Portada impresa Búsqueda
Ediciones AnterioresCorreo
Home
 
SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS
AÑO 5/ No. 205/ Del 20 al 26 de agosto de 2000

 

 
Click!

 

 

 


 

ANALISIS

Nicaragua necesita
una agenda nacional mínima

Arturo Cruz*

 
Arturo Cruz  

A pesar de las mejoras que se han regis trado en este país, no hay duda alguna que la magnitud de los problemas que enfrenta Nicaragua es extraordinario. Indices de pobreza, desigualdad, inequidad, problemas de desempleo, que nos siguen agobiando. Calidad de empleo que es totalmente insuficiente, crecimiento económico insatisfactorio y además de eso, pasamos por bandazos: en un momento creemos que la solución es la esfera pública del Estado y en otro momento creemos que la solución es la esfera privada y el mercado exclusivamente, sin ningún sentido del equilibrio.

Tenemos una empresa privada que desgraciadamente todavía no ha recuperado la suficiente fuerza para jalar esta economía adelante por sí sola, y encima de eso tenemos partidos políticos que han perdido la legitimidad social para ser los intermediarios naturales entre la sociedad civil y el Estado.

Cuando vemos la magnitud de los desafíos, entonces nos damos cuenta de algo que me parece debería haber sido siempre elemental: la tarea de sacar adelante a Nicaragua no corresponde a un sólo gobierno; tomará tiempo para hacerlo, probablemente toda una generación, por lo que debe haber continuidad entre lo que hizo el primero, lo que hizo el segundo y lo que va a hacer el tercero. Tenemos que erradicar esa práctica atávica y trágica de nosotros los nicaragüenses de borrón y cuenta nueva, negando siempre lo que hizo el que vino antes que yo.

No soy pesimista. Lo que tengo es un sentido de urgencia para empezar a caminar este sendero que nos va a llevar a la Nicaragua próspera y feliz que todos queremos.

Para ilustrar los desafíos, miren la paradoja extraordinaria que representa Nicaragua. Cuando ustedes ven las cifras del gasto social de este país como proporción de la economía, como proporción del pastel es una relación altísima, pero cuando vemos los montos que se gastan per cápita en educación y salud es increíblemente baja, tan bajo como Guatemala, como Haití, lo que no quiere decir, que el gobierno no reconoce la prioridad de invertir en el tema social, el problema es que la economía no le da al gobierno más.

Supongamos que un día los nicaragüenses nos transformamos en suecos por ponerlo así —que supuestamente son los que hacen las cosas bien— y actuamos honrada e impecablemente, todos vamos a llegar al trabajo a la misma hora y vamos a hacer nuestro mejor esfuerzo, inclusive todos los recursos del presupuesto público van a destinarse al tema social; bueno, en cinco años vamos a seguir siendo sumamente pobres, porque el problema es cómo hacemos para que el pastel sea más grande.

Otro ejemplo: tomemos en cuenta a un obrero que gana cien córdobas al mes, si ese obrero de repente decide que esos cien córdobas se van a asignar para su familia de cuatro, exclusivamente en comida, es obvio que se van a morir de hambre, aun asignando esos cien córdobas de forma exclusiva para comida. El desafío es cómo hacemos para que ese obrero gane mil 500, dos mil córdobas mensuales, sobre la base de productividad, de creatividad, de innovación, y que no sólo dependa del músculo, porque el músculo es atraso.


Una agenda para lograr continuidad

Lo elemental es hacer el pastel más grande. Ese es el verdadero desafío. Ahora bien, ¿cómo hacer el pastel más grande?

Para empezar, necesitamos una agenda nacional mínima. No puede ser un catálogo de esas tiendas por correo que ofrecen cien productos sobre cien diferentes marcas. Tiene que ser una agenda nacional mínima sobre tres o cuatro grandes puntos donde todos, independientemente de nuestras preferencias ideológicas o de quiénes gobiernen sandinistas, liberales, conservadores todos coincidamos y firmemos una suerte de contrato social entre nosotros y la sociedad nicaragüense, de que si llegamos al gobierno, esos tres o cuatro puntos los vamos a respetar, le vamos a dar continuidad.

Entre esos puntos, aunque no está muy de moda hablar de esto, yo soy un gran creyente de una macroeconomía estable. Sin macroeconomía estable no hay crecimiento sostenido, que a la larga es lo que crea mayor empleo, productividad, mayor crecimiento, que es lo que engrandece el pastel. Por eso es que no se le puede negar la tarea que hace el equipo macroeconómico de este gobierno, que en muchas cosas me parece inaceptable, pero en ese caso concreto hay que aplaudirlo. Obviamente, eso no es suficiente. Mientras tanto, ¿qué hacemos?

