|
|
|
ACTUALIDAD
La
Gran Convención Empresarial: una
oportunidad única para el sector privado
¿Seguiremos
siendo cómplices?
 |
|
|
Manuel
I. Lacayo
|
|
Hoy 27 de
agosto se lleva a cabo un encuentro de empresarios de todos los sectores
y variadas magnitudes con la intención de definir causas y efectos de
la crisis que vive la Nación, así como arribar a conclusiones claras acerca
de la realidad nacional.
Solamente una vez, en 1974, los dirigentes empresariales nicaragüenses
se dieron a una tarea similar, que a decir de algunos participantes de
entonces, fue la simiente que generó una participación más activa y visible
del sector privado en la discusión abierta de los temas de impacto nacional,
usualmente en manos de los políticos e integrantes del sector público.
Cuando el poder político estuvo en manos del sandinismo, las decisiones
se tomaban sin consultar en forma alguna al sector privado, cuya influencia
cayó a los niveles más bajos de la historia del país.
Ahora, que mediante pactos de los dos partidos políticos mayoritarios
se hace evidente la marginación del sector privado honesto, es inaplazable
la toma de decisiones trascendentales que coloquen a la iniciativa privada
en la posición apropiada como factor de unidad nacional y progreso para
todos los nicaragüenses.
Muchos
“empresarios” siguen escudándose en un supuesto temor para omitirse
ante la crítica realidad del país.
La empresa privada nicaragüense no debe esperar más para tomar una acción
decidida y concertada. Sus planteamientos deben ser hechos sin ambages
y manifestando su voluntad de hacer prevalecer los intereses de toda la
Nación.
Los gobernados supuestamente más preparados y que invierten sus riquezas
para generar trabajo y bienestar social, tienen el deber ineludible de
alzar su voz mesurada y firme para representar también a los que —por
carecer de preparación académica o de medios para hacerse oír— son usualmente
ignorados por los que en los períodos eleccionarios piden su voto y les
hacen promesas que luego no les cumplen.
Ya hemos visto mucha corrupción, engaño y abuso en la historia independiente
de Nicaragua. ¿Hasta cuándo los más “educados”, los más “acaudalados”
y, por lo tanto, los más “indicados”, van a seguir siendo negligentes
y, en algunos casos, permitiendo desde sus puestos en organismos del Estado,
que se cometan actos reñidos con la ley y con la moral?
Quienes desde sus cargos en el sector público prefieren callar, en contubernio
con la mal llamada oposición, se convierten en cómplices de una asociación
para delinquir.
La
empresa privada nicaragüense no debe esperar más para tomar una acción
decidida y concertada. Sus planteamientos deben ser hechos sin ambages
y manifestando su voluntad de hacer prevalecer los intereses de toda
la Nación.
Afortunadamente hay excepciones en el sector privado, aunque muy pocas.
Muchos “empresarios” siguen escudándose en un supuesto temor para omitirse
ante la crítica realidad del país. Es por eso que los que tienen poco
o nada que perder y sí mucho que ganar, aunque sea indebidamente, terminan
tomando las riendas y metiendo en el corral nacional al resto de la población.
¿Qué no nos damos cuenta que ya no brilla la honestidad? ¿Qué no vemos
como el prestigio nacional sigue declinando en el exterior? ¿Qué no es
evidente que el gobierno toma el rumbo que se la antoja con el beneplácito
de una clase empresarial temerosa y maleable?
En la Gran Convención Empresarial se dice que en materia de producción
se pedirá la creación de nuevas leyes. Si las leyes actuales no se respetan,
si se violan a diario los intereses fundamentales del pueblo, ¿qué hace
pensar que creando nuevas leyes las condiciones de competencia van a ser
aplicadas y en realidad llanas?
Basta con leer los informes periodísticos para concluir que el gobierno
y sus aliados están ahuyentando no sólo a los países donantes sino a los
inversionistas que han llegado a aliviar en algo las altas tasas de desempleo
que generan hambre, inseguridad, asaltos, violencia familiar, condiciones
higiénicas deplorables, diseminación de enfermedades, etc.
¿Qué
no es evidente que el gobierno toma el rumbo que se la antoja con el
beneplácito de una clase empresarial temerosa y maleable?
Debemos aplicarnos al restablecimiento de la solidez de nuestras instituciones
públicas y de la confianza del contribuyente, velando por la aplicación
de las leyes existentes que penalizan el peculado, así como a la eliminación
de los escollos tributarios o de otro tipo que impiden la generación de
mayores fuentes de trabajo y la vigorización de la base de nuestra economía,
el sector agropecuario.
Si bien es cierto que debe incentivarse la exportación hay que examinar
bien que grado de valor agregado lleva la misma. ¿Cómo podemos aspirar
a un crecimiento evidente del bienestar nacional, del ingreso promedio
del nicaragüense, si no se está facilitando la preparación de la población
a los niveles en que más requiere actualmente y demandará en el futuro
previsible el sector privado?
Nos guste o no, la globalización económica es una realidad y no podemos
sustraernos de ella. Debemos volvernos competitivos en forma acelerada
y para ello es menester la preparación básica diseminada y la elevación
rápida del nivel de preparación promedio del ciudadano en cada sector
de la economía.
En el área tecnológica, los empresarios piensan formular propuestas sobre
investigación y desarrollo para el agro. ¿Por qué no solicitar ayuda a
los países que pueden dotarnos de sus resultados, muchos de ellos transferibles
a nuestras zonas productivas?
