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SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS
AÑO 5/ No. 203/ Del 6 al 12 de agosto de 2000

 

 
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Opinión

¡No me defienda, Ministro!

Oliver Bodán

Después de cuatro meses de investigación periodística, cuando finalmente Confidencial tuvo acceso a los avalúos de MODULTECSA que prueban que la emergencia del Mitch pagó una terraza de verano en el palacete de verano de Byron Jerez, el ministro de Transporte e Infraestructura pide, ¡por fin!, que se investigue el tema.

Necesitó 120 días para preocuparse por un caso que debió ser una de sus prioridades desde que lo conoció, pero que más bien guardó bajo siete llaves, con sigilo cómplice y como si fuera secreto de Estado.

En sus declaraciones a El Nuevo Diario, después de la comprobación de la investigación periodística de Confidencial, el Ministro reconoce implícitamente —déjenme escribir otra vez ¡por fin!—, que existe alguna anomalía, y deslinda cualquier responsabilidad en la gestión el ex ministro Jaime Bonilla. Bien por el Ministro, pero no es suficiente.

Robleto dijo campantemente a ese periódico que nada se habría conocido si su Ministerio no hubiera investigado el caso. Pero, en realidad, su cartera nunca investigó el tema. Nunca. De esto dan constancia, además de sus reiteradas declaraciones, una carta dirigida por la Cámara Nicaragüense de la Construcción al viceministro de Transporte, Ariel Pastora, el 11 de enero de este año.

Al momento en que los delegados de la Cámara explicaron por qué no investigaron si MODULTECSA construyó la terraza de Jerez con fondos del Mitch, se excusaron porque este aspecto lo “pudimos haber hecho si llamábamos a los trabajadores que con nombre y apellidos reportó el contratista en el período en que se denuncia estaban realizando trabajos para terceros (el ex Director de la DGI)”. Pero una palada de encubrimiento cayó sobre la iniciativa de la empresa privada y ahí terminó el asunto.

A finales de marzo se produjo la primera denuncia de Ebner Baldelomar. Robleto se abalanzó sobre el ex inspector del MTI y lo descalificó por corrupto. Pero al tirar el agua sucia, el Ministro también botó al niño de la bañera, pues nunca se atrevió a investigar el fondo de la denuncia de Baldelomar. ¿Le tuvo miedo Robleto al poderoso ex Director de la DGI? ¿O se autoinhibió de conocer el caso por razones que todavía no han salido a la superficie?

El asunto es que si no hubiera sido por la presión de Confidencial, que corroboró la denuncia inicial con testigos y documentos, el tema estaría enterrado en el olvido.

En su primera entrevista sobre el tema con Confidencial, Robleto dijo que el MTI no ameritaba investigar el caso. “Ustedes (los periodistas) tienen que moderarse y ser más claros en las cosas”, pidió. Y dijo más de una vez que no era su facultad investigar una relación de una empresa privada con terceros. Cuando le preguntamos por qué una comisión especial formada para investigar la denuncia de Baldelomar no profundizó en el caso de la terraza, respondió: “No tenemos ninguna prueba (de la terraza Jerez) y creemos que las empresas privadas (MODULTECSA) pueden contratar con quien quieran”.

Luego apareció el valiente testimonio del ingeniero José León Prado Cuadra, pero el Ministro no ameritó llamarlo al MTI. Semanas después de iniciado el caso, cuando le pregunté a Robleto luego que declarara en la Comisión Anticorrupción por qué no llamó a declarar Prado —testigo clave que mantuvo su versión hasta el fin— se escudó en que no era funcionario del Ministerio, como si no fuera su obligación comprobar o descartar cualquier presunción de irregularidad cometida en su cartera.

En la Asamblea Nacional, más de una vez le pedimos los avalúos de MODULTECSA —en los que están disfrazados las obras realizadas en el palacete de verano de Jerez—, pero siempre se excusó de hacerlo. Ahora el Ministro dice que no los entregó a Confidencial porque primero debía hacerlo a la Contraloría, para no entorpecer las investigaciones del ente fiscalizador.

Pero es la misma Contraloría la que ahora llama a Confidencial preguntando por los nuevos testigos que brindaron sus testimonios en nuestra última edición. Algo que nunca hubiéramos publicado si hubiera triunfado la terquedad de Robleto de ocultar los avalúos. ¿Es eso entorpecimiento, señor Ministro?

El Ministro comparte nuestra preocupación de que los periodistas deben valerse de una ley para tener acceso a los documentos públicos. ¡Enhorabuena! Pero se pregunta, rayando en el descaro, por qué antes no denunciamos estas irregularidades, en el preciso momento de su realización.

Sencillamente, porque fue hasta meses después que conocimos la denuncia inicial de este grave hecho, y desde entonces lo investigamos con profesionalismo, buscando a todos los personajes involucrados, incluido el Ministro, quien nos acusó de “apasionamiento”.

Y a pesar del muro de silencio —encabezado por funcionarios como el ministro Robleto— hemos llegado a esta irónica situación en la que Robleto casi nos felicita por haber conseguido esclarecer lo que él nos impidió. Por favor, ¡no me defienda, Ministro!

Casos como éste dejan al descubierto la doble moral de muchos ministros del gobierno liberal —los ubicados en la acera de los “buenos”—, que en los momentos cuando demostrar su integridad, voltean la cara a toda una serie de irregularidades cometidas por sus colegas los “malos”.

Robleto muchas veces ha dicho ante las cámaras: “Vos sabés como soy yo”, “Nunca permitiría abusos como éste”, “No vamos a permitir actos de corrupción en este Ministerio”, y luego, con las luces y grabadoras apagadas, cambia de máscara y baila al son de los corruptos. Y se convierte en encubridor.

Debería ser una prioridad legislativa consensuar —con la participación de todo el gremio periodístico— un instrumento para que la prensa conozca de los documentos públicos, documentos que ningún funcionario tiene el derecho de quemar en la hoguera del silencio por sus propias prioridades y alianzas personales.

Todo mundo tiene derecho a rectificar, y deseamos creerle al ministro Robleto cuando dice que quiere que esta vez la Contraloría vaya al fondo del asunto. Pero no le toca a Robleto arrogarse méritos que no le corresponden. Déjenme escribir otra vez: ¡No me defienda, Ministro!