentivarse la exportación hay que examinar bien que grado de valor agregado lleva la misma. ¿Cómo podemos aspirar a un crecimiento evidente del bienestar nacional, del ingreso promedio del nicaragüense, si no se está facilitando la preparación de la población a los niveles en que más requiere actualmente y demandará en el futuro previsible el sector privado?

Nos guste o no, la globalización económica es una realidad y no podemos sustraernos de ella. Debemos volvernos competitivos en forma acelerada y para ello es menester la preparación básica diseminada y la elevación rápida del nivel de preparación promedio del ciudadano en cada sector de la economía.

En el área tecnológica, los empresarios piensan formular propuestas sobre investigación y desarrollo para el agro. ¿Por qué no solicitar ayuda a los países que pueden dotarnos de sus resultados, muchos de ellos transferibles a nuestras zonas productivas?

Si éstos ya no confían en el sector público, como algunos lo han manifestado, que su contribución sea canalizada directamente al sector privado en personal técnico y en programas de adopción y adaptación que generen fuentes de empleo en el sector rural. ¿Por qué pretender reinventar lo que ya existe? ¿Para qué incurrir en costos de investigación y desarrollo de lo ya investigado y desarrollado?

 

Si el sector privado no ejerce una función de liderazgo, será juzgado eventualmente como cómplice e igualmente culpable de la tragedia que vivimos los nicaragüenses.



El sector privado que vio complaciente el asesinato del Banco Nacional, la institución bancaria más antigua del país, vendrá ahora a pedir que se reforme el Crédito Rural y la creación de un Banco de Desarrollo Agropecuario. Resulta insólito.

¿Por qué no se pensó en construir sobre lo que ya existía? ¿Por qué no se obliga a que siendo éste un país de base agropecuaria, la banca tenga una buena parte de su cartera dedicada a verdaderos programas de desarrollo del agro?

Debe hacerse tomando en cuenta no sólo la rentabilidad del proyecto, sino la generación de empleo, obligando al productor a que se vaya “graduando” poco a poco del crédito, es decir, que reinvierta una parte de sus ganancias, liberándolas de impuestos sobre la renta y permitiendo que el banco pueda en esa misma proporción empezar a financiar a otros productores, prioritariamente pequeños.

Son muchos los funcionarios públicos que se ufanan de tener títulos doctorales en economía y finanzas, pero ¿qué pasa que no producen e implementan medidas prácticas que incentiven la participación del inversionista local y que beneficien a las clases trabajadoras? ¿Es que en sus estudios no aprendieron a analizar las tendencias del mercado mundial para orientar la producción agropecuaria? ¿Qué no aprendieron lo que es fomentar la producción apropiada mediante el crédito dirigido?

Está bien que se lleve a cabo este encuentro y ojalá que el logro principal sea que de ahora en adelante, quien quiera que sea “el gobierno”, tome verdaderamente en cuenta la opinión autorizada del motor productivo del país, el empresario, desde el más pequeño hasta el más grande.

Y ojalá que el gran empresario no pretenda solamente usar en esta encrucijada al pequeño empresario, sino que lo considere su aliado, y que reconozca que a medida que el país cuente con más empresarios pequeños y saludables, mayores son las posibilidades de crecimiento del empresario mediano-grande.

Ojalá y que la Gran Convención no se quede en ser tan sólo un día en que se ventilen diferencias y se expresen inquietudes, creyéndose que con eso ya todo está resuelto. Ojalá y aprendan todos que hay aliados naturales que hay que buscar y cultivar, entre los miles de nicaragüenses que viven en el extranjero, ocupando posiciones relevantes en los sectores públicos y privados de países más avanzados que pueden ayudar al nuestro. No hay que seguir rechazándolos, por el contrario, hay que atraerlos y buscar algún tipo de alianza o cooperación.

¿Cómo puede fortalecerse un sector privado si su base de consumidores no ajusta ni para la canasta básica? Ojalá y que el sector privado en esa Gran Convención también aborde el tema de la necesidad de pagar mejor a sus empleados sobre la base de su preparación y productividad. Una clase trabajadora mejor pagada muy probablemente regresará ese ingreso adicional en consumo de bienes y servicios que ofrece la clase empresarial.

Por otro lado, no debe seguirse insistiendo en pedir condonación de deuda extranjera, sino tener la vergüenza de aceptar las consecuencias de los problemas internos y procesar a los que han malversado los fondos públicos y obligarlos a restituir a las arcas del Estado, con intereses, todo o mal habido.

Salgamos de la deuda externa y fomentemos la educación como medida de largo plazo que fortalecerá la base de desarrollo del país. No se gana nada con lanzar palabras y hacer escándalos en los medios noticiosos si a los pocos días se olvidará el asunto y a los pocos meses o años ese individuo señalado seguirá siendo recibido y bienvenido por la clase empresarial, cortejándolo como posible socio y departiendo socialmente con el nuevo “Don”, haciéndose cómplice de la hazañas del “vivo” en turno.

Ojalá y que la Gran Convención Empresarial produzca no sólo críticas al gobierno, sino que se haga una introspección y un propósito de enmienda, ya que de lo contrario nada se logrará. No hay que ser conformistas y pensar: “bueno, al menos algo se logró”, “no podíamos pretender arreglarlo todo en un día”, etc.

Ha llegado el momento, ¿cuántos episodios más en la vida política del país se necesitan para que nos unamos y en confianza pongamos en orden a los que deben ser servidores del país?

La ley debe cumplirse y la justicia debe aplicarse rigurosamente a todo el que lo merezca. Mientras, a pesar de tanta sangre derramada y tantos capitales disminuidos, se siga a merced de los que ostenten el fusil o amenacen al contribuyente con aplicar auditorías injustificadas pero lesivas, mientras se siga “asaltando” al ciudadano honesto con altos impuestos, altos intereses o alta inseguridad general, el futuro del país no puede ser bueno.

Si el sector privado no ejerce una función de liderazgo, será juzgado eventualmente como cómplice e igualmente culpable de la tragedia que vivimos los nicaragüenses.

 

 

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