Si éstos ya no confían en el sector público, como algunos lo han manifestado,
que su contribución sea canalizada directamente al sector privado en personal
técnico y en programas de adopción y adaptación que generen fuentes de
empleo en el sector rural. ¿Por qué pretender reinventar lo que ya existe?
¿Para qué incurrir en costos de investigación y desarrollo de lo ya investigado
y desarrollado?
Si
el sector privado no ejerce una función de liderazgo, será juzgado eventualmente
como cómplice e igualmente culpable de la tragedia que vivimos los nicaragüenses.
El sector privado que vio complaciente el asesinato del Banco Nacional,
la institución bancaria más antigua del país, vendrá ahora a pedir que
se reforme el Crédito Rural y la creación de un Banco de Desarrollo Agropecuario.
Resulta insólito.
¿Por qué no se pensó en construir sobre lo que ya existía? ¿Por qué no
se obliga a que siendo éste un país de base agropecuaria, la banca tenga
una buena parte de su cartera dedicada a verdaderos programas de desarrollo
del agro?
Debe hacerse tomando en cuenta no sólo la rentabilidad del proyecto, sino
la generación de empleo, obligando al productor a que se vaya “graduando”
poco a poco del crédito, es decir, que reinvierta una parte de sus ganancias,
liberándolas de impuestos sobre la renta y permitiendo que el banco pueda
en esa misma proporción empezar a financiar a otros productores, prioritariamente
pequeños.
Son muchos los funcionarios públicos que se ufanan de tener títulos doctorales
en economía y finanzas, pero ¿qué pasa que no producen e implementan medidas
prácticas que incentiven la participación del inversionista local y que
beneficien a las clases trabajadoras? ¿Es que en sus estudios no aprendieron
a analizar las tendencias del mercado mundial para orientar la producción
agropecuaria? ¿Qué no aprendieron lo que es fomentar la producción apropiada
mediante el crédito dirigido?
Está bien que se lleve a cabo este encuentro y ojalá que el logro principal
sea que de ahora en adelante, quien quiera que sea “el gobierno”, tome
verdaderamente en cuenta la opinión autorizada del motor productivo del
país, el empresario, desde el más pequeño hasta el más grande.
Y ojalá que el gran empresario no pretenda solamente usar en esta encrucijada
al pequeño empresario, sino que lo considere su aliado, y que reconozca
que a medida que el país cuente con más empresarios pequeños y saludables,
mayores son las posibilidades de crecimiento del empresario mediano-grande.
Ojalá y que la Gran Convención no se quede en ser tan sólo un día en que
se ventilen diferencias y se expresen inquietudes, creyéndose que con
eso ya todo está resuelto. Ojalá y aprendan todos que hay aliados naturales
que hay que buscar y cultivar, entre los miles de nicaragüenses que viven
en el extranjero, ocupando posiciones relevantes en los sectores públicos
y privados de países más avanzados que pueden ayudar al nuestro. No hay
que seguir rechazándolos, por el contrario, hay que atraerlos y buscar
algún tipo de alianza o cooperación.
¿Cómo puede fortalecerse un sector privado si su base de consumidores
no ajusta ni para la canasta básica? Ojalá y que el sector privado en
esa Gran Convención también aborde el tema de la necesidad de pagar mejor
a sus empleados sobre la base de su preparación y productividad. Una clase
trabajadora mejor pagada muy probablemente regresará ese ingreso adicional
en consumo de bienes y servicios que ofrece la clase empresarial.
Por otro lado, no debe seguirse insistiendo en pedir condonación de deuda
extranjera, sino tener la vergüenza de aceptar las consecuencias de los
problemas internos y procesar a los que han malversado los fondos públicos
y obligarlos a restituir a las arcas del Estado, con intereses, todo o
mal habido.
Salgamos de la deuda externa y fomentemos la educación como medida de
largo plazo que fortalecerá la base de desarrollo del país. No se gana
nada con lanzar palabras y hacer escándalos en los medios noticiosos si
a los pocos días se olvidará el asunto y a los pocos meses o años ese
individuo señalado seguirá siendo recibido y bienvenido por la clase empresarial,
cortejándolo como posible socio y departiendo socialmente con el nuevo
“Don”, haciéndose cómplice de la hazañas del “vivo” en turno.
Ojalá y que la Gran Convención Empresarial produzca no sólo críticas al
gobierno, sino que se haga una introspección y un propósito de enmienda,
ya que de lo contrario nada se logrará. No hay que ser conformistas y
pensar: “bueno, al menos algo se logró”, “no podíamos pretender arreglarlo
todo en un día”, etc.
Ha llegado el momento, ¿cuántos episodios más en la vida política del
país se necesitan para que nos unamos y en confianza pongamos en orden
a los que deben ser servidores del país?
La ley debe cumplirse y la justicia debe aplicarse rigurosamente a todo
el que lo merezca. Mientras, a pesar de tanta sangre derramada y tantos
capitales disminuidos, se siga a merced de los que ostenten el fusil o
amenacen al contribuyente con aplicar auditorías injustificadas pero lesivas,
mientras se siga “asaltando” al ciudadano honesto con altos impuestos,
altos intereses o alta inseguridad general, el futuro del país no puede
ser bueno.
Si el sector privado no ejerce una función de liderazgo, será juzgado
eventualmente como cómplice e igualmente culpable de la tragedia que vivimos
los nicaragüenses.
|
|