Voy a utilizar dos nombres porque desgraciadamente sólo así entendemos las cosas en Nicaragua, cuando personalizamos. Es importante que alguien como Noel Ramírez que ha sido instrumental para la estabilidad macroeconómica de este país, y que poco se le reconoce, también se siente a dialogar con otra persona —uno diría contrario a lo que piensa Noel Ramírez— un sociólogo identificado con el Frente Sandinista que se llama Orlando Núñez, que propone cosas muy interesantes de ayuda inmediata para la economía campesina, y que puede permitir enfrentar entonces ese dilema eterno de que mientras crecemos, ¿qué haces con el pobre que no se puede dar el lujo de esperar treinta anos?

Me parece que esa agenda nacional debería contemplar cosas que tienen que ver con una macroeconomía estable, y también que tiene que ver con las cosas chiquitas, que ayudan directamente al pequeño campesino y que implican un compromiso firme del Estado en ese sentido.

La fórmula del desarrollo la conocemos, el problema ocurre a la hora de ejecutarla. Obviamente, parte de esta agenda requiere una inversión masiva en educación, en educación de tecnología para superar la economía del músculo.


La política no debe dominar todo

Esto que pareciera elemental no lo podemos hacer en una sociedad que está excesivamente politizada. Las sociedades que sólo hablan de política son sociedades perdedoras; es elemental, no hay tiempo para hablar de nada más. Es fundamental trascender solamente hablar de política, porque entonces, este tema del que estamos hablando, este Informe, no hay espacio social para discutirlo con seriedad, porque estamos a la expectativa de la próxima maniobra política, que se vuelve una suerte de ejercicio nacional, en la que todos estamos pendientes de esa actividad.

Para que una sociedad no se politice en exceso, para que la política solamente sea parte de tu vida no toda tu vida, requiere de instituciones estables y no de personas que nos den esa estabilidad sobre la base de arreglos personales. También requiere reglas del juego estable, que no me las pueden estar cambiando, sobre todo cuando el juez dice foul, y entonces sacas al juez.

Y por eso, para usar una metáfora bastante dura, para hablar de agenda de nación, no podemos hablar de Constituyentes y de cambios de la reglas del juego. O hablamos de una cosa, o hablamos de la otra.

Muchas veces soy excesivo en mis exposiciones, pero vuelvo a insistir, es por un sentido de urgencia, porque me parece que las soluciones son elementales, y si no las queremos ver ya es producto de nuestra propia maraña, y no podemos culpar a nadie, porque ya al mundo no le importamos. Por eso insisto: es el desafío de nosotros los nicaragüenses.

Así como Unamuno cuando hablaba de su España complicada, y decía: “por esa España que nos duele”, creo que los nicaragüenses también debemos decir: por esa Nicaragua que nos duele, debemos tener urgencia, abocarnos a esta política de agenda nacional, y, realmente, sentar en esa discusión a actores políticos que tienen mucho más en común de lo que ellos se imaginan. Esa es la gran paradoja: cuando los contrincantes se sientan a dialogar se dan cuenta de que hay mucho en común. En ese momento, los enemigos se vuelven colaboradores. Entonces se puede empezar a hablar en serio sobre los grandes problemas y empieza surgir algo que me parece muy importante, el país empieza a tener, como decía nuestro amigo Carmelo Angulo, serenidad. Y ocurriría algo que no existe entre los nicaragüenses: confianza, porque si algo nos divide es la desconfianza. Aquí nadie confía en nadie, cada plática política termina, según todos los que están sentados ahí, en la traición al salir de la oficina.

Quiero terminar reconociendo los avances, pero también la magnitud de los desafíos para que empecemos a tener confianza entre nosotros y aumentar el capital social de este país, que es deficitario. Por eso vuelvo a insistir que el espacio social no solamente lo puede ocupar la política; si nos levantamos y nos acostamos hablando de política, desgraciadamente preparémonos para perder, lo que es un crimen, si se tiene una sociedad tan creativa, tan innovadora, que posee todo para ganar y para ser exitosa.


* Miembro del Consejo Editorial de Confidencial. Extractos de sus
comentarios al Informe del Desarrollo Humano 2,000.